Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 86

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 86

Bonito día de la Virgen de la Paloma en Madrid. El tiempo acompaña. Los bomberos cumplen la tradición a pesar de la pandemia y descuelgan el cuadro de su patrona. Chulapos y chulapas bailan el chotis con su mascarilla a la puerta de la Iglesia de la Paloma y por la calle que lleva su nombre. Algo desconocido. La procesión no saldrá por las medidas sanitarias.

Bomberos de Madrid bajan el cuadro de la Virgen  de la Paloma.

Veo el tradicional despacho veraniego del Rey y el Presidente en Mallorca. Nervios en el Presidente y tranquilidad en Felipe VI, al menos eso parecía en televisión. Nada de nada y la situación es catastrófica. De Don Juan Carlos nada de nada. Se fue por exigencia del Gobierno, pero sólo se fue a un lugar desconocido. Apariencia de normalidad pero sólo cara a la galería. Las procesiones van por dentro, una para cada uno. La de Sánchez no coincide con la del Rey ni parece que coincidirán.

La pandemia sigue elevando el número de brotes, contagios y fallecidos. Según la UE, España es un foco de contagios a nivel de Kazajistán. De 4 niveles España está a nivel 3, compartiendo peligrosidad con Ecuador, Rumanía, Kazajistán, México, Irak, Líbano o Arabia Saudí. Mientras el Presidente y los ministros de vacaciones.

Caso de financiación ilegal de Podemos. El Presidente se pone de lado y dice: “Máximo respeto a las decisiones judiciales”. No recuerdo que nunca digiera eso en los casos del PP.

El turismo sigue a cero y cada día un nuevo país europeo recomienda no viajar a España. Mientras el Presidente y sus ministros de vacaciones y el verano se acaba.

¿Qué negocio de discoteca sobrevivirá a las nuevas medidas y al cierre desde el lunes?

El comienzo de los colegios está a la vuelta de la esquina y nada se sabe cómo va a comenzar el curso. Las Universidades callan y tampoco se sabe nada. El Corte Inglés no vende un lápiz en la vuelta al cole porque a lo mejor no la hay y mientras el Presidente, los ministros y los niños de vacaciones.

El Cafetín Croché.- 11 (continuación)

El Cafetín Croché.- 11 (continuación)

Entrar en El Croché, es oir como se para el tiempo. Las agujas dejan de recorrer la esfera del reloj y se mantienen firmes, sin moverse, como soldados presentado armas en una parada militar, y las manecillas, en su estática posición, deciden no pasear por el calendario romano de las 12 horas del reloj. Sea la hora que sea, se entra a las diez y diez y aunque pase el tiempo y te encuentres cansado de tanta felicidad, siempre se sale a la misma hora; las diez y diez. Un reloj antiguo, en el frente de la barra, así lo corrobora. Siempre son las diez y diez; está parado en el tiempo.

He encontrado un hermano, casi gemelo, de este reloj, en la histórica taberna de Antonio Sánchez, en la calle Mesón de Paredes 13, muy cerca del Rastro. Taberna bicentenaria del que fue pintor, torero y tabernero y en donde chatear se considera un rito y no una costumbre. ( del libro “Las tiendas de Madrid”).

Croché es sinónimo de paciencia. Labores casi talladas con hilo y ganchos especiales, para ir encadenando como avemarías en un rosario de lino blanco, obras de arte que luego dejarán su impronta en los cabeceros y brazos de sofás, en la decoración de las mesas de muchas casas que lo saben valorar, en mantillas de estar por casa o como en este caso, decorando la barra del Cafetín Croché. Magnífica obra de arte de 8 metros que decora la barra y es guardada como las grandes obras de arte, bajo un cristal. Elaborada por las manos de Maruja Martín, que se me antojan como las de un Miguel Ángel, que cincelara sobre hilo una primera obra fechada en 1.983 y posteriormente renovada varias veces.

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo: tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para la Navidad en Casa Mira; pasear por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café, o merendar en la Botillería de al lado;  degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; afeitarse en un barbero que te llene la cara de blanca nieve, aunque sea verano, mientras lees el “ABC” de ahora o el “Imparcial” o la “Gaceta” de antes; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés, espaguetis en Le Bistroquet de la calle de Segovia al salir de las discotecas a altas horas de la madrugada; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas;  ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos. Entre todos ellos me quedo con el del sentarse ante el velador de un café, arropado por el terciopelo caliente de un banco corrido y escribir, escribir algo, lo que sea, tal como yo hice, hace algún tiempo, en las tardes estivales de un agosto escurialense, en el Cafetín Croché.

En la soledad compartida del escritor de café, se amontonan sensaciones, unas queriendo entrar mientras otras, al salir, dejan su asiento en el alma, en el alma de las sensaciones, más prosaica y menos inmaterial que la otra. En esa situación era dichoso pues podía, ¡que no es dichoso el que quiere sino el que puede! Y en esa dicha ves a la gente y no la escuchas aunque la tengas muy cerca. Oyes sólo tu voz interior que te anima a seguir por un camino no definido a priori en el tiempo, pues ahí no existe el tiempo. El tiempo lo paras cuando quieres y no es necesario que las manecillas del reloj se detengan.

