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Un paseo por la nostalgia

Necesitaba dar un paseo por la nostalgia. Había subido al pueblo de Arriba y la tristeza me invadía poco a poco. No se veía a nadie conocido. Las mujeres venían o iban al Mercado y algunas, las menos, entraban en La Carpetana. Los carteles de SE VENDE o SE ALQUILA decoraban todas las fachadas cosa que no me llamó demasiado la atención, dada la crisis actual, aunque si me causaba mayor tristeza. El aire me bloqueaba y no había sitio para aparcar así que decidí dar un paseo por la nostalgia.

Aparqué junto al Bar Abantos y ante la falta de noticias comencé a dar un paseo como si tuviera muchos años menos, recuerdos de mis años de juventud que tengo grabados en mi memoria. Dar un paseo por los recuerdos que he decidido mantener y no perder nunca: “si no olvidas nunca, si guardas tus recuerdos, ellos te salvarán” como dijo una actriz de cuyo nombre no puedo acordarme.

Así volví a ver a las señoras que en el bar Abantos hacían punto desde por la mañana con un café en la mesa y escuchar los gritos de las niñas del Colegio de las Concepcionistas a la hora del recreo. Saludé a los Herranz que estaban al pie del cañón en sus talleres allí mismo situados. A medida que recorría la calle Leandro Rubio y bajaba hacia la calle Floridablanca los recuerdos iban saltando delante de mí. Me asomé al jardín romántico del Hotel Escorial para ver la tertulia de mayores que se formaba, desde horas tempranas, sentados en sillas de mimbre y jugando a la canasta. Continué mi paseo y tras echar la mirada a la casa de mis abuelos en Coronel de Diego, me topé con el carro de helados de los Valencianos que tirado por la moto conducida por Lázaro, le trasladaban a la puerta de la Lonja. Tropecé con uno de los raíles del nonato tranvía mientras me dirigía hacia el quiosco del Hotel Jardín donde paré a tomar un helado. Desde allí veía la pequeña tienda de Patatas fritas Tomasín pero no paré pues acababa de desayunar y tomarme el helado. ¡Qué buenas las patatas Tomasín!

Como tenía tiempo, paré a llamar por teléfono en el Locutorio de la Telefónica junto a la pequeña tienda de las patatas fritas. Siempre me hacía ilusión entrar a llamar como antes lo hacíamos en el primitivo de la Casa de Oficios. Saludé al dueño (cuyo nombre no recuerdo) de la Mantequería o cómo se llamaban antes, la tienda de Comestibles, que hacía esquina con la calle Ramón y Cajal. Compré una gaseosa en la Fábrica de Hielo y Gaseosa de los hermanos Ventura detrás del Ayuntamiento.

En este momento abría sus puertas el bar Manjarín. Casa Dimas llevaba varias horas abierto igual que Pimentel al que todavía no habían llegado Antonio Arribas, Polilla, Pedro Martín, Enrique Andrés ni Gaby Sabau  ni tantos otros fieles “pimentelistas”. Junto al Pimentel, Cañamón echaba, sonriendo, una bronca a un camarero de su Mont Blanc.

Volví a iniciar mi paseo por Florida y paré a preguntar en la pequeña oficina de los Autobuses Herranz sobre el horario a Madrid, mientras uno de sus autocares esperaba llenar sus asientos de vecinos y veraneantes  hacia la capital. Colele vigilaba la escalera que desemboca en la Lonja, escalera por la que baja más gente que la que sube, mientras el guardia Lucas saludaba a todo el que pasaba a su lado.

Paré a tomar un botellín en el quiosco de Antonio Pacheco y me quedé un rato hablando con Julio que había llegado a ayudar a su padre. Como todos los días compré un cucurucho de pipas y hablé con Doña Crescencia en su quiosco de la Barquillera mientras me dirigía al Hotel Miranda. En el Cine Lope de Vega daban una de vaqueros.

Era la hora del aperitivo y allí, en la esquina de la barra, estaban Juan Cos, Nano Cebrián, Fernando Martínez-Avial y alguno más que todos los días pasábamos por allí al mediodía. Enrique el Mula nos atendía con cariño. Los Camins, los Alonso, los Ramírez, los Guerra, los Cofiño hacían tertulia como todos los días. Amelia Pérez Tabernero tomaba un café en la terraza mientras Julio Cos en la puerta de la botica, siempre sonriente, saludaba a cuántos pasaban por delante. Pasteles en La Violeta Imperial. Visita al que llamábamos paredón suplente bajo el Regina, donde comíamos pipas sentados en la acera. Visita a la Bolera del Parque  para acabar en Terreros que ensayaba la Banda de Carabineros  en el quiosco de música.

Nota: Sé que he mezclado fechas, lugares y personas pero estos recuerdos son los que iban apareciendo ante mí en este paseo por la nostalgia.

