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Diccionario de madrileñismos

Leí que acababa de publicarse el “Diccionario de madrileñismos” escrito por Manuel Alvar Ezquerra y me fui a “La Librería” la tienda de libros de Madrid en la calle Mayor que ha editado este diccionario. Mi pasión por Madrid y todo lo que de él se desprende, siempre me ha enamorado y el diccionario ha venido a ocupar su puesto entre los muchos libros que tengo.

Manuel Alvar Ezquerra, su autor, es catedrático de Lengua española en la Universidad Complutense y miembro de la Real Academia de la Lengua y ha dedicado una gran parte de su actividad profesional al estudio de las palabras y a la realización de diccionarios de nuestra lengua. Dirige la Biblioteca virtual de la Filología Española, (ucm.es /BUCM/nebrija/) un portal donde se pueden encontrar gramáticas, ortografías y diccionarios del pasado, de manera libre y gratuita.

Este fin de semana he estado ojeando el libro pues no se puede decir que he estado leyendo un diccionario.  Un diccionario es como una guía de teléfonos: no se lee.

Pensaba encontrar en él muchas de las palabras castizas que llenan las zarzuelas o los sainetes y comedias de Arniches, muchas de ellas descendientes “directas” del caló y que algunas yo he calificado como “chulismos” pero aparecen muy pocas. Justifica Manuel Alvar, entre otras razones, la no inclusión de muchos términos castizos al existir otros libros que los recogen con profusión como “Arniches y el habla de Madrid” de Manuel Seco; o “Madrid, cuna del casticismo chulapón” de Serafín Reboul o el “Libro del Casticismo madrileño” de Ángel del Río.

Pero me llamó la atención que en su recorrido por las voces que constituyen  los madrileñismos, haya encontrado vocablos que según se recoge en el Diccionario, han sido o son utilizados en muchos pueblos de la Comunidad incluyendo El Escorial y San Lorenzo algo que nunca pensé que existieran como utilizadas en estas tierras.

Entre ellas he seleccionado algunas que reproduzco tal y como se recogen en el Diccionario:

agrio, agria adj. El Escorial. Terreno que tiene poca producción, que cría escasas hierbas o frutos.

ajonjera  f. San Lorenzo de El Escorial y otros pueblos de la Comunidad. Planta herbácea de la familia de las Compuestas.

ambigú m. Aranjuez, Madrid, Navalcarnero, San Lorenzo de El Escorial. Bar de los salones de baile.

basquiña f. San Lorenzo de El Escorial(…)Antigua vestidura parecida al jubón, hecha de bayeta. // Saya comúnmente negra, roja o verde, que llevan las mujeres desde la cabeza a los piés.

berujas (f.pl) San Lorenzo del Escorial. Hierba del manantial, de hasta 50 cm de longitud cuando crece en el agua y más corta cuando sale en tierra. (…)

bibaína f. San Lorenzo de El Escorial y otros . Boina

boto de cartera m. El Escorial.  Bota atada en el lateral con una hebilla.

calamaco m. San Lorenzo de El Escorial y otros. Tejido de lana fino y de ligamento asargado, que alterna con bandas florales.

gario m. El Escorial. Instrumento utilizado para esparcir el estiércol tras el desmoñigado.

piocha  f. San Lorenzo del Escorial y otros. Brazalete o prendedor usado por militares o miembros de ciertas instituciones para identificarse como tales.

piedra de Francia  f. San Lorenzo del Escorial.  Piedra falsa que se usa para adornar la indumentaria.

Otros términos como huesera (instrumento musical de huesos de cabrito); maíllas (manzano silvestre); majuela (fruto del majuelo); mantoncillo (pañuelo de talle); merinillo (tejido de cordoncillo de lana); nueza negra (lupios o alupios); bizcotela (bollo en forma de media luna de crema o chocolate); capuchina (chupa); chambra (camisón) y otras muchas se recogen en el Diccionario de madrileñismos como pertenecientes al Escorial o a San Lorenzo.

A partir de ahora a muchas palabras habrá que calificarlas, en lugar de madrileñismos, “gurriatismos” o “caciquismos” según se definen en el Diccionario de Manuel Alvar.

Perfiles Escurialense: José María Sanchez Silva

Perfiles escurialenses

José María Sánchez –Silva

 

El viernes es día 11 del 11 del 2.011; día esotérico, precioso para jugar a la Lotería o a la ONCE, que para que vuelva a producirse deberán pasar mil años hasta el 11 del 11 del 3.011. Es también como todos, un día de aniversarios. Todos los días se cumplen años de un acontecimiento importante para alguien. En este caso se cumplen 100 años del nacimiento de José María Sánchez-Silva, escritor famoso que vivió y murió en San Lorenzo del Escorial y en cuyo cementerio parroquial está enterrado junto a su mujer Carmen Delgado.

Desde que quedó atónito frente a la “inmensa oleada inmóvil” que para él fué el Monasterio al visitarlo por primera vez con un amigo en taxi desde Madrid, decidió unos años después, que no quería despegarse de este pueblo y como él mismo cuenta: “Mi propósito de tener algún día un techo propio aquí era tan firme que no sé si durante un año o más, sin tenerlo aún, mantuve un teléfono inútil  a mi nombre en el listín de San Lorenzo como un ancla de esperanza”. Tras vivir en Timoteo Padrós durante catorce años, quedó anclado en la “pacífica aldea” como llamaba a la urbanización” El Tomillar”, donde vivió, últimamente con su hija Reyes, hasta su muerte.

