Los presos construyeron el Canal

Escribía, en un artículo anterior, sobre el Valle de los Caídos y contaba alguna anécdota referida a la tan manida historia de su construcción por los presos políticos. Me refería a que tal como se cuenta por sus detractores, no era toda la verdad ya que algunos presos pedían ir a las obras de construcción del monumento porque allí tenían más días de redención de las penas, cobraban un mayor salario o creían tener más facilidad para escapar.

Cuando se habla de este tema siempre en plan ofensivo hacia el anterior Jefe del Estado nos olvidamos que en España el uso de los presos para construcción de grandes obras, ha sido una práctica, si no habitual, si necesaria en algunos momentos de nuestra historia. Y nunca se ha criticado ni escrito nada sobre ello.

En 1.851 y por una Orden de 9 de Agosto (según cuenta la revista Madrid Histórico en su nº 24) se establece una prisión en las cercanías del Pontón de la Oliva con el fin de realizar las obras de la conducción de las aguas del río Lozoya hasta Madrid, inicio de lo que sería el Canal de Isabel II. Allí llegan los primeros 400 presidiarios de la prisión de las Cabrillas (Valencia). Existían muchos detractores pero también se esgrimían muchas razones. Entre ellas la de dar trabajo a los presidiarios evitando mantenerlos en mazmorras o ser ajusticiados, o la de que muchos de ellos, al pasar varios años en las obras, se convertían en maestros especialistas en algunos oficios necesarios para la construcción de la canalización de aguas a la capital. Con ellos se mantenía el esfuerzo de muchos brazos necesarios y mano de obra barata en comparación con otras obras civiles.

Hasta finales de 1.852 el número de presos se va ampliando y llegan de otras provincias españolas hasta alcanzar la cifra tope de 2.000 confinados. A estos presos se les encarga la realización de la presa y de las conducciones hasta Madrid.

Se consideró necesaria para el buen fin de la obra, la construcción de una presa de contención en la zona de Pontón de la Oliva con el fin de levantar las aguas para que así llegara a los edificios de la parte mas alta de Madrid y al barrio de Chamberí que se estaba construyendo en esos años. El rey consorte, Francisco de Asís, en nombre de la reina Isabel II que guardaba reposo por uno de sus embarazos, colocó la primera piedra de la gran obra.

La historia, contada en esta revista está llena de detalles de cómo se construyó el campamento, como vivían y los más de 800 muertos fallecidos durante las obras por causa de la disentería, la gastroenteritis, cólera, paludismo, ahogados, por peleas entre ellos, o por desprendimientos y aplastamientos. Aquí se inicia la historia del Canal de Isabel II que la Reina inaugura el 24 de junio de 1.858 llegando el agua del río Lozoya a Madrid.

Pero también se cuenta que en 1.852 se concede la libertad de cien confinados y cada seis meses se producían nuevas puestas en libertad además de que al finalizar las obras, se concedió una rebaja general de las penas a la cuarta parte de la condena.

También relata el artículo que fueron presidiarios los que construyeron el Canal de Castilla, las carreteras de las Portillas de Vigo, de Málaga a Motril o de Jaén a Bailén, las obras del Camino de Francia y la carretera de las Cabrillas en Valencia.

Pero hablar de estas obras sería políticamente incorrecto y por eso de todas ellas no se habla sino sólo de la construcción del Valle de los Caídos por presos políticos.

Se podrá argumentar que no eran presos políticos los que construyeron esas obras sino presos comunes. Es cierto, pero siempre me he preguntado que hubiera pasado si Carrillo, el de Paracuellos; la Pasionaria, alias la “zarina” y todos los demás republicanos hubieran ganado la guerra. Está claro que no se habría construido el Valle de los Caídos, no por ser ateos sino porque lo mas seguro que no quedarían presos políticos para hacerlo. Que cada cual saque sus conclusiones.

 

Ya están aquí

Cumpliendo con su calendario, han llegado unos días antes de Semana Santa para endulzarnos los días hasta que se celebre la Romería de la Virgen de Gracia. Después marcharán a su tierra y volverán por Navidad para traernos sus delicias de almendra en forma de turrón.

 

La profesora le pregunta a Juanito:

-A ver Juanito que son los valencianos.

-Señorita: los valencianos son los helados que venden en El Escorial.

 

Las risas y carcajadas de los compañeros se pudieron oir hasta en el patio de recreo y la profesora castigó a Juanito por no saberse la lección de geografía. Pero Juanito tenía razón; él sólo conocía a Los Valencianos, esos heladeros a los que compraba helados durante los veranos en San Lorenzo del Escorial.

Hay cosas agradables que recordar y todavía más si esos dulces recuerdos de niño, como los helados, los sigues saboreando hoy día después de más de sesenta años y fabricados por los hijos y familia de los que fueran sus fundadores.

