Una pareja, creo que de argentinos, me preguntaba el otro día en San Lorenzo, que era ese espacio que veían desde la verja de la calle Floridablanca. Sinceramente no supe que contestarles y se me ocurrió decirles que era El Parque. La cara de extrañeza que pusieron fue un poema y ella me dijo con amabilidad, cortesía y un poco de guasa:
– Pero será pequeñito ¿no?
“Es el Parque un gran local descubierto, rodeado de frondosos árboles en tres de sus costados, y ocupada su parte central por una amplia pista de baile, a cuyo alrededor, en bancos y sillas, se coloca el público para presenciar las evoluciones de los danzantes y alrededor de la cual tiene lugar el paseo. Está provisto de un bar y adosado a él se encuentra el cine del mismo nombre. Es lugar de reunión de toda la colonia que diariamente confluye a él en las últimas horas de la tarde”. Así describían Álvaro Suárez Valdés y Carlos Sabau Bergamín, en su libro “El Escorial”, el precioso lugar llamado El Parque situado en el corazón del pueblo de San Lorenzo, junto a la Primera Casa de Oficios proyectada por Juan de Herrera “para oficios de boca y aposentos del Servicio Real” cuando los Reyes visitaban San Lorenzo y se instalaban en el Monasterio.
En otro tiempo, este amplio espacio, llamado el Jardín de las Monjas, y bautizado a principios de siglo como de Alfonso XIII, con grandes castaños, pinos y pinsapos, “fue mansión de ruleta y caballitos”. Desaparecido el juego fue el centro neurálgico de reunión de la Colonia y donde tenían lugar las grandes fiestas del verano escurialense y en especial la de proclamación de la Dama Regidora, dama de la colonia veraniega que regía los meses veraniegos y presidía junto a las Damas Asesoras, sus fastos y fiestas. Un espacio que fue cine de verano y que en sus muchos años de utilización para uso público, tenía una pista de baile rodeada de palcos, un escenario donde se celebraban representaciones de teatro, zarzuelas, magia y espectáculos infantiles; un bar restaurante con una magnífica terraza y hasta una bolera de cemento, una de las dos que existieron en San Lorenzo.
Era el Parque, por su gran capacidad, el espacio donde tenían lugar las grandes fiestas de la temporada veraniega, además de celebrarse grandes y animadas verbenas todos los sábados del verano. Su bar-restaurante, su terraza para merendar, la bolera, las tardes de juego de canasta de las señoras y las fiestas y verbenas, hacían de este espacio el centro neurálgico de los vecinos y de la colonia veraniega que llevaron a San Lorenzo a ser el centro de los veraneos de la sierra madrileña.
Hoy día el Parque es un espacio sucio y destartalado que se utiliza, cedido por el Patrimonio Nacional al Ayuntamiento, para las fiestas patronales, la construcción de carretas de la Romería, algún acto o fiesta municipal, para la Feria del marisco y poco más.
Este espacio, dejado hoy de la mano de Dios, con poco uso a excepción de algunas representaciones y bailes durante la Fiestas Patronales, debería convertirse en el centro vertebral del pueblo para uso y disfrute de sus vecinos y veraneantes. Un espacio multiusos donde se recuperen las fiestas veraniegas, las terrazas que existieron, el bar-restaurante y un escenario móvil para adaptarse a cualquier tipo de espectáculo. En el subsuelo, el Patrimonio debería de autorizar un aparcamiento para vehículos obra que se puede realizar, hoy día, sin tener que suprimir ningún árbol y sin modificar su aspecto exterior, remodelación que además de mejorar el estado de abandono y dejadez actual, servirá para esconder y dar servicio a la multitud de vehículos que hoy no pueden aparcar en las colapsadas calles del casco urbano.
Creo que ya es hora que el Ayuntamiento de San Lorenzo llegue a un acuerdo con su hermano rico, el Patrimonio Nacional, para la adecuación, remodelación y modificación de este espacio situado en pleno corazón del pueblo y que no ocurra como lo acontecido con el Batán, que lo han dejando morir, tal como lo denunciábamos en una colaboración anterior.