Aquí en El Escorial era visitado a menudo por su gran amigo Camilo José Cela que llegaba a la puerta del chalet con el Rolls Royce y su espectacular choferesa negra. Quizás por casualidad, con sólo cuatro días de diferencia, fallecía su amigo Camilo José al que seguro que esperó José María en alguna nube para hacer el viaje juntos, con pan y vino y encontrarse con Marcelino para, como dice su hija Reyes, hacer “reír al Buen Dios, que tanto debe necesitarlo”. Seguro que Jesucristo le devolverá con creces el pan y el vino que de la mano de Marcelino, José María le dio mientras hablaba con él en aquella maravillosa película.

Periodista, escritor de relatos, de guiones cinematográficos y de ensayo, autor de teatro, conferenciante y viajero, destacó por sus cuentos para niños. Entre otros galardones, Sánchez-Silva  recibió el Premio Andersen, el Nobel de la literatura infantil, único español en conseguirlo; el Premio Mariano de Cavia, el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional de Literatura por “Tres novelas y pico”.

Autor de “Marcelino Pan y Vino” la gran película que ha hecho llorar a medio mundo y cuyo éxito se debió a la conjunción de cuatro estrellas que, como en el firmamento, suele suceder muy pocas veces: José María Sánchez-Silva el autor del maravilloso cuento; José Luis Navascués, su productor; Ladislao Vadja el director y Pablito Calvo su pequeño protagonista. Luego escribiría los cuentos “Historias menores de Marcelino Pan y Vino” y “Las aventuras en el cielo de Marcelino pan y Vino” con los que cerraba la trilogía.

¿Quién no ha llorado con la última escena en la que un brazo del Cristo crucificado le tiende la mano a Marcelino y se lo lleva al Cielo con él? ¿O al ver el diálogo de Marcelino con el Crucificado cuando le ofrecía un trozo de pan y un vaso de vino mirándole a los ojos? O ¿quién no se ha divertido con las travesuras de Marcelino en el Convento?

A la vista de todo lo leído sobre él, siento no haberle conocido como lo hizo mi hermano, del que fue buen amigo y que hoy me contaría, como sólo él sabía hacerlo, las cosas más interesantes de una vida cristiana plena con seis hijos y llena de literatura, guiones y artículos periodísticos.

Cuenta su hija Reyes cuando se despedía de su padre en una  sentida necrológica, que acababa de releer uno de sus cuadernos IPOD (Ideas para otro día) que no son los actuales elementos electrónicos. Eran frases cortas, estilo greguerías, como: “La memoria duele; el olvido mata”; “La edad perjudica la salud”; “En la guerra como en el amor, las grandes batallas suceden de noche” o una de sus últimas “Me gustaría que estas fueran mis últimas palabras escritas: Jesucristo es el hombre de la Historia más digno de ser Dios”. Con este Hombre hablará para siempre y seguro que con Marcelino, Pan y Vino.

3o años del Cafetín Croché

El café era plaza pública como el ágora de las ciudades griegas, donde las gentes se relacionaban y formaban sus asambleas o tertulias. A Ramón Gómez de la Serna, el café le atrae “como una plaza pública, reservada, con asientos cómodos y bajo techado. Sobre todo en invierno, los cafés son las únicas plazas públicas en que se puede uno sentar en un cómodo banco público, sin dejar de estar guarnecido”.

Gómez Caballero en su libro, “Madrid Cervantino o el barrio más espiritual de Europa”, define al café como “el ágora, la discusión, la crítica, el panfleto, el orador sobre la mesa, la conspiración, el origen del periodismo y del Parlamento, del pronunciamiento y del motín”

Los cafés de Madrid han sido el hábitat natural de bohemios y faranduleros; de hombres de letras, médicos o poetas, literatos y juerguistas, diplomáticos y sablistas, misántropos y espontáneos de la tertulia, de los que eran o querían ser, de zurupetos y ambiguos. Políticos recalcitrantes, revolucionarios y libertadores trasnochados. También de espías, de pintorescos aristócratas y algún que otro parásito. De magnates y mangantes; de pintores hechos y de pintores deshechos; de toreros, creadores y artistas. Fueron locales en los que las comodidades mejoraban las de sus casas o buhardillas y por lo tanto las horas eran más agradecidas.

Los cafés eran la disculpa para todo. Eran la pañosa en los crudos días de invierno, el clavel reventón en las primaveras, cuando los cafés se echaban a la calle, eran oasis refrescante en las tórridas noches de verano. Eran en definitiva, desayuno, aperitivo, merienda y cena, de casi todos, fortaleza de trasnochadores y medicina de los enfermos de la bohemia, sagrado recinto que, aunque no se dieran cuenta, transformaban su guerra particular al convencionalismo, con hacer convencional la visita diaria a un convencional café.

El café espacio, podía ser como el café bebida. Podía ser amargo cuando amargura tiene la carta que estás escribiendo; dulce como la conversación de la amada junto a ti o el beso amoroso de tu pareja; frío o caliente según la temperatura de tu propio ser o del ambiente tertuliano escogido, pero siempre era compañía ante una espera, era lectura o lugar donde se practicaba el maravilloso don de la escritura, lugar donde poner en orden los recuerdos, era tertulia o era, simplemente, el estar con los demás y compartir algo con ellos.

Quizás fuera esto lo que quiso hacer Manolo y su mujer. Este año  celebramos los 30 años del nacimiento del Cafetín Croché que nacíó un 21 de julio sin prepotencia, sin petulancia, de forma sencilla, sin querer darse importancia, como queriendo llegar a este mundo sin alharacas. Por eso no quiso ser Café, pues, petulante sería, intentar emular a aquellos viejos, destartalados y tertulianos cafés y se quedó en Cafetín, utilizando un diminutivo para no molestar a la Historia; para que, como a los niños, se le vea crecer con salud y quizás cuando sea mayor podamos llamarle Café.