Unos días antes de Semana Santa, llegan puntualmente a San Lorenzo las familias que desde hace muchos años nos endulzan y engordan los días, fabricando esos deliciosos helados, la refrescante horchata de chufas y el sano y granizado zumo de limón. Según mis datos, que creo ciertos, Lázaro y Fernando, dos hermanos alicantinos, recalaron en San Lorenzo del Escorial allá por 1.942. Lázaro, casado con Teresa, venía de trabajar en la fábrica del whisky DYC en Segovia, la fábrica de Nicomedes García, donde también se hacía el Anís Castellana. Desconozco porqué se instalaron aquí los dos hermanos pero se lo agradezco de corazón por los buenos ratos que nos han hecho pasar y aunque desde la distancia de su tierra, seguimos pasando.

En aquellos primeros años recorrían las calles de San Lorenzo con sus heladeras al hombro llenas de ilusiones y helado de vainilla, chocolate y polos de chufa; primero andando con la heladera al hombro y después en bicicleta y con carrito de madera que empujaban desde La Lonja del Monasterio o desde la Plaza de Cruz, hasta su cuartel general en la calle Medinaceli. Más tarde se motorizan y sustituyen sus largos paseos andando con su heladera al hombre por los mismos paseos pero con carritos de motos. Desaparecían a finales de septiembre para ir a hacer turrón a Alicante y regresar por Semana Santa. Hoy traen el turrón, magnífico por cierto, a la tienda que tienen en la calle Juan de Leyva, que en verano es heladería y en invierno, los días de Navidades, se convierte en turronería.

Yo vivía en verano en el Plantel, en la calle de Coronel de Diego y aunque la guerra diaria de mis padres era que durmiéramos la siesta después de comer, la verdad es que no nos acostábamos hasta que se oía la voz de Lázaro o de Fernando, pregonando los helados de vainilla, la horchata o el limón granizado. Comprábamos un helado y ya podíamos ir tranquilos a dormir la siesta. Los helados de galleta, llamados de corte, se servían con un instrumento sencillo y original. Colocaban una galleta de vainilla y bajaban una palanca hasta que el grosor coincidiera con el precio que habías solicitado. Después lo rellenaban de helado con una paleta y terminaban la operación con otra galleta, quedando un helado de corte o tipo sándwich. Se apretaba la palanca del aparato hacia arriba y salía el helado listo para degustar.

Recuerdo a los chicos que vendían los helados en la Lonja o en la Herrería. Llevaban chaquetilla blanca y un gorrillo, blanco también, tipo marinero que recordaban a las películas americanas de Fred Astaire y la Rogers.

¿Quién no ha visto un carro de Los Valencianos en la plaza de la Cruz o en la Lonja frente a la puerta del Monasterio? En ellos se anunciaban los helados del día: limón, mantecado, polo de chufa, coyotes, horchatas y limón granizado. ¿Se acuerdan de la moto tirando del carro, que desde la Lonja subía por la calle del Rey para ir a encerrar en la calle Medinaceli?

Desde mi peculiar perspectiva, no se concibe, o al menos yo no concibo, la vida del Escorial en primavera, verano y ahora también en Navidades, sin los helados, horchatas, granizados o turrones de Los Valencianos.

Semana Santa o vacaciones

Para los católicos y creyentes empieza la Semana Santa, la Semana de Pasión aunque también para algunos una semana de vacaciones. Para los agnósticos y ateos es sólo una semana lúdica, de vacaciones y de descanso, en lugar de una semana de fe, devoción y vida interior y familiar. En Cuba, atea por su constitución, no tienen vacaciones durante esta semana, como es lógico en un país que no celebra estas fiestas religiosas. Esto mismo pasa en todos los países para los que “la religión es el opio del pueblo”. En nuestro país no. Aquí la Semana Santa es fiesta para todos, para los creyentes y lo no creyentes; aquí se es ateo por la gracia de Dios o como dijo una señora en televisión: “gracias a Dios que me van a dejar, de una vez, apostatar de la religión católica”; un país en el que se va a las procesiones para lucir la mantilla y luego se alardea de reírse de los que van a misa y de no creer en los curas; o el país en el que Paquirrín, el hijo de la Pantoja, se lleva a su piba para darse un morreo en un balcón de la calle Larios de Málaga al paso del Cristo en una procesión de la Semana Santa como vimos en televisión.

Pero esto se va a arreglar porque Zapatero ha dicho en la reunión de esa cosa llamada Alianza de Civilizaciones, celebrada en Turquía y que nos está costando una pasta, que esta Alianza será la casa de todos donde “reine el respeto a las religiones, a la cultura y en general entre las gentes y las naciones”. Y mientras, el año pasado, sus correligionarios socialistas, concejales del Ayuntamiento de Cuenca, obedeciendo a su jefe de filas, abandonaron la procesión del Hosanna, tras comprobar que los concejales del PP portaban lazos blancos en contra de la nueva ley del aborto. He aquí un ejemplo del respeto a las religiones y al pensamiento de los demás. Pero, yo me pregunto: ¿para que van a una procesión los concejales socialistas, si luego votan y defienden la muerte de los no nacidos y encima se largan al considerar que los contrarios hacen política por llevar un lazo blanco en contra del aborto y en defensa de la vida? ¡Que hipocresía y fariseísmo!