Un tranvía llamado deseo

La puerta del Sol, centro neurálgico de Madrid donde nacían todas las innovaciones que la modernidad traía a los madrileños, fue en 1.900 salida, parada y fonda de la primera línea de tranvías eléctricos que sustituyeron a los que tirados por mulas de carga, recorrían los barrios de la ciudad. Muchas imágenes me vienen a la memoria referidas a los tranvías. Recuerdo la de aquellos golfillos que se subían a los topes para no pagar billete o la de aquellos tranvías que llegaban a la Plaza de Toros llenos de aficionados y hasta con algún torero vestido de luces dentro. Recuerdo el giro que el conductor daba al trole del tranvía, terminado el trayecto para iniciar el camino de vuelta. Famoso fue el llamado PEPE, tranvía que al atravesar el puente sobre el inicio de la carretera de La Coruña y que se dirigía a la Ciudad Universitaria, empezaba a bailar, empujado por los estudiantes al grito de PE-PE, de un lado al otro del puente con el consiguiente peligro de caer a la calzada.

El tranvía servía como el fútbol o los toros para descargar adrenalina y echarle la culpa de todos nuestros males. No llegar nunca a la hora, era culpa del tranvía por los cortes de luz que impedían muchas veces llegar al trabajo o a una cita. Frenazos por los carros de mulas que se le echaban encima. Apreturas y mal olor. Pero todo era mentira. El tranvía servía para llevar a la gente a su destino pero también para tranquilizar las mentes y dejarlas libres de tensiones mientras se viajaba, casi paseando por las calles de Madrid.

En San Lorenzo de El Escorial, el 30 de Abril de 1.923 se constituye la Sociedad de Abantos que tenía por objeto construir una ciudad jardín donde se edificarían villas de recreo, un hotel, un casino, parques de recreo y hasta un hipódromo. El hotel de gran lujo, estaría emplazado en el Cerro de las Damas, donde años después se edificarían los talleres de los Autobuses de Herranz. El proyecto era tan ambicioso que incluía un teatro, un campo de tiro de pichón, un edificio destinado a garajes y hasta un local de exposición y venta de automóviles. Pero el más ambicioso era la instalación de un tranvía que desde la estación del ferrocarril de El Escorial, recorrería el pueblo de San Lorenzo y llegaría, atravesando el barrio de Abantos, hasta la Fuente de la Teja donde se construiría un edificio para albergar la terminal del tranvía y la estación desde donde partiría un funicular hasta el Pico de Abantos. Allí se construiría un restaurante-hotel para los visitantes que quisieran pernoctar en tan maravilloso paraje.

Una vez solicitada la concesión y explotación del tranvía en 1.922 por una entidad denominada Sindicato de Iniciativa es comprada por el Sr. Solms en 1.926, pero numerosas dificultades hicieron imposible su puesta en marcha. Se retoma el proyecto y se diseña el recorrido así como el edificio para las cocheras y oficinas pero a pesar del apoyo real, S.M. Alfonso XIII puso la primera piedra, el proyecto no se lleva a efecto quedando para el recuerdo y como reliquia una calle arada con dos largos surcos de hierro que todavía hoy se pueden ver en la calle de Leandro Rubio y que nos recuerdan lo que pudo ser un pueblo de la sierra con un tranvía circulando por sus empinadas callejuelas.

El urbanismo de hoy debe prever el de mañana y no encorsetarlo por la especulación para dejarlo sin posible desarrollo futuro de nuevas tecnologías. ¿Se figuran que entre los proyectos del Futuro Ensanche se incluyera un tren ligero, lo que antes se llamaban tranvías, para unir el pueblo con el Valle de los Caídos, La Villa con San Lorenzo o que la Casita de Abajo y la Casita de Arriba quedaran unidas por un tren tranvía?

La Comunidad de Madrid tiene en proyecto unir los nuevos PAUS con tranvías. Pozuelo y Boadilla tienen un tren-tranvía ligero y en Parla, Sevilla y en Barcelona que ya existe uno, se quieren instalar más. El tranvía vuelve a París después de 70 años. Y nosotros a soñar que no cuesta dinero.

Los enigmas de la Silla de Felipe II

En un artículo anterior que titulé  “Felipe II no subió a la Silla” (ver el blog.- Escorial.- agosto 2.009)  recordaba las excursiones veraniegas a esa silla tallada en piedra granítica en el maravillosos paraje del Canto Gordo en la Herrería escurialense. La leyenda asegura que hasta allí subía Felipe II a revisar las obras de la Real Fábrica del Monasterio. Recordaba las meriendas en este magnífico espacio de piedra berroqueña para luego bajar a la Cueva de las Zorras y marchar después, al anochecer, a pasear por Floridablanca.