Delante de ti y sobre el blanco mármol, como si fueras a jugar una partida de dominó contigo mismo, un café y un agua de néctar de endrinas bien espuchadas, pasé muchas horas, trasladando al papel mis vivencias o aquellas que fueron contadas por los que me precedieron, y me quedaba, extasiado a veces,  mirando al techo. Como decía RAMON,  “el mejor destino que hay  es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”. Aquí dentro no hay hamaca ni cielo pero sí unas magníficas lámparas de bronce y tulipas muy de los “años veinte” que para mí eran como mi cielo particular, un cielo bronceado por  la tenue luz que irradiaban y que me transformaba y trasportaba por los caminos de nuevas sensaciones.

Pero no todo era tranquilidad. A veces entraba el típico “inspector de ambiente”, “salta mesas” donde los haya y donde le aguanten, “saltimbanqui adiposo” que te estropea tu estado de éxtasis y que al final se posa en tu mesa. Te dice tres vaciedades y te corta la inspiración y hasta la respiración para no ser demasiado grosero, en esos momentos en los que llamas a las musas para que no sean tan holgazanas y te hagan caso. Yo reconozco que lo fuí, cuando un día de agosto que estaba inspirado para el duro trabajo de escribir para los demás, y junto a unos de esos modernos braseros de frío acondicionado, un conocido posa mesas quiso sentarse en la que yo estaba a punto de llegar a un acuerdo con mi musa. Al preguntarme que hacía, le dije con cara de pocos amigos, que escribiendo sobre arquitectura.

  • Pues me siento contigo- contestó él.

Y con cara descompuesta y para no ser demasiado grosero, le dije que estaba esperando a unas personas.

–   Bueno pues espero a que lleguen- me insistió.

Y claro está. Me inventé una excusa, me levanté y me fui.

Cuando escribes en un café, no gastas un duro en comprar pensamientos. Éstos vienen gratis pues los tienes dentro y te fluyen con sólo apretar dos neuronas, que es como si te apretaras una espinilla de la cara.

Allí montas tu trabajadero, como lo llamaba Tomás Borrás, y cual incipiente escritor de bolígrafo y papel reciclado, te dispones a dar rienda suelta a tus emociones. Antes, para ser un escritor de café que se valorase, tenías que solicitar el servicio gratuito del recado de escribir y hacerlo con plumilla que rascaba el papel, tinta guarrindonga, casi de calamar, embotellada en pequeños frascos o tinteros y un papel secante para cuando la tinta sudara en el papel. Según definición oficial  de un escritor cafetero y que habitualmente solicitaba recado de escribir en el Gijón o en el Teide, Cesar González Ruano, constaba de un tinterillo con tapón de corcho; un manguillero con su pluma arañante, y una carpeta de hule negro, donde alguna vez hay un papel secante, además de un pliego y un sobre”

(continuará)

 

 

El Cafetín Croché 10.- (continuación)

El Cafetín Croché 10.- (continuación)

El Real Coliseo Carlos III es el teatro cubierto más antiguo que se conserva en España y que inició sus obras en 1.770 a las órdenes de Jaime Marquet. Carlos III fue proclamado Rey el 11 de septiembre de 1.759 y tuvo la obligación de ir a conocer el Real Sitio en cuyo entorno, ya que así lo quiso el Rey Felipe II, no existía nada mas que las dos Casas de Oficios que bordeaban el Monasterio y que dieron cobijo a la servidumbre real, y algunas casas frente a la capilla para los  profesores del colegio, primero, y los facultativos de medicina, después. En 1.793 gran parte de San Lorenzo, el asentamiento primitivo que rodea al Monasterio, estaba ya construido.

El 18 de agosto de 1.770 según una Orden dada por Grimaldi, se inician las obras del Teatro con dinero de las rentas de correos. El 19 de mayo de 1.771 estaba prácticamente acabado. Posteriormente se inician las obras de las viviendas para los cómicos, y al mismo tiempo, los arcos que, atravesando la calle Floridablanca, unían el Coliseo con la Casa de Oficios, y que desaparecieron en 1.870.

El Real Coliseo pasó por muchas vicisitudes. Fue convertido, como la Casa de la Compaña, en acuartelamiento tanto de tropas francesas como aliadas, instalándose allí la zapatería, durante la Guerra de la Independencia y hasta 1.814. Luego fue Teatro Lope de Vega y cine hasta que Pedro Martín Gómez y su hermano José Luis crean la Sociedad para Fomento y Reconstrucción del Real Coliseo, sociedad que adquiere el teatro. Se inician en 1.974 los proyectos de reconstrucción por los arquitectos Mariano Bayón y José Luis Martín Gómez, terminándose las obras en abril de 1.979 y siendo inaugurado el 30 de abril de 1.979 por S.M. la Reina Sofía.

Por encima de la plaza de los Jardincillos, se encuentra la Plaza de San Lorenzo, hermanada con la de Benavente por el cordón umbilical de una escalera de dos tramos, y una fuente que hace años la secó un alcalde, quizás para no gastar reales en limpiarla o para que no se ahogaran los niños. Crispín, personaje popular de la antigua comedia italiana, criado ingeniosos y audaz, socarrón y ladino, que solía vestir de negro y calzaba botas altas, con un espadín colgado de su ancho cinturón, -figura que aparece en varias obras de Benavente-, y el Marqués de Borja se hablan a menudo, con su voz de bronce, estáticos sobre sus pedestales de granito, porque no quieren perderse un solo álito de la vida que discurre a su alrededor. El Crispín de Jacinto Benavente, autor político y fecundo, realista, costumbrista y satírico de la burguesía española, tan unido al San Lorenzo ya que fue mantenedor de los Juegos Florales en 1.915, y el Marqués de Borja, que fue Intendente General de la Casa Real, hablarán, quizás, de la repoblación forestal de los montes del pueblo, que se realizó durante el mandato del Marqués de Borja o de “La noche del sábado” o de los “Intereses creados” que escribió D. Jacinto, de la “Malquerida” o del Premio Nöbel que le concedieron.