Pero el colmo fue en Valladolid. La asociación de consumidores FACUA, solicita que los antidisturbios disuelvan las procesiones de la Comunidad de Castilla y León en las que las cofradías luzcan el lazo blanco contra, lo que ellos llaman, derecho al aborto y que no la hayan comunicado previamente como cualquier otra manifestación reivindicativa. Serán soplagaitas y cantamañanas esta pandilla de extremistas, sectarios y fanáticos. ¿Es que no se han hecho manifestaciones con lazos gay para revindicar los derechos de este colectivo, incluso en TVE? ¿Es que un católico que va en procesión no puede defender el derecho a la vida de acuerdo con sus creencias? Pero estos descerebrados dicen que hacen política y que van en contra del derecho al aborto ¿Es que hacer política es defender una cosa y no la contraria?

Pero en contra de tanta laicidad, ateismo y zafiedad, el pasado año, las imágenes de Telemadrid el día de Jueves Santo, retransmitiendo la salida del paso de Jesús el Pobre de la Iglesia de San Pedro en el Madrid de los Austrias, eran impresionantes y liberaron muchas sensaciones al tocar nuestra fibra más sensible. Acompañada por el himno nacional, interpretado por la Banda del Padre Soler de San Lorenzo del Escorial, hacía su salida medida por la dificultad y la estrechez de la puerta y la poca altura del dintel. Los 40 anderos, agarrados a las andas de plata y casi de rodillas, mantenían a pulso los 1.200 Kg. del paso y se veía el sufrimiento en sus rostros, tersos por los nervios y el gran esfuerzo que realizaban hasta que los aplausos rompiendo el silencio del momento, hizo que estos 40 hombres hechos y derechos, como castillos de grandes, rompieran a llorar. Después la salida del paso de Mª del Dulce Nombre con los anderos de rodillas para salvar la altura de la puerta, cerró estas magníficas imágenes llenas de devoción y fe. Escribo esto haciendo memoria del Jueves Santo del año pasado y espero que éste sea para mí tan impresionante como lo fue aquél. Para los que creemos fue una tarde maravillosa, para los que no, un día más de vacaciones.

Fe de Erratas

En el artículo titulado «La Calle Floridablanca»  se deslizó un importante error al cofundir a Juan de Herrera con Juan de Villanueva. Comentaba que la Casa de los Doctores se construyó segón trazas de Juan de Villanueva en 1.583 y lo que quería decir es que eran de Juan de Herrera.

Polilla y los Jardines de Bolonia

hotel miranda salónMuchas han sido las personas notables y trascendentales en la vida de San Lorenzo, pero sin duda una de las más conocidas por ser amigo de todos, por su bonhomía, por su cultura y su humor que ponía a disposición de todo el que quisiera hablar con él, esa persona fue Álvaro Suárez-Valdés al que todos conocíamos como “Polilla”. Entre sus ocupaciones y facetas figuraron las de abogado, juez, escritor, dibujante, pintor, caricaturista, y sobre todo amigo. Le recuerdo en el final de su vida, sentado en silla de ruedas, tomando el aperitivo con su nieto de 3 o 4 años en el Croché y charlábamos como si no estuviera enfermo. Una delicia.

Hizo muchas e importantes cosas en su vida. Recuerdo que hizo a caballo el Camino de Santiago con un grupo de personas conocidas y con salida desde la Lonja. Entre las que creó e instituyó figura la fundación de lo que llamó los “Jardines de Bolonia”. Revisando mis notas y recordando a Polilla me encuentro con esta historia que me la contaba Gaby Sabau y que les traslado. Me figuro que Gaby o alguno de los que asistieron, lo harían mejor que yo pues ni estuve allí ni viví aquellos lunes de los “Jardines de Bolonia”. Contaré esta historia fiándome de mi memoria, pero como ésta me suele fallar pido disculpas si olvido o me equivoco en algo.

Álvaro fue, con otras once personas, el fundador de los “Jardines de Bolonia”. Las Tertulias gastronómicas así llamadas, se fundaron en el Hotel Miranda, y se iniciaban con una comida que acababa en tertulia. Tras una temporada en el Hotel, las tertulias se trasladaron a su casa-despacho al final de Floridablanca esquina a Leandro Rubio, casa con un pequeño “jardín” a la entrada de no más de veinte metros cuadrados que tituló como los “Jardines de Bolonia”. No se si tendría otro jardín interior pero el de la entrada no es mayor de 20 metros cuadrados. Tampoco se si Álvaro se inspiró en los Bosques de Bolonia al Oeste de París para bautizar a sus “jardines”. La realidad es que comparar unos metros cuadrados de jardín con los bosques de Bolonia, con sus alamedas, caminos para jinetes y sus numerosos cedros, robles y plátanos, es algo pretencioso pero la verdad es que así era Polilla.