Comentaba también lo bonito de esta leyenda y que algunos autores quieren “destruir”. Henry Kamen en su libro “El enigma de El Escorial”  asegura que no está tan claro que tal lugar hubiese existido en la época de la construcción del Monasterio. “Para empezar, el rey no podía subir a ninguna montaña-aclara Kamen- porque casi no podía caminar. Yo tengo mis dudas sobre la existencia de esa silla. Lo cual no quita para reconocer que la atención del Rey por el detalle fuese incesante. Pasaba horas hablando de sus planes con los arquitectos y celebraban reuniones frecuentes en los lugares de las obras. El dinero y los esfuerzos consagrados al proyecto fueron impresionantes. Miles de obreros fueron empleados durante décadas”.

Reflejaba en este artículo,  mi opinión diciendo que “me importa un bledo que la silla no fuera tallada en la piedra granítica para que el Rey viera la evolución de su gran obra; que fuera posterior a la terminación del Monasterio o que algún cantero que le gustaba el sitio para subir con sus hijos a merendar, se construyera la famosa silla para ver el paisaje. Lo cierto es que siempre me creeré la leyenda ya que, lo que desde allí se divisa, es un paisaje de película”.

Al poco tiempo de publicar mi artículo en la “Gaceta Escurialense”, Vicente M. Rosado publicaba otro sobre el mismo tema titulado “Felipe II si subió a la Silla” artículo cariñoso en el que salía en mi ayuda para no perder la ilusión de que la leyenda, urbana o no, fuera realidad.

Con su permiso transcribo sus explicaciones sobre el documento existente en el archivo General de Simancas, fechado el 27 de febrero de 1.565, años después de iniciarse las obras al que se acompaña un croquis de trazo tosco y rápido titulado “Traza muy sencilla de la Dehesa de la Herrería para proceder a su ordenación y que sirva de mayor ornato a los alrededores del monasterio, en ella se señalan las tierras que están a un lado y a otro de un río, el ejido común, zonas de apeos, tierras de particulares, el monasterio, etc.” En dicho croquis se halla perfectamente definido “en donde S.M sube a la vista”, y se encuentra perfectamente ubicado en la actual Silla de Felipe II. Y termina diciendo que podemos estar tranquilos y seguir disfrutando de la existencia de nuestra querida Silla de Felipe II.

Poco tiempo después, en la Revista “Apuntes de la Sierra” Jonhatan Gil Muñoz publicaba un artículo titulado “La Enigmática historia de la Silla de Felipe II” en la que desarrolla la hipótesis que viene de la mano de la arqueóloga Alicia M. Canto. Para ella la Silla no sería otra cosa que un altar utilizado por el pueblo prerromano de los vetones para la práctica de ritos y sacrificios a los dioses. Para afirmarlo se basa la arqueóloga en una serie de coincidencias con otros altares de este tipo que ella misma ha investigado.

Pero no todo acaba aquí. En un artículo de Ana L. Escudero publicado en El País el arqueólogo Jesús Jiménez Guijarro asegura que Felipe II jamás se sentó en la Silla de Canto Gordo de la Herrería. La actual silla, asegura, sería una réplica del siglo XIX y que la auténtica estaría ubicada en las dehesas de Campillo y Monesterio (en la Villa), en una peña sacra vetona. Basa su hipótesis en unas inscripciones que dejan constancia de que Felipe II estuvo allí en 1.579 o 1.580. Haciendo este arqueólogo un proyecto de investigación, se topó en 1.996 con un paraje extraño y hermoso: la peña del Canto Castrejón. En mitad de las fincas del Campillo y Monesterio descubrió una inmensa mole de granito con escalones tallados, desde donde se domina todo el territorio y se contempla el Monasterio.

Justifica su teoría y la documenta, en que Canto Castrejón es una peña  sacra vetona (un pueblo celta del siglo V antes de Cristo de las que tan sólo hay una docena en toda la Península Ibérica). Asegura que la silla de la Herrería es más reciente que la de Canto Castrejón justificándolo por la diferencia morfológica y por la mayor pátina que tiene la de Canto Gordo de la Herrería. Además la inscripción que figura en el rellano del primer tramo de escalones “1.867” y otra de difícil lectura parecen apoyar esta teoría.

“Todos estos datos parecen hacer encajar la silla de Felipe II en un contexto mucho más moderno de lo que se ha pretendido y siempre en detrimento de la genuina silla del Monarca Prudente” asegura Jiménez.

Seguro que seguiremos leyendo teorías más o menos enigmáticas y bien documentadas pero me quedo con la primera. Para mí seguirá siendo la Silla del Canto Gordo de la Herrería el “trono” granítico desde el que Felipe II contemplaba con sus arquitectos y ayudantes las obras de la Real Fábrica del Monasterio.

La Bolera del Parque

Hace unas semanas escribía sobre lo que fue y lo que hoy día es, el Parque de Florida y dejé para otra colaboración posterior, escribir sobre la bolera. Pocas veces he visto escrito un artículo o colaboración sobre lo que supuso para los vecinos y veraneantes de San Lorenzo, la bolera del Parque. Para los que no la conocieron la bolera era el centro de diversión de las tardes veraniegas donde se daban cita pandillas de veraneantes para jugar una partida de lo que se llamaba bolo americano, quizás para diferenciarlo del juego de bolos leonés o montañés.

