Llegó la nieve al Escorial

(Foto antigua)

Con la nueva “enfermedad” atmosférica llamada “ciclogénesis explosiva” ha llegado la lluvia, el viento y la nieve al Escorial. Acaban de llegar las cigüeñas y aparece la nieve aunque no haya querido caer en las calles del pueblo aunque en su caída desordenada, sí se ha posado en las copas de los pinos y en la cresta del Monte Abantos y de sus alrededores. La piel del monte se ha tornado blanca dejando ver el verde de las copas de los pinos. Navacerrada, desde mi casa, tiene una alegría blanca que hace mucho tiempo que no tenía. Se moría de tristeza y parece haber rejuvenecido.

Hoy me ha hecho recordar las intensas e inmensas nevadas que se daban en El Escorial y que se tardaba varios días en normalizar sus calles y las urbanizaciones de nuestros pueblos. Ahora es distinto. Parece que algo está cambiando. Cae la nieve pero casi pidiendo perdón al menos en El Escorial. Llega sin hacer ruido, callada para intentar no llamar la atención mientras cae sobre nuestro pueblo. Sus copos, pequeños, se entrecruzan y caen como plumas blancas de una almohada cuando se rompe.

Es bonita la nieve cuando cae como antes lo hacía. Crea paisajes nunca vistos. Con la nieve se puede crear poesía y los niños crean arte con sus muñecos de traje blanco, nariz zanahoria y ojos de botones negros. Inmóviles y fríos espantapájaros blancos con los que disfrutan lanzándoles bolas blancas como su propio cuerpo.

La nieve crea nuevos paisajes en el Escorial. Sus monumentos de granito cambian al vestirse de blanco armiño y aparecen con una visión casi fantasmal y desconocida, pero maravillosa.

 

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