Allí los doce, como buenos apóstoles, que irían cambiando con el tiempo, comenzaron a cocinar y a tertuliar. Cada lunes hacía de cocinero uno de los tertulianos y luego una vez terminada la comida se hablaba no sólo del menú servido sino también de lo divino y humano. Las comilonas eran pantagruélicas hasta el punto que uno de los asistentes, creo que vivía en Guadarrama, se murió al día siguiente de una tripotera. Álvaro Suárez-Valdés, Gaby Sabáu, nuestro querido Bertrán de Lys-al que enfadaban cada vez que sacaba alguien a relucir al pueblo de abajo- Virgilio el de la Cueva, Santi Herranz, José Alcázar,….. Con su buena pluma, Gaby era el encargado de dar fe en el libro de Actas de cada lunes y Polilla era la persona indicada para dibujar la caricatura del que tenía que cocinar o invitar a la comida. Estos libros de Actas, escritos a mano y con letra redondilla, pasaron a ser propiedad de la hija de Álvaro que me figuro guardará celosamente y que me gustaría conocer para poder contarlo con más propiedad y conocimiento. Allí se recogía escrupulosamente, pues si no se enfadaban los tertulianos, todo lo tratado durante la reunión gastronómica e incluía el menú de aquel día y como hemos dicho la caricatura, hecha por la mano de Álvaro Suárez-Valdés, del cocinero o del que tenía que invitar por no saber cocinar.

La mejor propaganda de algo ha sido siempre “el boca a boca” y estas tertulias gastronómicas llegaron hasta los oídos de unos madrileños que un día llegaron a San Lorenzo en visita turística. Conocedores de algo de lo que allí se cocía, preguntaron por el restaurante “Los Jardines de Bolonia” para poder comer y por supuesto nadie les dio razón de tal restaurante.

“Los Jardines de Bolonia” era un centro de reunión, de gastronomía, de tertulia pero sobre todo de amistad entre un grupo de personas conocidas y del que salieron iniciativas y quizás algunas cosas de las que hoy día todavía disfrutamos.

Palomas mensajeras

Siempre me han gustado las palomas hasta el punto que inicié un estudio iconográfico sobre la paloma en el arte. Revisando la historia del arte siempre la encontraba en cualquier tipo de manifestación artística. Me impactaba que desde el cuadro de la Anunciación con el Espíritu Santo representado por una paloma como símbolo de paz y de reconciliación, hasta la que hizo Picasso muy difundida y utilizada como símbolo de la paz, la paloma siempre apareciera en cuadros y obras de arte. No hay ceramista que no haga palomas ni escultor que no las haya realizado. Está presente en la iconografía de la Virgen (la Virgen de la Paloma; la Blanca Paloma etc.) también en la música, en la heráldica, en la poesía, la mitología, en la magia negra de ciertos poblados y en la magia blanca.

Contaba una tía mía que aquí en San Lorenzo, Juan Luis, un chico que vivía en el chalet vecino al de nuestra familia, tenía una novia que residía en el Barrio de Abantos y a la que su padre no dejaba salir con él por ser muy jóvenes. El chaval era ingenioso y salía siempre de los mayores embrollos. Para poder comunicarse, compró una paloma mensajera ya que creía que enseñándola un poco, llevaría sus mensajes de amor a su idealizada novia. Llevaba a la paloma por las mañanas hasta cerca de la casa de la novia para que fuera aprendiendo el recorrido y llegar hasta un palomar que construyó la novia en la buhardilla de su chalet de Abantos.

Después de varios intentos, entrenamientos y ensayos la paloma salió con un mensaje amoroso hasta la casa de su enamorada, pero nunca volvió. Jamás llegó a enterarse si la paloma fue cazada por el camino y descansó en la paz de una cazuela, o en lugar de llegar al palomar aterrizó en el jardín y el padre tras leer el mensaje la dio pasaporte y se la comieron. Por supuesto no volvió a ver a su amada. Parece un bonito cuento pero es la pura verdad.

La paloma mensajera, variedad de la paloma bravía, es como todos sabemos, una raza de paloma entrenada para regresar a su palomar una vez entregado el mensaje y soltada por el receptor. Es un mecanismo desconocido todavía hoy día y muchas han sido las investigaciones para dar una explicación adecuada y exacta al comportamiento de estas aves. Durante años, su utilización militar ha sido uno de los métodos más eficaces en tiempos de guerra para comunicarse sin ser detectados. En 1.879 el Ejército español las incorporó a sus filas como “soldados” muy singulares. Era un método rápido que han utilizado los Ejércitos y también barato. Nuestro Ejército contaba con 300 palomas y 5 militares encargados de la sección colombófila hasta 2.009. Una de estas palomas mensajeras, único enlace con el mando de los guardias civiles del Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la guerra civil, fue herida en uno de sus viajes y consiguió llegar a su destino para entregar el mensaje de los guardias, muriendo al poco tiempo. Fue condecorada y disecada permaneciendo en el Museo del Ejército. Hace unos días y por un Real Decreto esta sección de palomas mensajeras ha dejado de existir al no tener ya interés para la Defensa Nacional dados los nuevos y sofisticados métodos de comunicaciones. No se si las condecorarán, las ascenderán, las pondrán en libertad a pesar de sus muchos secretos o irán a la cazuela de los cuarteles, pero la verdad es que me han dado pena. ¿Y que será de los 5 militares que las cuidaban?