Entrar en El Croché, es oir como se para el tiempo. Sea la hora que sea, se entra a las diez y diez y aunque pase el tiempo y te encuentres cansado de tanta felicidad, siempre se sale a la misma hora; las diez y diez. Un viejo reloj, en el frente de la barra, así lo corrobora. Siempre son las diez y diez, está parado en el tiempo.

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo. Entre todos ellos me quedo con el del sentarse ante el velador de un café, arropado por el terciopelo caliente de un banco corrido y escribir, escribir algo, lo que sea, tal como yo hice, hace algún tiempo, en las tardes estivales de un agosto escurialense, en el Cafetín Croché. Con motivo de su 20º aniversario allí escribí lo que yo llamo “un libro” que recogía mis recuerdos y sensaciones que tuve en el Croché, de las que aquí recojo una pequeña muestra.  

El Croché se despierta tarde. Le gusta apurar los posos de la noche y claro, por las mañanas se le pegan las sábanas de la holganza. Allí, ya florecida la mañana, a la hora que las manecillas rezan el “Ángelus” y ambas se confunden muy juntas en un diario acto de amor, allí a esa hora, todavía con el limpio perfume a local recién inaugurado, comienzan a entrar los primeros cafeteros, lectores de periódicos, rito que comparten tras comprar el diario en el quiosco de la Plaza de Benavente o en la librería Quesada.

Después de la hora de lectura de los periódicos, hacia las dos del mediodía, el vino empieza a poblar la barra aunque nunca sólo, siempre muy bien acompañado por alguna cazuela de aperitivo.

El ambiente es muy distinto según la hora del día y también si el frío se ha instalado en San Lorenzo por haberse dejado herméticamente abiertas las puertas y ventanas serranas, acuchillando los pulmones o si el otro Lorenzo impone su voluntad y como un microondas te cuece en minutos todo lo que pongas a su alcance. Pero, no sólo con la estación del ferrocarril climático cambia de ambiente, sino en función del día entre semana o víspera de festivo.

A las cuatro de la tarde y hasta las siete o las ocho, el Croché cambia su decorado. Comienzan a entrar los cafetalistas a pedir su café. Se vuelve un poco negro como el cielo amenazando tormenta, negro del café y de olor intenso a puchero- hoy cafetera- olor que se palpa y se puede rasgar con la cucharilla. Algunos cafés que se sirven en las mesas, llevan en su taza un manto blanco como si los fueran a cristianar en la pila bautismal. Es la hora en la que el Croché es alfil, reina, o caballo; es la hora que es damero o fichas de colores, cubilete y tacos de jamón de marfil con la numeración escrita en el lomo. Es tertulia bullanguera y amigable de temas prosaicos  y casi siempre muy terrenales.

Cuando se acercan las diez de la noche, cirios y velones se encienden para competir con las estrellas del cielo de la noche escurialense. A partir de las doce de la noche se produce una animación, siempre inesperada, que viene de aquí o de allá y recala a pasear en Croché o a dejarse ver que también es fórmula para que hablen de ti.

Noches de magia, de concurso poesía, de tertulias culturales  y una decoración de la que tendríamos que hablar largo y tendido pero no cabe en este reducido espacio.

Y a todas horas, Manolo Miguez, figura estilizada de Botero, hace su particular paseillo, que lo realiza como nadie, saliendo y entrando al callejón de San Lorenzo, con su mejor estilo torero, ya que para esto de la hostelería y la restauración hay que ser muy torero y saber parar, mandar, picar y hasta  banderillear.

Después de 30 años de vida quiero dedicarle un recuerdo cariñoso.

El Repeso

Siempre me ha gustado ir al Mercado público. Sus puestos con el griterío de los vendedores para atraer a los clientes, sus gentes, el bullicio y sus olores siempre me han atraído.

Recuerdo de pequeño el Mercado de la Paz en la calle Ayala de Madrid, donde muchas veces acompañaba a mi madre. Recuerdo el escabeche en sus grandes cajas de madera o los jureles secos en puestos con todo tipo de variantes. Las pescaderías con sus pescados envueltos en hielo oliendo a ácido para su conservación y las casquerías donde mi madre nos compraba los filetes de hígado de ternera que, decía, tenía muchas vitaminas.

Después ya de mayor, siempre que viajaba a Barcelona por trabajo me daba una vuelta por La Boquería, el precioso y antiguo mercado de las Ramblas. Hoy siempre que puedo me doy un garbeo por el Mercado de San Miguel, que aunque es otro concepto de mercado, mantiene el bullicio y algunos típicos puestos para no olvidar lo que fue hace unos años. Es un precioso ejemplo de la arquitectura del hierro de principios de siglo XX que se inauguró el 13 de mayo de 1.916. Se distingue por los soportes de hierro de fundición, la composición de las cubiertas, el sistema de desagües y la crestería cerámica que corona la cubierta. Su construcción costó 300.000 pesetas y su remodelación actual ha costado 150 millones de pesetas.  

La historia del Mercado de San Lorenzo comienza en el s. XVII y el edificio es el resultado de distintas intervenciones arquitectónicas realizadas durante su larga vida. El actual Mercado Municipal sustituyó al edificio de la Casa Grande del Común o del Gobierno que ocupaba el solar del actual Ayuntamiento. Ocupa un solar trapezoidal, fruto del derribo de unas viejas casas pertenecientes a la Orden Jerónima situadas en la calle del Rey. La obra se inició en 1.797 quedando construida solamente la planta baja. Es posible que las nuevas trazas fueran de Villanueva el arquitecto del Museo del Prado y que tanto construyó en San Lorenzo. Posteriormente se realizan nuevas actuaciones hasta que en 1.985 el Ayuntamiento encarga al arquitecto Francisco Navarro Roncal el proyecto de la reforma y mantenimiento del Mercado Municipal.

