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El Papa en El Escorial

A partir de ahora, la cronología de los acontecimientos ligados al Monasterio de San Lorenzo del Escorial, deberán incluir además de la fecha de su construcción, de la colocación de la última piedra, la elección de los jerónimos, su expulsión, la del primer incendio, el asedio de la tropas de Napoleón, de la llegada de los agustinos, la creación del Colegio Alfonso XII….y a todos ellos tendremos que añadir la fecha del 19 de Agosto de 2.011 cuando el Papa Benedicto XVI visitó el Monasterio. Hecho histórico y sin precedentes pues es la primera vez que un Papa visita esta joya herreriana. Visitada por Reyes, Jefes de Gobierno y grandes personalidades mundiales, le toca ahora al Jefe del Estado del Vaticano, Su Santidad el Papa, jefe también de la Iglesia Católica única Institución capaz de reunir a estos millones de jóvenes en una Jornadas como las que estamos viviendo en Madrid.

Ha venido a reunirse en el Patio de Reyes con mil seiscientas jóvenes religiosas, incluyendo muchas de clausura, a las que ha trasladado un mensaje de emotivo reconocimiento a su callada labor. A continuación y dada la preocupación del Papa por la educación de los jóvenes, ha tenido un encuentro en la Basílica con jóvenes profesores universitarios recordando con ellos, sus años de catedrático y profesor de Teología en las Universidades de Bonn, de Múnster  y de Tubinga. Su amor por la Universidad ha llevado a Benedicto XVI a reunirse, en todas sus visitas pastorales, con representantes de este mundo. Y no podía ser menos en Madrid.

Con esta visita al Monasterio se  ha producido dos hechos importantes: el reconocimiento a las jóvenes religiosas que han consagrado su vida a Jesús y el encuentro con los que pueden cambiar la vida de los jóvenes con sus enseñanzas basadas en los principios del humanismo cristiano. Por eso el Papa les pidió que sean auténticos maestros y recordó que fue la Iglesia quien inició estos estudios universitarios.

La visita se enmarca en la parte más académica de la visita de Su Santidad a Madrid y no ha sido casual. Considerado el Rey Felipe II como guiado por el humanismo cristiano, ha sido el Papa el que ha querido inculcar esa filosofía de vida a los jóvenes mandándoles un mensaje desde El Escorial.

La presencia del Ministro de Educación Ángel Gabilondo habrá servido también al Papa para conocer, en primera persona, la situación del sistema educativo español tan criticado últimamente por los malos resultados que está aportando a los jóvenes estudiantes, fracaso escolar casi a la cabeza de los países europeos.

Un caluroso recibimiento en una Jornada inolvidable para los que desde primeras horas de la mañana, llenaban la Lonja del Monasterio y todo el recorrido papal. Luego en televisión se han visto muchos detalles emotivos como el de Pablo, joven enfermo en silla de ruedas, que ha entregado una carta al Papa con una pregunta que le viene atormentado desde pequeño y que Benedicto XVI le ha prometido contestar.

Pero la pregunta es ¿por qué El Papa ha venido al Escorial a reunirse con monjas y profesores universitarios? Cada uno tenemos nuestra respuesta como la aquí expresada sin demasiado fundamento,  pero no he leído una lógica explicación en ningún medio a esta pregunta. Quizás la tradición académica de otros lugares como Alcalá de Henares ha caído en el programa frente a esta visita sin precedentes en la historia del Escorial.

Ni mucho menos es criticable la decisión pero la pregunta ha quedado, al menos para mí, sin contestación.

Muchos vecinos  han criticado esta visita por los muchos  inconvenientes y problemas que ha producido en la circulación y en los movimientos de personas en los dos pueblos. Son lógicos en acontecimientos como éste. Creo que en otros muchos momentos de nuestra vida estamos soportando estos mismos problemas por gente o acontecimientos mucho menos trascendentes que esta visita a la que los creyentes y no creyentes debemos darle el valor que tiene.

Exposición de 150 años de recuerdos

Hace 150 años, el día 10 de agosto de 1.861, llegaba el primer tren al Escorial que inauguraba el primer tramo de la línea Madrid-Irún- Hendaya.

El ferrocarril supuso una revolución para los madrileños.  Su llegada al Escorial supuso mucho para los dos pueblos ya que los acercaba a Madrid y atraía a los veraneantes, cada vez en mayor número, al descanso veraniego en nuestros dos pueblos.

Y para recordar este acontecimiento el M.I. Ayuntamiento de la Villa y el Club Filatélico Escurialense han organizado una exposición de recuerdos procedentes de muchas personas que los han prestado para ser expuestos y visitados por los escurialenses.

La exposición que con este motivo se está celebrando, recoge una serie de pinceladas y de elementos  relacionados con el ferrocarril y la estación del Escorial que hacen despertar recuerdos y sensaciones que a todos se nos aparecen con sólo pisar una estación de tren o como se llamó en el siglo XIX pisar “la casa de los viajeros”. Podemos ver maquetas; antiguas máquinas expendedoras de billetes; gorras de jefes de estación, factor y maquinistas; semáforos antiguos; billetes antiguos de Renfe. Entre las fotografías me ha llamado la atención las relacionadas con la entrega de las viviendas a personal de Renfe viviendas que existen en la Villa muy cerca de las vías del tren; fotos de la visita del Presidente de Francia al Escorial y  también una foto con el recuerdo del paso a nivel que existió antes de realizar el túnel bajo las vías.