Que un Consejo de Ministros, con la que está cayendo, dedique unos minutos a las palomas y publique un Real Decreto sobre su extinción es tremendo. ¿Se figuran a Carmen Chacón, ministra de Defensa, informando en el Consejo sobre este tema? No se como se lo tomarían los ministros, pero seguro que mejor que si hubiera informado sobre los 90.000 euros que se ha gastado el Ministerio en contratar a Miguel Poveda, un cantante flamenco, para amenizar la cena ofrecida a los ministros de Defensa de la Unión Europea, estos días en Palma de Mallorca.

Hace tiempo que no veo palomas en El Escorial. Las he buscado pero no las he encontrado. Quizás a partir de ahora, si sueltan a estas 300 que han desmilitarizado, alguna venga a anidar por estos lugares y hagan compañía a las cigüeñas que ya conviven con nosotros desde hace tiempo.

 

Un paseo por Floridablanca

En el número anterior escribía de la calle Floridablanca desde la perspectiva de un gran decorado histórico donde los edificios que la circundan, nos hacen recordar parte de la propia historia del pueblo de San Lorenzo.

Pero en el baúl de mis recuerdos asoman aquellos de mi adolescencia que, a pesar de la inexperiencia de esa edad que sucede a la niñez, conformaron la mejor parte de mi vida de veraneante en estos parajes escurialenses.

Recordar la calle Floridablanca es recordar aquellos paseos en las tardes veraniegas, para ver y que te vieran las niñas ya conocidas o las que ibas a conocer en el transcurso del verano. El paseo acababa prácticamente en la Farmacia de Cos junto al guardia que fielmente estaba situado junto a una barrera para impedir la subida de vehículos. Sólo era interrumpido, primero por el autobús de la Tabanera y años después por los de Herranz a los que había que hacer un pasillo humano para dejarles pasar en su camino hacia Madrid. De la farmacia vuelta hasta la Barquillera o poco más. En nuestro paseo que se iniciaba a las 7 o las 8 de la tarde, pasábamos varias veces por el Hotel Miranda, verdadero observatorio veraniego para que fuéramos vistos, generalmente por las madres que allí merendaban junto a los grandes ventanales o en la hermosa terraza mientras los hombres hacían tertulia o jugaban al dominó y al mus en los salones del hotel.

Los 6 grandes ventanales del Hotel eran durante el verano, grandes ojos que observaban todo lo que ocurría fuera. Desde ellos se dominaba todo movimiento que se hiciera por la calle y además se dominaba la barra y los salones con lo que el conocimiento era total. Como si fueran palcos abonados de un teatro, casi siempre estaban ocupados desde primera hora de la tarde por las mismas personas. La función iba desarrollándose en la calle y se iniciaban los comentarios entre ellos y con los del palco de al lado. Aunque hoy siguen ahí, las circunstancias han cambiado y no son lo que fueron en otros tiempos pues ya no se pasea por Florida y aunque así fuera ya no se conocen unos y otros.

La terraza del Miranda era un observatorio de la colonia veraniega los meses de verano. Detrás de una horchata, una limonada o un chocolate con picatostes, las miradas se dirigían a los mozos y mocitas que desde las siete de la tarde subían y bajaban por la calle Florida, sabiendo que centenares de ojos y muchos comentarios se producían a su paso. Era un tribunal muy estricto que te condenaba o te absolvía con una facilidad pasmosa y sin abogado defensor que pudiera aportar pruebas sobre tu inocencia. Se sabían todo. Si la hija de Dña. Teresa llevaba el mismo traje del año pasado aunque para disimular se lo habían arreglado acortándola un poco los bajos. Si la de Pitita ha dejado al chico con el que salía o si Antoñito había suspendido ya que sólo paseaba los sábados, domingos y fiestas de guardar.

El hotel-observatorio, al que le dedicaremos un capítulo aparte, fue construido en el primer tercio del siglo XIX y se denominaba Fonda de San Luis y pertenecía al Real Patrimonio de S.M. Actualmente pertenece a la cadena Arturo Cantoblanco. El anterior dueño fue la cadena de La Taberna del Alabardero cuya gestión no fue un modelo para su estudio en un master de economía y acabó cerrando durante varios meses y con importantes problemas laborales.

