Por San Blas la cigüeña verás

El pasado día 10 de enero, vengo de Madrid por la carretera de Galapagar y unos metros antes de la Granjilla una pareja de cigüeñas se cruzan en mi camino sin apenas mirarme. Eran las cinco de la tarde y parece que acababan de llegar a su nido de muchos años pues se las ve limpiando y acicalando su casa.

Aunque el macho es el primero en llegar y después lo hace la hembra, la verdad es que la pareja se han conocido durante todo el invierno donde se han apareado. No han esperado a San Blas que es el 3 de febrero para llegar al Escorial y cumplir con el refrán: “Por San Blas la cigüeña verás” quizás porque han decidido quedarse a vivir aquí.  Las estaciones frías son cada vez más cortas y suaves por lo que las cigüeñas las resisten perfectamente y tienden cada vez más a quedarse en nuestros lares sin ganas de emigrar a países más cálidos.

No sé hoy día los nidos ni el número de cigüeñas que existen en España pero conozco los datos recogidos del censo de cigüeñas realizado en 1.997, realizado por la Sociedad Española de Ornitología,  El Escorial con 86 nidos, seguido de Getafe, con 85 y Alcalá de Henares con 72 eran los pueblos de la Comunidad de Madrid que tenían una mayor densidad de zancudas. Sé que es un dato antiguo pero es lo que hay.

Me gustan las cigüeñas y me gusta verlas en El Escorial volando sobre las fincas que limitan con la Ermita de la Virgen de la Herrería. Me gusta ver su vuelo pausado, disfrutando del aire y como recreándose en el cielo. Es como el vuelo sin motor que va buscando las capas de aire para definir su vuelo, sin más ayuda que los movimientos de las masas de aire en la atmósfera. Me gusta verlas al caer el día, como algunas quedan como detenidas en el aire buscando la mirada de sus cigüeñitos,  mientras otras planean en el cielo ya plomizo. Luego, sin necesidad de controladores aéreos, calculan la aproximación al nido, pliegan sus alas y descienden con precisión sobre los precisos montones de ramas y deshechos. Me gusta ver como fabrican los nidos a base de ramas, limo y plásticos que recogen con su largo pico y van amontonando en una arquitectura  rural y que llegan a pesar de 500 a 600 kilos. Dicen que en Alfaro en los nidos enormes, las cigüeñas cortejan a sus parejas, atusan sus plumas, intercambian arrumacos con el pico y crían a sus polluelos, pero creo que así es en cualquier pueblo.

Sus parcelas favoritas donde colocar su “chalet” son los tejados y campanarios de las Iglesias. El tañer de las campanas no les afecta pues están acostumbradas a su sonido desde el huevo.

Decía Gloria Fuertes en uno de sus preciosos poemas para niños:

 

Con sus plumas blancas
y su largo pico,
busca la comida
para el cigüeñito.
Con sus patas largas
con su pico largo,
la cigüeña vive
en el campanario.
Por la tarde,
cuando tocan al rosario,
la cigüeña,
sueña.
Temprano por la mañana,
cuando suena la campana
la cigüeña se despierta,
-se cree que a han puesto allí,
(a la campana) para ella-.
Con sus patas largas,
elegante y bella,
al pueblo embellece,
la cigüeña.

 

Es cierto que con las cigüeñas, los pueblos embellecen. Nuestros pueblos se ven más bellos con la llegada de las cigüeñas. ¡Me gustan las cigüeñas!

 

 

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