Las Cabalgatas

“Las Cabalgatas”

Leer a Ussía me hace reir y hasta llorar según el tema que trate. Hace unos días y con este título, escribía sobre la Cabalgata de Reyes y los problemas que causa a los madrileños que no van a la Cabalgata y pretenden llegar a sus casas sin conseguirlo. Cuenta la historia de lo que ocurrió a una pobre señora que quería llegar a su casa y pidió a un municipal que le dejara girar pues vivía  enfrente y no podía llegar. Sólo oyó “circule” sin obtener ayuda por parte del policía que según dicen están para ayudar y no para causar problemas. Según Ussía, la señora lloraba de rabia por tener que dar una vuelta a Madrid para poder llegar a su domicilio por no haber obtenido permiso para girar en un sitio por el que no circulaba nadie.

Sin decirlo se entiende que no está de acuerdo con el desarrollo y la composición de la Cabalgata, más parecida a una de Carnaval que a lo que, según la Historia, representa la llegada de los Reyes Magos a Belén.

Al leerlo recordé el artículo que yo escribí en 2.009 sobre el mismo tema y que recuerda, en muchos párrafos, al que el lunes 9 de enero Alfonso Ussía escribía en “La Razón”.

Debo confesar que ni me gusta la actual Cabalgata de Reyes ni estoy de acuerdo con los problemas que trae a los madrileños que vivimos en los alrededores de donde se desarrolla y que estamos hartos de aguantar tanta manifestación, carrera de bicis o maratones populares incluyendo desfiles y cabalgatas. Parecemos madrileños de segunda. Aguantar en esta zona de Madrid es para tener derecho a una reducción del IBI y del Impuesto de Circulación.

“La Cabalgata de Reyes”

(Diciembre de 2.009)

 

Por esas casualidades que suceden en la vida y sin yo quererlo ni proponérmelo, el pasado día 5 de enero me encontré esperando la salida de la Cabalgata de Reyes en los Nuevos Ministerios. La Castellana se había cortado en sus carriles centrales desde las 10 de la mañana lo mismo que otras muchas calles laterales para dar cabida a las carrozas en su larga espera. Como vivo junto al Bernabéu me tocan todo tipo de manifestaciones: cabalgatas, ciclismo, manifestaciones sindicales, maratones, fútbol y cualquier otra que se les ocurra, pediría que volviera al antiguo emplazamiento en el Paseo de Coches del Retiro y así no se molestaría tanto a los madrileños que ese día trabajan o van de compras.

Había estado en unos almacenes y a la salida una riada de padres que parecían pintores de brocha gorda con sus escaleras en la mano, acompañados de sus niños, su suegra y algunos amigos, se acercaban a ver la Cabalgata en la Castellana. Decidí adentrarme en mis pensamientos y recordar cuando de pequeño, iba con mis padres, arropado de ilusión, a la Plaza de Colón y me quedé, junto a los Nuevos Ministerios, apoyado en una barrera puesta por el Ayuntamiento esperando el inicio de la Cabalgata de los Reyes Magos. Esperé tranquilo la salida de sus Majestades y a los pocos momentos unos pechos de mujer se aparcaron en mi espalda y me empujaban contra la barrera para ver si me retiraba y le dejaba el sitio. Al ver que no hacía caso a su provocación se fue hacia otro lugar. En ese momento un niño hacía pis junto a mí y me mojaba los zapatos. Un paparazi que llegaba tarde le prohibieron pasar y juraba en arameo, a pesar de estar en una cabalgata cristiana y casi se lo llevan detenido.

Delante de mí dos escuadrones a caballo de la Guardia Civil con sus vistosos uniformes de gala, esperaban la salida de las carrozas reales para darles escolta. Como se retrasaba el inicio de la Cabalgata, los caballos se empezaron a poner nerviosos y hartos de esperar comenzaron uno a uno y casi acompasados a hacer sus necesidades sobre la calzada, mientras los señores de la limpieza que estaban detrás de ellos y que les acompañarían  durante todo el recorrido por la Castellana, no daban abasto a limpiar y recoger la porquería.

Se inicia la Cabalgata y las pocas carrozas que yo veía empezaron a andar y a tirar caramelos con la mala suerte que uno con el envoltorio de Caja Madrid me pegó en la cabeza y he pensado en cambiar de Banco por el daño que me hizo el caramelo.

Cada año que pasa esta cabalgata se parece más a la que se hace en Carnaval y a otras con Carliños Braun a la cabeza bailando samba y es que se han perdido las raíces cristianas y la verdadera misión de la adoración al Niño Jesús que cumplieron los Reyes Magos. Todo cambia pero a peor. Melchor, Gaspar y Baltasar, guiados por una estrella, ahora lo hacen con las luces progres de la asesora de las Artes, Alicia Moreno, que no es muy religiosa que digamos como ella misma ha reconocido. Llevaron regalos al Niño y se fueron sin ver a Herodes que les había pedido que le informaran. Hoy como no hay Herodes, los recibe Gallardón. No hay estrella, ni camellos, ni Niño al que adorar. Baltasar-el de la Cabalgata- no era de raza negra, estaba pintado, con la cantidad de hombres de esa raza que viven en Madrid y por si fuera poco el Rey Gaspar, me figuro que el de I.U- los tres son concejales del Ayuntamiento- llevaba un pañuelo palestino al cuello.

Hoy la cabalgata lleva saltimbanquis, titiriteros, bufones, equilibristas y payasos sobre zancos o haciendo malabares y cada vez se parece más a la Cabalgata de un circo. Las carrozas además de cursis, al menos las que yo vi con sus pájaros frutales acompañándolas, me recordaban a fallas valencianas aunque reconozco que eran muy coloristas y bien realizadas. En definitiva me quedo con la de la Villa del Escorial, más modesta y sencilla pero más auténtica, cristiana y real. Que no quiten la ilusión a los niños pero que no se falte a la verdad.

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