«El Manitas» antigua taberna escurialense del buen Victoriano
Decíamos ayer, allá por el año 2.009, refiriéndome a los bares existentes en nuestros pueblos: “Los he contado. Tengo referenciados 131 en San Lorenzo (del Alaska a Zacarías) y 42 en la Villa (del bar Carmelo a Parada y Fonda). No sé si coincidirá con los registros de los Ayuntamientos respectivos, pero son los que tengo en mi archivo. Como las notas son del año pasado, me figuro que algunos habrán desaparecido y alguno habrá nuevo pero es lo que hay. Casi todos los he visitado más de una vez y los conozco porque he querido escribir una guía de bares y restaurantes pero nadie la quería editar. En el año 2.007, en San Lorenzo había 14.346 personas empadronadas. Si quitamos a niños y bebés; monjas y agustinos; enfermos; abstemios; personas mayores que no salen o están en residencias y guardias civiles y municipales que no deben beber de servicio, nos situamos en pocos miles que vayan a tomar una copa. Dado que existen 131 bares, pubs, cafeterías, restaurantes, hoteles etc. y en todos esos establecimientos, podemos llegar a la conclusión de que tocamos a 10-12 personas por establecimiento en los que podemos tomar un vino. ¿Qué les parece? La cuenta no es real pero podía serlo”.
Después de escribir esto que les he narrado me encuentro con un artículo de Gaby Sabau, Cronista Oficial del Real Sitio, en el querido “Semanario Escurialense” que me ha descubierto algo que no me podría haber imaginado. Se refiere Gaby al verano de 1.792 y aporta datos de que por mucho que intentemos cambiar, nuestra tradición es la taberna antes y hoy los bares para nuestra vida de relación.
Como todos sabemos, fue Carlos III quien levantó la veda de la construcción de viviendas fuera de los términos de los padres jerónimos que prohibían cualquier construcción fuera de los términos del Monasterio. Las Jornadas Reales necesitaban de aposentos para los muchos sirvientes y cortesanos que acompañaban a los Reyes en sus cacerías o días de descanso por estos lares. La construcción de viviendas y edificios llevaba aparejada la aparición, aunque muchos de ellos ambulantes, de multitud de fondas, bodegones y tabernas que dan siempre idea de la vitalidad de un pueblo. Cuenta Gaby. “Nada menos que treinta y dos fueron las tabernas que funcionaron en el verano, tomando como ejemplo, de 1.792, aparte de las fondas y bodegones y de los numerosos puestos o “botillerías” que se establecían en todas las esquinas para la venta de refrescos. De aquellas, estaban cuatro en la calle de la Cañada, que fue la primera que se empezó a construir, tres en la de las Pozas, y otras cuatro en la de San Antón, que debía ser el cogollo turista del reducido casco que ofrecía el Real Sitio, en el que se apretujaban en aquel año catorce fondas cuyos pintorescos nombres eran los siguientes: El Grifón de Oro en la calle San Antón 10;El Caballo blanco en Calvario 2,; La Cruz de Malta en la calle del Carbón; La Fontana de Oro en San Antón; el Globo en Calvario; La Catalana propiedad de Juan Reyes; la Casa del Volante en San Antón; El Parador de las Ánimas en la Plazuela del mismo nombre; La Fonda de San Antonio en la calle Calvario; la Fonda de los Tres Reyes en San Antón”. (Me llaman la atención los nombres de la Cruz de Malta y el de la Fontana de Oro nombres muy ligados después a la historia madrileña). Más tarde, cinco o seis años después, se establecieron otras muchas fondas, también con nombres pintorescos, que daban hospitalidad y hospedaje a los muchos acompañantes de sus Majestades los Reyes en sus días de Jornada.Diez bodegones completaban el cuadro hostelero que unidos a tres juegos de lotería, cuatro billares y otros centros de animación fueron el inicio de los veraneos escurialenses.
Alojerías, tascas, tabernas, fondas, y bodegones, todo forma parte de una cultura, la nuestra, que tiene al vino entre sus mejores armas de relación entre personas.
