La foto de los senadores españoles con un pinganillo en el oido escuchando a otro senador español hablando en vasco, catalán, valenciano o eusquera es de dar vergüenza a propios y extraños. No se lo que habrán pensado los extranjeros, los mercados internacionales o los próximos turistas al ver a una Institución del Estado de un país soberano, hablando entre si con un pinganillo en el oido. No entenderían que en el hemiciclo se hable en las cuatro lenguas co-oficiales autonómicas y en los pasillos y en la cafetería del Senado, se quiten los adminículos auditivos y hablen en castellano para entenderse porque en los pasillos no existe traducción simultánea.
¿Qué nos quieren vender estos mamelucos? ¿Que el Senado es la Cámara territorial y como tal se utilizan las lenguas co-oficiales de estos territorios? ¿O quieren dar la imagen de la pluralidad de lenguas y culturas de España?
El primer Pleno con servicio de traducción simultánea tuvo muchas anécdotas propias de tamaña gilipoyez. Ausencias notables de senadores del PP que no entran por el aro del pinganillo. Del Gobierno sólo estuvo presente Leire Pajín, que no se puso el pinganillo porque dice que entiende el catalán, (será de lo único que entiende). Un senador como loco por los pasillos gritaba que no quería hacer el ridículo y que no se pondría el pinganillo para entenderse en una Institución del Estado.
La Real Academia define pinganillo como “carámbano; pedazo de hielo”. Pero lo más curioso es que en femenino pinganilla lo define como “persona sin importancia y de poca valía”. Yo a partir de ahora, en lugar de senadores los llamaré pinganillas que define mejor a los que utilizan este adminículo. A la vista de tanto e importante uso, la RAE seguro que lo incluye en la próxima revisión que haga del Diccionario de nuestra lengua española como “objeto que se pone en el oido las señorías del Senado, para entenderse entre españoles, mediante traducción simultánea de las lenguas autonómicas, sin acordarse de que tienen una lengua comun”.
Como chiste no está mal. Lo raro es que con la facilidad que tenemos los españoles para crear un chiste de la situación más insospechada, no me haya contado ninguno todavía. Sólo he visto el de Mingote con su magnífica viñeta en el ABC.
Figúrense al Presidente del Gobierno teniendo que escuchar en traducción simultánea y con el pinganillo colocado en su oido, a un compañero de su propio partido decir su discurso en catalán. O como dice el diario La Razón “el despliegue de 25 nuevos traductores y 400 pinganillos para que un senador andaluz del PSOE “entienda” lo que le dice otro senador andaluz del PSC, sería sencillamente hilarante si no fuera porque implica un desembolso obsceno..”
Entiendo que solamente se hace traducción simultánea en las lenguas co-oficiales, pero al paso que llevan estas memeces, cualquier día, no sería de extrañar, que se oficializaran otras lenguas como el castúo (extremeño), el bable (asturiano), el panocho (murciano), el guanche (canario) y todo dialecto que se precie. Dada la complacencia de este Gobierno con los nacionalismos minoritarios en busca de la tranquilidad parlamentaria, bastará con que lo necesite para ganar una votación y ahí tenemos la traducción simultánea al bable de los discursos de los pinganillas.
Propuesta de la periodista Victoria Prego: que el senador o pinganilla de turno haga su traducción él mismo al castellano después de su discurso en catalán, vasco o gallego. Las sesiones se harían interminables, pero tendría la ventaja de que los discursos serían más cortos y al segundo, ya no quedaría nadie en el hemiciclo a excepción de los dos o tres pinganillas del partido que está en el uso de la palabra.
Además de una estupidez inconmensurable es una iniciativa muy cara para los tiempos de crisis en los que estamos viviendo. Según datos oficiales la traducción simultánea de un día de sesión, cuesta al erario 12.000 euros por lo que se han presupuestado para todo el año la “simple” cantidad de 350.000 euros. Para justificar este dispendio absurdo, una senadora socialista ha dicho que es el chocolate del loro. Hoy día con tal de justificar los gastos que podrían desaparecer y conseguir el ahorro que nos están pidiendo, siempre se apela a que “estas partidas son el chocolate del loro” Todo es el chocolate del loro: los coches oficiales, los asesores, los liberados sindicales, las subvenciones a los sindicatos, a los de la Zeja, a las organizaciones empresariales, pero si sumamos todos los chocolates, llegarían a sumar miles de chocolaterías.
Todas estas situaciones chocantes obedecen a una perfecta estrategia socialista de hacer el caldo gordo a los nacionalismos, anteponiendo el interés de su partido al de todos los españoles que no entienden tamaño despropósito. Las lenguas co-oficiales están protegidas y se han venido usando sin problemas hasta que se han utilizado políticamente y como en el caso de Cataluña desplazando y marginando al idioma oficial: el castellano.
¿No sería más llamativo y con menos gasto, que los senadores pinganillas fueran vestidos con sus trajes regionales? Así se representaría mejor la España plural y sería más vistoso ver un hemiciclo más colorista con sus trajes autonómicos. Sería gracioso ver a Anasagasti vestido de chistulari vasco, a Fraga de gaiteiro gallego o a Javier Arenas de traje corto sevillano.
Dentro de poco, las Agencias de viajes podrían incluir entre sus promociones, un viaje a Madrid a contemplar semejante espectáculo de nuestros pinganillas, incluyendo un tablao flamenco por la noche.