Después en la noche, ya vacía la calle de paseantes, recabábamos en el bar-terraza de los Pacheco, donde Quinito y Julio ayudaban a sus padres cuando los estudios les dejaban tiempo libre. Allí, bajo la Casa de los Doctores, nos quedábamos horas hablando de lo divino y humano entre botellines y pipas de la Barquillera mientras alguno, más romántico, se dedicaba a mirar las estrellas quizás buscando en ellas alguna musa que le ayudara a pasar el largo veraneo. El toldo y los sillones de mimbre ya amontonados y retirados de la terraza del Miranda, dejaban un espacio desolador hasta la mañana siguiente que serían montados nuevamente para llenarse de madres ávidas de ver a sus hijos pasear por Floridablanca.

La calle Floridablanca

Todo pueblo o ciudad que se precie, tiene una calle emblemática, representativa, con solera, llámese la Calle Mayor, la Gran Vía o la Calle de las Tiendas, en la que se palpa la historia, en la que se pasea los domingos o en la que se celebran los principales actos lúdicos o religiosos. Es la arteria que nos lleva al corazón del pueblo o de la ciudad. En pleno centro de San Lorenzo, esa calle típica y simbólica es la calle Floridablanca. Pasear por esta preciosa arteria es pasear por la historia del pueblo, pues cada edificación es un pedazo de ella y con nombres que nos hacen recordar su historia en cada momento. La Casa llamada de Jacometrezo, la Casa de los Doctores;  la Fonda de los Milaneses o las Casas de los Reales Cuarteles de Infantería de Guardias Españolas y Valonas; el Real Coliseo; la Iglesia de los Laborantes y las tres Casas de Oficios.

Salvadas las trabas jerónimas que impedían las construcciones fuera del recinto de la Lonja y las Casas de Oficios, se inicia el desarrollo urbano de San Lorenzo por la calle que primero fue cañada ganadera, calle de los Doctores, San Juan de Malagón, calle de la Capilla para llamarse como hoy la conocemos, Floridablanca. La calle comienza en la Plaza de la Virgen de Gracia y termina en la calle Alarcón, aunque “oficialmente” lo sea en la Casa de Jacometrezo con vuelta a Leandro Rubio. El origen de esta casa se remonta al momento de la construcción del Monasterio en el siglo XVI con el fin de alojar a algunos de sus laborantes y oficiales. Fue el Hotel Jardín durante muchos años y era uno de los sitios más agradables para merendar y pasar las tardes veraniegas bajo sus frondosos árboles. Ahí está hoy día, sucio y destartalado como en su momento dijimos del Batán o de la piscina del Felipe II.

Las dos aceras de la calle parecen dos hermanas permanentemente cabreadas ya que una pertenece al Ayuntamiento y la otra al Patrimonio Nacional. Iniciando la subida desde el Laberinto, nos recibe el Regina, que fue hotel junto al Columba, hoy desaparecido. A continuación las edificaciones que fueron los Reales Cuarteles de Infantería de Guardias Españolas y Valonas. Situadas en los números 6, 10 y 12 son tres edificaciones que forman parte de la primera obra borbónica en San Lorenzo y sirvió de residencia para el cuerpo de Infantería de la guardia española y valona. Con muchas modificaciones, hoy dan cobijo a dos hoteles, dos restaurantes, una galería de arte y una tienda de regalos.

Aparece después, la que fue la Fonda de los Milaneses, hoy día de propiedad privada y en la que se ubica la Farmacia de González de Cos. Construida entre los años 1.767 y 1.773 y cuyos autores están sin identificar. Fue hospedaje real, alquilada posteriormente a la Compañía Los Milaneses, dueños en Madrid de las fondas San Sebastián (1.765), La Fontana de Oro y La Cruz de Malta donde se daban cita gran parte de los intelectuales de la época. Es una edificación de planta compacta, de cuatro alturas y cuatro fachadas de tipología propia de las casas de alojamiento en las jornadas reales.

El Real Coliseo de Carlos III, hoy cerrado, cuya reconstrucción en 1.974, corrió a cargo de los hermanos Martín Gómez, Pedro y José Luis y por el arquitecto Mariano Bayón. Edificio construido por el arquitecto francés Jaime Marquet en 1.770, autor también de los teatros del Pardo y de Aranjuez. Formaba parte de un conjunto de edificios, como la Casa de los Cómicos y otras dos que luego constituirán la Fonda y Café de San Luis, hoy el Hotel Miranda Suizo. En 1.870 se autoriza  al Ayuntamiento la demolición del pórtico con arco que atravesaba Floridablanca desde la Casa de Oficios y por donde en otra época, la realeza pasaba al teatro. Los materiales del tejado y la piedra fueron aprovechados para reparar los edificios de la Cárcel, El Hospital de San Carlos y enlosar los alrededores de la Casa de Oficios. A partir de aquí se abre un espacio a la recoleta y preciosa plaza de Jacinto Benavente o de Los Jardincillos que dibuja el eje con la cuesta de Grimaldi y la fachada de poniente del Monasterio. La plaza está limitada por la casa de los Cómicos y la Casa de los Doctores. Fue ésta la primera edificación realizada fuera de los muros del Monasterio para ampliar sus dependencias. Dedicadas a los seglares que como catedráticos del Colegio daban clases de Arte y Teología. Proyecto del maestro mayor del Rey, Juan de Villanueva en 1.583. Sufrió varias transformaciones, elevándose en una planta. El uso actual es hostelero, comercial y residencial en las plantas superiores.

