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Alojerías y Tabernas

Recién inaugurada, después de su reforma y acondicionamiento, me dirigí a la Casa Miñana, convertida hoy en espacio de exposiciones, a ver la exposición de Cotillo que con dibujos a plumilla y alguna acuarela hace un magnífico recorrido por la historia de esta Muy Leal Villa de El Escorial.

Me llamó la atención un cuadro titulado “Calle del Arca de la Fuente de la Reina” hoy calle de Lorenzo Niño. En él aparecen dibujadas y recreadas casas que existieron, según documentación histórica de Sánchez Meco y que tenían nombres tan sugerentes, incitantes y bonitos como el del Mesón de la Monja; la Tahona; la Taberna; el Bodegón de la Huérfana; la Pastelería del Conejo; la Casa del Embajador inglés y la Aloxería. Quizás fue el de Aloxería o Alojería el que más me llamó la atención al desconocer que hubiera existido una en la Villa. Eran las alojerías lugares de paso anteriores a las tabernas, a las botillerías y cafés. Desaparecidas hacia 1.838  en ellas se degustaba un refresco llamado aloja, bebida grata y refrescante de arroz, miel y especies con propiedades curativas que introdujeron los sarracenos. Estas alojerías dejaron paso a las tabernas donde muchos comerciantes cerraban sus tratos -lo que hoy se llaman negocios- siempre regados con algún buen vino de la tierra y algunas exquisiteces.

Suceden a las tabernas como sitios de reunión, las botillerías, para luego dejar paso a los cafés y a las casas de comidas.

Pero centrándonos en las tabernas, es un placer hacer un tour turístico por las muchas que todavía existen en Madrid. Tabernas y tascas con vida propia y que sólo su nombre nos llena de recuerdos a los que amamos Madrid y su cultura. Nombres sugerentes como El Abra; El Cangrejero; Casa Paco, Taberna Picardías; Taberna del Alabardero; Taberna Ananías; La Taberna de la Copla; La Trucha; Los Gabrieles y tantas con sus vermús, sus sifones, aceitunas, buenas latas y el vino a granel.

Casi todas las tabernas, que así se quisieran llamar, tenían características que la daban su impronta: mostrador o barra de madera, generalmente tallada, forrado de zinc en su parte superior y en el que se iban apuntando los chatos tomados; grandes frascas de cristal con las que se servía el vino blanco o tinto; pequeños vasos para chatear, vasos en los que cabía poco vino pero que tenían el tamaño ideal para tomarte varios y no tener problemas etílicos; aceitunas verdes o negras de Camporreal para aperitivo; agua corriente y nunca mejor dicho, pues no paraba de manar de un pequeño grifo y se embalsaba en un hueco de la barra de zinc y servía para mantener continuamente limpios los vasitos de grueso cristal llamados de ronda; mesas largas de madera y pequeños taburetes de cuatro patas. Y detrás de todo ello el tabernero, hombre tolerante y conversador mientras los chatos fueran cayendo uno tras otro.

San Lorenzo tenía, pues ya no quedan, excelentes tabernas como El Sotanillo en las Pozas; el Tropezón tras el cine Variedades; Los Pinos junto a las escaleras del cine; La Campana en la calle Joaquín Costa; Casa Manolo en las Casillas, el Gato Tuerto en la cuesta de Grimaldi o Cobeña en la calle del Rey. Eran verdaderas grutas vinícolas donde el arte se hacía vino, futbolín, torrezno y corto con aceituna y anchoa. Por eso yo siempre he sido tabernícola y lo seguiré siendo mientras se conserven y no las tire la piqueta de la crisis y la especulación.

Pero entre todas me quedo con El Manitas, la taberna del buen Victoriano, fundada en 1.919 por su padre Isidoro “Perorrufos” y en la que muchos dejamos parte de nuestra juventud bebiendo ese vino de Navalcarnero, duro y algo dulce que sólo lo tenían algunas tabernas en San Lorenzo como Cipriano, Los Pinos y la Campana. Era una taberna preciosa, dicho en el sentido tabernario de la palabra. Una barra de madera tallada, recubierta de latón con sus frascas de grueso cristal, que había que haberla catalogado y protegido como un bien artístico más y conservada como un decorado para ser visitada por todos, turistas incluidos. Allí íbamos pandillas enteras cantábamos y aprendíamos a ligar y el gran Victoriano nos aguantaba y además con su fino humor participaba con nosotros y hasta nos fiaba. Las echo de menos ¡Larga vida a las tabernas!

El paredón del estanque

Cuando estoy bajo de batería, con falta de glóbulos blancos o con la mente espesa -que es a menudo- me voy al llamado Parque de Carrero Blanco junto a la Universidad Mª Cristina. Allí me siento, no bajo, que todavía es pequeño, sino junto al castaño que plantamos la familia Isasa después de una Jornada de Hermandad en la que nos reunimos más de 200 componentes en San Lorenzo el 10 de octubre de 1.998. Tiene 11 años y aunque todavía es pequeño, está fuerte como un roble, bien cuidado y con un precioso traje verde.

En el pequeño parque donde los colores de la naturaleza se funden como en una gran paleta, la gente que allí te encuentras medita, recuerda, lee o pinta y respeta a los demás pues casi ni los mira, al pasar junto a ellos, para no molestarles en su recogimiento. Es una maravilla ver como durante cada una de las cuatro estaciones, la naturaleza cambia de colores su vegetación en toda la gama de verdes, ocres, sienas, rojos y amarillos y en algunos días del invierno, hasta se viste de blanco. 