Entre las muchas personas e instituciones que han colaborado para el éxito de esta exposición, figura el Club Filatélico Escurialense creado en San Lorenzo en 1.985 por Lorenzo Romera, Juan Manuel Sáinz de los Terreros, Mariano Sanz Soto y Rafael Lizárraga y cuyos actuales miembros, están desarrollando una inmensa labor de difusión de este tipo de coleccionismo. En estos 26 años de existencia, han sido siete exposiciones filatélicas las que han organizado, siempre relacionadas con El Escorial.

Podemos admirar elementos de la Filatelia temática, matasellos de exposiciones de ferrocarriles y monedas. Curioso es admirar la rama de la filatelia, llamada Maximofilia. Consiste “en la colección de sellos adheridos a una tarjeta postal y cancelados con un matasellos concordante con las ilustraciones del sello y de la tarjeta postal” como explica Fernando del Sol en el Boletín de la Exposición que ha editado el Club Filatélico.

Muchos datos curiosos y anécdotas en estos primeros 150 años de vida. Algunas contaba mi amigo Javier Vicente en el número anterior relacionadas con la llegada de la familia real y con la venta de chocolates Matías López a la que la estación estuvo tan ligada.

Ya hemos comentado en estas mismas páginas que este primer viaje estaba compuesto por una locomotora y cuatro coches y se contaron hasta 200 viajeros entre prensa e invitados. Cuenta Javier Aguado en su libro “150 años de ferrocarril en Villalba” que en el viaje se emplearía algo más de hora y media para recorrer los 50 kilómetros de trayecto para llegar a El Escorial a una estación provisional.  En 1.863 se construía la estación definitiva  que sustituirían a la estación provisional construida dos años antes.

La expedición fue recibida por la población entera de El Escorial con gritos de júbilo, campanas y cohetes. “Poco después los invitados disfrutaban de un almuerzo preparado y servido por el afamado restaurante madrileño Lhardy”. En los brindis, el marqués de la Vega, representante del Gobierno,  hizo referencia a la exactitud de los plazos para llegar al Escorial y prometía que en poco tiempo la locomotora llegaría a Ávila.

Sinceramente creo que ante esta efeméride, al menos yo, esperaba algo más que esta magnífica exposición. No una comida servida por Lhardy pero sí algún acto conmemorativo más, conferencias o algún recuerdo en la propia estación, para conmemorar un acontecimiento tan importante para la vida del Escorial como fue la llegada del ferrocarril.

98 años de amor al Escorial

En muchas familias el amor al Escorial es indestructible. Alguna vez habría que hacer un recorrido por esas familias que ha desarrollado gran parte de su vida en El Escorial, que han dado mucho por el pueblo y que han querido ser enterrados en las faldas de Abantos junto a la Cruz de los Caídos para seguir muy pegados a este pueblo.

Son los que año tras año, vienen a pasar su descanso al pié del Monte Abantos o junto a las grises piedras del Monasterio. “Son todos los que profesan al Escorial un cariño entrañable, porque aquí encuentran la paz y la alegría para el espíritu, el reposo para los nervios; la salud personal, la de sus hijos o de las personas queridas” como escribió Carlos Sabáu.

Ella vive en Madrid y acaba de sufrir una importante operación. La han dado el alta el lunes pasado y el miércoles estaba pidiendo a sus hijos que la llevaran al Escorial para pasar el verano en San Lorenzo junto a sus dos hijas mayores. Sólo tiene 98 años y si mi memoria no me falla, no ha faltado nunca a la cita de la Semana Santa,  ni al veraneo en nuestro pueblo. Sus 98 años la acompañan, sus diez hijos la arropan y sus muchos nietos disfrutan con su abuela viéndola feliz en su casa escurialense.

Pertenece a esas familias que no pueden vivir sin venir al Escorial, aunque ya casi no salga de su casa. Es como si el aire de la sierra o el olor a pino del Monte Abantos, la diera vida para subir y bajar los tres pisos de su casa sin ascensor.

Ha querido vivir en el Paseo que lleva su apellido, el Paseo de Terreros, donde en otro tiempo y en un piso bajo, tenía instalado su “fielato” particular en el que todo el que pasaba, todos amigos y conocidos, tenían que pagar su canon de amistad y del cariño que desplegaba mientras tomaba café. Mucha gente durante el verano, después de comer hacían tertulia en su casa. Allí con sus hijos, familiares o amigos de los chalets vecinos tomaban café mientras comentaban como se estaba desarrollando el veraneo escurialense.

José María Bordona (q.e.p.d), los Alvear, las Calleja, los Alcocer, los Calderón, sus hermanos Juan Manuel y Mª Teresa….eran asiduos a pasar un rato agradable junto a ella, su marido y sus hijos en ese mirador que dejaba ver la vida pasar.

Todos la conocen por Carmen Bilbao, aunque su apellido sea Sáinz de los Terreros. Los Bilbao, como siempre les hemos llamado, es una familia conocida, admirada y querida en San Lorenzo. Su vinculación a este Real Sitio, durante toda su larga vida, viene de generaciones anteriores, todas ellas vinculados al Real Sitio.

Gente como ella, de familias tan entroncadas en este pueblo,  que hay muchas, deberían ser, de oficio, merecedoras de ser nombradas “Hijos adoptivos de San Lorenzo del Escorial” simplemente por el hecho de haber dado toda su vida, 98 años por ahora, a este pueblo. A otros se les ha concedido este honor y a lo mejor con menos méritos que ellos.

Quizás por el clima, por su embrujo, por su belleza o por los encantos de su estío o quizás por todo ello, que incluyen también sus recuerdos de juventud, es por lo que Carmen sigue viniendo al Escorial.