A partir de aquí las terrazas y bares nos llevan hasta otro espacio abierto, la Plaza de la Constitución, con el  Ayuntamiento como fondo.  De aquí hasta Leandro Rubio se suceden actualmente una serie de bares y restaurantes en la zona que fue: tienda de patatas fritas Tomasín, Central de teléfonos, Carbonería Marinas, tienda de ultramarinos, Perfumería, bar Manjarín…

La acera de la izquierda de la calle Floridablanca es pura historia con la Primera y Segunda Casa de Oficios con sus tres recoletos patios con soportales, pilares cuadrados y árboles centenarios, separadas por la cuesta de Grimaldi. La Segunda Casa termina con la que fue primero Iglesia de los Laborantes, parroquia de San Lorenzo después y hoy Santuario de la Virgen de Gracia junto a la escalera que baja a la Lonja por la calle de la Capilla pasando por el Patio de la Leñera junto a la Tercera Casa de Oficios. Se dice que por esta escalera baja más gente de la que sube.

¡Cuántas historias encierra el Valle!

Durante los muchos años que llevo escribiendo sobre temas escurialenses, nada menos que desde el Semanario Escurialense, nunca he escrito nada sobre el Valle de los Caídos. Razones las desconozco pero es así.

Hace unos días decidí volver a recorrer el Valle y entrar en la Basílica que me volvió a impresionar y a tocarme esa fibra sensible que debemos tener todos en algún lugar escondida.

En otro momento escribiré sobre la construcción de este monumento; sobre los presos políticos que ayudaron a su construcción; sobre los muertos allí enterrados; sobre la hospedería y sobre tantas historias que el Valle encierra. Hoy sólo recogeré tres anécdotas o noticias que he conocido en los últimos días y que me han hecho reflexionar sobre esta impresionante, al menos para mí, obra religiosa y funeraria en memoria de las víctimas de la Guerra Civil.

Una: Pregunten a los comunistas y a los actuales defensores de la Ley de la Memoria Histórica, como al Diputado Llamazares que tanto ha largado sobre el Valle y su construcción por los presos políticos, pregúnteles que quien construían las carreteras en Siberia o los edificios públicos y obras hidráulicas en Moscú, Leningrado o en la Rumanía de Ceaucescu durante el comunismo. Eso no se criticó pero lo que se hizo aquí se airea, se miente y se malinterpreta. Por ejemplo nadie cuenta que muchos presos políticos pedían ir al Valle porque allí tenían más días de redención de penas, mayor salario y más posibilidades de escapar. Eso ocurrió a Manuel Lomana y Nicolás Sánchez Albornoz condenados a cuatro y seis años de cárcel en Carabanchel por hacer pintadas en la Facultad de Filosofía y Letras. Pidieron su traslado a la obra de construcción del monumento del Valle y allí el 8 de agosto de 1.948 se adentran en la sierra ayudados por jóvenes antifranquistas venidos de Francia. Llegan a Barcelona donde deberían encontrar a la persona que les llevara a Francia, pero el guía no apareció. Tras adentrarse solos en Francia su aventura termina en Perpiñán dónde son documentados por el Gobierno francés.

Dos: El día 14 de septiembre día de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, los monjes benedictinos de la Basílica expusieron, como tienen costumbre, el relicario que contenía un pequeño trozo del “lignum crucis”. Se trata de una porción del madero de la Cruz en la que, según la tradición, fue crucificado Jesucristo y que el Papa Juan XXIII regaló a los monjes de la Basílica en 1.960. Se guardó la reliquia en la sacristía y al día siguiente tras la misa de once con la escolanía, la reliquia había desaparecido.

Gracias a las cámaras de seguridad que grabaron el coche del ladrón, la Guardia Civil recupera el “lignum crucis”. Se trataba de un ex seminarista, encarcelado por el robo a un banco, que disfrutaba de un permiso carcelario y tenía problemas económicos aunque no quería la venta de la reliquia, que me figuro que hoy día no le darían ni un euro, sino sólo la protección del “lignum crucis”.

Tres: Lo cierto es que en esa campaña laicista y ateísta iniciada hace algunos años por los socialistas y los pocos comunistas que quedan en Europa, se ha unido la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dando la razón a la señora italiana que denunció y pidió la desaparición de crucifijos en las aulas. ¡Que mejor crucifijo que la Cruz del Valle de Cuelgamuros para hacerlo desaparecer!