Además de diversión para unos, fue trabajo, el primero quizás, de muchos chavales de San Lorenzo que como plantadores a mano de los bolos se ganaban sus perras para ayudar en casa en aquellos difíciles años. Eso sí   se jugaban un bolazo en las piernas o en la cabeza.

Los chicos que plantaban los bolos, y lo digo con todo mi cariño pues soy amigo de muchos, eran un poco “golfillos” como ellos mismos me lo han contado. Entre la pista 7 y 8 existía un pasillo de piedra que llegaba a los aseos y a la casa del encargado, a los que se entraba por una puerta de madera tipo “saloom” del oeste. Inventaron la forma de ver a las señoras en los aseos y especialmente a las camareras Marisa y Meli, que según decían estaban muy buenas. Para ello hicieron un agujero en el aseo de los chicos y así  poder expiarlas sin ser vistos. Entre ellos y muy jovencitos estaban personas hoy conocidas como Paco “Pasteles” y sus hermanos Miguel y Jesús; Félix Arranz; Jesús Alonso; Emiliano Cea; Alberto “ratita” el pintor; Santines y Josito tal y como aparecen en la fotografía. Ganaban más dinero en propinas que del escaso sueldo que tenían como plantadores. Según me contaron, después de una partida, una mesa de hombres, pues las mujeres jugaban en pistas separadas, les dio 300 pts. Nuestras propinas, mucho más modestas, se la enviábamos en un agujero de la bola de madera.

La bolera se construyó sólo con tres pistas, las que estaban junto a la tapia de Florida, para luego ir aumentando hacia el bar hasta llegar a ocho pistas todas ellas de cemento que había que arreglar todos los veranos por el mal trato que las dábamos.

Desde su inauguración dos fueron los encargados de la bolera durante el verano: el Sr. Almazán  hombre serio y que en invierno hacía la misma función en la bolera del Cine Carlos III en la calle Goya, propiedad de Enrique de los Santos y Rafael Ortiz, los mismos que tenían cedida la concesión del Parque. Al Sr. Almazán le sustituyó Jerónimo, hombre pequeño y con malas pulgas pues le hacíamos sufrir bastante aunque si había que prestarnos dinero, lo hacía con gusto.

Todos los veranos, durante las fiestas de San Lorenzo, había concurso de bolos, masculinos, femeninos y mixtos. José Luis Verdes, José Carlos Sáinz de los Terreros, Juan González de Cos, Santi de Pablo, los hermanos Gonzalo y Paco Castillo, Paquilín Villota, Alfonso Franco, Quique y Mundo Pérez Castel y en el bando femenino, Mari Carmen Abad eran los que partían el bacalao y se llevaban todas los trofeos de las fiestas.

Como centro de reunión, la bolera era el lugar donde quedábamos las pandillas y si teníamos dinero, jugar una partida que costaba 7 pts. En caso contrario nos sentábamos en las mesas del bar situadas detrás de los bancos y la valla de separación de las pistas y el que podía ligaba, comía pipas o hablaba del veraneo que se avecinaba. Recuerdo que jugando a los bolos, conocimos a una chica guapísima, Isabel, a la que llamábamos La Estampita, no me pregunten porqué, que vino con unas amigas a pasar un fin de semana y se quedó los tres meses de verano en San Lorenzo llegando a ser Dama Asesora de aquel verano. Allí con ella estaban Maca, Estrella, Almudena, Isabel y Pilusa y acabamos bailando en casa de José Miguel Contreras frente a la Herrería.

Existió otra bolera en el Paseo de los Terreros, paseo que no es mío ni de mi familia, que duró dos o tres años. Creo que sigue existiendo otra bajo el Regina, pero ninguna con el éxito que tuvo la del Parque.

Echo de menos una bolera como aquella, donde los jóvenes puedan pasar las tardes al aire libre, merendar bajo los pinos y pinsapos centenarios y hasta echo de menos ligar pero eso se me acabó hace mucho tiempo.

El cementerio de los gorriones

 

Salía de pagar el IBI del Ayuntamiento de la Leal Villa del Escorial, es decir salía algo triste y con cara de marmolillo, pero contento de haber cumplido con mis obligaciones de pago de los impuestos municipales, cuando un gorrión comía unas migas de pan a la puerta del bar El Salón. Al pasar junto a él me miró y comenzó a volar aleteando su plumaje pardo hacia el Parque donde posó sus reales. Le seguí y me quedé disfrutando de sus juegos y ronroneos con una pájara, de plumaje algo más claro con manchas rojizas y negras, que apareció por allí. Ni los niños que jugaban a su alrededor le incomodaban en sus enredos amorosos.

