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Perfiles: Hermanos Álvarez Quintero

En la anterior colaboración dedicada a las muchas personalidades que han vivido o viven en nuestros dos pueblos escribía unas líneas sobre el pintor e ilustrador Pedro Mairata. Había conocido su amor por El Escorial y su colaboración en las fiestas y semanarios del pueblo, llegando a la conclusión de la necesidad de realizar una enciclopedia que recogiera pequeñas biografías de todas esta personalidades y sus aportaciones a nuestros dos pueblos.

Pensando en esta enciclopedia virtual de ilustres personalidades, he topado con un artículo muy bien documentado sobre los dos hermanos, Joaquín y Serafín Álvarez Quintero y me he enterado de casualidades que afectan a mi familia y cosas muy curiosas de su dilatada vida. Por ejemplo, puedo contarles que vivieron toda su vida junto a la casa de mis padres. Los hermanos Quintero vivieron hasta su muerte en el nº 76 de la calle Velázquez de Madrid y nosotros vivíamos en el nº 70. Jamás conocí que habíamos tenido a tan ilustres vecinos aunque con alguna diferencia de años.

En 1.945, año en el que yo nací y coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Joaquín, se descubría por el Alcalde de Madrid, en la casa donde vivieron, una de las más bonitas y valiosas lápidas de Madrid costeada por suscripción popular y realizada por el gran escultor Mariano Benlliure. El Alcalde de Madrid era D. Alberto Alcocer abuelo de mi mujer y de las manos de Benlliure salió la preciosa imagen actual de la Virgen de Gracia.

Fuenterrabía en la Costa Vasca y San Lorenzo del Escorial en la sierra madrileña, serían los escenarios veraniegos de los dos hermanos. La casa del Escorial, una villa recoleta y no muy lujosa, salvada hoy día de la piqueta de la especulación, tiene entrada junto a la plaza de los Alamillos y por el Paseo Carlos III frente a la entrada de la Herrería. En “Villa Consolación” frente al bosque de la herrería, el silencio y la tranquilidad de nuestro entorno ayudó a su creación literaria. En este hotel de joven he jugado muchas veces al ser comprado por un gran amigo de mis padres.

Como curiosidad el 18 de julio de 1.936 les pilló en San Lorenzo igual que a toda mis familia. Ellos consiguieron vivir y algunos de mi familia no. Serafín falleció en 1.938 y Joaquín en 1.944 siendo enterrados en la Sacramental de San Justo en el Panteón familiar. Allí también están enterrados mis padres. Son muchas coincidencias y curiosidades.

San Lorenzo no les ha olvidado y les recuerda dedicándoles una calle, como ocho pueblos mas de la Comunidad de Madrid, en la zona alta del pueblo. Un soberbio y precioso monumento lo hace en el parque del Retiro madrileño.

Escribieron firmando siempre en plural, hasta el punto que aunque murió Serafín antes que su hermano, Joaquín siguió escribiendo y firmando como “Hermanos Álvarez Quintero”.

El Madrid que acepta a todo el que viene, no podía ser menos con los Álvarez Quintero y aquí fue posible que unos andaluces de Utrera (Sevilla) triunfaran, aunque no sin esfuerzo.

Cerca de doscientas cincuenta obras de teatro de su peculiar estilo fueron interpretadas en los teatros españoles y un centenar traducidas hasta en doce idiomas. Algunas llegaron a Nueva York como el Genio Alegre o El Centenario y se adaptan a ópera y se representa en varios países. La Reja, La buena sombra y tantas otras que recorrieron todos los teatros madrileños siendo Manantiales y Nidos sin pájaros una de las últimas comedias estrenadas en 1.944, el año que fallecía Joaquín Álvarez Quintero.

Su gracejo, salero y gracia andaluza les hacía escribir cosas como estas:

En una floristería entra un señor y pregunta por el precio de unas flores:

-Le advierto que las flores son caras- comentó la dependienta.

-Perdone señorita, yo creía que las caras eran flores en esta tienda.

Creo que deben figurar en nuestra enciclopedia de hombres ilustres ¿o no?

 

Nota: Datos del artículo de Luis Miguel Aparisi Laporta

 

Dos buenas noticias

En estos últimos días, se han producido dos noticias que me han ayudado a olvidar a los controladores, al teniente Pepiño y al caos provocado por ambos durante el puente de la Inmaculada Concepción (para otros el puente de la Constitución; allá ellos).

La primera ha sido el anuncio hecho por el Ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, de que el domingo día 19 de diciembre se abre al público la Basílica del Valle de los Caídos. Desconozco si sólo se abre al culto o también a los turistas que vienen a visitarlo sin conocer el engendro de la Ley de la Memoria Histórica y desconociendo los problemas, que para la definitiva recuperación de la reconciliación nacional, están causando el gobierno y los partidos políticos.

Parece que como no han conseguido su propósito, abren el Monumento del Valle de los Caídos pero eso sí, colocando una malla metálica sobre la escultura de la Piedad de Juan de Ávalos. Además, como ahora tiene el Gobierno una obsesión por los aviones y el espacio aéreo, han instalado un túnel o “finger” aeroportuario, para evitar problemas y dar seguridad a los visitantes. Y yo me pregunto si no sería mejor, de una vez por todas, restaurar la Piedad “in situ” como ha recomendado el hijo del escultor, arquitecto y presidente de la Fundación Juan de Ávalos.