Internamente es un precioso edificio cuyos puestos giran alrededor de un patio central con una coqueta fuente y una amplia escalera de piedra, patio que en su primera época estaba descubierto. Los demás puestos se sitúan en el paso que une la calle del Rey con el callejón de San Quintín.

En 1.915 se daba la siguiente explicación sobre el Mercado: “ Instalado en un edificio “ad-hoc”, provisto de cuánto se puede apetecer al buen gusto de sus visitantes y en múltiples y bien ordenados puestos que deleitan la vista, frutas de todas las regiones españolas, pescados del Norte, excelentes carnes y variadas legumbres y verduras que tanto abundan en nuestra región” De ello se deduce que era un edificio altamente apreciado por sus características arquitectónicas y por la calidad de los productos que ofrecía.

Siempre me lo pareció a mí y por eso me gustaba bajar a comprar en él. Tenía buenos amigos en los puestos en los que normalmente compraba y de los que prácticamente ya no queda ninguno.

Hace unos días entré a confirmar lo que me figuraba. Era las doce del mediodía y el mercado estaba prácticamente vacío. Me encuentro con un buen amigo y comentamos la tristeza que daba ver un mercado casi vacío con muchos puestos cerrados, que parecía todo menos un mercado público.

Comentábamos el porqué de la existencia de un supermercado situado en la segunda planta (donde hace muchos años estuvieron las escuelas públicas) que seguro que ha hecho daño a la venta, pero doctores tiene la Iglesia.

¿Qué se está haciendo para revitalizar el moribundo Mercado Municipal de San Lorenzo? Da la impresión que ni unos ni otros quieren hacer nada y la tristeza y el vacío se van adueñando de lo que en un tiempo se llamó El Repeso. Si no queréis que se cierre que el Ayuntamiento vea lo que se está haciendo en Madrid con los antiguos mercados que os dará muchas ideas.

Me gustaría que fuera así pues no quiero que se pierdan las tradiciones de nuestros pueblos y ver el Mercado convertido en un Centro Comercial al uso.

Queja al Patrimonio Nacional

Cuando hablo o escribo del Patrimonio Nacional, siempre recuerdo la película de Berlanga que con el mismo nombre protagonizaba Luis Escobar, J.L. López Vázquez y Amparo Soler Leal entre otros muchos grandes artistas. El Marqués de Leguineche y su extraña familia hacen una parodia del regreso, tras treinta años de exilio voluntario, a su palacio de Madrid  al finalizar el régimen franquista.

Su manera de gestionar los bienes de la familia del Marqués para reanudar su espléndida vida, me recuerda al otro Patrimonio Nacional que muchas veces sufrimos en El Escorial por su forma de gestionar sus muchos bienes en estos dos pueblos.

Desde pequeño, tendría dieciséis o diecisiete años, tuve un grave problema con el entonces Presidente del Patrimonio Nacional, Fuertes de Villavicencio, al denunciar  en el “Semanario Escurialense” la forma de gestionar el Club de Golf de la Herrería del que yo era abonado desde su inicio.

Otra vez pedí un semáforo en el Arco de la Lonja por el que sólo puede circular un vehículo y en una sola dirección. Los atascos en algunos días pedía que, respetando el monumento, se pusiera un pequeño semáforo que regulara la circulación de ambas direcciones. Se me dijo de todo. Años después se colocaban torres de iluminación de las fachadas afeando el propio entorno del monumento.

En estas mismas páginas he denunciado la situación del Parque de la bolera. Decía entre otras cosas: “Creo que ya es hora de que el Ayuntamiento de San Lorenzo llegue a un acuerdo con su hermano rico, el Patrimonio Nacional, para la adecuación, remodelación y modificación de este espacio situado en pleno corazón del pueblo”

Lo mismo hacía, quizás de forma más dura, con la situación de ruina en la que se encuentra el Batán  “ruina a la que se ha llegado, queriéndolo o por dejadez del Patrimonio Nacional y que en estos momentos costaría mucho dinero su reconstrucción. Un cartel en la puerta de la cara norte, avisa de la prohibición de entrar por peligro de derrumbamiento. ¿Cómo es posible que un edificio del siglo XVI con una historia como la de esta construcción hidráulica y en un entorno tan maravilloso, lo deje morir el Patrimonio? Si no tiene dinero que haga una cuestación entre los vecinos o que se lo alquile a una sociedad de Telefónica como ha hecho con el club de Golf de la Herrería, pero que haga algo ¡por favor!”.

No voy a seguir por este camino, pero lo que sí quiero contar es algo que me ocurrió hace unos días. Paseaba por el bosque de la Casita de Abajo y decidí entrar a visitar el precioso edificio, que Villanueva  construyera para el Infante Don Gabriel. Mi gozo en un pozo. Leí un cartel en la puerta indicando que las entradas debían adquirirse en El Monasterio. Tenía dos soluciones. Subir andando hasta San Lorenzo, sacar la entrada y volver a bajar, o bien seguir paseando cabreado como un mono. Es lo que hice preguntándome lo que dirían las tres personas que, detrás de mí, leían el cartel de la entrada. Luego supe que habían venido desde Madrid a ver La Casita porque el Monasterio lo habían visitado hacía poco tiempo.

Ahora que está de moda sacar las entradas por internet o en El Corte Inglés como hice yo para ver la exposición de Antonio López en el Thyssen, va el Patrimonio Nacional y para visitar la Casita tienes que sacar la entrada en el Monasterio. ¿No se dan cuenta que existe gente que no lo sabe o que sólo quiere visitar la Casita de Abajo y no el Monasterio? ¿Sería muy complicado que la funcionaria- guía que está a la puerta de la Casita del Príncipe te venda la entrada? A lo mejor tiene que vender veinte o treinta al día y supone un gran problema de administración.

Me figuro que con la Casita de Arriba pasará lo mismo. ¿Qué pasaría si para entrar en el Valle de los Caídos un cartel te manda al Monasterio para sacar la entrada y luego volver para visitarlo?