Mientras me divertía con sus juegos, recordé algo que leí no hace mucho y que aunque lo titulaban como “Madrid curioso” no se si se puede considerar curiosidad, anécdota, cuento, fábula o leyenda urbana pero es una bonita historia que me hizo pensar. Contaba Mª Isabel Gea en la revista “Madrid Histórico” que la estatua de Felipe III que preside la Plaza Mayor de Madrid, estatua ecuestre esculpida en 1.616, de cuyo caballo dijo Ramón Gómez de la Serna que “siempre nos parece embarazado de un potranco de bronce”, fue trasladada por Mesoneros Romanos a la Plaza Mayor en 1.848 después de pasar más de 200 años en el jardín renacentista del palacio de los Vargas en la Casa de Campo.

Contaba Isabel que el 14 de abril de 1.931 día que se proclamó la II República, ante la alegría de los republicanos que lo festejaban, una persona metió una bomba por la boca del caballo que explotó en miles de pedazos. Las reacciones fueron muy distintas y sobre todo cuando junto a los pedazos de la estatua de Felipe III aparecieron un montón de huesecillos que incomodaron a los que celebraban el nacimiento de tan malhadado período de nuestra Historia. Nadie de los que allí estaban se explicaba tan macabro hallazgo y pocos fueron los que se acercaron a comprobar a quienes podían pertenecer aquellos pequeños huesos. La explicación no tardó en llegar. Los huesecillos pertenecían a pájaros y todos se preguntaban que podrían hacer dentro del caballo de bronce esos huesos de gorriones.

El caballo había sido fundido en bronce con la boca abierta, los gorriones se acercaban al borde y algunos se introducían en su interior, pero dadas las estrechas dimensiones y el poco espacio para mover las alas, no podían remontar el vuelo para salir y morían dentro del vientre del caballo de bronce, que se convertía así en un cementerio de gorriones.

Juan Cristóbal fue el escultor encargado de rehacer la figura del Rey ecuestre y al caballo de la nueva estatua le cerró la boca, que la tenía muy grande, para evitar situaciones como la anteriormente descrita. Algunos, con el castizo humor madrileño, llamaron al caballo “el bocazas de Felipe III”.

Esta historia, algo triste, me hizo pensar en que la solución que el escultor dio al caballo de la estatua al cerrarle la boca, es la que, si la trasladamos a situaciones reales de la vida diaria, deberíamos hacer con mucha gente con la que por desgracia tenemos que convivir. Es decir cerrarles la boca, al menos durante una temporada.

El número de bocazas aquí o allá es inmenso. En política los tenemos de todos los colores y pelajes. Si repasamos los periódicos, a diario cerraríamos la boca, por bocazas, a dos o tres políticos. (Yo tengo mi favorito y se llama Pepiño) ¿A cuántas personas en los bares de nuestro pueblo le haríamos lo que al caballo de Felipe III? La pena es que por educación no lo podemos hacer pero ganas no nos faltan. Y seguro que  cerraríamos la boca a algún forofo del equipo contrario mientras vemos un partido de fútbol; a mí, al menos, se me ocurren varios nombres pero también por educación los callaré.

Después de hacer una lista de bocazas políticos y no políticos y como me aburría, decidí ir al parque a ver si el gorrión, por fin, había ligado con la pájara.

Licor de bellota

Isabel Montejano fue una magnífica cronista de los veranos de “La Sierra  de Madrid” en el periódico “ABC” dedicando muchas de ellas al Escorial. Era el mes de julio del año 1.986 cuando en su crónica semanal comentaba las fiestas del Carmen en el Barrio del Carmelo con la elección de las reinas, las dianas, pasacalles, la misa solemne, la procesión y sus bailes. En esta crónica me llama la atención la referencia que hace del monje agustino, el padre Agustín Fernández, que dice estar fabricando, en un laboratorio del Real Monasterio, licores y jarabes medicinales similares a los que se hacían en la época de la fundación. Montejano asegura que se trata de un centenar de reactivos químicos con los que ha creado la hidromiel o “licor de los vikingos” ya que se hace siguiendo la tradición vikinga, “el elixir de Posidio” el “aguardiente de manes” o el “licor de mentolín”. Allí en la Torre de la Botica el padre Agustín, desconozco si sigue destilando licores y jarabes medicinales  exclusivamente con productos naturales como hierbas, flores y plantas que el mismo recogía como lo hizo Francisco Holbecq, hijo de un jardinero flamenco que trabajaba para el Monarca Felipe II. Muchas de estas plantas y arbustos eran cultivados en la huerta existente en el Monasterio muchas de ellas traídas de lejanos lugares.

Muchos son los secretos que guarda el Monasterio que seguro no podremos conocer pero que por las investigaciones que se han llevado acabo, podemos intuir que han hecho posible el desarrollo de la Humanidad. La preocupación del Rey en conocer los misterios de la Tierra y poner al servicio del hombre los secretos de la Naturaleza llevó a poner en marcha un laboratorio destinado a la investigación farmacológica.