Pero realmente el ir al parque es casi una disculpa para asomarme, durante buen rato, al pretil del estanque de la Huerta del Monasterio y desde allí disfrutar del maravilloso espectáculo que desde esa plataforma se divisa. Y lo podemos hacer gracias al Marqués de Borja tal y como lo contamos a continuación.

Quinito Pacheco presentó en agosto de 1.990 el libro “Del entorno escurialense” del que es autor el pintor, poeta, escritor y amigo Adolfo Ruiz Abascal. Es un libro de la colección “Coliseo Real” que en este caso ha cambiado el tipo de letra de imprenta por la elegante letra a mano de la pluma de Adolfo ilustrado con 175 dibujos del entorno. Y en su presentación decía Quinito:

“Pero tenemos que remitirnos a nuestra infancia como punto de partida. Al día que por primera vez pusimos la barbilla en el pretil del muro del   estanque de la Huerta y descubrimos la luminosa lámina del Monasterio, navegando en el espejo del agua, tan sólo ondulado por las estelas  dibujadas por los patos. Entonces nos enamoramos del Monasterio”

Realmente 40 o 50 años antes no hubiera sido posible poner la barbilla en el pretil del muro pues éste medía 2,50 metros de altura por encima del actual.  

La decisión de rebajar el muro a la situación actual, fue de D. Luis Moreno y Gil de Borja, Marqués de Borja e Intendente de la Real Casa y Patrimonio. Lo cuenta Adolfo R. Abascal en el libro “Al Marqués de Borja (con más gratitud)” que le dedicó en 2.003. Es un pequeño libro escrito también a pluma, casi dibujado, y en el que se recogen algunas de las muchas actuaciones de este gran hombre que tanto amó a San Lorenzo y que murió prematuramente en 1.917. Según se cuenta, su muerte se debió a la picadura de una mariposa negra que salió al destapar una caja de zinc con los restos de un personaje de la realeza que debería quedar en el Panteón.

Entre las muchas actuaciones que desde su puesto realizó se cuentan: la restauración de los frescos de la basílica, biblioteca y claustros. Mejora de las Salas Capitulares que convirtió en museo. Creación de la Universidad María Cristina. Repoblación del Romeral. Enlosado de la Lonja y transformación de los Alamillos con rebaje del muro del estanque etc.

Con el paso del tiempo, alguien que tenía no sólo el poder para hacerlo, sino también la sensibilidad y la grandeza de no privarnos del magnífico espectáculo que desde allí se divisa, decidió rebajar el muro que lo tapaba. El Marqués de Borja y su arquitecto Mayor, Ripullés, deciden descorrer el telón, como dice Abascal y dejar a la vista el maravilloso cuadro velazqueño enmarcado en granito. Se rebaja el muro quedando como lo vemos actualmente. Abascal lo justifica, al menos como una posibilidad, la del encierro monacal pero seguro que habrá más de una justificación.

Querido Adolfo: me figuro que no te enfadarás por reproducir lo que cuentas en tu libro, pero sé que mucha gente lo desconoce. Se me ha olvidado contar la anécdota de Azaña. Lo dejo para otra vez.

18 de julio de 1.936

Artículo que publiqué en la Gaceta Escurialense el 18 de julio de 2.009.

 Este sábado 18 de julio, hará 73 años de aquel fatídico día de 1.936. Escribió mi padre en un cuaderno de memorias y recuerdos sobre su cautiverio durante la Guerra Civil, que el citado domingo día 18 de julio no hubo incidente alguno en San Lorenzo del Escorial e incluso se celebraron las misas en todas las iglesias del pueblo. Ávila se había sublevado y se hablaba de que una columna, procedente de Salamanca, pasaría por Guadarrama en la madrugada del domingo al lunes, camino de Madrid. Las comunicaciones ferroviarias con Ávila fueron cortadas y se organizó un único tren para que pudieran regresar a Madrid todos los turistas que habían llegado a El Escorial para pasar el día.

Se valoró la posibilidad de marchar a Madrid aquellos que tenían obligaciones pero por la tarde se cambió de opinión vistas las dificultades de transporte, cortadas las comunicaciones ferroviarias y sin saber si haría su viaje el autobús de línea. Y así terminó el domingo, víspera del comienzo de la guerra civil ya que fue el lunes el día que se rompió el fuego entre ambos bandos.

Las cosas estaban más o menos tranquilas en San Lorenzo del Escorial sin que surgieran incidentes importantes a excepción de las detenciones que se iban produciendo a derechistas del pueblo. Se iba llenando de milicias y en los primeros días del Movimiento se ocupó militarmente el pueblo y sus alrededores. La gente se recogía en sus casas esperando, según decían, un combate con una columna que venía por Robledo.

La vida seguía normal en San Lorenzo, dentro de la anormalidad que las circunstancias imponían, como algunos registros por policías de Madrid. El Alcalde procuraba que no se molestase a la Colonia veraniega, a pesar de haber requisado todos los automóviles y no ocurrió incidente alguno.

El 12 de agosto, tras un bombardeo sobre algunos puntos estratégicos y al que no se le dio gran importancia, los incidentes comenzaron a ser mucho más serios. A las seis de la mañana despiertan a mi padre unos milicianos y soldados para hacer un registro superficial, pero eso si, sin atropello alguno. Tras reunir a todos los de la casa de mis padres y abuelos les dijeron que tenían que llevarlos al Ayuntamiento con el pretexto de comprobar la personalidad de cada uno de los hombres, cosa que incumplieron a llevarlos en dirección contraria con lo que la preocupación y el temor recorrió a todos los que habían reunido para su traslado.