Llevo un buen rato intentando explicar el porqué de esta decisión y encuentro varias explicaciones,  pero ninguna convincente.

Jesús Sáinz de los Terreros

(blogdejesus.com)

La Obra Pía de Juan de Herrera

Juan de Herrera, arquitecto montañés de la gran fábrica del Monasterio del Escorial, sigue vivo y repartiendo dinero entre los vecinos de Maliaño, pueblo santanderino donde nació su padre y su segunda esposa Dña. Inés de Herrera.

Gracias a la lectura del libro “Homenaje a Juan de Herrera”, he conocido la existencia de la “Fundación Obra Pía Juan de Herrera”, creada por expreso deseo suyo tal como se recoge en su largo testamento otorgado en la Villa de Madrid el 6 de diciembre de 1.584. En él se dispone lo que debe hacerse con su cuerpo tanto en Madrid como en Maliaño, lugar en el que deberá ser enterrado “donde está su abuelo y antepasados”.

Tras hacer expresa profesión de fe y encomendar su alma a Dios, Herrera determina en su testamento los sufragios, misas y novenarios que deben celebrarse y el remanente del quinto  sus bienes que debe destinarse como dotación a dos capellanes, “para siempre digan las misas”.

Entre los legados dejados en su testamento figuran “siete mil ducados que se empleen en renta cierta y segura y bien situada, a razón de 4.000 maravedís el millar, cuya renta sea para la dotación de una Memoria que instituyo en el lugar de Maliaño e Iglesia de San Juan para que perpetuamente se dé limosna de trece reales diarios, a trece pobres que sean hijosdalgo y de edad de sesenta años para arriba y naturales de Maliaño…”

Determina que “los trece hijosdalgos han de ser hombres de buena vida, fama y necesitados; el día que se les pagase, que ha de ser a primeros de cada mes, ha de proceder que confiesen y comulguen” de aquí la manifiesta religiosidad que no escondía Juan de Herrera.

Hoy día la ayuda a estos trece pobres se concreta en dos ayudas de 150 euros, una en San Juan y otra en Navidad a los mayores de 60 años que residan y hayan nacido en Maliaño y cumplan unos determinados requisitos económicos que se han ido adaptando con el paso de los tiempos.

Señala Juan de Herrera en su testamento que se empleen cada año 200 ducados en construir una nueva Iglesia de San Juan donde se dice que reposan sus restos algo que no se ha podido comprobar, pues la ermita que existía cuando murió estaba en ruinas.

Delante de la torre de la Iglesia de San Juan se colocó una réplica de la Primera Piedra del Monasterio del Escorial en memoria de Juan de Herrera y que recoge la inscripción de aquella primera piedra colocada el día 23 de abril de 1.563 redactada y dibujada por el propio Herrera.

Su voluntad fundacional tenía además otras preocupaciones:

-Dotes de una tercera parte para casar a “una o dos huérfanas”  “La dotación  y prebenda de cada una ha de ser en cantidad de veinte mil maravedís” Fija que han de ser hijasdalgo y huérfanas de padre de Maliaño y si no las hubiere, sean de los lugares más cercanos.

-La tercera parte de la renta ha de ser para la dotación de dos Capellanías que instituye y que sean perpetuas en la Iglesia de San Juan, los cuales han de nombrar al Patrono de la Fundación.

Otro dato curioso es que existen vecinos de Maliaño que tienen arrendadas y explotan las muchas fincas que posee la Fundación a los que se les cobra una renta ridícula cumpliendo con ello una función social además de la comentada función benéfica con los trece pobres de Maliaño.

Tras más de cuatrocientos años, su “Memoria” que es hoy la “Fundación y Obra Pía Juan de Herrera” sigue viva gracias al importante legado que dejó el gran arquitecto montañés. El encargado del reparto es el Presidente del Patronato Francisco Salcines, cuya primera decisión fue poner en orden el gran patrimonio inmobiliario donado a la Fundación que era de alrededor de 80 fincas. Ninguna de ellas ha sido vendida aunque alguna fue  permutada por otros terrenos para no encorsetar el desarrollo urbano de Camargo. El patrimonio se sitúa en torno a 6 millones de euros.

Si hoy día viviera, Juan de Herrera tendría que pagar un importante impuesto del patrimonio.

Perfiles Escurialenses: Juan Díaz Chico

Siendo niños, cuando llegaban las Fiestas de San Lorenzo, nuestro interés se centraba en ver a los Gigantes y Cabezudos a los que a muchos niños los Cabezudos les “arreaban” con una especia de cachiporras. Todos los años eran los mismos. Ahora ya con más años, me llega una foto de la figura de un nuevo Gigante que yo no conocía y que aparece en las Fiestas de los Alamillos. Se trata de una magnífica representación en cartón piedra de Juan Díaz Chico, antes un gran chico grande y ahora nada menos que un gigante. Pertenece “Juanito” a ese grupo de personas de bien que “la sabiduría popular ha sabido ver, reconocer y agradecer…” como dice Justo Sánchez Díaz en el capítulo “Personajes” del libro recientemente publicado “Estampas de San Lorenzo del Escorial”. Cuando recorro mis personajes favoritos aparecen muchos que a lo mejor son sólo míos. Cada uno es libre de fijar su ranking personal de aquellos hombres y mujeres que han destacado por su personalidad y generosidad hacia su pueblo y hacia sus gentes.

Este prólogo me sirve para escribir de una persona que conozco desde niño ya que en sus años mozos trabajó en Calzados “La Corona”. ¡Cuántos niños hemos  pasado por allí!