La otra buena noticia para los que amamos El Escorial es la reapertura, o mejor dicho, la recuperación oficial del Real Coliseo Carlos III, que permanecía cerrado desde 2.006 y que parecía, por el tiempo transcurrido, que nos íbamos a quedar sin esta magnífica joya de los espacios escénicos. No podíamos perder para su disfrute, el único teatro de Corte español que queda y el más antiguo espacio cerrado dedicado al teatro.

Todo el que quiere al Escorial se tiene que alegrar de las dos noticias. Además del interés cultural de una y del recogimiento del espíritu de la otra, ambas son buenas además para ambos pueblos por los beneficios económicos que vienen produciendo. Restaurantes, tiendas y hoteles, transporte y porque no el conocimiento de nuestros dos pueblos que había quedado disminuido por el cierre de ambos monumentos.

Fue Carlos III quien encargó al arquitecto Jaime Marquet la construcción del teatro y el de los Reales Sitios de Aranjuez y del Pardo. Juan de Villanueva, el gran arquitecto del Museo del Prado y de muchas obras que dejó en San Lorenzo, realizó su primera reforma en 1.791, veintiún años después de su inauguración. El edificio estaba comunicado con las Casas de Oficios por un pórtico que atravesaba la calle y que evitaba a la Corte pasar las inclemencias que el duro clima de estas tierras serranas tenían que soportar. La historia de este teatro de Corte es muy interesante y a la que dedicaré una próxima Crónica.

Es el Coliseo un edificio al que tengo mucho cariño pues he pasado muchas tardes en el cine que fue, viendo las películas de mi tiempo. Para la generación de mis padres, el Teatro Lope de Vega, como se llamaba, tuvo un gran esplendor y se representaron obras de teatro de grandes dramaturgos como Arniches, Benavente, los Hermanos Álvarez Quintero, Muñoz Seca y tantos otros, además de obras escenificadas por el grupo de teatro aficionado de la Colonia veraniega que capitaneaba Rosario Muro y Xavier Cabello Lapiedra. Se representaron obras de difícil ejecución como El puñao de rosas, Molinos de viento, La alegría de la huerta, La canción del olvido o Los intereses creados. Otros grupos de teatro han mantenido después esta tradición teatral de nuestro pueblo.

Gracias a los hermanos Pedro y José Luis Martín que lo compraron y fueron junto a Mariano Bayón autores del proyecto de reforma iniciado en 1.974, lo salvaron de la ruina a la que sus antiguos dueños le habían avocado, inaugurándose en 1.979 con un concierto de Teresa Berganza.

Abrir el Valle, algo que todavía habrá que ver y en que condiciones y rescatar el Real Coliseo han sido dos buenas noticias en estos difíciles días que estamos atravesando.

 

Monumento a la Virgen de la Herrería

El día 8 de diciembre de 1.894, el Pontífice Pío IX, asistido por la corte pontificia, rodeado de cientos de cardenales, arzobispos, obispos y arropado por miles de fieles venidos de todo el orbe, declaró por la autoridad conferida, que la Virgen Santísima desde el primer momento fue preservada del pecado original. Esta doctrina debe ser creída como dogma de fe por todos los creyentes. Se hace oficial el dogma de la Inmaculada Concepción. Pero adelantándose a Pío IX, nada menos que en el año 1.653, el Concejo de la Villa ya promulgó el voto de la Inmaculada como cuenta en su “Breve Apunte” el Hermano Mayor de la Real Hermandad de la Virgen de la Herrería.

Mientras algunos quieren volar el Valle de los Caídos, otros se dedican a quitar los crucifijos de las aulas y el Presidente decide no ir a dar la bienvenida a un Jefe de Estado como es el Papa. Mientras eso hacen, otros regalan una imagen de la Virgen a su pueblo. Ante tanto laicismo, relativismo, ateismo y guerra a la religión católica, acto como el celebrado el día de la Inmaculada Concepción aquí en la Villa, merecen no sólo escribir sobre ellos sino felicitar a los que lo han llevado a cabo. Por un lado a la Real Hermandad de la Virgen de la Herrería que ha regalado el monumento, a Ignacio Heras Llorente, nacido y vecino de este pueblo, que ha donado la escultura y a los vecinos y al Ayuntamiento de la Villa del Escorial.

En este día de la Inmaculada cuya devoción a la Madre de Jesús es ancestral en este pueblo, la Real Hermandad ha inaugurado el monumento que ha regalado al pueblo del Escorial para disfrute de sus vecinos y el Ayuntamiento, en nombre de todos, no sólo ha aceptado, sino que ha cedido el centro de una rotonda junto al Parque Lorenzo Fernández. Creo que se ha dado un sentido especial a la pequeña rotonda para que todos puedan si quieren rezar o simplemente mirar a su patrona al pasar a su lado.

Los rocieros no se cansan de llamar guapa a su Virgen del Rocío y eso es así porque no han conocido a la Virgen de la Herrería. Si vieran la escultura a tamaño natural que ha realizado el gran escultor Nacho Martín, no estarían tan seguros de tener a su Virgen del Rocío como la más guapa del mundo. La imagen ya desde un punto de vista artístico es una imagen preciosa, de figura estilizada y con una cara dotada de hermosura. Cualquiera que la mire y tenga un poco de sensibilidad le tendrá que gustar.