El Croché está en la Calle de San Lorenzo, estrecho callejón que sale de la plaza de don Jacinto Benavente. Quién se podría figurar que una calle dedicada a San Lorenzo, Patrono del Real Sitio, se quedara en un callejón estrecho, con sombra permanente que le cubre de un manto de tristeza. Antiguamente cerrado y posteriormente abierto, para dar paso entre las dos plazas, en el año 1.870, año del gran incendio del Monasterio y año en que se derribaron los arcos que unían el Coliseo en la calle Floridablanca. Callejón de San Lorenzo sería, sin duda, corrala o patio de vecindad, pero sin las balconadas o galerías zarzueleras de madera. Las dos fachadas traseras, pertenecen a viviendas que tienen su entrada, una desde la calle de los Soportales, calle de las Tiendas y hoy de Reina Victoria, una de las pocas calles del pueblo con paraguas de granito. Estas casas las mandó construir Carlos III al arquitecto Juan de Villanueva en el año 1.783 para que sirviera de refugio a los vendedores de víveres y la otra vivienda tiene su entrada por la calle Floridablanca desde un balcón corrido con balaustrada de hierro, casa de los Doctores que asistían a la Corte y en la que se ubica el Cafetín Croché. Estas dos fachadas posteriores se hablan de tú por su cercanía, y por estar viéndose todos los días. Los pájaros entonan sus cánticos matutinos y hablan entre sí, saludando a los que lo utilizan de paso para ir de la Plaza de Benavente a la del Ayuntamiento, hoy, como casi todas, plaza de la Constitución. La plaza hoy remodelada guardará en sus entrañas, no sólo recuerdos de lo que fue y lo que pudo ser, según un proyecto de arquitecto Gascuñana, que he conocido en la exposición de Julián Cuena, recientemente fallecido, y que rodeaba la plaza de soportales y la remataba con un magnífico edificio del Ayuntamiento, sino también guardará 200 vehículos para lo que ha sido necesario remodelar la plaza, siendo Alcalde José Luis Fernández-Quejo.

Plaza que estuvo abierta al Monasterio y a la magnífica explanada que tiene a Madrid de fondo velazqueño, antes de que Carlos III mandara construir a Juan de Villanueva en 1.785 la Casa de los Ministerios que  cierra  el perímetro de la Lonja; de tierra primero y después vestida hasta los pies de piedra berroqueña salida de las canteras sanlorentinas; con parterre y un surtidor con agua en el centro de la plaza, construido en 1.876; después con templete de música en hierro forjado así como el de la Churrería de Somolinos que en verano y fiestas de guardar, ponía sus reales en esta plaza y que una vez hubo desaparecido, la familia lo regaló a un médico amigo que lo mantiene de cenador en su jardín. Cerrada todo su perímetro por una barandilla de hierro que fue colocada en 1.881 siendo Alcalde D. Faustino Moreno. En verano se llenará de toldos multicolores y mesas con turistas que darán el colorido a que nos tienen acostumbrados las plazas mayores de los pueblos.

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.-85

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 85

Hoy 11 de agosto llueve en Madrid, baja la temperatura y los brotes del COVID crecen. Madrid aparece casi vacío a pesar del virus y de la crisis económica. El Rey en Mallorca, Juan Carlos no se sabe y el Presidente de vacaciones en Lanzarote.

La pregunta me llega por Wasap. “¿Nos gobierna un psicópata? La respuesta es afirmativa. Pedro Sánchez cumple los criterios diagnósticos para ser tipificado, sin la menor duda, como psicópata narcisista, es decir, presenta un trastorno de la personalidad de tipo narcisista, en base a los dos manuales nosológicos mundialmente reconocidos, tanto la ICD como el DSM-IV-TR.” Como comprenderán la respuesta no es mía. Corresponde a Joaquín Sama, Jefe Clínico Especialista en Psiquiatría, Neurología y Medicina Familiar que ha hecho este diagnóstico de Pedro Sánchez y lo realizó el 20 de Mayo de 2.020. Leyendo las conclusiones muy duras del diagnóstico, no pueden coincidir con más exactitud, con la personalidad de este narcisista que tenemos por presidente.

Ahí le tienen en Lanzarote en el Palacio que un Rey, Hussein de Jordania, regaló a otro Rey, Juan Carlos I y que cedió al Patrimonio Nacional para que otros lo disfrutaran. Me recuerda cuando Felipe González pasó unos días del verano navegando en el Azor que utilizó el General Franco. Mientras la pandemia descontrolada; el país en los últimos lugares de la lista de la OCDE de los países europeos en crecimiento y en posibilidad de reconstrucción rápida; el turismo hundido y los centros comerciales vacíos.

