La paloma

Después de las fiestas de San Lorenzo, están a punto de llegar las dos Romerías que relucen más que el sol. La de la Virgen de la Herrería patrona de la Muy Leal Villa, que saldrá de San Bernabé camino de su Ermita el próximo día 5 de septiembre y la Virgen de Gracia patrona de San Lorenzo, que desde su Santuario de Floridablanca se traslada a la Ermita de la Herrería el día 12. Pero para mí y para muchos madrileños, otra patrona muy querida, aunque no sea la oficial de Madrid, ha salido en procesión, el día 15 de agosto, del templo parroquial de San Pedro el Real donde se venera en el Altar Mayor el cuadro de la Virgen de la Paloma. Como es tradición, los bomberos de la ciudad, de los que la Virgen es su patrona, descienden el cuadro en un acto de devoción, emotivo y entrañable aunque este año ha estado marcado por los actos de reivindicación de los profesionales a causa del conflicto laboral que mantienen con el Ayuntamiento. Poco después arropada por miles de castizos madrileños, se inicia la procesión por la Gran Vía de San Francisco, Puerta y calle de Toledo, Plaza de la Cebada, San Francisco el Grande, calle de Calatrava para por la calle de la Paloma, regresar a su santuario. En la procesión no se cantan saetas pero si schotis al son de algún organillo, que como el de la Taberna El Madroño, todavía quedan en Madrid. Y junto a la Virgen los chulapos con sus parpusas (gorras), safos (pañuelo blanco), mañosas y gabrieles (chaqueta y chaleco de pata de gallo), sus alares (pantalones negros) y sus calcos (zapatos de charol) dan el brazo a las chulapas con sus claveles rojos o blancos (según casadas o solteras) y sus vestidos de chiné de pequeños lunares negros, con un sólo volante, mangas de jamón y can-can. Dicen que del volante depende la gracia del traje que como apuntan en la asociación De Madrid al Cielo, “la madrileña con vestido chiné, debe parecer un abanico”.

Tres son las Fiestas que se celebran en los barrios de Lavapiés, La Latina y Plaza de Cascorro: San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma verbenas que están tan juntas que parecen una única verbena pero con orígenes y características muy distintas. Recorrí hace unos días con un grupo de amigos esas calles cuando se estaban engalanando y ya se respiraba el aroma de las Fiestas. Desde la Gran Vía de San Francisco hasta las vistillas se colocan las casetas del recinto ferial. Recorrimos algunas casetas que se estaban preparando y palpé los distintos olores a fritanga que se iban sucediendo a medida que descendíamos por la Ribera de Curtidores: churros, entresijos, gallinejas, patatas fritas, palomitas… Pero como es típico, nos fuimos a tomar el aperitivo a la Casa de los Caracoles en plena Plaza de Cascorro. Allí nos “apretamos” una frasca de vino tinto y unas raciones de caracoles que, aunque reconozco que estaban buenísimos, en nada pueden envidiar a los que hace y prepara con cariño el Chispa aquí en la Villa.

Para los que no lo sepan, según cuenta el madrileñista José Julio García, la clave de esta festividad y el nombre de la calle tienen su origen en una paloma que se crió, allá por el siglo XVIII, en unos corrales que poseían las monjas del convento de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares. Esta paloma acompañó el carro en el que se trasladó en procesión a la Virgen de las Maravillas hasta el templo de San Justo en la calle de la Paloma junto a la actual Plaza del Dos de Mayo. Cuantos vieron a la paloma salir de la torrecilla del horno de los corrales de las monjas la reconocieron como la misma. Desde entonces así se llamaron a aquellos cerrados y a la calle que se abrió en el lugar.

Coincide que en el descampado de los abandonados corrales, unos chicos jugaban al toro con un lienzo de la Virgen, Nuestra Señora de la Soledad. Cuando les vio Isabel Tinterolo recupera el lienzo y da unas monedas a los chiquillos. Arregla el lienzo y coloca un retablo en el portal de su casa en al calle de la Paloma y allí se empieza a venerar la imagen dándola fama de curar enfermedades por lo que oleadas de gente comienzan a llegar a la calle de la Paloma. Las madres iban a ofrecer a sus hijos en su primera salida después del parto. Mi hija y mi nieta se llaman Paloma.

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