Tener a la Virgen de la Herrería 415 años como una Madre protectora son muchos años de patronazgo y como dice el Hermano Mayor, Javier Vicente Montero en su “Breve Apunte” sobre el Monumento: “ha llegado el momento de darla las gracias por los muchos favores recibidos”

Si real es aquello perteneciente o relativo al Rey o a la realeza, no hay que olvidar que la Infanta Cristina es la Presidenta de honor de la Hermandad, no menos real es aquello que tiene existencia verdadera y efectiva. Y así es la Real Hermandad porque tiene existencia verdadera y efectiva. Con este acto y el regalo al pueblo lo ha demostrado.

Se que algunos, pocos creo, criticarán el monumento y lo que significa. Me figuro que hubieran preferido que en lugar que a su Patrona, a la que celebran todos los primeros domingos de septiembre, les hubiera gustado colocar la escultura de Ronaldo, Mouriño o algún cantante de moda. Pero vuelvo a repetir, serán pocos aunque los haya.

Ahora sólo faltaría otra escultura dedicada al patrono de la Villa, ésta por suscripción popular, que podría quedar ubicada en la explanada de la Iglesia, como existe en Marbella, la bonita ciudad malagueña, cuyo Patrono y Alcalde Perpetuo también es San Bernabé.

Alguien salió a sembrar y puso la semilla en este pueblo y no hay duda que germinó en el amor a su Virgen de la Herrería.

¡Gracias y Enhorabuena!

Perfiles y retratos escurialenses

Muchas veces he comentado la necesidad de recoger en una especie de Enciclopedia las muchas personalidades que viven o han pasado por nuestros pueblos y que han ayudado a la celebración de sus fiestas, han colaborado en sus periódicos o han puesto su granito de arena para enaltecer nuestros dos escoriales.

Desde premios Nobel como Jacinto Benavente a filósofos como Ortega y Gasset; Jefes de Gobierno como Azaña; periodistas como Luis Apostua y Diego Jalón o José María García e Isabel Montejano. Arquitectos como Feduchi, Vidaurre o Luis Cervera Vera. Autores teatrales como Alfonso Paso o los hermanos Álvarez Quintero. Poetas como Fernández Shaw, Militares como Carrero Blanco, el general Asúa o el General de Diego. Ex ministros como Fernando Morán o Licinio de la Fuente; mezzosoprano como Teresa Berganza que vive en la Casa de la Reina; Pintores como Viola o Antonio Cobos. Críticos de Arte, directores de cine como Angelino Fons y guionistas de televisión como Guillermo Summers. Actores de cine y teatro como Maruchi Fresno o Aurora Redondo; abogados e intelectuales de prestigio o dueños de Laboratorios como D. Juan Abelló. Ilustres agustinos, grandes juristas como el Cronista oficial de Madrid Federico Carlos Sáinz de Robles, del Escorial Gabriel Sabau o historiadores como Manuel Auberson. No creo que exista en la Sierra madrileña ningún pueblo con una relación tan importante de personalidades que hayan vivido o vivan en ellos y que además que se hayan fundido con las gentes de nuestros dos pueblos.

Si además recordamos en esa futura enciclopedia a Amparito Hernández, D. Teodosio, los Sabau, los Isasa, los Goncer, los Camins, los Martínez Avial, Maruja Raigón, los Ramírez, los Cabello La Piedra, Rosario Muro, los Echarri, Bertrán de Lis, los Guerra, los Sáinz de los Terreros y tantos otros que haría interminable esta lista de personas y familias ilustres que deberían figurar en esta hipotética enciclopedia de perfiles escurialenses. Y no digamos los muchos, hoy insignes personalidades, que han pasado por las aulas del Colegio Alfonso XII o la Universidad María Cristina y que muchos de ellos han vivido o viven todavía en nuestros pueblos. Todos ellos, gente que venía al Escorial no sólo a disfrutar de su veraneo o a estudiar, sino también a aportar sus conocimientos para dar mayor realce, si cabe, a los dos Escoriales.

Estas reflexiones y recuerdos hacia las muchas personas amantes de los pueblos escurialenses y de sus gentes, viene a cuento al haber conocido las ilustraciones y carteles de Pedro Mairata. Este magnífico pintor que nació en Madrid esquina a la calle Floridablanca, también es casualidad, veraneó en San Lorenzo del Escorial donde participó activamente en sus fiestas veraniegas que ayudó a su organización y colaboró con sus caricaturas en semanarios del Real Sitio como “El Gurriato”, “Veleta” o “El Semanario Escurialense”. Es curioso como entre los datos biográficos de una persona como Mairata, además de los muchos datos de su actividad pictórica y profesional, figure que haya veraneado en San Lorenzo del Escorial.

Mairata trabajó como ilustrador para las principales editoriales, en publicidad y en felicitaciones y postales. Pero lo que me llamó mas la atención fue su producción como cartelista con los que ganó multitud de premios. Entre ellos ganó siete primeros premios del Cartel de las Fiestas de San Isidro, el de la Corrida de Beneficencia de 1.952, Fiestas del Pilar de Zaragoza, Baile de Máscaras del Bellas Artes y dos grandes premios de los Carteles de Semana Santa, el de la Feria del Libro o el de las Bodas de oro del Real Madrid…..