El juez imputa a Podemos y a la cúpula directiva por la Caja B del partido. Echenique rabia y dice que es una “infamia mediática” es decir que el juez se basa en los medios de comunicación para declarar una infamia e imputar a Podemos. Este argentino venido a más no sé si se acuerda de lo que largó Podemos y entre ellos su jefe, sobre el PP y su presunta financiación ilegal que llevó a una moción de censura y la caída de Rajoy.

En aquella ocasión, Iglesias llamó incompetente a Rajoy en el Congreso de los Diputados por desconocer lo que estaba ocurriendo en su partido.

Para unos es una financiación ilegal y para otros en una infamia mediática.

La justicia no cesa. La juez prohíbe el tercer grado a los golpistas y los devuelve al “hotel de Lladoners” donde continuaran ingresados. Suspende así la semilibertad que Torra regaló a sus secuaces en el golpe de estado por el que fueron condenados.

El Cafetín Croché 9.- (continuación)

El Cafetín Croché 9.- (continuación)

Capítulo III

Cafetín Croché: Su entorno

En el entorno inigualable de San Lorenzo de El Escorial, pueblo serrano por excelencia, cincuentón en distancia desde Madrid pero con muchos años a sus espaldas – su primer asentamiento data de 1.760- y muy cerca de ese rascacielos que quiso construir el Rey Felipe II y le salió un Monasterio tumbado sobre las piedras graníticas de la Lonja; junto a ese Monasterio, que se inició en el año de gracia de 1.562, doscientos  años antes de que se iniciaran por Carlos III los primeros asentamientos en San Lorenzo, a media legua de la aldea de El Escorial y en medio de un paraje majestuoso entre pinos, robles y fresnos entre los que discurría el agua y multitud de animales para satisfacer las apetencias cazadoras de la Corte, allí Felipe II quiso hacer la maravilla del Monasterio- Panteón, Iglesia, Convento y Residencia- del Rey Prudente. Monasterio que siempre viste igual, de cuarzo, feldespato y mica y que sólo se pone sus galas de fiesta en algunos días especiales y en las noches agosteñas, cuando se encienden la luz de los grandes mecheros, es como si se encendieran miles de cigarrillos a la vez. En este espléndido marco, vió la luz hace 20 años, el 21 de julio, un mes después de que el verano naciera a la vida de aquel año de 1.981, un reducto de frescor, de poesía, de tranquilidad tertuliana y de magia, que se llamó y se llama El Cafetín Croché.

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El año 1.981 fue un año para olvidar casi todo menos el nacimiento del Cafetín Croché. El mundo parecía haberse vuelto loco: Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II caen gravemente heridos por disparos de dos magnicidas. Anwar el Sadat muere acribillado a balazos durante un desfile militar. Pemán muere a los 83 años en Cadiz y Joseph Plá fallece a los  84. El 29 de enero dimite Adolfo Suárez, por causas que aún no se han aclarado. El 23 de febrero a las seis y veintidós de la tarde, 200 guardias civiles al mando del coronel Tejero, irrumpen en el hemiciclo, cuando se está celebrando la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, que después sería elegido presidente el 25 de febrero, dos días después del fallido golpe. Fue el año del aceite de colza que causaría miles de victimas, de la llegada del Guernica de Pablo Picasso a España y de nuestra entrada en la O.T.A.N.

En este año de 1.981 nació el Croché y lo hizo sin prepotencia, sin petulancia, de forma sencilla, sin querer darse importancia, como queriendo llegar a este mundo sin alharacas. Por eso no quiso ser Café, pues, petulante sería, intentar emular a aquellos viejos, destartalados y tertulianos cafés del siglo XVIII, XIX y principios del XX, y se quedó en Cafetín, utilizando un diminutivo para no molestar a la Historia; para que, como a los niños, se le vea crecer con salud y quizás cuando sea mayor podamos llamarle Café, pero ya se sabe, como te pongan un diminutivo, lo llevas toda tu vida. ¿Se inspiró Manolo en los aquellos Levante, Pombo, Comercial, Lorencini, Príncipe o en el Gijón, o simplemente hablando con su mujer, sabiendo lo que querían, parieron juntos y antes que a su propio hijo, lo que hoy es el Croché?

El Cafetín Croché está cerca de la calle Floridablanca, primera calle del incipiente asentamiento de San Lorenzo  y que discurre paralela a la de la Lonja, anterior en el tiempo. La calle Florida como vulgarmente se la conoce, primero fue cañada ganadera, para pasar después a llamarse de los Doctores, de la Iglesia, tomando el nombre en 1.771 del Coliseo una vez que el Teatro vio la luz  y posteriormente en 1.782 al ser nombrado el Conde de Floridablanca, primer Gobernador de San Lorenzo, tomó su nombre que, rara avis, permanece hasta nuestros días. Aorta principal de San Lorenzo. Calle de aceras hermanastras ya que una es del padre Patrimonio y la otra del Ayuntamiento. Depende de la orilla en la que te encuentres, estás con uno u otro padre y eso no es bueno.

El Cafetín está muy cerca de la Plaza de D. Jacinto Benavente, antes llamada de los Jardincillos, siempre, no importa el tiempo que haga, con niños jugando, niños que antes eran gurriatos y hoy son marroquíes, polacos y algunos del pueblo. La Plaza es teatro bajo la fuente y terraza “parisina” en verano en un lateral del Real Coliseo del Carlos III, desde donde los cómicos de ahora, actores y comediantes, desde sus aposentos, pueden oler sus seis grandes magnolios o escuchar el limpio sonido del agua que mana de la fuente.