Al ver la foto del Gigante, decidí buscar su famosa tarjeta en la que se recoge toda una vida llena de premios, honores  y condecoraciones que es casi la biografía de una vida dedicada a San Lorenzo. Creo no equivocarme al decir que puede ser uno de los vecinos del pueblo que más condecoraciones ostenta.

Viste como un lord inglés. Americanas cruzadas “blazer” o de paño inglés que además de la corbata, son sus prendas favoritas. En invierno largo abrigo, creo que con cuello de piel, le envuelve del frío, mientras le acompaña una pipa, me figuro de buena madera, que fuma con estilo británico. Le recuerdo una americana blanca que en verano se ponía en el Club de la Herrería que a mí, que me gusta vestir bien, me daba sana envidia.

Supongo que debe tener un importante fondo de armario, donde me figuro, que en sitio preferente, figurará la capa de hermano y vicepresidente de la Hermandad de San Antón, cuya pequeña Ermita preside la plaza de los Alamillos, su vecina y querida  plaza, hoy atestada de vehículos al no haber realizado el Ayuntamiento el prometido aparcamiento. Sólo desaparecen de allí cuando las Fiestas del Barrio de Los Alamillos toman la plaza y hacen acto de presencia, fiestas de las que fue pregonero en 2.001 y que hoy, tras haber colaborado muchos años, Juan, es Presidente de Honor.

Su época dorada la pasó en el Club de Golf de La Herrería donde ha trabajado gran parte de su vida. Allí gracias a su cargo de Relaciones Públicas, recibía a todos como él sólo sabía hacer. No sé si después de tantos años aprendió a jugar al golf. Se lo preguntaré cuando le vea.

Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo; Medalla de Oro de la Orden de Cisneros y la Cruz de Plata al Mérito Civil son sólo algunos de sus reconocimientos civiles. Ha apoyado el deporte como nadie por lo que ha sido merecedor de la Medalla de Plata al Mérito Deportivo y la Medalla de Bronce del Baloncesto. Fue Presidente del C.F El Mesón del que es poseedor de la Placa del Club.

Como persona popular y querida  Juanito es poseedor de los Premios Popular del Periódico Pueblo; Popular de San Lorenzo del Escorial y finalista de los Premios Naranja.

Ha dedicado muchos años de su vida al servicio a sus convecinos representándolos en el Ayuntamiento del Real Sitio como Concejal de Relaciones Públicas y como Concejal de Protocolo y Turismo.

En San Lorenzo no ha existido festejo, homenaje o acto protocolario donde Juanito no haya participado dedicando a veces mucho tiempo a su organización.  

Medalla del Real Coliseo Carlos III, Romero de honor y Placa de plata Personal de la Herrería Club de Golf son sólo algunos premios y honores que Juanito ha recibido en su larga vida dedicada a su gente y a su pueblo.

Alfonso Ussía y El Escorial

Alfonso Ussía es una de las plumas más sobresalientes y afiladas de nuestra literatura. Con grandes dosis de ironía, es incisivo y directo, caustico, satírico y valiente.

Hace unos días Alfonso Ussía escribía en su columna de “La Razón”  la necesidad de la unión de muchos ayuntamientos por el gasto que supone mantener tantas administraciones en España. Generalmente en sus artículos introduce anécdotas, pequeñas historias reales o inventadas que aderezan el artículo y lo hacen todavía más entretenido. Así lo hace en el que me refiero y en este caso hablando del Escorial.

“Años atrás -escribe Ussía- el Alcalde del Escorial me pidió que leyera el pregón de las fiestas de aquella localidad serrana. No soy partidario de los pregones. Me causan un acusado alipori. Se trata de quedar bien y elogiar a la Reina de las Fiestas, que no siempre inspiran elogios. Los padres al acecho a ver que dice el pregonero de la nena. Es un rollo. Me reuní con el alcalde con una hora de antelación a la lectura del pregón. Y menos mal. De no haberlo hecho, habría salido del Escorial escoltado por la Guardia Civil. Ignoraba que el Escorial y San Lorenzo del Escorial son dos municipios enfrentados y nada influidos por la imagen de la unidad. La linde la establece la pared sur del Monasterio, o algo así”.

Continúa su artículo hablando de la necesidad de unir ayuntamientos y comenta los odios entre muchos pueblos vecinos que vienen de varias generaciones anteriores. Termina diciendo que “no le recomiendo que lea pregones en El Escorial”.

Muchas veces me he referido a Ussía en estas crónicas y editoriales entresacando de sus escritos párrafos enteros que me han ayudado a escribir mis opiniones sobre temas recientes a los que él también se había referido con anterioridad. Pero en este caso tengo que reconocer que no me ha gustado nada, ni la anécdota ni el final de su artículo. Que desconozca y equivoque los límites de ambos pueblos es algo lógico, pero que una persona como él culta, formada e inteligente no conozca la realidad del Escorial formada por dos pueblos diferentes, siendo la Villa anterior a la construcción del Monasterio, es incomprensible. Pero que al final de su artículo recomiende que no se lean pregones en El Escorial es injustificable.

Muchos son los pregones que se han leído y que espero se sigan leyendo en nuestros dos pueblos. Le recomendaría se leyera el libro de los pregones de la Romería de la Virgen de Gracia en el que se pueden leer verdaderas pequeñas obras de arte, escritos y cantados por muchas de las mejores plumas que en España han sido.

A Alfonso Ussía como compañero de colegio y vecino de la calle Velázquez le aprecio; como escritor de valentía le admiro; tengo casi todos sus libros y guardo muchos artículos suyos. Pero creo que en este caso se ha equivocado y no tengo más remedio que denunciarlo  porque soy amante de los dos pueblos y he pasado y sigo pasando mucho tiempo de mi vida en ellos. A pesar de esto seguiré leyendo su columna en “La Razón”, las aventuras del Marqués de Sotoancho o releyendo sus divertidas crónicas del verano que ha publicado en este diario.