Al revisar su producción cartelista me encuentro con el cartel de la Semana Santa de San Lorenzo del año 1.954, el del Centenario de la Feria de Agosto de 1.968 y el de las Fiestas de San Lorenzo de 1.954.

Viendo los carteles de San Isidro dijo de él un crítico de la época, (emulando a que a San Isidro, los ángeles le labraban la tierra) que mientras dormía le dibujaban los carteles los ángeles del Santo. No hay duda que tendrá que figurar en mi Enciclopedia virtual de recuerdos personales.

Escribir en un café

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo: tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para la Navidad en Casa Mira; pasear por el Retiro o por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café, o merendar en la Botillería de al lado; degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; afeitarse en un barbero que te llene la cara de blanca nieve, aunque sea verano, mientras lees el periódico; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés, espaguetis en Le Bistroquet de la calle de Segovia al salir de las discotecas a altas horas de la madrugada; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas; ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos. Las últimas que he experimentado ha sido la de degustar un pincho de bacalao en Casa Revuelta junto a Puerta Cerrada, delicia que le da cien vueltas a las de la famosa Casa Labra y tomar un vermouth en la antiquísima Bodegas Ricla en la calle Cuchilleros. Entre todos ellos me quedo con el del sentarse ante el velador de un café, arropado por el terciopelo caliente de un banco corrido y escribir, escribir algo, lo que sea, tal como yo hice, hace algún tiempo, en las tardes estivales de un agosto escurialense, en el Cafetín Croché.

En la soledad compartida del escritor de café, se amontonan sensaciones, unas queriendo entrar mientras otras, al salir, dejan su asiento en el alma, en el alma de las sensaciones, más prosaica y menos inmaterial que la otra. En esa situación era dichoso pues podía, ¡que no es dichoso el que quiere sino el que puede! Y en esa dicha ves a la gente y no la escuchas aunque la tengas muy cerca. Escuchas sólo tu voz interior que te anima a seguir por un camino no definido a priori en el tiempo, pues ahí no existe el tiempo. El tiempo lo paras cuando quieres y no es necesario que las manecillas del reloj se detengan.

Delante de ti y sobre el blanco mármol, como si fueras a jugar una partida de dominó contigo mismo, un café y un agua de néctar de endrinas bien espuchadas, pasé muchas horas, trasladando al papel mis vivencias o aquellas que fueron contadas por los que me precedieron, y me quedaba, extasiado a veces, mirando al techo. Como decía RAMON, “el mejor destino que hay es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”. Aquí dentro, en el Cafetín, no hay hamaca ni cielo pero sí unas magníficas lámparas de bronce y tulipas muy de los “años veinte” que para mí eran como mi cielo particular, un cielo bronceado por la tenue luz que irradiaban y que me transformaba y trasportaba por los caminos de nuevas sensaciones.

Pero no todo es tranquilidad en un café. A veces entraba el típico “inspector de ambiente”, “salta mesas” donde los haya y donde le aguanten, “saltimbanqui adiposo” que te estropea tu estado de éxtasis y que al final se posa en tu mesa. Te dice tres vaciedades y te corta la inspiración y hasta la respiración para no ser demasiado grosero, en esos momentos en los que llamas a las musas para que no sean tan holgazanas y te hagan caso. Yo reconozco que lo fuí, cuando un día de agosto que estaba inspirado para el duro trabajo de escribir para los demás y junto a unos de esos modernos braseros de frío acondicionado, un conocido posa mesas quiso sentarse en la que yo estaba a punto de llegar a un acuerdo con mi musa. Al preguntarme que hacía, le dije con cara de pocos amigos, que escribiendo sobre arquitectura.

-Pues me siento contigo- contestó él.

Y con cara descompuesta y para no ser demasiado grosero me inventé una excusa, me levanté y me fui.

Cuando escribes en un café, no gastas un duro en comprar pensamientos. Éstos vienen gratis pues los tienes dentro y te fluyen con sólo apretar dos neuronas, que es como si te apretaras una espinilla de la cara.

Allí montas tu trabajadero, como lo llamaba Tomás Borrás, y cual incipiente escritor de bolígrafo y papel reciclado, nunca con ordenador, te dispones a dar rienda suelta a tus emociones. Antes, para ser un escritor de café que se valorase, tenías que solicitar el servicio gratuito del recado de escribir y hacerlo con plumilla que rascaba el papel, tinta guarrindonga, casi de calamar, embotellada en pequeños frascos o tinteros y un papel secante para cuando la tinta sudara en el papel. Según definición oficial de un escritor cafetero y que habitualmente solicitaba recado de escribir en el Gijón o en el Teide, Cesar González Ruano, constaba de un tinterillo con tapón de corcho; un manguillero con su pluma arañante, y una carpeta de hule negro, donde alguna vez hay un papel secante, además de un pliego y un sobre”

Escribir en un café es dejar morir lo superfluo y concentrarse en lo trascendente que es aquello que en ese momento estás llevando a las cuartillas. Es darse un paseo por tus emociones, recorriendo sus calles y parándote, cuando quieres, en los escaparates que más impresiones te produzca. Es en definitiva vivir en soledad compartida.

Escribir en un café es mudar tu piel cual serpiente en primavera, para ponerte un traje mas acorde con la estación mental que estas viviendo. Es despojarte de mucho y recoger lo que te interesa.