Mi padre, abuelos y cuatro tíos muy jóvenes fueron llevados con mucha mas gente, al Patio llamado de Palacio, en el Monasterio y allí se encontraron con muchos hombres, gentes de derechas del pueblo, del barrio de Abantos y los que se hospedaban en el Hotel Miranda, hotel por el que habían empezado las detenciones a la una de la madrugada y que continuaron durante toda la mañana.

Después de la primera noche el aspecto del patio era repugnante y desagradable. Los hombres allí detenidos, tumbados en el suelo, parecían cadáveres envueltos en mantas. Nadie sabía el porqué de su detención, aunque un jefe de milicias, delegado del Ministerio de la Guerra, dijo que deberían agradecer estar allí pues estaban más seguros que en el pueblo.

Continuaron los interrogatorios mientras algunos eran puestos en libertad. Los milicianos entraban y salían produciéndose episodios desagradables. Algunos buscaban a sus patronos para ajustarles las cuentas según decían. Otros quedaban en libertad mientras mi padre, abuelos y tíos seguían allí. Durante cuatro días encerrados, durmiendo al aire libre, con tormentas nocturnas y mal comidos hizo que muchos cayeran enfermos y puestos en libertad. Entre los liberados figuraban mis abuelos y tíos con la obligación de evacuar el pueblo en 24 horas. A mi padre y a otro tío les dejaron salir dos días después. Ese mismo día se publicó un pregón obligando a los veraneantes que no pertenecieran al Frente Popular a evacuar El Escorial en un tren que se formaría a la mañana siguiente a las diez. Con esa decisión comenzó un calvario para mi padre, tíos y abuelos.

Mi abuelo Luis decidió quedarse en San Lorenzo y sería el 14 de agosto, la última vez que mi padre le vio con vida pues fue detenido y asesinado en Madrid. ¿Se hubiera salvado de no haberse quedado? Nadie lo puede asegurar. Mi otro abuelo y tres de sus hijos fueron obligados a salir del Escorial y fueron detenidos y asesinados en Madrid al poco tiempo.

Allí empezó un largo peregrinar de mi padre por cárceles, checas y legaciones diplomáticas donde consiguió esconderse durante los años de guerra. Mientras mi madre con dos pequeños de la mano, tuvo que salir de Madrid. Tras un largo viaje a Valencia, embarcarse a Marsella y de allí a San Sebastián, se quedó en la capital donostiarra durante los tres años de guerra, muy lejos de su marido, mi padre.

Pero mis padres volvieron al Escorial, una vez finalizada la guerra, y no dejaron de ir hasta su muerte hace pocos años. Jamás le oí a mi padre una sola palabra de rencor o de odio por el calvario que pasó. Aquello no le movió a venganza ni resentimiento y ayudó al pueblo sin mirar su color político de quien se lo pedía; fue fundador del Semanario Escurialense; colaboró con todos los alcaldes; fue miembro de la Comisión de festejos del Ayuntamiento; fundador del club Filatélico Escurialense; Pregonero y Romero Mayor de la Hermandad de la Virgen de Gracia; ayudó a colegios y clubs deportivos con material deportivo, desde su cargo en la Delegación de Deportes etc. etc. Jamás le negó nada a nadie del pueblo que se lo pidiera. Esta es mi memoria histórica, la del Juez Garzón es otra

Hoteles de San Lorenzo: El Felipe II

De todos los edificios públicos previstos por la Sociedad Abantos, creada en 1.923 con el objetivo de construir una ciudad jardín y una zona de ensanche de San Lorenzo, ninguno fue llevado a cabo salvo el Hotel Felipe II construido en los años 40. Con anterioridad la sociedad proyectó en el Cerro de las Damas un hotel de 150 habitaciones y un pabellón regio para uso de la familia real que no se llegó a construir.

En 1.943 el Banco Popular de los Previsores del Porvenir que adquirió a la Sociedad Abantos casi todos sus terrenos y obligaciones, mandó proyectar al arquitecto José Osuna Fajardo un hotel de lujo en el Barrio de Abantos que llevaría el nombre de Felipe II. En un paraje maravilloso rodeado de pinares, el hotel consta de una planta semisótano donde se ubican los servicios; una principal del hall, comedor y salón y tres plantas más una bajo cubierta en las que se sitúan las habitaciones.

Desde su inauguración el hotel fue un referente en toda la sierra, no precisamente como un hotel familiar, como lo era el Hotel Victoria, sino con otros encantos de pareja. Mucha gente se casaba en el Monasterio y luego dormían en el Felipe. Fue, sin quererlo, Escuela de Hostelería pues de allí salieron, junto con el Victoria, los mejores maitres, cocineros y camareros que han pasado por el pueblo. Hoy es escuela, sí pero de negocios, el Euroforun, una de las tres sedes de los Cursos de Verano en San Lorenzo. Casi llegó a ser Casino tras la legalización del juego pero le ganó la partida Torrelodones y allí se quedó.

La piscina y el tenis del hotel, era de lo más chic de la sierra. Se podía jugar un partido de tenis y después darse un baño en su preciosa piscina, de agua azulada, rodeada de pinos centenarios. Después si te quedaba algo de dinero te podías tomar un martini cock-tail o un refresco caribeño en el bar, tipo chiringuito, que estaba junto a los vestuarios de la piscina. Era una gozada. Hace unos días subí a verla y tanto la piscina como el tenis, hoy campo de baloncesto, estaban destrozados y llenos de maleza. Me figuro que su descuido es porque a los asistentes a los Cursos de Verano no les gusta cultivar su cuerpo y si su espíritu y conocimientos.