Muchas fueron las recetas que allí nacieron. Medicinas, cosmética y afrodisíacos a base de fórmulas secretas de los alquimistas que pasaban de boca en boca.

En un artículo de la revista “Blanco y Negro”, Minerva Donald recoge que en el Monasterio se fabricaban- desconozco si se sigue haciendo- licores “para la sorpresa y para despertar la curiosidad. “Beso de Venus” “Hidromiel” “Patxarán” “Delicuescencias de San Posidio” “Génepy” etc. Todas tienen un grado de alcohol que ronda los 40 y 50 grados y están preparados con plantas obtenidas en los montes de España”.

Me figuro que la historia que voy a contar tiene su base en esta faceta de nuestro Rey que ha llegado hasta nuestros días en forma de “alquimia” para la fabricación de licores.

Con  motivo de mi trabajo tuve que dar una conferencia en Cáceres, la preciosa ciudad extremeña, que como dijo el poeta es la ciudad donde la historia se funde en el crisol del casco antiguo.

Terminada la charla nos invitaron a cenar para después ir a tomar una copa de licor de bellota, licor que nos estuvieron alabando durante toda la cena. Pero el bar de copas al que nos llevaron no tenía el licor extremeño tantas veces alabado. Era ya tarde y decidimos quedarnos allí y beber otra cosa.

Cabreados por el chasco, los anfitriones me prometieron que cuando vinieran a Madrid me traerían una botella de tan preciado licor. Efectivamente, a los pocos días se presentaron en mi despacho dos de las personas que sufrieron ese chasco con su botella de licor de bellota bajo el brazo.

Tras agradecerles el regalo y decir eso tan manido de “pero porqué os habéis molestado”, seguí con las normas de educación y abrí el paquete. Una sonrisa se esbozó en mi cara, algo perpleja por lo que estaba viendo. La etiqueta que llevaba la botella era una fotografía en colores del Monasterio y bajo la marca que no recuerdo, una leyenda decía Licor de Bellota “Echo en San Lorenzo del Escorial”.

La receta es fácil. Con un litro de aguardiente de orujo, 30 bellotas maduras de encina,  200 gramos de azúcar y un tarro de cristal de boca ancha podemos hacer un licor de bellota de chuparse los dedos. Pero sinceramente, creo que mejor lo hacen en Extremadura a pesar de no haberlo probado nunca.

Nacimiento y muerte en El Escorial

Cuando no se te ocurre nada, la mente la tienes en blanco o las musas serranas están de vacaciones, se echa mano de los archivos y papeles que guardamos y allí encontramos siempre algo interesante de lo que escribir. Gracia a un hermano mío que me surte de noticias escurialenses he conocido algún dato de Antonio Bienvenida que desconocía y que voy a compartir con vosotros.

Antonio era hijo de Manuel Mejías Rapela, apodado el Papa Negro, torero que fue hasta hasta que decidió ocuparse de la carrera taurina de sus hijos, todos ellos toreros. Manolo, Pepe, Rafael, Angel Luis y Antonio toreros con mejor o peor suerte y Carmen Pilar formaban con su madre Carmen Jiménez la gran familia Bienvenida.

Antonio Mejías Jiménez más conocido por Antonio Bienvenida, nace en Caracas el 25 de junio de 1.922. Vuelve a Sevilla de donde era la madre y allí sería bautizado para más tarde marchar a Madrid.

El 4 de octubre de 1.975, aniversario de la muerte de su padre, asistió a una Misa en Colmenar Viejo. Según el Cossío “El 4 de octubre de 1.975, asiste junto a Ángel Luis y a Miguel, hijo de éste y al que Antonio profesa especial cariño por ver en él un continuador de la ya secular dinastía de los Bienvenida, a un tentadero en la finca escurialense de Doña Amelia Pérez-Tabernero. Torea unas vaquillas con su sobrino, una de ellas de nombre Conocida, que queda junto a la puerta de la placita, en la parte exterior, y torna entrar en ella cuando la puerta vuelve a abrirse para dar salida a la siguiente res. En tal momento Antonio se encuentra de espaldas a la puerta y no puede ver cómo la vaquilla hace por él y cogiéndole de lleno le voltea aparatosamente. La caída en mala posición produce gravísimas lesiones de vértebras, de las que fallecería el diestro retirado al atardecer del día 7 en la madrileña Clínica de la Paz”. Tenía 53 años.

Tomó la alternativa de su hermano Pepe que muchos años después le cortaría la coleta ante su otro hermano Ángel Luis en la Plaza de las Ventas en 1.966 contando 44 años. Volvería algún tiempo después para cortarse definitivamente la coleta en la Plaza de Vista Alegre el 5 de octubre de 1.974. Quién le iba a decir que justo al año siguiente, el 4 de octubre de 1.975, una becerra le mataría en una plaza de tienta del Escorial.

Herido muchas veces de gravedad, sufrió una cogida gravísima en el cuello por un toro de Sánchez Cobaleda y salió siempre de ellas hasta que una becerra le causó la muerte. ¡Qué injusta es la vida!