Pero escribir en un café tiene algún inconveniente. El camarero con su fino olfato, mira mal al escritor de café que todavía tiene las cuartillas como el blanco satén. Sabe que al menos durante varias horas, se transformará en decoración del local, con un café largo sobre la mesa, y quizás con un vaso de agua, eso sí, con hielo, para que los posos del café no se adhieran a las paredes de las tuberías.

Hoy día no se puede escribir en un café. Los teléfonos móviles, esos pequeños monstruos tecnológicos, con sus sonidos consiguen que no puedas concentrarte y piropear a las musas porque las conversaciones de los que junto a ti hablan de negocios, de fútbol, o de problemas con los niños espantan a las musas y se van de tu vera, justo en el momento que las tenías convencidas. Eso sí, si te gusta la música podrás escuchar, cuando suena el teléfono, un pasodoble, un aria de Verdi, pasando por La Boheme, una jota o el himno del Atlético de Madrid.

Anécdotas escurialenses

Azaña

Cuenta Abascal en el libro “Al Marqués de Borja” que el estudiante de Derecho del Colegio Universitario María Cristina, don Manuel Azaña, antes de dejar el internado en 1.897, lanzó este grito de guerra:

Cuando yo sea Presidente de la nación haré que rebajen este muro”

El Marqués de Borja, Intendente de la Real Casa, supo de la bravata del estudiante y dos años después la atendió, adelantándose así al futuro Presidente de la República.

Se refería al rebaje que sufrió el pretil del estanque de la Huerta del Monasterio del que ya hemos escrito en estas páginas.

Vidriera con escudo de Fútbol

Parece ser que la única vidriera en una iglesia que existe en el mundo con un escudo de un equipo de fútbol, se encuentra en San Lorenzo de El Escorial. En la que fue Parroquia y hoy Santuario de la Virgen de Gracia existen varias vidrieras, creo que ocho, regaladas por instituciones y particulares. Una de ellas, la primera a la derecha, es regalo de la U.D. San Lorenzo y aparece el escudo emplomado en la vidriera.

Leyendas

Los muchos años de existencia de El Escorial y de su Monasterio han dado lugar a infinidad de leyendas alrededor de una localidad y más aún cuando ha sido residencia regia de monarcas, algunos maltratados por fábulas y leyendas. Las hay de todo tipo: de fantasmas, de duendes y aparecidos, de crímenes y envenenamientos, de hechizos y brujerías, de tesoros escondidos y de monstruos fantásticos que los guarden, de galerías subterráneas interminables….,

Cuentan todo esto, Polilla-Alvaro Suárez Valdés- y Luis de Santurce-Carlos Sabau- en su libro “El Escorial” que guardo como un incunable.

Continúan diciendo que “bien hubiéremos querido recoger en estas páginas algunas de las mas sabrosas leyendas, pero existe precisamente en la localidad una leyenda que prohíbe terminantemente, bajo terrible penas, el que sus leyendas sean narradas fuera de determinadas condiciones.”

Para no privar del conocimiento de las más importantes los autores hacen una relación de las leyendas que no encontrarán quien se las narre sin que se den las condiciones que las leyendas exigen: a la luz de la luna, en los alrededores del Monasterio o a la luz del sol desde los altos montes desde los que se divisa.

Leyenda de la cruz del ahorcado; leyenda del Infante asesinado; leyenda de la cruz del quemadero o del nefando; Leyenda de Mata-las-Fuentes; leyenda de la Plaza de Toros desaparecida; Leyenda del tesoro de Felipe II; leyenda de las ánimas; leyenda de las apariciones de la luna de agosto; leyenda de las campanas; leyenda del caballo del rey; leyenda del envenenado; leyenda del mago de la cascada; leyenda de los duendes del Monasterio y tantas otras que seguro los más antiguos del lugar conocen.

El Sultán de Marruecos

Algún día contaré las muchas personalidades, políticos, músicos, pintores, escritores, autores teatrales, periodistas, abogados, millonarios o importantes profesionales que viven o han vivido en El Escorial de Arriba y de Abajo.

Uno de estos personajes que vivió una larga temporada, dos o tres años, en San Lorenzo, fue nada menos que el Sultán de Marruecos.

Cuenta Gaby Sabau en la conferencia que dió sobre el 50 aniversario de la Capilla de Abantos, que una vez parcelado el prado de la familia de Leandro Rubio y abierta la calle que la une con Floridablanca y los Alamillos, se inicia la construcción de varios hoteles en esa zona del Plantel tan llena de encanto para algunos entre los que me incluyo.

Uno de ellos llamado Ariel, hoy “El Capricho”, muy pronto se le conoció como “la casa del Sultán”, “pues habiendo sido destronado el sultán de Marruecos Haffid Muley por su hermano que lo quería matar, buscó refugio en España y el Gobierno le fijó El Escorial como residencia y aquí permaneció dos o tres años, acondicionando la calle de Leandro Rubio a su costa para poder servirse del magnífico automóvil que trajo”

Se abren las tumbas del Valle

He escrito varias veces, creo que ésta es la tercera, sobre la situación del Valle de los Caídos dando mi opinión sobre la estrategia seguida por la izquierda más retrógrada y casposa de este país para cerrar el Valle de los Caídos. Se inició el proceso con la promulgación de la Ley de la Memoria Histórica que es la Ley que quiere hacer desaparecer de nuestra historia todo lo que represente el anterior régimen que aunque no lo quieran aceptar fue el ganador de una guerra que nos trajo muerte, odio y rencor entre las “dos españas” y muchas atrocidades entre los dos bandos. La Ley exige en su Art. 51.1 “la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”.Todo de un lado. Las menciones y recuerdos de los perdedores ahí están en cementerios, placas conmemorativas y estatuas en los Nuevos Ministerios.