Leía en “Apuntes de la Sierra” un artículo de Amparo Ruiz Palazuelos en el que describía la terraza del Hotel Felipe II desde un punto de vista del conocimiento y de las relaciones de convivencia con los asistentes a los cursos y la describía desde la perspectiva de espectadora y de participante en los Cursos de Verano.

Pero el encanto y sabor que tiene el Hotel y su magnífica terraza que abre sus imaginarios ventanales a los pinares que rodean el Monasterio y al precioso escenario de piedra berroqueña de las montañas que lo rodean, viene de lo que fue este hotel romántico, sentimental y soñador desde los años 50. Allí se podía ver a D. Juan de Borbón, padre del Rey Juan Carlos, asomado a su terraza deleitándose con su paisaje. De allí salió Lola Flores y El Pescadilla para casarse. Allí se hospedaba, Ava Gadner, Sinatra, Sofía Loren o Charlton Heston cuando rodaban películas en la sierra y Heminguay cuando venía a ver las corridas a San Lorenzo. D. Jaime de Mora también era cliente del Hotel y como era natural en él, se iba sin pagar. Decía que volvería y efectivamente volvía pero al cabo de algunos años y aunque pagaba lo hacía con bastante retraso.

En las tardes veraniegas, la preciosa terraza se convertía en  merienda amenizada por una pequeña orquesta que dirigía el maestro Trabuquelli.

En los salones del hotel se celebraban las mejores verbenas del verano escurialense. Por muchas razones personales, recuerdo la de aquel ya lejano 8 de Agosto de 1.964 a beneficio del Hospital de la Alcaldesa. D. Antonio Casero, maestro de la pintura taurina, regaló dos cuadros para ser subastados. Uno se adjudicó a Álvaro Suárez Valdés, “Polilla”, por 3.000 pesetas y el otro sería rifado entre las, nada menos, 731 entradas vendidas. La fiesta era de las de antes con dos orquestas que la animaban hasta las 4 de la mañana y eso sí era obligatoria la chaqueta y corbata, ¡igual que ahora! Una cantante, Diana y un rockero con su guitarra llamado George Green actuaron aquella noche. Muchos recuerdos de un magnífico hotel.

Una silla de ruedas en el Monasterio

Hace unos días apareció en el periódico ABC una carta al director en la que una señora se quejaba de las dificultades que tuvo que salvar para poder acceder, con una persona en silla de ruedas, hasta la Basílica del Monasterio para oír la Misa de una. Se quejaba de la falta de aparcamiento para discapacitados en la zona reservada de la Lonja, a pesar de cobrar por aparcar; de la necesidad de levantar las pesadas cadenas para poder entrar en la Lonja con la silla de ruedas; de la falta de una rampa para subir los siete escalones del Patio de Reyes que dan entrada a la Basílica y hasta de la imposibilidad de entrar por la puerta al existir un zócalo que impide salvarlo con la silla si no era con ayuda de varias personas. En su carta, la buena señora, apelaba al Patrimonio, al Ayuntamiento o a la Comunidad religiosa que regenta el Monasterio para poner remedio a semejante pifia.

Tiene toda la razón esta señora y creo que el responsable de este tema es el Patrimonio Nacional ya que cualquier obra por pequeña que sea y que se realice en el recinto del Monasterio es de su competencia y debe ser consultada, aceptada y aprobada por el Patrimonio y en muchos casos previo informe de Bellas Artes y de no se cuántos organismos e instituciones. Debo reconocer y reconozco muchas cosas buenas que hace el Patrimonio pero, aunque a veces he criticado algunas que no hace tan bien, hoy no lo voy hacer. La razón es que recuerdo que hace muchos años hablé mal del Patrimonio por la mala gestión del club de Golf de la Herrería y el Sr. Fuertes de Villavicencio, por entonces Gerente y Consejero Delegado, gran amigo de mi padre, le llamó y le conminó a que dejara de meterme con el Patrimonio en el “Semanario Escurialense”, periódico en el que yo escribía y casi me echa del club de Golf  y hasta de San Lorenzo del Escorial.

El problema al que se refería la carta de la señora en ABC, como otros muchos que podríamos enumerar o comentar, entran de lleno en las servidumbres que tienen que pagar los pueblos que nacieron alrededor de un palacio o maravilla del mundo que integran el Patrimonio Nacional, léase por ejemplo Aranjuez, La Granja de San Ildefonso o San Lorenzo de el Escorial. Por eso la denuncia de la señora debería hacer reaccionar a nuestros organismos, instituciones y ayuntamientos para acordarse de que existen todo tipo de personas y son muchas las que necesitan que desaparezcan las barreras arquitectónicas para recorrer nuestros monumentos, palacios y museos o simplemente para andar por las aceras.

Muchas veces hemos denunciado lo incómodo que se están haciendo nuestros pueblos y ciudades para poder andar y pasear por ellos y el terreno que ha ido ganando el vehículo frente al peatón. No olvidemos que  peatones somos todos. Cualquier obstáculo como los descritos en la carta, en este caso referidos al Monasterio, puede causar muchos problemas a personas discapacitadas o con algún grado de minusvalía. Demos un repaso a los edificios y aceras de nuestros dos pueblos y certificaremos las numerosas barreras que nos vamos encontrando.  