En estas páginas hemos “hablado” en letra impresa de casi todo. Recuerdos y vivencias escurialenses que hemos ido desgranando para llenar muchas páginas, que semana tras semana han ido apareciendo. Me vienen a la memoria tantos y tantos nombres  cuyo simple recuerdo se amontonan en mis notas. No quiero decir apellidos  pues seguro que alguno olvidaría y no querría que nadie se sintiera olvidado. Pero en la mente de cada persona que pueda leer estas páginas, seguro que le saltan varios nombres de estas personas y familias tan queridas.

En este caso me he permitido una pequeña licencia al hablar de una persona, muy cercana a mí, que quiere a este pueblo y a sus gentes, con toda su alma. En ella he querido reflejar a tanta gente que de generación en generación ha pasado o sigue pasando todos los años por nuestros pueblos con un entrañable amor hacia ellos muy pocas veces reconocido.

El Keeper

Aunque me gusta el futuro pues en él voy a vivir lo años que me queden, no hay duda que recordar las cosas buenas del pasado me ayudan a encarar ese futuro con más alegría.

Aquellos años de finales de los sesenta y principios de los setenta eran años donde la alegría corría por las venas y el veraneo en El Escorial era no sólo el mejor de la sierra sino donde más y mejores fiestas se organizaban en los muchos sitios de esparcimiento que existían.

De algunos ya hemos hablado en estas páginas y hoy le toca el turno a una discoteca que hoy cumpliría 40 años de su inauguración.

Tal día como hoy 5 de agosto pero de 1.971, se inaugura en El Escorial la discoteca Keeper. Aunque en la página web figura como fecha la de 1.969, mi amigo Francis Marcos que sirvió copas allí, me asegura que fue en agosto de 1.971 de la mano de sus fundadores y dueños: Juan Carlos Ochoa y Enrique Ruiz del Portal (Curro). Juan Carlos Ochoa luego inauguraría, junto a Manolo Míguez, el Restaurante Charolés y Enrique Ruiz del Portal, amigo y compañero mío pues aunque lo dejó enseguida, empezó Arquitectura. Falleció hace pocos años (q.e.p.d).

A nadie que hubiera vivido aquellos años se le escapa que esta discoteca, primera de las que existieron con este nombre, fue la que marcó una época quizás en respuesta a una demanda de cambios creciente en la juventud del país. Eran años donde nacían muchos lugares de esparcimiento en la sierra madrileña: Flánagan, la Cuadra del Tío Agustín, El Mono… pero ninguno tuvo el éxito del Keeper en la Villa del Escorial.

Al principio de su inauguración como se decía entonces, todos los “pijos” de la sierra o de la capital, pasaban los fines de semana por la discoteca. Gente de Rallys  y de carreras de coches ayudaban a ese ambiente “pijo” que muchos criticaban pero que nadie de la época, del pueblo o de la colonia, dejó de pasar por allí. Dio trabajo a mucha gente del pueblo y de la colonia que muchas veces trabajaban juntos. Me cuenta Francis, que por allí pasaron camareros como Gil, Fernando Garijo (q.e.p.d), Antonio Vicente, el actual Alcalde de la Villa y su hermano Luis (q.e.p.d)….

Duró muchos años y el éxito de su marca y de su logo del caballo de ajedrez se extendió por varias ciudades españolas. En los años siguientes se crean la Discoteca- bar en Torrevieja; Los Keeper de Madrid en la c/Alcántara, en Arapiles y en la c/ Juan Bravo y se abren dos locales en Ibiza y otro en Marbella.

Además del magnífico ambiente que allí se respiraba, en El Keeper se organizaban fiestas que ayudaban a amenizar el veraneo muchas veces falto de alegría por estos lares. Fiestas que han marcado una época como la de la Vaquilla el día de San Fermín. Se introdujo una vaquilla en la discoteca y con palés de madera se organizó una plaza en medio de la pista, donde se toreaba a la asustada vaquilla. En la fiesta no faltó de nada. Fermín “El Hechicero” colocó en la puerta su puesto de tabaco, caramelos y chicles y con su pañuelo rojo al cuello daba color a la fiesta. Me cuentan que dejaba el “kiosco” sólo y entraba a tomar una copa. A la salida le habían dejado más dinero de lo que valía el tabaco o el chicle que se habían llevado.

Si el ambiente era único, la mejor música del momento ayudaba mucho a conseguirlo, manejada por jóvenes disk jockey de la colonia que aunque algunos estudiaban, en sus horas libres, parecían verdaderos profesionales de la música. Aquí recordar a Juan Petisco que fue durante muchos años “pincha discos” de la discoteca Tartufo, muy de moda en Madrid y copiloto de rallys con Zanini. También y años más tarde pincharon discos gente conocida por estos lares como Roger, Eduardo Picabea o Álvaro Aguirre.

Ahora ha quedado para almacén de lo que fue Don Marcos hoy rebautizado con el nombre de Keeperback. Ya me gustaría que su dueño se echara “palante” y algún día decidiera volver abrir la discoteca tan emblemática en El Escorial.

La Vuelta Ciclista

Mis juegos en el Colegio eran similares a los que los chicos de mi edad jugaban en la calle. En el mío además de a “pídola”, a “prusia”, al guá, y a “policías y ladrones” los más solicitados eran las bolas y las chapas. En el juego de las bolas lo importante era llegar a final de temporada con la bolsa llena. Llenar la bolsa de tela, que nos hacía nuestra madre, con la que iniciábamos la temporada, de bolas de cristal y de “bolones” que eran grandes bolas de cristal de colores, era nuestro fin. El juego tenía sus complicadas reglas que cumplíamos y acatábamos todos.

El juego de las chapas tenía varias modalidades según el tipo de carretera que construyéramos. Pero el que “molaba” más, al menos en mi época, era la Vuelta ciclista con chapas.