La Memoria Histórica según Zapatero viene “a reparar la moral desde la concordia y conciliación de los que padecieron la violencia durante la Guerra Civil” pero no dice si es de un solo lado o es la reconciliación de todos los que padecieron violencia.

Después se inventan unas goteras en el interior de la Basílica y la cierran al público. Aparecen destrozos en la figura de la Piedad, monumental estatua de Ávalos en el frontispicio de la Basílica de Cuelgamuros y se procede a retirarla para proceder a los trabajos de rehabilitación y evitar a sí su creciente deterioro. La Fundación Juan de Ávalos inicia un proceso judicial para intentar que no se traslade la escultura porque podría ser motivo de colapso y destrucción y lleva a los tribunales al Patrimonio Nacional por la decisión tomada. Se cierra a las visitas permitiendo sólo la entrada a las personas que van a la hospedería o para asistir a las misas de la comunidad religiosa. Empieza la obra de rehabilitación y en julio de 2.010 se paraliza sin dar explicaciones.

Toda esta situación inexplicable para algunos, perfectamente organizada para mí, llevó a que el Consejo de Ministros de 23 de julio cesara al diplomático Yago Pico de Coaña como Presidente del Patrimonio Nacional ya que se opuso a la idea del Ministerios de la Presidencia de cerrar el Valle pese a que se trata de uno de los monumentos más visitados por los turistas por su cercanía con el Monasterio del Escorial.

Como último capítulo el 22 de septiembre el Senado aprueba dar un “uso democrático” al Valle de los Caídos. Me figuro que nos explicarán que quiere decir esta bonita frase. La sesión estuvo marcada por el mamandurrio, soplapitos y giliflautas del senador que lleva una ensaimada en la cabeza, el ínclito Iñaqui Anasagasti, que propuso dinamitar el monumento como se hizo con la Cancillería del III Reich y acto seguido añadió: “Pero igual, si se vuela el Valle, el hermano Francisco despierta y no conviene” Que pena que no le pongan en el culo un chupinazo de los que usan en las fiestas de Bilbao para que se de un paseo por el cielo a ver si se encuentra con el hermano Francisco. En la misma sesión el PP que mantiene una postura ecléctica sin una definición clara y rotunda sobre este tema, denunció que el Gobierno ya ha intentado echar a la orden benedictina que regenta la abadía y la Basílica, pero no se han atrevido a llevarlo a cabo por su enfrentamiento con la Santa Sede. Ya lo intentaron al querer prohibir el culto en la Basílica y se enfrentaron directamente con la Iglesia siendo frenada la decisión por la Santa Sede.

Según mis noticias, de fuentes totalmente solventes, existen fotos de la realización de obras para la apertura de enterramientos que se han o se siguen produciendo no sabemos con que intención. Como en la radio: seguiremos informando sobre este turbio asunto.

 

Jesús Sáinz de los Terreros

(blogdejesús.com)

 

Nota: Acabo de escribir esta colaboración, que no he querido modificar, y leo en los periódicos la confirmación de la existencia de fotos de apertura de los enterramientos que acabo de contar. Parece que bajo un total secreto, se han abierto varias tumbas en busca de ocho víctimas republicanas solicitadas por sus familiares y conocer la viabilidad de su identificación.

 

El Escorial, un gran plató

Los maravillosos parajes de El Escorial han sido y seguirán siendo un gran plató de rodaje de multitud de películas, grandes coproducciones y series de televisión.

Tanto en lo que fue el Hotel Felipe II como en el Hotel Victoria se han rodado muchas películas, especialmente comedias de Paco Martínez Soria o de Arturo Fernández.

Conocido es el amor que Alfonso Paso tuvo al Escorial y a sus gentes y en todas sus comedias hablaba del Escorial. Muchas de ellas fueron llevadas al cine y en ellas siempre aparecía el Monasterio, el Hotel Felipe II o alguna referencia al Escorial.

Hace unos días vi en televisión “El Regreso de los tres mosqueteros” película rodada en 1.989 y dirigida por Richard Léster. Entre sus protagonistas Michael Cork; Geraldin Chaplin; Christopher Lee; Richard Chamberlain. En ella aparecen escenas rodadas en exterior del Monasterio, la Sala de las Batallas y muchas en el interior, así como escenas rodadas en los parajes de la Herrería escurialense mezclados con paisajes de Toledo, Castillo de Manzanares y La Granja y sus jardines, que simulan los del Palacio de Versalles.

Samuel Broston creó en Las Matas unos impresionantes estudios cinematográficos, al estilo de Hollywod, donde a base de dinero se construyeron inmensos decorados para rodar “El Cid”, “Rey de Reyes”, “55 días en Pekín”, nada menos que con David Niven, Ava Gardner y Charlon Heston, “La Caída del Imperio Romano” o el “Fabuloso Mundo del Circo”. Muchos de los exteriores se rodaron en nuestros cinematográficos parajes de la Sierra de Guadarrama y especialmente en El Escorial.