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 84

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 84

Paso la mañana en El Escorial. El día es precioso pues el calor parece que ha tomado vacaciones aunque seguro que pronto volverá. El pueblo de Abajo, la Villa, la veo muy desangelada con poca gente por la calle y con bares cerrados. Son la 12 de la mañana y una señora, y no es broma, me pregunta donde puede comprar unos calzoncillos, me figuro que para su marido. Lo siento, señora- la contesto. El único sitio que podía comprar esa prenda, ha cerrado. Tiene que subir a San Lorenzo o darse una vuelta por Villalba. Siendo agosto un mes de veraneo con mucha población hay tiendas que sólo abren por la mañana.

Pregunto por la pandemia y evalúan en más de 100 muertos en la Villa y quizás 120 en San Lorenzo. Muchos mayores de las residencias. No me lo figuraba aunque algún amigo sé que nos ha dejado por el virus asesino.

Siguen abriendo locales de hostelería. Paco Pastel abre en la Casita del Príncipe un local para desayunar, comer o merendar, que habrá que conocer. Antes fue regentado por Felipe el micólogo y se comían magníficos platos de setas.

El Albergue  juvenil del San Lorenzo ha vuelto a funcionar después de la reforma que la Comunidad ha realizado por valor de un millón de euros.

Robledo de Chavela se ha incendiado. Más de 1.000 hectáreas han ardido y algunas viviendas han tenido que ser desalojadas por culpa de un accidente de moto que parece que fue la causa del inicio del incendio. El humo se veía desde la carretera de Robledo a la salida del Paseo Carlos III.

En muchos medios y la propaganda oficial llama a Villalba la capital de la Sierra. ¡Qué error! La capital de la Sierra ha sido y sigue siendo El Escorial, sus dos pueblos y toda la cultura que encierra. Cursos de verano, baile flamenco en el Real Coliseo Carlos III, conciertos de la Orquesta de Madrid en el Monasterio, Exposición de Alvaro Selles en la Casa de la Cultura con la serie L@s Pintor@s, Conciertos en el Parque, Fondos y amigos del Ateneo, Programa de verano en el Auditorio y un largo etc. que además de otras muchas cosas proclama a San Lorenzo como la capital de la Sierra. Un programa de verano sin Fiestas Patronales ni Romería de la Virgen de Gracia. Estaremos con Ella de todas las maneras porque el virus no lo va a impedir. A pesar del COVID se presenta un verano cutralmente interesante.

 

El Cafetín Croché 8 (continuación)

El Cafetín Croché.- 8 (continuación)

Por el Gijón pasaron todos los que de una forma o de otra han sido en la literatura, el arte, la pintura, la política, la tauromaquia, en el cine, el teatro, la poesía, espías y hasta algún gafe. Así le escribía Pérez Creus a Zunzunegui:

Juan Antonio, el “Zunzu” viene/ Circunspecto se mantiene

entre Madrid y Getafe./ Pero entre nosotros tiene

cumplida fama de gafe.

lGijón ha sido musa de inspiración para poetas, literatos, pintores y escritores de café. Unos, como Julián Marco, lo han comparado con un barco barado en el mar de Recoletos, en su orilla izquierda, que veía como se hundían otros mas pequeños o hasta grandes gabarras y trasbordadores mientras él se mantenía a flote. Alguién lo llamó barco de piratas lleno de poetas. Rubén Caba descubrió que no era un café sino un tren detenido en los andenes del paseo de Recoletos y que siempre estaba a punto de salir. Las butacas de las ventanillas estaban siempre ocupadas por los pasajeros mas famosos que contemplaban con tedio ilustre, los arbolitos al pasar. Hasta como morada de los dioses, lo interpretaba Caballero Bonald, y reducto ocupado por los elegidos de las musas. Unico café vivo lo definía Luis Antonio de Villena y Julio Llamazares, café varado como un barco en el centro de Madrid. Institución literaria y Casa de todos decía de él José Luis Castillo Puche y casa de citas (literarias por supuesto) utilizaba como comparación Matías Antolín. Todos y los miles que lo definieron y escribieron algo sobre él, tenían razón. El Café Gijón es eso y mucho más.

El café fue desapareciendo de nuestro Madrid tertuliano, para volver ahora en alguna medida a revitalizar, al menos en apariencia, lo que para Madrid fue un café de “la belle époque” del siglo XIX y principios del XX, esos cafés de pereza y holganza donde vivir y dejar languidecer las horas que no te dejan vivir en casa. Quedan, no sólo en la memoria de los que vivieron su atmósfera, hoy perdida, pero queda alguno, con mas de cien años en la mochila, en este decorado matritense, algo cambiados, eso sí, cansados ya de tanto aguante.

Y del Café Gijón paseando por el paseo del Prado, llego a la plaza de Colón y hago un remanso de paz junto a la cascada de agua que cuelga de la estatua del navegante, erigida en 1.881 y que fue costeada por los títulos de España entre otros. Trasladada en 1.970 con la reforma de Arias Navarro, desde el centro de la plaza, a una esquina de los Jardines del Descubrimiento, reforma que desafortunadamente dejó caer la Casa de la Moneda junto a la Biblioteca Nacional y que nuestras nuevas generaciones no han conocido por lo que les parece un perfecto espacio abierto a tanta polución.