Gracias al periódico escurialense “Veleta” y a Don Emilio Parrondo, me entero del debut de Antonio en la antigua plaza de toros de la Villa de El Escorial y que fue la cuna de un gran torero. Nos cuenta D. Emilio, como en el año 1.928 unos muchachos de la colonia veraniega, se ofrecieron al director del Colegio de Huérfanos de Carabineros, para torear una becerrada benéfica en la plaza de toros de la Villa. El Director se pone en contacto con Don Emilio Parrondo y éste, amigo de la familia Bienvenida, consigue traer a Manolo y a Pepe a torear con la única condición de que fueran auténticos novillos dado el nombre y la fama que ya tenían. Otros dos becerros serían para ser “toreados” por los veraneantes. Horas antes de la becerrada llamó el padre de los Bienvenida y le pidió otro becerro más, éste para Antoñito que sólo contaba ocho años. Se compró un becerro que fue toreado por Antoñito y al que le cortó una oreja que el niño torero paseó por el coso escurialense. Allí en la plaza de la Villa de El Escorial nació para el toreo el gran Antoñito Bienvenida de pantalón corto y calcetines como todo crío de su edad. La corrida fue un éxito y con ello se acrecentó el cariño que los Bienvenida han tenido siempre al Escorial donde torearon muchos festivales y corridas de toros.

A partir de aquí Antonio conocería de cerca el éxito y el fracaso. Fue un torero muchas veces elogiado como otras muchas criticado. Alternaba tardes de gloria con otras silbado y abucheado por los tendidos. Pero Antonio era “esencia de señorío en gestos de torero” como lo definió Conchita Cintrón, la primera mujer torero. Esencia, señorío y torero perfecta definición para Antonio Bienvenida, que lo dio todo por el toreo al que nació y por el que  murió en El Escorial.

Noticias locales que no se cuentan

Noticias locales que no se cuentan

El Grupo Municipal del Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial “Alternativa Municipal Española” a través del concejal electo, Carlos Zarco Ibáñez, ha presentado un escrito de personación ante la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid solicitando la declaración del Valle de los Caídos como Bien de Interés Cultural.

Además, subsidiariamente, y sólo para el caso que se desestime la anterior petición, ha pedido procedimiento de revisión de oficio de la declaración como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Territorio Histórico, del Real Sitio de San Lorenzo del Escorial constituido por el ámbito delimitado por la Cerca Histórica de Felipe II  “afín que se tenga por incluido en tal declaración el conjunto monumental del Valle de los Caídos”.

“La inclusión del mismo se fundamentó en un error manifiesto por parte de la Dirección General de Patrimonio Histórico perfecta y fácilmente constatable, al entender equivocadamente que el citado conjunto monumental formaba parte del Patrimonio Nacional, si bien su titularidad corresponde a la Fundación Santa Cruz Valle de los Caídos, según certificación del Registro de la Propiedad nº 2 de San Lorenzo del Escorial” ha señalado el Grupo Municipal. Así mismo el concejal recuerda que el Valle de los Caídos se encuentra incluido en el ámbito territorial del Real sitio San Lorenzo del Escorial declarado por la UNESCO con fecha 2 de noviembre de 1.948 como Bien Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Sitio Histórico.

Es una forma de parar la destrucción que pretende la izquierda española.

Interviú

La Revista Interviú nace en 1976 de la mano de Antonio Asensio dueño del grupo Zeta. Desde su inicio fue un referente de lo que venía después de la muerte de Franco: destape, periodismo de investigación con grandes exclusivas como El Gal, la financiación ilegal del PSOE, el crimen de la familia Urquijo o destapando escándalos de la jet, de la prensa del riñón o de la del corazón. Siempre recordaré aquella portada de Marisol de 1.976 enseñando su juvenil cuerpo que escandalizó a muchos y que gustó a casi todos.

Esta publicación ha estado en boca de todos la pasada semana al sacar a la palestra un incómodo traspiés del Alcalde de San Lorenzo al exigir a la oposición que votara a favor de la incorporación como asesor del ex concejal que fue responsable de Servicios y Contratación,  Juan Manuel Batres con el “chantaje”: “Quiero que lo haga el Pleno y no yo. Si queréis cobrar, le votáis. Si no, no hay sueldo” según ha denunciado la oposición (IU-PSOE-AME) que no aceptó y dicen que se han quedado sin sueldo.

La justificación del Alcalde, José Luis Fernández Quejo, es que “Batres es clave para el Ayuntamiento en estos temas”. La oposición se pregunta que si es tan importante para el Ayuntamiento, ¿cómo iba en el nº 10 de la lista de las elecciones Municipales y ahora se le quiere rescatar? Algo oscuro o raro en todo esto. Lo denuncia la oposición  y especialmente sus portavoces Carlos Zarco de AME y Francisco Gregorio del PSOE que no critican la necesidad de su contratación sino la forma que el Alcalde lo ha planteado.