Me figuro que si la cosa sigue así y lo que se pretende es, no sólo quitarle toda connotación política a lo que representa el Valle de los Caídos, sino que si fuera posible, derruirlo y borrarlo del mapa, no va a ser necesario. Según las últimas informaciones las piedras de la fachada se caen; la estatua del San Juan ha perdido un dedo; la Piedad de la entrada a la basílica ha sido forrada de una tela metálica al perder parte de sus piedras y las goteras dentro de la Basílica están poniendo en peligro derrumbes de su techumbre. Les aseguro que si no se hace algo urgente, que no se hará, se declarará en ruina y lo mismo deciden destruirlo.

Periódicos y semanarios en San Lorenzo

San Lorenzo de El Escorial ha sido uno de los pueblos de España con más publicaciones periódicas, muchas de vida efímera pero donde otras llegaron a publicarse durante muchos años. Dada la gran vida cultural que en el verano escurialense se desarrollaba por escritores, poetas, dramaturgos, músicos, pintores y un largísimo etc. siempre se estaba dispuesto a publicar un semanario que sustituyera al anterior que acababa de desaparecer. Los hermanos Alvarez Quintero, Fernández Shaw, Jacinto Benavente, Alfredo Marquerie, Antoniorrobles, Duyos, Fernández Flórez, Arniches, Suárez Valdés, los hermanos Sabáu, Antonio Cobos y tantos que colaboraron o escribieron en los muchos semanarios existentes.

Como ejemplo recordar que antes de la guerra, se editaban tres revistas para una población que no llegaba a 5.000 habitantes: Renovación que valía 10 céntimos, nació sobre 1.925 de la mano de Vicente González Carrizo maestro, periodista y que fue alcalde al principio de la guerra civil; El Gurriato, periódico que nació en 1.921 de José Cogolludo que murió fusilado por los republicanos en 1.936 y Florida del impresor Juan Aroca Benito condenado a muerte que sería conmutada por 30 años de cárcel.

Nombres como Papel de Vasar, El Progreso, Arriba España, El Camastrón, Presente, El Garabato, El Pasquín, La Crónica del Nuevo Siglo y tantos otros. Desde el Independiente editado en 1.913 hasta La Lonja desaparecido hace poco tiempo y Aulencia última conocida, tengo registradas 26 publicaciones.

En el verano de 1.945, año de mi nacimiento, nace también el Semanario Veleta de la mano de Carlos Sabau con la única intención de reinstaurar la Romería de gran solidez y consistencia en épocas anteriores y propagar la devoción a la Virgen de Gracia entre el pueblo y la colonia.

Pero al que tengo todo mi cariño y mis mejores recuerdos de juventud, es al Semanario Escurialense que nace en 1.958 editado por la familia Esteban dueños de la imprenta Gráfica Escorial frente a la Parroquia en la calle de las Pozas. Familia tristemente deshecha al morir parte de ella en el derrumbamiento de un comedor recién inaugurado en los Ángeles de San Rafael, mientras celebraban una convención de la empresa Spar. En este semanario escribía gente maravillosa del pueblo y de la colonia hasta el punto de que al ser obligatorio, en aquella época, que el director de cualquier publicación fuera un periodista en ejercicio, le pidieron a mi hermano Juan Manuel que firmara como director, cosa que hizo durante muchos años, aunque como tal actuara José Mª Suárez Campos. Allí escribieron: Eloy F. de la Peña, Agustín Cebrián, Quinito Pacheco, Alfonso Lindo, José María Suárez Campos, Juan Van-Halen, mi padre, Ángel del Campo y una pléyade de buena gente muchos de ellos hoy desaparecidos.

Secciones como “Desde el Alero”, “Diálogos de D. Procopio”, “Andar y Ver” “Recordamos…” “Deportes” y “Noticias” componían el periódico.

Y allí empecé a hacer mis pinitos como aprendiz de escritor, en el verano de 1.962 con sólo 17 años con una sección que primero se tituló “Haciendo Memoria” para después llamarse “Papelín Oficial de Noticias” y en las que contaba las mil y una historia del veraneo escurialense con sus fiestas, ligues, excusiones, regidoras, etc. La sección tuvo mucho éxito entre las madres y los jóvenes veraneantes ya que, por ella, se enteraban de muchas cosas que había o no sucedido. Llegó hasta el punto de que una semana me inventé una fiesta en casa de una conocida joven de la colonia. La conté con todo detalle y dando cuenta de los personajes importantes que supuestamente asistieron. A los dos días de su publicación y yo fui testigo en el Miranda, dos madres comentaban lo bien que sus hijas lo habían pasado en esa fiesta fantasma que jamás existió.

En la Villa, según me cuenta Javier Donate, sólo existió una publicación, el Boletín Parroquial, en la que colaboraba su padre con la sección “Yo el Rey” .Aunque de carácter religioso también se contaban vivencias del pueblo. Si no me desmiente mi amigo Javier Montero, que se lo sabe todo, no hubo ninguna otra publicación en la Villa. Hoy nos queda la Gaceta Escurialenses