La organización de las chapas con sus corredores ciclistas incluso con sus fotografías era fundamental para el éxito en la carrera. También era importante su estado pues cuánto más lisas y menos peso, mejor se deslizaban por la carretera de tierra. Recuerdo que las de “Cinzano” y las de alguna cerveza eran las más cotizadas.  

En mis primeros años de colegio no existía televisión. La primera retrasmisión oficial fue el 28 de octubre de 1.956, con la retrasmisión de una misa, discursos oficiales, varios NODOS y los consabidos bailes regionales. Por lo tanto no veíamos el Tour, el Giro ni la Vuelta a España por la tele como se hace ahora y teníamos que ingeniarnos en buscar las fotos en los cromos o en los periódicos deportivos como el Marca, que sí existía.

A las chapas les quitábamos el corcho, le recortábamos y colocábamos la foto rodeada por el corcho a modo de marco. Algunos utilizaban cera pero pesaban más y perdían las carreras. Allí aparecía Bahamontes, Loroño, Anquetil, Fausto Coppi, Louison Bobet o Gimondi y ya el 1.959 Barrutia, Berrendero o Van Looy. Mi equipo favorito era el Faema.

La Vuelta a España nació en 1.935 y este año se cumple la 66 edición incluyendo, después de 17 años, que discurra por el País Vasco. Dos etapas en suelo vasco, Noja-Bilbao y Bilbao-Vitoria intentan conseguir la normalización que pretende el lendakari junto al PP vasco.

Entonces aparecen los radicales de Bildu e incluyen a la Vuelta ciclista como uno de los objetivos contra la “patria vasca” y a la que hay que hacer frente y convertirla en “el marco para la reivindicación y defensa de la nación vasca”. Toda una declaración  etarra-batasuna.

Además han anunciado un manifiesto al que pretenden que se adhieran otras organizaciones independentistas. Uno de los encargados de su lectura fue el ciclista Unai Etxebarría que como ciclista del Euskaltel Euskadi, ganó una etapa en la Vuelta a España del 2.003. ¿Qué coño hacía este tío corriendo la Vuelta a España a la que no quiere que pase por su tierra? Como les ha recomendado Basagoiti que “por sus pesadillas rojigualdas se tomen un valiun”.

Anecdótico es que mientras participa el equipo Eukastel de Euskadi en la Ronda española, no pueda entrar en su tierra o tenga que soportar agresiones o pinchazos por los clavos que echen sobre el asfalto, como  ya lo hicieron en ediciones pasadas.

Mientras muchos pueblos y ciudades pagan dinero para que la Vuelta termine o inicie alguna etapa en ellos por los beneficios que generan, estos retrógrados cavernícolas, incluyen el boicot a la Vuelta entre sus objetivos fascistas como lo han hecho con la oposición al AVE o a cualquier obra importante de infraestructura. Quieren convertir al País Vasco en un gueto donde y sólo ellos manden y vivan como en la Edad Media.

Entre estos pueblos que desean que una etapa de la Vuelta pase o termine en él, está San Lorenzo del Escorial que aunque la ha visto pasar varios años incluyendo la subida a Abantos, tendrá este año un final de etapa inédito en la Vuelta. El día 27 de agosto la etapa de Talavera a San Lorenzo de 177  kilómetros será una etapa con final inédito en la Vuelta. Otras como Totana, Noja, Estación de Montaña de Manzanera o Lagos de Somiedo querían tener una etapa y lo han conseguido siendo también inéditas este año. Lo siento por los vascos.

Lo escribió mi padre (II)

Sigue mi padre escribiendo sus reflexiones, como él llama a esta especie diario de la Guerra, de aquellos primeros días que le tocó vivir en El Escorial.

“A mi suegro, a mis cuñados, a mí y a los demás del grupo nos llevaron al patio del Monasterio llamado de Palacio y al entrar ya había bastantes hombres, todos del barrio de Abantos y del Hotel Miranda por donde habían empezado las detenciones a una de la madrugada”.

Casi toda la mañana estuvieron llegando detenidos  todos los que se encontraban en el autobús para ir a Madrid; la gente de derechas del pueblo; los del barrio de la carretera de Guadarrama y por último otro número de detenidos entre los que venían mi padre y mis hermanos Luis María y José Antonio. El primero venía voluntariamente, por acompañar a los otros dos, pues al estar prestando servicios médicos en el Colegio de Carabineros, no le obligaban a venir”

 Cuenta mi padre que allí, en el Patio del Palacio, se encontraron  casi toda la Colonia veraniega, pues se salvaron muy pocos de la redada y todos los hombres de derechas del pueblo, sin saber, concretamente para que estaban allí y sin que tan siquiera que les hubieran tomado el nombre .

“Aunque se dijo al hacer las detenciones que sería cuestión de poco tiempo y sólo para acreditar las personalidades, con buen criterio nos enviaron de casa el desayuno y la comida”

Tras pasar la primera noche el aspecto del Patio empezaba a ser difícil de explicar. Comenzaron los lentos interrogatorios pero pocos fueron llamados y ninguno puesto en libertad.

“Tan sólo dos lo fueron el día anterior: el maestro Alonso y Félix Luis Robles, éste por pertenecer al partido comunista. Algunos señores pidieron al Tribunal que decidiesen sobre su situación y así pudieron salir  mi padre y mi suegro”.

Cuenta mi padre que dentro de la buena gente, gente del pueblo, que había entre los que pertenecían a las milicias, al Tribunal o a la Delegación del Ministerio de la Guerra debe su vida.

“Por la tarde de este tercer día de detención se presentaron unos milicianos para reclamar a dos individuos que creían se encontraban entre los detenidos. Los nombres no eran conocidos, pero era difícil saberlo con seguridad porque no se había hecho relación alguna de los que nos encontrábamos en el patio. Fue un incidente desagradable, pues amenazaban con fusiles a los grupos que formábamos, insistiendo en que teníamos que conocer a esos individuos”.