Nace Samuel Broston en 1.908 en la antigua Rusia y comenzó sus pasos en el cine tocando la flauta en París como acompañamiento musical a las películas mudas. Murió en 1.994 en Estados Unidos donde marchó, casi arruinado y por deseo suyo, sus cenizas reposan en Las Matas. En Las Rozas existe una calle con su nombre.

Una de las películas que me cautivó por sus grandes actores y los muchos referentes al Escorial es “Orgullo y Pasión” protagonizada por Frank Sinastra, Cary Grant, Sophía Loren, y los españoles José Nieto y Carlos Larrañaga entre otras muchas figuras.

En 1.810 durante la invasión napoleónica, un grupo de guerrilleros españoles ayudados por los aliados británicos intentan evitar que un cañón de gran calibre y proporciones, una pieza de artillería única en el mundo, caiga en manos francesas. Muchos exteriores están rodados en los parajes de San Lorenzo y la Herrería y en el interior de la Basílica donde se esconde camuflado, el inmenso cañón para que no sea visto por las tropas francesas tras atravesar el patio de Reyes empujado por los guerrilleros españoles.

Pero a la que más cariño he tenido y no por sus grandes dotes cinematográficos, porque era bastante mala, ha sido a “Los últimos días de Pompeya” rodada en 1.960 en la Plaza de Toros de San Lorenzo, convertida en un circo romano gracias al cartón piedra, la pintura y los muchos extras o figurantes de El Escorial que en ella participamos. Recuerdo que bajamos varios amigos a “actuar” como extras. Duramos sólo unas horas del primer día porque entre el calor de agosto y el royo del rodaje, decidimos escaparnos por los sótanos de la Plaza de Toros y luego volvíamos a la hora de cobrar, entrando por el mismo sitio. Si no recuerdo mal nos pagaban 500 pesetas en un billete, que era una pasta y lo repetimos dos o tres días. Al cabo del tiempo vi la película y recordé aquellas trastadas y a algunos vecinos que olvidaron quitarse el reloj y la boina. Me figuro que no aparecieron en la película.

La última, creo que todavía sin terminar, que se ha rodado en El Escorial en los parajes de la Granjilla es la película “El Capitán Trueno y el Santo Grial” basada en el famoso personaje del Cómic.

Espero que no me corrija demasiado Liliana Ruiz Villamayor que es la entendida de cine en estas páginas.

El Bar Abantos

Durante el verano y Semana Santa yo vivía en un hotel, como antes se llamaban, de la calle Coronel de Diego con mis padres en el piso bajo y mi abuela, mis tíos y primos en los pisos superiores. La casa era la esquina de la calle con Conde de Aranda que formaba la proa de un barco y que gracias a su forma, se salvó cuando estalló o “estallaron” la presa del Romeral.

Teníamos un pequeño jardín que daba al monte Bajo y a los Talleres de los Autobuses Herranz donde, de pequeño, saltaba la tapia para jugar con el encargado y Juan Carlos y Santi Heranz me dejaban pulular por allí arreglando una bici muy antigua y destartalada que tenía o subiendo y bajando a los autobuses y llenándome de grasa.

Cuando fui siendo mayor también saltaba la tapia pero esta vez para ir al Bar Abantos a merendar o a quedar con la “pandilla”, kiosco que se instaló allí en la zona del monte Bajo en el lugar donde corría anteriormente el pequeño arroyo del Cascajal y prácticamente en el mismo lugar donde existió, hace mucho tiempo, un puente de madera por el que se accedía al monte. Escribe Gaby Sabau en la conferencia que pronunció con motivo del 50 aniversario de la Capilla de Abantos hablando del Arroyo del Cascajal: “había dos rústicos puentecillos de madera uno por debajo de casa de los Enrich, que ha durado hasta hace poco, y el otro (…) donde está el kiosco que algunos siguen llamando Tomasín , próspero hasta que el dueño prohibió a las mujeres hacer labor, irritado por tener a las clientas ocupando los veladores, cosa que tomaba con mucha más benévola filosofía Antonio Cobeñas, cuando en algún verano instalaba su rústico bar “La Cabaña” en el buen trozo de pinar donde los Jiménez Sabio construyeron su casa”

Nunca dudo de lo que cuenta el cronista Gaby pero en este caso doy fe de ello pues por las mañanas, bajo la sombra de los grandes castaños, señoras hacían tertulia sentadas en los veladores con un café o refresco y pasaban horas y horas ocupando varias mesas. Pero peor era por la tarde a la hora de la merienda que hacían la misma operación, con otro café pero sin bollos pues Tomasín creo que no servía bollería. El negocio iba de mal en peor y prohibió hacer calceta en la terraza del bar, con lo que se fueron marchando, siendo sustituidas por jóvenes que íbamos antes y después de ir a la Bolera o a pasear por Florida.

Creo que después de Tomasín lo tuvo alguien y se reunían gente joven hasta altas horas y por denuncias de las monjas terminaron cerrándolo. Al final desapareció el chiringuito o bar Abantos como ha desaparecido el Batán, el merendero Zarco de la Herrería, el que existía junto al Euroforum o el de la carretera de Guadarrama frente a la Policía. También recuerdo el Hotel Jardín, el Hotel Monasterio, el Hotel Escorial y el Hotel Felipe II que eran parte del veraneo tanto de los jóvenes como de los mayores que disfrutábamos de su sombra, de sus jardines, de sus fiestas y de su piscina. Los cuatro han desaparecido, desapareciendo con ellos, espacios de estancia y reposo de delicioso aspecto, que daban un ambiente cosmopolita al pueblo.