En nuestros dos pueblos, Arriba y Abajo, se circula por la calzada y no por las aceras que son tan estrechas que no caben dos personas y menos si una de ellas circula con un coche de bebé, con un carrito de la compra o  acompañando a una persona en silla de ruedas. Muchos son los ejemplos de edificios públicos, algunos relativamente modernos, sin rampas de acceso; los autobuses no tienen plataforma para subir a personas discapacitadas; los bolardos están muy bien para que los automovilistas no suban sus coches a la acera pero son peligrosísimos para ancianos o personas con alguna minusvalía. ¿Cuántas aceras tienen rebajada su altura para poder circular sin problemas en silla de ruedas? ¿Cuántas viviendas, en las que viven personas mayores no tienen ascensor? Hagamos examen de conciencia, reconozcamos que queda mucho por hacer y continuemos trabajando en la eliminación de las barreras arquitectónicas.

El Auditorio,Abantos y el ático de Pepiño

Leía en “El Mundo” un artículo sobre el ya famoso ático en la Isla de Arosa, del inefable personaje que es Pepiño Blanco y recordé su defensa de la legalidad vigente, de la ecología y las cosas bien hechas. La parcela de 34.000 metros cuadrados donde hoy se encuentra la vivienda, nadie la quería comprar al estar calificada como “urbano no edificable” y con la servidumbre de la Ley de Costas que impide construir a menos de 100 metros del mar, hasta que en el 2.002 el Ayuntamiento de Arosa, regido por los socialistas, cambia la ordenanza en el Plan General y recalifica la parcela haciéndola “urbana edificable” para la construcción de 119 viviendas. Se compra por la sociedad Residencial Isla de Arosa en el 2.004 y se construyen 130 viviendas, es decir 11 más de las legales y después de talar 280 pinos de un paraje maravilloso, el pinar de O Furado, donde se iba a pasear y a disfrutar de la naturaleza. El piso de 130 metros cuadrados, con unas vistas maravillosas a la ría de Arosa, le ha costado, según dicen, al indecible personaje 360.000 euros, cantidad que aunque me parece poca será verdad porque ¡como vamos a dudar de Pepiño Blanco! El fraude de ley está denunciado pero me parece que pasará como con el juicio del lendakari Ibarreche, es decir no prosperará, no se admitirá a trámite o se archivará.

auditorio escorial

Cuando te alejas y ves las cosas con la perspectiva del tiempo y de su conocimiento, te asaltan todo tipo de pensamientos sobre aquello que estás viendo. Eso me ocurrió cuando viniendo de Madrid y coincidiendo con la lectura de la noticia de Pepiño, al contemplar desde lejos la vista de San Lorenzo, se me ponían las carnes de gallina al contemplar ese cubo de Rubik -el Auditorio- junto a las torres del Monasterio y su preciosa y movida fachada con sus volúmenes de granito y su cimborrio dominándola. La había visto cientos de veces pero no había reparado en ella y en ese cubo teatral cuyo proyecto en planta nació alrededor de un pinsapo que hubo que recalzar con hormigón para su posterior mantenimiento, gracias a los sabios consejos de los ecologistas. Pero éstos no se enteraron y no dijeron esta boca es mía, cuando todo el interior, suelos, paredes y techos se decoraron con maderas exóticas y resistentes traídas de distintos puntos del orbe. ¿Cuántos árboles se talarían para hacer esta obra? Me figuro que muchos, pero los progres ecologistas no han dicho nada sobre el particular y en cambio ahí está el pinsapo hasta que sus raíces se las coma el hormigón.

Pero esto no es nada comparado con la imagen de la falda de Abantos y ver las construcciones de viviendas que casi llegan a mitad de la montaña. ¿Cuántos pinos se habrán cortado para hacer ese enjambre de viviendas sin orden, sin unidad en lo urbanístico y sin criterio en su diseño?

Todo esto viene a cuento de las atrocidades y salvajadas que se están haciendo, contando con la aprobación de los organismos e instituciones competentes encargados de vigilar estas barbaridades urbanísticas en zonas con algún grado de protección. 

Miren desde lejos el precioso escenario de San Lorenzo con el Monasterio como centro de este magnífico decorado y me darán la razón al encontrarse con las líneas rectas del cubo del Auditorio. Entren en el Auditorio y verán la madera que se ha utilizado mientras el pinsapo se yergue, cual mástil sin bandera, en el centro del patio. Lleven su vista a la falda de Abantos y recorran visualmente sus construcciones que en pocos años han duplicado la edificabilidad de la zona. Recorran la Isla de Arosa y se toparán con estas viviendas que varios personajes del partido del Gobierno han comprado y que han sido construidas a 20 metros del mar y no a los 100 que marca la Ley de Costas y se darán cuenta de cómo se ha roto el equilibrio paisajístico y desaparecido una parte importante del precioso pinar junto a la Ría. Saquen sus conclusiones de sólo estos tres ejemplos de barbaridades urbanísticas que yo ya las he sacado las mías.

 

Jesús Sáinz de los Terreros

El Rey no subió a la Silla

Hace unos días subí a merendar a la Silla de Felipe II, piedra desde la que se dice que el Rey observaba la evolución de la gran obra del Monasterio. Mi gozo en un pozo: el merendero estaba cerrado. No me importó porque tuve la oportunidad de pasar un rato maravilloso, recordando las veces que subíamos a merendar, hacer botellón, de los de antes, en las noches del verano, o simplemente de excursión para luego bajar a la Cueva de las Zorras y de allí volver al pueblo a pasear por Florida.