Sin poder ver a su mujer, mi madre, con incidentes continuos en el interior del patio con milicianos que buscaban a personas para las que habían trabajado para “pegarles un tiro” y con frío y mal comidos pasaron varios días en el Patio. Gracias a los informes favorables de gente del pueblo sus dos cuñados salieron en libertad. Al entrar a declarar, mi padre dio nombres de algunas personas de izquierdas del pueblo que le pudieran  avalar, que al cabo del tiempo se enteró de que gracias a ellos le pusieron en libertad.

“El llevar cuatro noches durmiendo al aire libre, aunque algunos se metían en una galería contigua al patio habilitada para ello, pero en donde era peor la atmósfera, cayeron enfermos algunos detenidos, que fueron puestos en libertad. A las nueve de la noche de este cuarto día de detención, fueron llamando al párroco, a un marino, a un militar y a Luis Cabello Lapiedra, sin que se haya sabido nada de ellos posteriormente, aunque todos los informes coincidían en que fueron fusilados”.

“Terminó, pues, el quinto día con pocas esperanzas de que, al menos rápidamente, nos pusieran en libertad a mi hermano y a mí.

Empezó el sexto día tomando declaración y poniendo en libertad a varios del pueblo y casi ninguno de la Colonia, pero al menos tuvimos esperanzas pues el chofer de casa entró a vernos y dijo que iban a realizar gestiones en nuestro favor. Acaso fue de gran oportunidad esa gestión pues se leyó una lista de detenidos que habían ya declarado que luego fueron trasladados, antes aún de salir nosotros, a Madrid, siendo un motivo más de agradecimiento a la Providencia”.

“Hacia las doce fuimos llamados por el Tribunal con quien se encontraba el chofer de casa y nos pusieron en libertad a mi hermano y a mí, no pudiendo salir inmediatamente porque estaban saliendo los de la lista que habían leído y que los iban metiendo en un autobús. A estos, a diferencia de los dos grupos pequeños que habían salido, los permitieron coger abrigos, mantas, etc”.

“Y por fin nos dejaron salir encontrándome con mi mujer en medio de la Lonja, pudiendo abrazarnos después de haber burlado la vigilancia de las milicias, que impedían entrar en el recinto de la Lonja, pero que al ver su entusiasmo hicieron la vista gorda. Llegué a casa, pude abrazar a mi hijo y a todos y lavarme y comer caliente, cosas que su falta no parece tan importante cuando se poseen habitualmente”.

La libertad,  estaban condicionada a evacuar el pueblo en 24 horas y así se publicó en un pregón obligando a todos los veraneantes que no pertenecieran al Frente Popular a evacuar El Escorial en un tren que se formaría a la mañana siguiente a las diez. Se hicieron todos los preparativos para salir hacia la estación tres horas antes de la salida del tren ya que la casi totalidad de la Colonia evacuaba El Escorial al día siguiente y por la mañana, con bultos, todos salimos para la estación, consiguiendo unos bajar en taxis o autobús y otros andando.

Aunque luego en Madrid mis abuelos y tíos fueron fusilados, gracias a mucha gente de San Lorenzo ellos consiguieron la libertad junto a mi padre por todo lo que la familia había hecho por el pueblo. Mis padres volvieron al Escorial y la consideraron su segunda casa. Ni una sola pizca de rencor ni odio quedó en sus corazones y así nos lo enseñaron.

Esta es sólo parte de la verdadera Memoria Histórica.

Lo escribió mi padre (I)

“El día 13 de julio de 1.936,  desapareció de su casa Calvo Sotelo y al mediodía apareció asesinado. Había sido amenazado por La Pasionaria en el Congreso.  Este hecho ocasionó graves perturbaciones políticas cuya gravedad llegó al mismo Palacio Presidencial, según impresión de un miembro del Gabinete Diplomático del Presidente de la República, comunicada personalmente ese día. Todos los días se hablaba de movimientos revolucionarios de derecha o de izquierda y de pronunciamientos militares.

Al hablar por teléfono con mi mujer, a las tres de la tarde, se lo comuniqué,  siendo la primera noticia llegada al Escorial. Vino ella a Madrid. Pasamos el 14 y el 15 y este día nos marchamos por la tarde al Escorial en donde se encontraban ya veraneando nuestras dos familias. Pasé el día de Nuestra Señora del Carmen y regresé solo a Madrid el viernes por la mañana.

En el Escorial el nerviosismo y la excitación en la tarde del sábado y todo el domingo fue el natural en momentos tan críticos, unido a  la falta de conocimiento exacto de la situación. Las emisoras emitías sin descanso dando noticias del Gobierno.

El citado domingo, no hubo incidente alguno, e incluso se celebraron las misas en todas las iglesias del pueblo sin dificultad. Por unos automovilistas que habían estado pasando el domingo en Ávila, llegó la noticia de que esta capital también estaba sublevada y se hablaba de que una columna, procedente de Salamanca, pasaría por Guadarrama en la madrugada del domingo al lunes, camino de Madrid. Supe, por mi peluquero, que la noche en Madrid  había transcurrido de la misma forma que el sábado, pero oyéndose en diversos puntos algunos tiroteos. Las comunicaciones ferroviarias con Ávila fueron cortadas y se organizó un único tren para que pudieran regresar a Madrid todos los turistas que habían llegado a El Escorial para pasar el día.

Entre los que teníamos ocupaciones se trató de la conveniencia de ir a Madrid el lunes. Aunque todos éramos partidarios, por la tarde se cambió de opinión vistas las dificultades de transporte desde El Escorial, cortadas las comunicaciones ferroviarias y sin saber si haría su viaje el autobús de línea.

