Siempre me ha llamado la atención la piedra que preside la esquina de la torre del Colegio del Monasterio. Piedra llamada de Santa Teresa, ya que según cuenta la leyenda, la Santa se sentó y sacudió el polvo de sus alpargatas después de que Felipe II le negara ayuda. De niño me he subido a ella para jugar y he visto como otros niños hacían pis encima y desde hace mucho tiempo me he preguntado qué coño (con perdón) pinta esa piedra berroqueña, de forma casi cúbica, rompiendo la línea recta y limpia que separa las dos fachadas del Monasterio. A pesar de la horizontalidad de la inmensa obra – creo que fue Miguel Fisac quien dijo que el Monasterio parecía un rascacielos tumbado- la verticalidad de sus líneas se unen en el cielo y esa piedra casi cúbica rompe, todavía más, la limpia esquina.
He consultado, preguntado y buscado una explicación clara y definitiva sobre el origen de esta piedra de granito que sobre un basamento cuadrado lleva años vigilante, divisando desde su posición dominante toda la superficie de la Lonja. Parece, a veces, que mira a derecha y a izquierda vigilando que no ocurra nada en ese tapete de piedra que es La Lonja. Subido en ella el escenario es maravilloso. Las Machotas y el Monte Abantos, abrazando el Monasterio, forman un decorado digno de la obra que se representa frente a ellos.
Chema Gómez Hontoria recogía en el “ECO de la Sierra” hace ya algún tiempo, nuevas teorías para mí sobre la función original de la famosa piedra y que con su permiso me permito transcribir:
“De todo el Monasterio mi rincón favorito es esta esquina, desde dónde se aprecia esa rectitud y en la que está ese trozo de piedra, ese pequeño cubo que nadie sabe lo que hace allí. Muchos lo usan de papelera ya que el goteo de años ha erosionado su cara superior, otros para subirse o subir a sus niños. Sobre la función original de este pequeño cubo se ha especulado mucho, desde que es un marcador de energía o un soporte para una cruz. En los grabados antiguos que he visto no aparece nada en esa esquina, la piedra no se distingue pero desde luego ninguna cruz ni nada de eso”.
A mí siempre me ha parecido como si a la piedra le faltara algo. Dala impresión de que era más grande o era soporte de algo, pero que el tiempo o Dios sabe qué, han ido deteriorando hasta verla en el estado que hoy se encuentra.
Cuando pregunto se me contesta con teorías que no dejan de ser eso, teorías lejanas a la realidad o simplemente historias o anécdotas con poca credibilidad. Hace unos días alguien me dijo que era una rosa de los vientos y que existían unas marcas sobre ella. Miré y ninguna marca me hacía creer en esta teoría.
A la vista de ello pregunté a otro gran amigo y conocido gurriato, mi oráculo particular al que consulto mis problemas históricos y me dio una nueva versión, que al menos parece más creíble. Me decía haber leído que los bueyes con carretas, en cuya caja trasladaban inmensas piedras para la construcción del Monasterio, a su paso por esa zona, tenían la tendencia de arrimarse a la esquina y que ésta podría sufrir roturas y desconchones. Para ello se colocó esta piedra, a modo de guardacantón, que evitaría que los bueyes rozaran la esquina. Y mientras me contaba la función que tendría esta piedra, me asaltaban varias preguntas que me fue desmontando con su gran conocimiento de las cosas escurialenses.
-¿Por qué una vez terminada la obra no la hicieron desaparecer? La verdad es que las carretas seguían y se utilizaban después con los borbones- me dijo.
-Y ¿por qué sólo existe en ese punto?-le pregunté.- Pues eso no es cierto, me contestó. Existen dos en la puerta de Palacio y otro en el esquinazo del estanque, zona por donde se movían también las carretas con productos de la huerta de los frailes. Cierto es que otros guardacantones existen en el centro del pueblo como en la fachada de la farmacia de Cos en Florida, en la esquina de la Casa de Martínez Sobral (La Cueva) junto al “Madrid Sevilla” o en la Casa del Cónsul de Francia que Villanueva construyó en 1.769 en la que hoy es la c/ del Rey. A ambos lados de la puerta principal, adosados a la pilastra de granito y en la esquina con la calle Patriarca, se pueden ver guardacantones pero de mucha menos altura y volumen que el de la Lonja. Todos ellos adosados a la esquina y no así el de la Lonja que es exento, no pegado a la fachada y mucho más grande que a los que nos hemos referido.
(Guardacantón de la Casa del Cónsul de Francia)
Lo que habría que preguntarnos, es el por qué nadie, durante siglos, se ha planteado quitar la piedra, mojón o guardacantón, de La Lonja del Monasterio. Tal como hoy está, no dice nada a no ser que haya alguna otra historia detrás que me gustaría que alguien me trasmitiera o diera a conocer.


Estimado Jesús,
En mi investigación sobre la novela, a través de la Conservadora Jefe del Monasterio, Almudena Perez de Tudela, recibí la siguiente respuesta del profesor Agustín Bustamante: «Respecto a la piedra que está en la esquina de las fachadas norte y oeste, se colocó allí para recibir el agua de lluvia, y que la caída desde la cornisa no perforase el suelo de la Lonja e inundase los sótanos del Colegio. El agujero que tiene, y que hoy está lleno de guarrerías, es consecuencia de la erosión del agua de lluvia que cae desde lo alto del edificio. Lo que ya no se es cuando se coloca ese bloque en ese sitio».