Pero esa real leyenda, urbana o no, parece que la quieren destruir para siempre cosa que no me gustaría que así fuera ya que es mucho más bonito subir a la Silla sabiendo que allí se sentaba el Rey Prudente, que según parece no lo era tanto, que subir y sentarse donde lo hace todo el mundo pero que no lo hizo el Rey.

Lo digo porque acaba de editarse y sacado a la luz “El enigma de El Escorial”, un magnífico libro de Henry Kamen, sobre el Rey Felipe II y la obra del Monasterio, en el que el autor asegura que no está tan claro que tal lugar hubiese existido en la época de la construcción del Monasterio. No se menciona nada en la documentación original. “Para empezar, el rey no podía subir a ninguna montaña-aclara Kamen- porque casi no podía caminar. Yo tengo mis dudas sobre la existencia de esa silla. Lo cual no quita para reconocer que la atención del Rey por el detalle fuese incesante. Pasaba horas hablando de sus planes con los arquitectos y celebraban reuniones frecuentes en los lugares de las obras. El dinero y los esfuerzos consagrados al proyecto fueron impresionantes. Miles de obreros fueron empleados durante décadas” (Ver XL-Semanal 16 julio, 2009)

Me importa un bledo que la silla no fuera tallada en la piedra granítica para que el Rey viera la evolución de su gran obra; que fuera posterior a la terminación del Monasterio o que algún cantero que le gustaba el sitio para subir con sus hijos a merendar, se construyera la famosa silla para ver el paisaje. Lo cierto es que siempre me creeré la leyenda ya que, lo que desde allí se divisa, es un paisaje de película.

Sentado en el asiento tallado en la roca, el Monasterio aparece radiante en todo su esplendor y como fondo el magnífico decorado de Abantos que parece querer abrazar la grandiosa obra de granito. A sus pies se abre como un gran abanico verde, la dehesa de la Herrería acariciada por la vía del tren que nos lleva a Madrid, ciudad que en días limpios podemos ver desde allí. Cerca de la Silla, la finca del Castañar y a la derecha la Cueva de las Zorras, magnífico escenario natural, formado por un conjunto de rocas unidas y talladas, en este caso por la naturaleza y entre cuyas grietas hemos dejado algunos años de nuestra juventud. Allí íbamos de merienda o de chocolatada para escalar sus piedras maravillosas y retozar o enamorarnos de alguna chica de la pandilla a la que ya la habíamos echado el ojo.

Henry Kamen se ha cargado la leyenda maravillosa de la Silla de Felipe II. Una frustración más tras las de los Reyes Magos, los niños y la cigüeña de París, el Ratoncito Pérez y los 420 euros de Zapatero. Resulta que todo era mentira.

Gracias a que tenemos el euro, porque si no tendríamos que eliminar el famoso billete de 100 pesetas, precioso en su composición y grabados, que tiene por el anverso al Rey Felipe II y una lejana visión del Monasterio y en el reverso se reproduce un magnífico grabado de la Silla de L. Álvarez en la que se ve a varios personajes, soldados descansando que rodean la silla de andas de viaje, un mastín y al Rey despachando con algún maestro o encargado de la majestuosa obra que se ve al fondo. Habría que eliminar a los personajes y dejar simple y limpia la roca con sus escalones y quizás con algún dominguero merendando.

No se si los papeles sobre los que basa Kamen la falsedad de la leyenda de la Silla, son ciertos o no pero la verdad que a mi me gustaba como era antes. ¡Que manía de destruir todo aquello que quisiéramos que fuera como nos lo contaron nuestros ancestros!

Las lágrimas de la Virgen de Gracia

Aunque son dos advocaciones distintas, la Virgen de Gracia y la Virgen de la Herrería, es cierto que ambas caminan juntas en su historia, su devoción, veneración y descubrimiento. Escondidas ante la invasión del Islam para, según avanzaba la Reconquista, ir apareciendo. Parece que primero fue la de la Herrería y con posterioridad la de la Virgen de Gracia. La historia es similar: pastores que de forma casual o milagrosa  las encuentran en lugares cercanos; ermitaños agustinianos que las cuidan y la veneran en pequeñas ermitas y hasta las dos imágenes se parecen mucho. Gabi Sabau cuenta que tanto la Virgen de Gracia, la de Nuestra Señora de la Herrería y la Virgen del Consuelo, que fue llevada a Zarzalejo, serían las imágenes de la iglesia del pueblo de la Herrería de Fuentelámparas. Pero por otra parte se dice que existieron tres pequeñas ermitas: la de la Virgen de Gracia dentro de la finca de los Ermitaños, la de la Virgen de la Herrería donde hoy está la puerta del Castañar y la de la Virgen del Consuelo de cuya ermita se ha perdido su rastro. Pero historiadores tenemos para que sus versiones las hagan coincidir o no.