Y así terminó el domingo, víspera del comienzo de la guerra civil ya que fue el lunes el día que, en realidad, se rompió el fuego entre ambos bandos.

En la mañana del lunes veinte de julio, se ocuparon por fuerzas de carabineros, en el reducido número que se encontraba en El Escorial, los edificios públicos, teléfonos, ayuntamiento, etc. El autobús salió repleto de gente con gran retraso y todavía se quedó gente para un segundo viaje que anunciaban iba a realizar a consecuencia de haberse suspendido las comunicaciones ferroviarias. No me moví de El Escorial como muchos habíamos pensado hacerlo el día anterior, para esperar acontecimientos que no tardaron en llegar. Supe que el Alcalde había requisado todos los automóviles. Muchos propietarios de los mismos los llevaron al Ayuntamiento, pero la mayoría, por simpatía y por merecer más seguridad, al patio del Colegio de Carabineros, siendo los de mi familia los primeros. Estando metiendo los automóviles regresaron los que habían marchado a Madrid en el autobús, pues no pudieron pasar de San Antonio de la Florida, por haberlos puesto dificultades y caer alguna granada en la carretera, de una batalla empeñada en el Cuartel de la Montaña, cuyo resultado ignoraban. También regresaron sin haber llegado a Madrid, alguna familia que había hecho el viaje en automóvil particular.

Ya se conocía que se había sublevado Ávila, por el testimonio de unos veraneantes que habían estado el día anterior en dicha población y por la tarde oímos las estaciones de radio de Segovia y Burgos, poblaciones que con Pamplona, Vitoria y otras se habían unido al movimiento del General Franco.

Desde este día veinte hasta el doce de agosto se siguió desde El Escorial todos los acontecimientos sin que surgieran incidentes de importancia.

Llegaban noticias de Madrid por algunos que solían ir a sus ocupaciones. No eran muy a propósito para animar a los que no pensábamos venir. Detenciones en número enorme, fusilamientos, fracaso del movimiento revolucionario de derechas en la capital, funcionamiento de una checa en Bellas Artes, incendio de algunas Iglesias, etc. Sin embargo en El Escorial seguía el culto católico hasta el día de Santiago, último en el que se celebró misa, cerrándose la Parroquia cuando por la mañana se encontraba llena de fieles.

Se detuvo a algunos derechistas del pueblo, pero ninguno de la Colonia veraniega; se fue llenando el pueblo de milicias; se ocupó el pueblo y alrededores, militarmente, en los primeros días del movimiento durante unas horas, recogiéndose todo el mundo en sus casas esperando un combate con una columna que venía por Robledo de Chavela, según decían; se realizaron por policías de Madrid algunos pocos registros. La vida seguía normal en El Escorial, dentro de la anormalidad que las circunstancias imponían. El Alcalde procuraba que no se molestase a la Colonia veraniega y no ocurrió incidente alguno.

El día 12 de agosto evolucionaron por El Escorial unos aviones, al parecer de nuevo tipo, que bombardearon algunos puntos estratégicos. No le dio nadie gran importancia al incidente, pero a las seis de la mañana, aproximadamente, me despierta, si mal no recuerdo, mi cuñado Eduardo para decirme que iban a registrar el hotel de mis suegros. Nos vestimos mi mujer y yo y no tardaron en entrar unos soldados. Mi preocupación era que despertaran al peque, que dormía apaciblemente. En honor a la verdad tanto en ese cuarto como en los demás hicieron un registro superficial y sin atropello alguno. Pero desde ese momento empezaban las persecuciones que hasta ahora he sufrido, pero que me han servido para dar gracias a Dios por los beneficios inmensos obtenidos dentro de las, en verdad, pequeñas adversidades, si se comparan con los sufridos por otros, con menos motivo.

Nos habíamos reunido todos los de la casa en el hall del hotel de El Escorial. Allí estaban los cinco o seis soldados y uno o dos milicianos que habían llegado para realizar el registro. Dijeron que todos los hombres y los muchachos de la casa teníamos que acompañarles al Ayuntamiento para justificar la personalidad tan solo. Al salir del jardín vimos, no lejos, un grupo de veraneantes de la barriada que los iban reuniendo otro grupo de soldados y milicianos, marchando poco después todos por el camino contrario al Ayuntamiento”.  (Continuará)

Comienza el veraneo

Los Cursos de verano de San Lorenzo parece que desde hace años se han convertido en el “chupinazo” para abrir el veraneo en estos pueblos serranos. Se ve más gente en las urbanizaciones y en los muchos y demasiados, supermercados que existen.

Los inviernos en los dos Escoriales son bastantes aburridos quitando algunos días en los que se desarrollan actividades dignas de mención. Los veranos, en cambio, siempre se han caracterizado por las muchas  actividades culturales, teatrales, musicales y de exposiciones artísticas que llenan estos días estivales. Desde que el tren, allá por 1.861, acercó el veraneo a la capital, El Escorial ha sido centro de la sierra de veraneo.

El primer veraneante conocido, fue Felipe II que venía a pasar los veranos junto a su obra del Monasterio, siendo su residencia la casa del cura párroco de la Villa de El Escorial, constituyendo ésta la primera casa de alquiler para el verano. Después otros monarcas llegaban al Escorial rodeados de una corte muy numerosa para la que hubo que construir las casas que rodean la Lonja.

Desde aquellos primeros años, el veraneo en El Escorial ha ido evolucionando hasta hoy. Con la ayuda de Álvaro Suárez Valdés y de sus páginas del libro “El Escorial” he conocido un poco más lo que fueron aquellos primeros años y aunque de forma breve, he querido contarlo.