Por lo demás yo también soy partidario de la necesaria agrupación de muchos ayuntamientos  (8.000 creo que hay en España),  por el mucho ahorro que se produciría no sólo en época de crisis sino también de bonanza económica. Como ejemplo, tres pueblos de Madrid  han dado un paso importante al compartir muchos de sus servicios e instalaciones deportivas, compensando las deficiencias de unos y otros. Quizás sea el primer paso para la unión de los tres ayuntamientos.

Estoy seguro de que Ussía no leerá esta crónica, pero si lo hiciera le recordaría que ya existió una primera experiencia de unión administrativa en nuestros dos pueblos. Me remonto a 1.771 en el que existió un solo Alcalde Mayor, D. Antonio de Vicente Yánez, designado por el prior de los jerónimos. Nombrado titular de la Villa del Escorial y del Real Sitio de San Lorenzo vivió en la llamada Casa del Alcalde Mayor, situada en la calle Gobernador, nº 3 junto al actual Ayuntamiento de San Lorenzo.

Jesús Sáinz de los Terreros

(blogdejesus.com)

El cuadro de la Virgen

La calle poco a poco se iba quedado vacía y recobrando su fisonomía habitual. Era domingo y el Rastro había revendido lo viejo, lo usado y hasta lo antiguo. Caminaba de vuelta a casa cuando vi como un viejo chamarilero recogía su puesto de cosas viejas entre las que vi el cuadro de una mujer. Su cara bellísima de limpias facciones, trasmitía ternura y hasta tranquilidad de espíritu. Un niño tiraba de la falda como queriendo que le  cogiera y le pusiera en su regazo. El cuadro no tenía firma y al ver mi interés por él, el hombre de larga barba y muchos años en su piel me dijo:

-Se lo vendo por 6.000 pesetas.

-¿Cómo dice?- Le contesté.

-Bueno, 5.500 y ni una menos.

El cuadro medía unos 60 centímetros de alto y tenía un marco negro bastante feo, quizás modernista o art decó como queriendo no desentonar con el traje de la dama. La mirada de la mujer me embaucaba y seducía, mientras el pequeño hombre barbudo seguía recogiendo su puesto mascullando palabrería que no llegaba a comprender.

– Lo quiere o no- me dijo algo enfadado y mirándome fijamente a los ojos.

– Sí me gusta, pero sólo tengo 3.000 pesetas.

– Lo siento- me contestó- pero 4.000 o lo retiro.

– Ya le he dicho que sólo tengo 3.000 y no le engaño.

El señor algo molesto, se dio la vuelta y siguió recogiendo sus trastos viejos. Aunque  creyera que yo le estaba regateando hasta esa cifra, la verdad es que si hubiera tenido las 4.000 pesetas me lo hubiera llevado pues me cautivaba la mirada y la belleza de la señora del cuadro.

– Déme las 3.000 pesetas y lléveselo me gritó desde lejos. Volví por mis pasos, le entregué el dinero y envuelto en papel de periódico me dio el cuadro mientras refunfuñaba entre sus pocos dientes.

Continué mi camino y algo cansado cogí un taxi que nos llevó al cuadro y a mí hasta casa.

Algunos días después lo llevé a un amigo restaurador para que lo limpiara pues el paso del tiempo había dejado sus huellas en el lienzo y algunas zonas del traje de la mujer estaban desaparecidas. Tras dos meses, ya que es un hombre de mucho trabajo, me llamó para decirme que lo había pasado por rayos X y que aparecía un dibujo de algo parecido a una virgen bajo la pintura de aquella mujer con el niño y que al ser el pigmento utilizado de poca calidad, opinaba que al limpiarlo parte de la pintura iba a desaparecer. Quedamos en su estudio y me enseñó las radiografías. Tras las explicaciones técnicas del experto tomamos la decisión de limpiar y ver la pintura que había debajo. Me quedaría sin ver la cara de aquella mujer pero me picaba la curiosidad para ver aquello que me anunciaba que había debajo. Tras un tiempo prudencial me llamó para informarme que el dibujo a color que había aparecido era un boceto precioso de Mariano Benlliure que utilizó, me figuro que en compañía de otros bocetos, para esculpir la figura de una Virgen. No entendía como un precioso boceto de la Virgen había sido pintado encima con una figura que aunque me atraía, su técnica no era precisamente la de un maestro.

Quedamos nuevamente en su taller y comprobé como aquella figura de la Virgen con el niño era, sin duda, la Virgen de Gracia pues yo la había visto muchas veces. Conocía que Benlliure había realizado una nueva imagen una vez destrozada la anterior por los rojos en la Guerra Civil. Era un boceto precioso como lo es la imagen de la Virgen de Gracia y quedé encantado con la decisión tomada.

Toda mi alegría acabó cuando desperté de aquel maravilloso sueño y las imágenes se borraron una a una mientras me levantaba de la cama. Algo aturdido todavía por la desilusión que me había llevado, decidí que siempre que fuera al Rastro me acordaría del sueño y de la imagen de la Virgen.

Aquella mañana de domingo decidí volver y mientras caminaba por aquellos  destartalados puestos donde todo se vende, seguía dando vueltas al sueño y lo real que parecen las imágenes cuando  sueñas. Empecé a recorrer el Rastro como hacía siempre desde la Ribera de Curtidores hasta la plaza de Cascorro. La pequeña tienda del chamarilero del sueño estaba allí pero el abuelo había dejado paso a un joven con una buena melena aunque limpio y aseado. Me acerqué y pregunté por el viejo. El joven me contestó que él era su nieto y que su abuelo había muerto hace muchos años. Sin descubrirle mi intención, le pregunté si tendría un cuadro con las características del que había visto en el sueño y que le expliqué detalladamente. Tras un rato en la trastienda salió para decirme que no tenía ningún cuadro de esas características.