Nuestra Madre la Virgen de Gracia quedó encerrada en su pequeña ermita que amenazaban las nieves y vientos serranos mientras iban desapareciendo las manos de los ermitaños que la arropaban y cuidaban. Allí subían a rezar familias enteras ante la Virgen de los Ermitaños y al ver sus penurias, abandono y rigores de la naturaleza por los que pasaba la Virgen, ni cortos ni perezosos, tomaron en volandas a la Señora y la llevaron al pueblo de San Lorenzo. La depositaron en la Parroquia de Floridablanca en un altar lateral donde se seguía venerando por los serranos que creían y confiaban en Ella. Allí al menos caliente y sin penurias, pasaba la Virgen el tiempo mientras se tomaba una decisión importante para sus devotos. La Parroquia se llevaría a lo alto del pueblo y el pequeño Santuario quedaría para uso y veneración de Nuestra Señora de Gracia y permanecería por siempre bajo su advocación. Allí en su Altar Mayor quedaba elevada a Patrona del pueblo de San Lorenzo que estos días, vestida de romera con su refajo, corpiño, falda, faldriquera y pañoleta pide por todos.

Pero mientras esto sucedía, a la Virgen le esperaban dos hechos que pondrían a prueba que nadie puede contra ella pues es la Madre de Nuestro Señor.

Difícil es saber las veces que Nuestra Señora ha llorado por nosotros, pero, especialmente, lo hizo dos veces mientras la angustia la ahogaba en lágrimas y era difícil calmarla. Una fue cuando las hordas napoleónicas invadían nuestro pueblo y por la calle Florida iban deshaciendo todo lo que se encontraba a su alcance. La Virgen había sido trasladada desde la Ermita a la antigua Parroquia en Floridablanca y allí se ahogaba en lágrimas. La otra, durante el verano de 1.936, cuando otras hordas, en este caso hermanos de aquí o de otros lares, entraban y saqueaban el sagrado recinto. Parece que la mirada de la imagen de la Virgen, de los santos o la de Cristo crucificado, les hacía daño en sus almas atormentadas y agarrotadas por el odio. Allí reían, mientras blasfemaban y quemaban las imágenes. La de Nuestra Señora, mientras les perdonaba, lloraba con lágrimas de sangre. Creían los sacrílegos que la imagen se consumiría en el fuego pero nada más lejos de la realidad. Creían que la destruirían las llamas y lo que realmente estaban haciendo era dar una nueva vida a la Virgen y a su devoción por los lugareños y veraneantes. La imagen desapareció ahogada en lágrimas de pena y años más tarde, desde el cielo, señaló a D. Mariano Benlliure cuyas manos modelaron en 1.941 una hermosa imagen de Nuestra Señora que realizó en tiempo record y que hoy veneramos. Las lágrimas de la Virgen sirvieron a Benlliure para amasar la arcilla que utilizó para realizar el modelo de la preciosa imagen. De aquí la belleza de su cara y la no menos preciosa cara del niño Jesús al que sujeta con su brazo, con todo su amor y cariño de Madre.

 

Jesús Sáinz de los Terreros

Para cuando un Parador

A pocos metros de la Plaza de Cervantes, de la famosa Universidad y de la Hostería del Estudiante, Alcalá de Henares acaba de inaugurar un Parador en el antiguo convento de Santo Tomás de Aquino. El edificio parece que data de 1.499 y perteneció a la orden de los dominicos. Con el tiempo el antiguo convento pasó a ser colegio, reformatorio e incluso cárcel y hoy se ha convertido en un moderno hotel con la calidad y gestión de Paradores Nacionales seña de identidad de España y que las Comunidades luchan por que sea transferida su gestión especialmente a Cataluña y al País Vasco. Espero y deseo que nunca se traspase esta competencia pues es de las pocas identidades que nos quedan.

Espacio silencioso y acogedor en el interior que recuerda, al pasear por su claustro, aquello que fue, pero al que han sabido dar un aire moderno con decoración ajustada y ambientes actuales. Habitaciones especiales rodeando el claustro recién restaurado; otras rodean a un moderno jardín japonés y las demás en un pabellón del siglo XIX. Duchas especiales y masaje en su spa, completan este moderno establecimiento que junto a sus fogones cervantinos dará mucho que hablar.

Sinceramente, mientras leía las características arquitectónicas y hoteleras de este segundo parador de la Comunidad de Madrid, sentía mucha envidia aunque fuera sana envidia que es la fórmula que se utiliza para no pecar. Y recordé que hace unos años aparecía en todos los medios la posibilidad de hacer un parador en San Lorenzo de El Escorial. Estamos rodeados de paradores: Alcalá de Henares, Chichón, Toledo, Ávila, La Granja y Segovia pero un lugar como el Real Sitio de San Lorenzo no goza de estos maravillosos establecimientos hoteleros.

El lugar elegido, y hablo de memoria, era la llamada Casa de la Reina, hoy de uso residencial como lo fue cuando Juan de Villanueva realizó su primera gran obra en San Lorenzo en 1.770-1.976. La que fue la Casa de familias de los infantes D. Gabriel, D. Antonio Pascual y Francisco Javier para ellos o sus servidumbres se sitúa en la Lonja entre la Casa de las Pizarras y la Casa de la Compaña que pertenece a la Universidad María Cristina. Tiene entrada por La Lonja y por la calle Floridablanca salvando el gran desnivel existente por dos amplias escaleras de piedra que recuerdan, según Chueca Goitia, a las escaleras de los modernos palacios romanos.

Edificio de piedra granítica, simétrico y con referencias a la portada del Monasterio cuyo eje es una prolongación de su puerta principal. La gran complejidad espacial del interior, con viviendas de distintas tipologías, de una y dos plantas, no se percibe al exterior. Su fachada es simple, con un ritmo uniforme y continuo de huecos, siguiendo la simplicidad de las fachadas de la Primera y Segunda Casa de Oficios.