Comienzan a edificarse en 1.910 los hotelitos del Plantel y empieza a extenderse el pueblo en todas direcciones. Se empiezan a construir los hoteles entre los dos pueblos que quedan unidos para siempre pero separados en dos municipios diferentes.

Los primeros veraneantes tenían su lugar de paseo en la maravillosa Lonja del Monasterio pero curiosamente y así lo cuenta Polilla “hubo un año en que el paseo de los elegantes tenía lugar en la Galería de los Convalecientes, conservándose alguna  fotografía de ésta, en la que pasean, en lugar de los graves agustinos, grupos de señoritas tocadas con grandes pamelas de la época, acompañadas de elegantes caballeros, portadores de cuellos de metros y medio de altura y sendos sombreros de paja”.

Tampoco conocía que en aquella época del primer cuarto del siglo XX, los paseos a la salida de misa de once eran, durante alguna temporada, en los claustros que rodean el Patio de los Evangelistas. Se pasea en el sentido de las agujas del reloj sin encontrarse unos con otros. Luego, los paseos dominicales se trasladaron al Paseo de Terreros hoy como ya hemos comentado en otras Crónicas, prácticamente desierto. Allí la banda de Carabineros, que tenía su cuartel muy cerca del Paseo, daba magníficos conciertos. No sé de quién fue la torpe idea de quitar el kiosco de la música que hubiera animado con sus conciertos dominicales los muchos días que el Auditorio está cerrado durante el año. Cuando veo un pueblo con su kiosco de música en el centro de la plaza mayor, me entra la nostalgia de haber perdido los que existían Arriba y Abajo.

Las excursiones en burro rompían la monotonía veraniega y las fiestas patronales, fiestas que duraban más de un mes, daban una vida cultural especial a estos pueblos. Las fiestas y funciones teatrales representadas por gente aficionada de la Colonia y de las que también nos hemos ocupado, resultaban grandiosas y nunca vistas en los pueblos de la sierra. Ni el Real sitio de la Granja de San Ildefonso, podía hacer sombra a todo lo que durante el verano se desarrollaba en El Escorial.

A partir de estos primeros años se desarrollan obras importantes en San Lorenzo. Se pavimentan muchas calles, se restauran e inauguran nuevos hoteles y se construyen las Piscinas y el Campo de Fútbol de Los Pinos en la carretera de Robledo.  Se termina la presa del Romeral, acabándose el problema de la carencia de agua se inician todas las principales obras que han quedado en beneficio del pueblo y de los veraneantes.

Hacia 1.940 el número de veraneantes crece de forma importante y se establece la costumbre de nombrar una Dama Regidora que será la reina de las fiestas del verano escurialense. Floridablanca ya es el centro del paseo.

A partir de aquí comienzan otros veraneos los que he vivido desde 1.945. No sé si mejores o peores pero son los que nos ha tocado vivir.

Los Cursos de Verano han comenzado y el veraneo en El Escorial también.

Comienza el verano

Los Cursos de verano de San Lorenzo parece que desde hace años se han convertido en el “chupinazo” para abrir el veraneo en estos pueblos serranos. Se ve más gente en las urbanizaciones y en los muchos y demasiados, supermercados que existen.

Los inviernos en los dos Escoriales son bastantes aburridos quitando algunos días en los que se desarrollan actividades dignas de mención. Los veranos, en cambio, siempre se han caracterizado por las muchas  actividades culturales, teatrales, musicales y de exposiciones artísticas que llenan estos días estivales. Desde que el tren, allá por 1.861, acercó el veraneo a la capital, El Escorial ha sido centro de la sierra de veraneo.

El primer veraneante conocido, fue Felipe II que venía a pasar los veranos junto a su obra del Monasterio, siendo su residencia la casa del cura párroco de la Villa de El Escorial, constituyendo ésta la primera casa de alquiler para el verano. Después otros monarcas llegaban al Escorial rodeados de una corte muy numerosa para la que hubo que construir las casas que rodean la Lonja.

Desde aquellos primeros años, el veraneo en El Escorial ha ido evolucionando hasta hoy. Con la ayuda de Álvaro Suárez Valdés y de sus páginas del libro “El Escorial” he conocido un poco más lo que fueron aquellos primeros años y aunque de forma breve, he querido contarlo.

Comienzan a edificarse en 1.910 los hotelitos del Plantel y empieza a extenderse el pueblo en todas direcciones. Se empiezan a construir los hoteles entre los dos pueblos que quedan unidos para siempre pero separados en dos municipios diferentes.

Los primeros veraneantes tenían su lugar de paseo en la maravillosa Lonja del Monasterio pero curiosamente y así lo cuenta Polilla “hubo un año en que el paseo de los elegantes tenía lugar en la Galería de los Convalecientes, conservándose alguna  fotografía de ésta, en la que pasean, en lugar de los graves agustinos, grupos de señoritas tocadas con grandes pamelas de la época, acompañadas de elegantes caballeros, portadores de cuellos de metros y medio de altura y sendos sombreros de paja”.

Tampoco conocía que en aquella época del primer cuarto del siglo XX, los paseos a la salida de misa de once eran, durante alguna temporada, en los claustros que rodean el Patio de los Evangelistas. Se pasea en el sentido de las agujas del reloj sin encontrarse unos con otros. Luego, los paseos dominicales se trasladaron al Paseo de Terreros hoy como ya hemos comentado en otras Crónicas, prácticamente desierto. Allí la banda de Carabineros, que tenía su cuartel muy cerca del Paseo, daba magníficos conciertos. No sé de quién fue la torpe idea de quitar el kiosco de la música que hubiera animado con sus conciertos dominicales los muchos días que el Auditorio está cerrado durante el año. Cuando veo un pueblo con su kiosco de música en el centro de la plaza mayor, me entra la nostalgia de haber perdido los que existían Arriba y Abajo.