No voy a opinar pues desconozco si es o no verdad, pero lo que si echo en falta es una nota de desmentido, de disculpas o de aclaración del Alcalde. Si se ha publicado en algún medio me gustaría conocerla y publicarla.

Los Alcaldes deben saber que la mayoría absoluta no les da derecho a utilizar su pueblo o capital como su cortijo particular y aquí se hace lo que yo digo pues sino os quedáis sin paga.

 

Notario de la Villa del Escorial

¿Por qué no ha trascendido que el notario del Escorial es Luis Rajoy Brey  hermano del próximo Presidente del Gobierno de España?

Jesús Sáinz de los Terreros

(blogdejesús.com)

Las tres primeras piedras del Monasterio

Generalmente la primera piedra de un edificio se conmemora a bombo y platillo, especialmente si es una obra pública, con una fiesta, con monedas y periódicos del día y con discursos de los protagonistas. Se coloca la piedra en los cimientos “ceremonia que en lo pagano parece que recuerda a la introducción en la madre tierra de la simiente que ha ver crecer con su calor, el gran ser del edificio”

En otra Crónica anterior, con el título “La obra pía de Juan de Herrera” me referí al libro editado por la Fundación Obra Pía de Juan de Herrera y en él he encontrado la teoría, perfectamente documentada, de la existencia de tres primeras piedras en la construcción de la Fábrica del Monasterio el Real de San Lorenzo. Es un capítulo del libro dedicado a Juan de Herrera, escrito por Pedro Martín Gómez, aparejador que lo fue durante muchos años de las obras de restauración del Monasterio, que está lleno de referencias y descripción de las teorías paganas y cristianas sobre lo que debe significar la primera piedra de un edificio. Además de una descripción exacta apoyada por dibujos de las dos primeras piedras; una rectangular (1,40 x 0,60 x 0,40) y otra cúbica (9 x 9 palmos).  Pero para mí lo más interesante del capítulo de Pedro, es la afirmación de la existencia de una tercera piedra que recoge de Fray Juan de San Jerónimo:” una primera piedra colocada el 23 de abril de 1.653 y otras dos primeras piedras –una grande y otra pequeña-colocadas el 20 de agosto de 1.563”.

Según Pedro Martín, la teoría de la tercera piedra está avalada por la machacona obsesión del Rey Felipe por emplear el número “TRES”, signo de la Trinidad de Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- como la existencia de tres guardias reales; los tres Palacios del Monasterio; las  tres puertas de la Cámara del Rey al Convento; tres son las llaves y tres las sueltas de sus cerraduras; tres las esperas antes de ver al Rey… y tres son las primeras piedras del edificio del Monasterio.

Todo el capítulo es interesante, ilustrativo y didáctico  pero me interesa rescatar el final que con permiso de Pedro Martín voy a transcribir:

“Nosotros y por acertado acuerdo de los Rectores de la Fundación Juan de Herrera (…) hemos realizado en granito de la Sierra del Guadarrama y por canteros de la misma sierra (los hnos. Estévez Carrasco sobrinos del que encontrara la primera piedra) y sucesores de los que llegaron de todos los lugares de España a construir el gran monumento, que hoy todavía viven y trabajan en El Escorial, la reproducción de la primera entre las primeras piedras del Monasterio de San Lorenzo, la que conocemos.

Es la piedra que confiesa Juan de Herrera “escribí de mi mano” y que se ha previsto colocar en su recuerdo, en la entrada a la iglesia de Maliaño, donde está enterrado”. De esta piedra, Pedro Martín hace un exhaustivo análisis de sus caras, de las dimensiones y de las inscripciones que están escritas en cada una de ellas. En sus proporciones se puede encontrar el número perfecto (10); el número de los principios absolutos y relativos del ser (9); el número de personas que forman el hombre y las tres de la Trinidad (2 x 3). Esta primera piedra del 23 de abril de 1.563 es colocada por 3 hombres: Juan Bautista de Toledo, Gregorio Robles y Pedro de Tolosa y a cuyo acto no asistió el Rey. Todo gira a través del número 3 que siempre aparece: tres piedras; tres altares; tres hombres que las colocan o los múltiplos del tres en las dimensiones de las tres piedras.

Esta primera piedra fue encontrada por la realización de unas obras en el Monasterio, el 30 de enero de 1.971, por el operario Clemente Estévez Rico.

Y la piedra allí está emplazada a la entrada de la Iglesia de Maliaño, en posición “de santo” es decir apoyada sobre una de las caras menores, con las mismas inscripciones que salieron en letra gótica de la mano de Juan de Herrera en este caso realizada por canteros gurriatos.

Es un bonito detalle en recuerdo del artífice del Monasterio escurialense y realizado por los canteros de este pueblo, la familia Estévez a la que debemos reconocer su labor en favor del pueblo y de su Virgen de Gracia.