Llegar a Embassy es recordar aquel 1.939, cuando todavía los coches mecánicos casi no existían, y la Castellana era un verdadero Paseo rodeado de palacetes que hacían antesala al majestuoso del Prado, pero que años mas tarde, recogiendo el soplo municipal de la especulación, se ha llenado de oficinas. Pocos quedan ya, y los pocos que son, se nos aparecen como árboles melancólicos que echaron sus raíces centenarias y que ya no florecen ni revientan en primavera. Se acostaron en otoño para levantarse en invierno y esperar que la piqueta los entierre o que un arranque de respeto, los mantenga en su sitio.

Embassy es un local de los llamados “salón de té” del barrio de Salamanca. Local con ambiente de pastas de té, pasteles de repostería fina y ahora, hace algún tiempo, restaurante de varios tenedores o comida rápida para exquisitos. Aquí no pidas alitas de pollo, hamburguesas o costillas de cerdo. Nace donde hoy está la tienda de delicatessen en la esquina de la calle Ayala con la Castellana, como un pequeño salón y una barrita al fondo y que fue ampliado, con camareros incluidos, con los locales de Zoska y el diminuto Zoskilla. Siempre estuvo en sana competencia con el Café del Roma situado un poco mas arriba, en la esquina de la misma calle con Serrano.

Los motivos del cierre de Embassy

Gente guapa en el aperitivo, merienda y cena, pero que se mezcla con señoras y también con señores -¿por qué no?-, con bastantes años en sus carcasas, mejorados por el lifftin o la silicona, pero al fin y al cabo otoñales con bastantes surcos escondidos gracias a las maniobras de un buen restaurador.

Embassy, a determinadas horas, es un geriátrico amoroso de jóvenes de 70, 80 y hasta 90 años que necesitan de un tratamiento diario contra la soledad, enfermedad maligna de estos tiempos y que acompañados de sus familiares y amigos, toman el té o  el café de la tarde con media tostada y algún pastel y pasan momentos agradables en su compañía o en la de los demás, para irse pronto a su uvi particular en la ambulancia de la hija o de las amigas. ¡Que felicidad!.

La hora del aperitivo es famosa por sus cócteles de champán o su copa de cava que es una buena y burbujeante disculpa para acompañar las tertulias de amigos, antes de ir a comer a casa. Por allí aparecen profesores taurinos de lances laborales, joyeros, príncipes rusos, condes, marqueses y artistas de teatro; faranduleros y plumillas de élite; gente de Palencia, personajes en ejercicio y parados famosos de toda la vida, ligones y ligonas, parejas y hasta de la guardia civil camuflados que hacen escolta a parlamentarias europeas, o políticos que lo son o que lo fueron. Diplomáticos y gente del P.P, del P.S.O.E o de I.U. que la buena mesa no está reñida con las ideas políticas, posan sus reales en este salón del barrio de Salamanca.

El café fue desapareciendo de nuestro Madrid tertuliano, para volver ahora en alguna medida a revitalizar, al menos en apariencia, lo que para Madrid fue un café de “la belle époque” del siglo XIX y principios del XX, esos cafés de pereza y holganza donde vivir y dejar languidecer las horas que no te dejan vivir en casa. Quedan, no sólo en la memoria de los que vivieron su atmósfera, hoy perdida, pero queda alguno, con mas de cien años en la mochila, en este decorado matritense, algo cambiados, eso sí, cansados ya de tanto aguante. Otros, por moda, nacen a la vida madrileña vestidos con ropa antigua, recién limpia de naftalina, para que Madrid no pierda nunca su identidad cafetera y tertuliana.

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(continuará)

El Cafetín Croché.-7 (continuación)

El Cafetín Croché.- 7 (continuación )

En mi recorrido por los cafés que hoy nos quedan de aquellos del XIX o principios del XX, que los otros ya murieron, recalo en el Gijón, entre las calles de Prim y Almirante, en el que aunque he entrado muchas veces, hoy, recién entrada la primavera, he querido hacerle una visita de cortesía a mi antiguo amigo y ya con 122 años como tiene el Gran Café del Gijón. Hoy no se parece en nada a las otras veces quizás porque antes entraba a otras horas.  Son las cuatro y media de la tarde de un jueves soleado y primaveral y la terraza, oasis en el desierto madrileño en los días calurosos, está llena de ejecutivos, turistas y algún que otro nostálgico. Dentro, mas ejecutivos, funcionarios de alto copete u oficinistas de buen sueldo, están todavía comiendo en sus mesas de mármol veteado y sentados en las sillas típicas de café vienés, de madera con asientos redondos, pero eso sí tapizadas en rojo como los bancos corridos que parecen almidonados en terciopelo. Las tres ventanas- no es la hora de las tertulias- ocupadas por gente desconocida. Un extranjero y su mujer, en la que normalmente ocupa la tertulia de Manolo Vicent, él con el pelo de nieve blanquísima y ella portadora de una juventud exultante.