Las excursiones en burro rompían la monotonía veraniega y las fiestas patronales, fiestas que duraban más de un mes, daban una vida cultural especial a estos pueblos. Las fiestas y funciones teatrales representadas por gente aficionada de la Colonia y de las que también nos hemos ocupado, resultaban grandiosas y nunca vistas en los pueblos de la sierra. Ni el Real sitio de la Granja de San Ildefonso, podía hacer sombra a todo lo que durante el verano se desarrollaba en El Escorial.

A partir de estos primeros años se desarrollan obras importantes en San Lorenzo. Se pavimentan muchas calles, se restauran e inauguran nuevos hoteles y se construyen las Piscinas y el Campo de Fútbol de Los Pinos en la carretera de Robledo.  Se termina la presa del Romeral, acabándose el problema de la carencia de agua se inician todas las principales obras que han quedado en beneficio del pueblo y de los veraneantes.

Hacia 1.940 el número de veraneantes crece de forma importante y se establece la costumbre de nombrar una Dama Regidora que será la reina de las fiestas del verano escurialense. Floridablanca ya es el centro del paseo.

A partir de aquí comienzan otros veraneos los que he vivido desde 1.945. No sé si mejores o peores pero son los que nos ha tocado vivir.

Los Cursos de Verano han comenzado y el veraneo en El Escorial también.

33 escalones

Hace ya tiempo, una señora se quejaba de las dificultades que tenía que salvar para asistir a Misa de una a la Basílica del Monasterio en silla de ruedas. Se quejaba de la falta de aparcamiento para discapacitados en la zona reservada de la Lonja, de la necesidad de levantar las pesadas cadenas para poder entrar en la Lonja con la silla de ruedas; de la falta de una rampa para subir los siete escalones del Patio de Reyes que dan entrada a la Basílica y hasta de la imposibilidad de entrar por la puerta al existir un zócalo que impide salvarlo con la silla si no era con ayuda de varias personas. Todo esto lo escribía, la buena señora, en una carta al director del ABC y lo recogíamos en estas páginas. Decíamos entonces que la denuncia  de la señora debería hacer reaccionar a nuestros organismos, instituciones y ayuntamientos para acordarse de que existen todo tipo de personas y son muchas las que necesitan que desaparezcan las barreras arquitectónicas  para recorrer  nuestros monumentos, palacios y museos o simplemente para andar por las aceras.

La reacción tardó un año en llegar pero algo se ha hecho en beneficio de las personas con discapacidades y en silla de ruedas para entrar en la Basílica.

Venía andando del supermercado y me dirigía a recoger el coche que tenía aparcado en el aparcamiento de la estación de ferrocarril. Normalmente este recorrido lo hago pasando por debajo del túnel y subo las escaleras que dan a los andenes para salir a la explanada de la estación. Pero esto ocurría el lunes, un día de casi 40 grados del verano recién inaugurado y decidí ir por el túnel de la estación. No iba muy cargado pero llevaba tres bolsas que pesaban bastante por lo que decidí hacer un alto en el camino y tomarme una caña en “Parada y Fonda”.

Terminé de beber mi cerveza y eché andar por el túnel hacia el ascensor que me llevara a la plaza sin tener que subir las escaleras con las bolsas. Pero mi gozo en un pozo. El ascensor estaba estropeado y me tocó subir las empinadas escaleras. Conté 33 escalones mientras mi cabreo iba subiendo de tono. Había tenido mala suerte pues justo el día que lo necesitaba no podía usarlo. Entendí que los mecanismos fallan y se estropean y que lo mismo que se estropea la lavadora o el ascensor de tu casa, también tiene derecho a fallar el ascensor de la estación de la Renfe.

Comentando el tema con mi amigo Cayetano que coge el tren con asiduidad, me dice con un cabreo supino, no sólo que lleva 15 días estropeado sino que ha escrito una hoja de reclamaciones al Ministro Blanco como máximo responsable del Ministerio de Fomento del que depende la Renfe. Me figuro que no le harán ni caso pero al menos ahí quedará la denuncia. También me comentó que el cristal de la puerta de arriba lleva cerca de dos meses roto y sujeto con unas cintas adhesivas. Debe ser muy difícil y costoso cambiar el cristal o los trámites burocráticos tan largos y pesados que han decidido dejarlo así.

No sé si se dan cuenta que por esas escaleras tienen que subir a diario muchas personas mayores, discapacitadas o simplemente cargadas de maletas para acceder a los andenes. ¿Qué pasaría si la señora de la silla de ruedas decide en lugar de ir a Misa al Monasterio,  ir a Ávila a ver las murallas o a Madrid a ver a su cuñada Rosario? Pues que no puede bajar o subir las escaleras y tendría que llamar a los “seguratas” para que la ayudaran.  Para personas como ella las barreras arquitectónicas son invencibles en casos como éste que por dejadez no se arregla. Me figuro que la estación, que por cierto está muy mal diseñada con una sola taquilla abajo cuando existe también una entrada arriba, tendrá un seguro de mantenimiento del ascensor como tienen todos los edificios.  ¿Cuáles son las razones para que no se arregle? Hubiera sido mejor poner unas escaleras mecánicas que darían mejor servicio y ayudarían a muchas personas mayores o discapacitadas.

Apelar al Ayuntamiento para que haga gestiones ante la Renfe para que acelere el arreglo del ascensor, muy necesario para estas personas, me figuro que no tendrá  ninguna atención pero al menos así lo hago para quedarme tranquilo. La denuncia aunque no sea por los canales adecuados, queda hecha.