La Cueva de Montalbo

La Cueva de Montalbo

Mina de amianto (La Foto no corresponde a la realidad)

Prácticamente desaparecido el otoño de nuestro calendario meteorológico, hemos pasado directamente al invierno ventoso, frío, lluvioso y con importantes nevadas. El Escorial no se ha librado y estos días, de mediados de noviembre, nos han demostrado que el bonito otoño escurialense ha pasado a mejor vida. A no ser que cambien las cosas parece que el invierno se ha instalado en nuestra Comunidad y en especial en nuestro pueblo y alrededores. Los colores tierras y ocres se han cambiado por el gris oscuro del cielo y el pálido de la niebla, colores mucho más tristes y que lo inundan todo. Atravesar la Lonja en uno de estos días es casi una aventura difícilmente superable por personas mayores y complicado por las que no tan mayores. Hace unos días tuve que hacerlo y tras llegar a la puerta de Palacio recordé la existencia de un paso subterráneo que unía Palacio con la Casa de Oficios y que me hubiera evitado el ventarrón desagradable.

Leyendo lo que un anónimo monje escribió sobre el inicio de la construcción del pasadizo la verdad es que asusta. Corría el año 1.769 y así describió los maravillosos días que el Monarca Carlos III disfrutaba en  el Monasterio, su Palacio de Jornada:

“Hallándose  nro. Augusto Monarca  Carlos III de Jornada en este Real Sitio el año de 1769, hizo un recio temporal, qual suele, de agua, nieves y ventiscas insufribles, siendo dignos de la mayor compasión los pobres palaciegos que tenían que pasar el trozo de Lonxa que media entre Palacio y Casas de Oficios, en donde se advierte tal desenfreno del ayre, que no hai valor ni resistencia contra su furia. Bastan sus soplos para que sin mulas corran los coches; abate y vuelca los carros cargados; hace rodar hombres y mujeres por los suelos como si fueran copos de estopa, de que no son pocas las escalabraduras y heridas. Sólo los señores que tienen coche experimentan algún alivio, aunque no sin susto, que una vez ha arrancado el ayre el techo del coche en que ivan quatro cavalleros. Mas los infelices cocheros y lacayos están expuestos juntamente con los ganados a ser víctimas de la tiranía del viento por la precisión de esperar a sus amos en este parage”. (*)

Así iniciaba el monje jerónimo el relato de la razón que llevó a iniciar los planes de la obra que comunicara el Palacio con la población sin tener que atravesar la Lonja. Y leyendo a Gaby Sabau  uno de sus muchos artículos que escribió en el “Semanario Escurialense” he conocido algunos porqués de esta obra de ingeniería llamada la Cueva de Montalvo de la que sabía de su existencia pero no he tenido el gusto de conocer. Por ejemplo he sabido que la obra fue así llamada, por ser el general ingeniero Montalvo quien propuso la construcción de una “calle subterránea”, oponiéndose a cualquier otra que afeara la construcción del Monasterio. Después sería el arquitecto Padre Antonio José de Pontones quien la consideró realizable y la valoró en 117.000 reales, siendo Grimaldi, Ministro de Estado de quien dependían los Reales Sitios, quien aportaría el dinero necesario. Aprobado el proyecto por el Ministro se comenzaron las obras en febrero de 1.770 quedando encargado de las obras el padre Pontones. Muchos serían los inconvenientes que tuvo que solucionar la obra realizada a “cielo abierto” dada la cantidad de roca y agua subterránea que hubo que extraer, desalojar y canalizar.

El Padre Agustino Miguel Modino también escribió en el Semanario Escurialense  sobre este tema dando datos muy interesantes sobre su construcción, la aparición de una mina de amianto y las críticas destructivas y mordaces que suscitó la obra y que alcanzarían al Padre Pontones.

No conozco que la “calle subterránea” esté abierta al público a pesar de que el propio Semanario recogía la noticia de la inmediata puesta en servicio del paso subterráneo, pero me gustaría que asi fuera.

(*) De este relato existen dos ejemplares manuscritos. Uno en la Biblioteca del Monasterio y otro en el Palacio Real.

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