La magia del Café Gijón

Cuento hasta quince camareros con impoluta chaquetilla blanca, botonadura dorada y charreteras rojas en las hombreras. Encargados, jefes y maitres vigilan con su chaqueta azul y su pantalón de media etiqueta que todo esté en perfecto orden. No veo poetas, artistas, pintores, ni a Camilo José Cela ni a Umbral pero si veo como los tiempos cambian y oigo un ruido de platos y cucharillas que quieren entonar algún aria verdiana pero que están un poco desafinados y nada conjuntados. La terraza asentada sobre el paseo, se sirve desde dentro y es un placer ver a los camareros sorteando los caballos mecánicos con una habilidad que parecen patinadores en el paseo del Prado. La barra que es larga y parece un buque de madera con la proa hacia el paseo de Recoletos, está en estos momentos llena de cafetistas. En una mesa dos mariquitas buscan en el “segundamano” quizás su nido de amor o un pisito para una tía de Valladolid que va a venir a verlos.

El Café de Gijón, Bien de Interés Cultural en la categoría de hecho  cultural | Madrid | elmundo.es

El Café Gijón era el sueño de su primer dueño, D. Gumersindo García- gijonés de pro-, que después de hacer las américas quiso instalarse en la capital de España, para dar él también respuesta a la moda cafeteril del Madrid del XIX, abriendo un local en el año 1.898 en el Paseo de Recoletos y que hoy ya ha caminado por tres siglos. Pasó, eso si, sudores fríos para sacar adelante un café de nuevos modos, alejado del centro neurálgico de los cafés tertulianos de Sol y sus alrededores mas próximos. Pero el café Gijón, poco a poco fue siendo conocido por su tranquilidad y por que por allí se acercaban nombres tan famosos como José Canalejas, Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós, Valle Inclán y los pintores, Romero de Torres y Anselmo Miguel Nieto. Habituales, también, fueron Vicente Pastor y los hermanos Machado.

Cuando se enciende la mecha de la Guerra Civil, en el año 1.936, el Café Gijón, también sufre lo de las dos Españas y pone a unos contertulios frente a otros, antes buenos amigos y hoy enfrentados políticamente por odio, unos, y por envidia los demás. Las noticias de asesinatos y fusilamientos de unos y otros acompañados por el toque de silencio que se imponía en las tertulias, llevó al Gijón a languidecer y casi morir de inanición poética y literaria. La guerra no estaba para poesías y se fue llenando de milicianos con sus uniformes populistas, que no eran mas que un mono de trabajo azul o gris oscuro que había ascendido a traje de guerra.

Los triunfadores, unos años después, lo convierten en el establecimiento de comidas de los militares del Cuartel del Ejército de Cibeles y el rojo y gualda empieza a inundar sus mesas, teñidas de morado republicano durante tres largos e interminables años. Y a partir de aquí el Gijón será el lugar de la concordia, de la vuelta al hermanamiento y de la reconciliación nacional para ser en los años cincuenta, el café cinco estrellas de los cafés bullangueros y tertulianos, quizás porque muchos de éstos habían desaparecido.

Hasta los años sesenta aguantaron las tertulias del Gijón, hoy casi en la penumbra de su desaparición, que languidecen  y son sustituidas por jóvenes donjuanescos, que buscan y, como es natural, no encuentran, una doña Inés que llevarse a la boca.

Miles de personajes famosos han pasado por el café Gijón; muchas son las tertulias que aquí nacieron y cientos las anécdotas que se han contado, siendo unas verdad y otras trasladadas del lugar imaginario donde no ocurrieron, al café del Paseo Recoletos. También se han escrito varios libros sobre el Gran Café, como “El Café Gijón” de Mariano Tudela, Julián Marcos y José Esteban; “La noche que llegué al Café Gijón” visión personal de Paco Umbral o aquel primer libro, que tantos problemas suscitó “Crónica del Café Gijón” de Marino Gómez Santos. Ante los insultos que decía que dedicaba en su libro a Juan Pérez Creus, este le envió el siguiente Epigrama:

¿De quién es el destino? / De Marino.

Con cara de piedra pómez/ Gómez.

Quiere causarme quebrantos/ Santos.

Pues hoy, a tantos de tantos,con decisión absoluta

/me cago en la cagarruta/ de Marino Gómez Santos.

(continuará)

El Cafetín Croché 6 (continuación)

El Cafetín Croché 6 (continuación)

El café tiene un público joven y como todo café que se precie, veladores antiguos de mármol blanco y hierro forjado rodeados de sillas y taburetes en la barra, de madera con asientos de rejilla. Hoy actúa Bobby Floyd y su trío de jazz. Al fondo dos salones, rodeados de tristeza pero perfectos para tertuliar, amar o escribir en la soledad de un café. Decoración de su interior ya caduca, con una portada de madera pintada de color ladrillo. A las seis de la tarde, tres camareras en pantalones vaqueros, jovencitas que no saben lo que fue el Café Central, atienden al variado público que llena el local.

En los bajos del Teatro Español, creo que en el lugar que ocupó el Café del Príncipe, primer café histórico inaugurado en Madrid y que recogió la famosa tertulia romántica “el Parnasillo”, se encuentra hoy el Café del Teatro, inaugurado siendo Alcalde Alvarez del Manzano, el 2 de diciembre de 1.994, que es un amplio local con veladores rectangulares de mármol y sillas cafeteras de madera. Cuatro grandes lámparas de hierro con quinqués de tulipas verdes, adornan el techo. Grandes columnas estucadas soportan el peso de tanto buen teatro como se desarrolla en este nuestro primer Teatro Nacional. Camareros y camareras con chalecos negros y corbata de pajarita atienden a un personal teatrero que espera su entrada al recinto.