La idea de su transformación en Parador se fue diluyendo y hoy no parece que sea factible. Se habló primero de la falta de aparcamiento para el Parador y se hizo el de la plaza del Ayuntamiento ¿quizás pensando en ello? Después se habló de la complejidad de la obra debido a la dificultad de espacios interiores aunque muchos arquitectos desearían realizar un proyecto como éste. Existen Paradores ubicados en edificios antiguos con mucha solera, con muchos siglos a sus espaldas y muy mal conservados, y cuya rehabilitación ha sido mucho más complicada que la que sería la de la Casa de la Reina en muy buen estado de conservación. Pero no olvidemos que también existen muchos de nueva planta o en edificios modernos rehabilitados. Recuerdo el de Bayona en Vigo, el de Segovia, Toledo, Aigua Brava que fue hotel, Nerja, Torremolinos o Mojácar. ¿Por qué no uno en El Escorial? Espacios existen para ello: El Felipe II, El Enebral sería un magnífico espacio, el Campillo o junto al Valle de los Caídos etc. pero creo que es mejor que los busquen  los que mandan en nuestros pueblos, pero que no dejen de dar la vara para tener un parador. Mucha gente se lo agradecerá.

Antonio Cobos: pintor de la Virgen

Recuerdo que lentamente iba llegando la Romería. Agosto se estaba agotando y Septiembre nos abría sus puertas. De pronto en los cristales de todos los bares y comercios del pueblo aparecía lo que todos esperábamos con impaciencia: el cartel de la Romería de Ntra. Sra. La Virgen de Gracia de la mano de Antonio Cobos.

Desde pequeño Antonio es reconocido por sus dotes para el dibujo, por su voz para el coro, por sus piernas para el fútbol y por sus dotes declamatorias que le llevaron a formar parte del cuadro artístico del Colegio, llegando a hacer obras teatrales. Él mismo dibujaba los decorados y se encargaba de la escenografía.

Se licenció en Derecho en la Universidad Central aunque dedicó poco tiempo a ejercer su carrera. Ese mismo año trabaja como Ilustrador para Blanco y Negro y de Redactor del diario “El Debate”. Pasa a la redacción del diario “Ya” donde trabaja como cronista de Arte hasta su jubilación.

Tres fueron sus grandes amores: su mujer Amalia; Sevilla y sus cofradías y San Lorenzo y su Virgen de Gracia. Antonio Cobos amó mucho y de una forma entrañable a su querida Sevilla donde fue hermano de la Cofradía de la Virgen de la Amargura. Allí su dibujo se hizo bordado en seda en el “Sinpecado” de su cofradía o se hizo plata repujada en los ornamentos del trono de su Virgen de la Amargura, en la candelería o en unas sacras de plata que realizaría el artista Antonio Armenta para la Cofradía de Jesús del Gran Poder.

Si Antonio amó Sevilla, amó también y ¡cómo! a su querido San Lorenzo del Escorial. En sus veraneos, que duraban tres meses, hacía de todo. Lo mismo recitaba o narraba con Rosario Muro que participaba en obras teatrales; cantaba zarzuela o ayudaba a sus buenos amigos, Víctor Espinos, Fernández Shaw, Xavier Cabello La Piedra o el Maestro Parada, el compositor de la música del NODO, a organizar fiestas literarias, teatrales o musicales. Escribió y dibujó para periódicos locales configurándose su estilo en la Biblioteca del Monasterio al contemplar los grabados en madera de Durero cuya técnica del grabado, minuciosa en el trazo y en el dibujo a línea, vemos en algunos de los carteles de la Romería,

San Lorenzo le recordará por su vinculación a la Romería, de la que fue Romero Mayor entre 1.948 y 1.952. Durante el  tiempo que duró su mandato, se construyó en el bosque de la Herrería la ermita de la Virgen,  así como la carreta tallada y dorada, según su propio proyecto, por Alfredo del Moral. La experiencia acumulada en sus actividades artísticas en la Cofradías sevillanas la puso al servicio de la Virgen. De sus dibujos salieron las varas repujadas de los hermanos; el guión de la Hermandad y los frontiles y gualdrapas de los bueyes.

Pero Antonio siempre será recordado como el pintor de la Virgen de Gracia, ya que de sus pinceles salieron los 53 carteles de la Romería que dibujó hasta su muerte, siendo el pintor que mas carteles de un mismo tema ha pintado en el mundo para lo que se ha pedido entrar en el ese “olimpo terrenal” que es el Libro Guiness de los récords. En los 53 carteles que realizó desde 1.947, llenos de colorido gracias a la magia de sus pinceles, Antonio retrataba la perfecta imagen de la Romería dando vida a sus romeros, a los dulzaineros, a los bailarines del rondón y hasta los bueyes de la carreta de la Virgen. Ver bajo sus pinceles a los niños romeros en las carretas o bailando en la Herrería era una delicia y no digamos ver a la Virgen, más guapa y resplandeciente que nunca, gracias a los colores con los que impregnaba sus carteles. Algunas veces introducía caricaturas de personajes conocidos y hasta se autorretrataba: así vemos carteles con los Romeros Mayores; la subasta con Amparito Hernández a la que casi se la oye gritar; Alfonso Martín con su cara de buena persona; Gaby Sabau con su boina, albarcas, bota y garrota y a todos los bordaba simplemente con cuatro trazos y colores planos.

Con su muerte la Romería perdió al pintor de la Virgen y la gracia de sus carteles que cada uno es una obra de arte.

Nota: Felicidades por el precioso cartel de la Virgen de la Herrería 2.009.