Entonces me referí al boceto de la Virgen que apareció bajo el cuadro de aquella mujer de mirada dulce que embaucaba y seducía.

La mujer que aparecía en mis sueños con el niño retratada en el cuadro, estaba allí, sentada junto a la puerta de la pequeña tienda con un niño de pocos años sentado en su regazo. No sé si estaba influenciado por lo que había soñado o aquella mujer era realmente la del cuadro. Sin preguntar nada deduje que era la mujer de aquel joven chamarilero al que esperaba para marchar a casa.

Tras un largo rato de espera me presentó el cuadro con un boceto de la Virgen pero no estaba firmado  por el escultor Mariano Benlliure. A pesar de ello, era un dibujo hermosísimo de la Virgen de Gracia realizado en aguada a color y con una perfección en los detalles del traje, el niño y la corona que lo hacían de gran calidad pictórica.

Tras negociar el precio con el joven chamarilero me lo llevé a casa, donde está en sitio preferente, por sólo mil pesetas.

El domingo la Virgen de Gracia volverá en carreta de bueyes a su Ermita de la Herrería como lo ha hecho desde el año 1.946 que fue llevada en andas por los devotos que un buen día, D. Teodosio junto a un grupo de personas, decidieron restaurar la tradición perdida.

Como todos los años miraré el cuadro, recordaré mi sueño y rezaré a la Virgen de Gracia por todos los romeros y especialmente por los que ya no están con nosotros.

Estampas de San Lorenzo del Escorial

“Estampas de San Lorenzo del Escorial”

 

Un nuevo libro sobre las gentes de San Lorenzo ha visto la luz con el apoyo y patrocinio del M. I. Ayuntamiento. Estampas de un pueblo que el profesor Juan Sánchez Díaz, junto a un importante grupo de colaboradores, acaba de publicar en beneficio de vecinos y adoptivos de este nuestro pueblo de San Lorenzo del Escorial. Es un libro fundamentalmente de imágenes cedidas por familias e instituciones del pueblo, estructurado en once capítulos cada uno de ellos escrito por uno de sus colaboradores. Once capítulos que se inician con los orígenes del pueblo, para luego ir recorriendo páginas de acontecimientos  para el disfrute; presentar a los que hicieron y construyeron el tejido humano; el costumbrismo con sus fiestas locales; la música tradicional; los juegos y canciones infantiles; las publicaciones locales para terminar con los hermanamientos y una galería fotográfica de los alcaldes que de este pueblo han sido y que han regido desde la constitución oficial del pueblo.

En su recorrido fotográfico,  he disfrutado recordando el bar “La Campana” o el “Sotanillo , “Cipriano” o “Pimentel”, “Madrid-Sevilla”( que nunca supe el porqué de incluir Sevilla en su nombre), el “Bar Larios” “La Oficina” “ Los Mariscos” el “Mont Blanc” o el quiosco de Antonio Pacheco. También me ha gustado recordar cómo fueron las plazas que tantas veces hemos pisado o los camareros y barmans, casi todos amigos, con sus chaquetillas y perfectamente uniformados que me ha causado nostalgia viendo lo que estamos viendo actualmente en este gremio.

Con su lectura he recordado a personas muy queridas, algunas que creía tener olvidadas, pero que no han dejado de estar en mi memoria. También he echado de menos a otras muchas, muy queridas también, que no aparecen. Con ellas podríamos editar otro libro similar.

He recordado a familias completas que allí aparecen, equipos de fútbol casi olvidados, la bolera y sus chicos plantadores, todos conocidos y muchos amigos. Caballistas y becerradas que han sido centro de muchas fiestas escurialenses que se mezclan con los que nos han dado de comer y beber, con los que nos han cuidado y aún cuidan de nuestra salud farmacéutica (echo mucho de menos a los médicos) o a los que en aquellos años de penuria de post-guerra  nos arreglaban los zapatos para que duraran un año más.

Gracias a este libro he recordado también a los “quintos”, el quiosco de la música de Terreros, los concursos de albañilería en las Fiestas patronales, las procesiones o la música. Las fotografías de los decorados de “Los últimos días de Pompeya” rodada en la Plaza de Toros de San Lorenzo, me han traído recuerdos de mi “primer papel” en el cine con sólo 15 años. Era un “extra romano” como otros cientos de gurriatos y veraneantes. Me pagaron creo que 500 pesetas de aquellas del año 1960.

Entiendo que el autor haya querido realizar esta importante obra, con imágenes para el recuerdo y en la que los protagonistas sean las personas, los gurriatos. No pretendo criticar una obra en la que su autor y colaboradores han dedicado muchas horas, dedicación y tenacidad para recopilar todo este documental histórico. Sólo apuntar mi opinión.

Creo que ha olvidado, aunque sea en pinceladas fotográficas, a muchos gurriatos de adopción o de los que se llamaba “colonia veraniega”. Familias enteras que hicieron mucho por la Romería, las fiestas y en definitiva que ayudaron al crecimiento urbanístico y social de San Lorenzo.

En el capítulo de fiestas he echado de menos unos apuntes o alguna referencia fotográfica a las grandes fiestas de las Regidoras (sólo aparece la Fiesta Valenciana de Mercedes Goncer)  y las muchas que D. Xavier Cabello Lapiedra y Dña. Rosario Muro llevaron a cabo para deleite de vecinos y veraneantes.

A pesar de que a toda obra es fácil hacerla una crítica, tengo que felicitar al autor y colaboradores y reconocer que he disfrutado con la lectura de este libro. A pesar de las ausencias creo que es una obra importante, muy bien editada, que entretiene, pone en funcionamiento los recuerdos y de la que recomiendo su lectura.

Jesús Sáinz de los Terreros

(blogdejesús.com)