Me dirijo hacia la Carrera de San Jerónimo para intentar recordar aquel año de 1.839 en el que, cerca de la Puerta del Sol, hervidero de cafés tertulianos, abría sus puertas una pastelería francesa, que después se convertiría en el restaurante de la élite madrileña de la época y del que diría Azorín : “no podemos imaginar Madrid sin Lhardy”. Benito Pérez Galdós dijo de Lhardy que empezó “poniendo corbata blanca a los bollos de la taona”.

Emile Hugenin Lhardy, repostero y cocinero francés, pero de ascendencia suiza, rudo en sus maneras pero educado y fino en el trato, renunciaría al apellido paterno por razones no conocidas y funda este elegante local de la Carrera de San Jerónimo. Quizás se apoyó en el apellido de la madre para rememorar en Madrid, el famoso Café Hardy del Boulevard de les Italiens de París.

Era y es un local de dos plantas, no sólo intimista, por sus salones repletos de políticos y aristócratas que allí celebraban sus reuniones y tertulias, lejos de los avatares diarios de sus despachos privados, sino también innovador, trasladando las costumbres francesas, tan en boga en aquellos años de principios del XIX. Salones que recogieron muchos homenajes merecidos casi todos y a veces, no merecidos, según las malas lenguas, y que tenían nombres como el salón isabelino, el salón japonés – que permanece idéntico hasta con el mismo papel pintado de las paredes- o  el salón blanco , nombres todos ellos  recordando el estilo de su decoración. Fue el primero en montar mesas individuales para comer, instituyó el aperitivo – sírvase Vd. mismo- con canapés que se acompañaba de un buen vino de Jerez o de un consomé que guardaba su calor en un samovar de plata y que hoy todavía se mantiene, firme y erguido con su caldo caliente dentro, en un extremo de la barra del mostrador y una carta de buenos alimentos que, nobles, cortesanos y hasta la Reina Isabel II, o el Rey Alfonso XII que aparecían de incógnito por el local, degustaban en sus magníficos salones. Allí lo hicieron con el cocido madrileño o los callos, Espartero, Prim o Serrano y en alguna cena frugal, después de las representaciones teatrales, Doña María Guerrero o Don Jacinto Benavente, asiduos “lhardyanos” en las noches de representación o estreno de los teatros de la zona. Fue precisamente el padre de la actriz María Guerrero, el decorador. Rafael Guerrero, fué quien hizo la última reforma diseñando una magnífica portada de madera de caoba que llamaba la atención en la Carrera de San Jerónimo y ya anunciaba el lujo que se encontrarían los elegantes clientes al entrar en Lhardy. Hoy se conserva intacta la fachada desde que en 1.880 se realizó la última reforma.

 

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 83

Tribulaciones de un ex confinado por ahora.- 83

Hoy  1 de agosto se habla del calor, de los nuevos brotes, de la mascarilla obligatoria, del inicio de vacaciones para algunos, de la playa, de las mentiras de Pedro Sánchez y de sus muñecos y de Abascal.

El ministro de Sanidad ha confirmado que ese Comité de expertos que por dos veces impidió a Madrid pasar a la fase 1, no existía. Es decir que el Sr. Illa por órdenes superiores impidieron a Madrid avanzar en la desescalada y continuar la estrategia de intentar hundir a la presidenta Ayuso para plantear una moción de censura. El Presidente sigue mintiendo y viviendo de sus embustes.

Despido en Moncloa. El juez considera despido nulo de 38 trabajadores y condena al Gobierno.

OKDIARIO adelantó el pasado mes de octubre que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no pagaba los sueldos de más de una treintena de camareros que atienden al personal del Palacio de la Moncloa. La empresa concesionaria los despide después de cuatro meses sin cobrar. Los afectados recurren y el TSJM declara nulo el despido y condena al pago de los salarios y la readmisión.

Vacaciones “reales”. Mientras los contagios aumentan a cifras más que preocupantes, el presidente se larga tres semanas de vacaciones. Una semana lo pasará con su familia en la Mareta un palacio real en Tenerife que el Rey Hussein II de Jordania regaló a Don Juan Carlos en unos momentos en el que el Rey Emérito está cuestionado y asediado política y mediáticamente.

Menuda cagada. Santiago Abascal acaba de adelantar en el Congreso, que va a presentar en septiembre una moción de censura para derrocar al Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez. Lo que ha conseguido con este anuncio es que en lugar de preocupar al Presidente, Pedro Sánchez se haya reído de él ya que no tiene ninguna posibilidad y le haya pedido que la presente antes de irse de vacaciones. El PP y Cs ya se han desmarcado y lo que va a conseguir VOX es dar alas al PSOE y a sus socios que saldrán favorecidos de la moción de censura.

El voto pragmático crece hacia el PP y el de VOX, en la penuria que tenemos a la vista, desciende a niveles que les asustan. De aquí la necesidad de que Abascal aparezca en septiembre para levantar conciencias y elevar sus expectativas. Esto llevará al PSOE a reírse y al PP a llorar.