Recordar el bar Abantos es recordar el “tomate atómico” que puso de moda Tomás que aunque ya estaba inventado el le daba un toque especial. Era delicioso tomártelo a media tarde con unas patatas fritas y un reconstituyente casi necesario para seguir en el ardor del verano. Era curioso, pero si no estaba Tomás el tomate no sabía igual. Le daba un sabor especial a base de salsa Perrys, tabasco, sal, aceite, vinagre y creo que pimienta.

El bar Abantos quiso renacer de sus cenizas pero las obras que pedía el Ayuntamiento para su puesta en funcionamiento: construir los servicios, colocar enlosados etc. y pocos años de concesión municipal, hacía inviable el proyecto a la persona que quiso volver a abrirlo.

Hacía tiempo que no recorría esa zona y al ver destartalado y destruido el bar, recordé muchos momentos agradables de mi vida que pasé en el bar Tomasín o Abantos que de cualquier forma le llamábamos. Pero aunque me guste recordar el pasado, me gusta más el futuro que es donde voy a pasar el resto de mi vida.

El Mont Blanc

En el lugar que hoy ocupa parte del Charolés y lo que fue hasta hace poco el Banco Bilbao-Vizcaya, nació el Mont Blanc de la mano de Antonio “Cañamón” y Carmelo su socio pero fue una sociedad que duró poco tiempo.

Cañamón viene de Suiza y monta este restaurante-bar con un nombre muy suizo. También se encargaría del restaurante del Club de Golf de la Herrería donde sirvió alguna boda de alto copete que le supuso importantes ingresos.

Recuerdo el bar como si lo estuviera viendo ahora mismo. Barra en forma de U y paredes empapeladas con letras de cambio, según Antonio todas pagadas, aunque alguna estaba falsificada ampliando las cantidades a pagar. Si no recuerdo mal alguna pasaba del millón de pesetas.

Mucha gente, hoy grandes profesionales de la hostelería, trabajaron con Cañamón en el Mont Blanc. Mis amigos Vicente Pozas, Pepe que los amigos llamábamos “el Largo” que luego sería marino mercante o Carlos Maroto que pasado el tiempo fue maitre del Club Financiero Génova. Pasaron por allí nada menos que Pedro “El Chispa”, o Aureliano Medero, actual dueño de La Horizontal y el gran  cocinero Antonio Gamella.

La terraza de verano del restaurante que daba a Florida, la que hoy es del Charolés, se puso de moda y fue un éxito en el pueblo que contagió a todos los alrededores serranos. Venía la gente a la terraza no sólo a cenar y degustar sus buenos platos, sino a probar los crêpes que Antonio los hacía personalmente con una parafernalia y una teatralizada manera, perfecta para que aunque no estuvieran buenos, salieras encantado. Otros venían a comer su magnífico solomillo y pedir de postre una naranja que pelaba con un sable a la vista del cliente y sacaba completa la piel dejando la naranja perfectamente limpia que luego cortaba en gajos dejando el pellejo interior limpio totalmente como si le hubiera hecho la manicura a los gajos de naranja. Eso no lo hace cualquiera a no ser que seas un profesional como lo es Antonio hoy jubilado.

Me cuenta Vicente Pozas que desde el Mont Blanc se organizó la Vuelta Ciclista a la Silla. Participó Cañamón que asfixiado por el esfuerzo, tuvo que ser asistido y llevado al Mont Blanc donde se le echó en dos mesas para reanimarle. La Vuelta estaba perfectamente organizada. Llevaban hasta coche escoba que iba recogiendo a los lisiados. Algunos no llegaron ni a la puerta de la Herrería.

Un día, Antonio decidió darse una vuelta a caballo por el pueblo y encargó  que le buscaran uno. No sabía montar pero se encontró en Peralejo uno tordo muy noble y ni corto ni perezoso se montó y dio la vuelta al pueblo sin caerse. Antonio ha sido, perdón es todavía, un figura en todo.

Un día se incendió el Banco Español de Crédito, en la esquina de Floridablanca justo enfrente al Mont Blanc y se vio a Cañamón intentando apagar el fuego desde un balcón. Pimentel que le vio desde su bar, comentó, en broma, lo tonto que era Antonio intentando apagar el fuego en lugar de dejar que se quemara el banco y así se quemarían todas las letras que debían.

Allí se vivieron muchas fiestas y borracheras de los americanos de la base de Fresnedillas que tomaron Mont Blanc como su bar-restaurante preferido.

También recordar algunos movimientos que se producían entre los camareros del Mont Blanc y las empleadas de Pimentel en el portal existente entre los dos restaurantes y que llevó a decir a Don José que “no sólo me quitan a los clientes sino que se lían con mis criadas”.

Me figuro que cada uno de los que hemos pasado por allí como clientes, tendríamos miles de anécdotas que contar pues Antonio era el perfecto anfitrión, un relaciones públicas muy profesional que trasmitía alegría entre los clientes y algo de inquietud entre los proveedores a los que sabía manejar exquisitamente para que no se enfadaran si tardaba algo en pagarles. Muchas serán las anécdotas que se podrían contar de Antonio y su Mont Blanc pero el espacio es corto y su vida profesional muy larga. Un abrazo.