El Veraneo y La Colonia.-XII

El Veraneo y La Colonia.- XII

Voy pasando páginas del libro que comentamos y se van agolpando los recuerdos de aquello que hubo y hoy, por razones todas justificables, ha desaparecido; aquello con lo que jugábamos y que hoy ya no está o que se ha transformado en otro tipo de juego. Recordar ferias o fiestas desaparecidas del calendario veraniego o personas que por razones de pertenecer a otra generación ya no están con nosotros.

El Capítulo “La Ferias de San Lorenzo” es un maravilloso resumen de lo que ocurría alrededor del 10 de Agosto de aquellos años cuarenta y me gustaría copiarlo, pero sería “vilmente” criticado por ser un escritor vago que utiliza lo de otros para llenar páginas. Intentaré resumirlo no tan bien como los autores del libro, sino más bien como escribe este viejo nobel escritor.

El sol, que suele brillar en San Lorenzo, generalmente con mucha fuerza, se va de Fiesta mientras que Floridablanca, la calle que antaño era la arteria principal del cuerpo veraniego, se llena de tenderetes multicolores y “entre mares de serrín las baratijas guiñan al sol sus ojos falsos”. Mientras bailan, al ritmo de la dulzaina y el tamboril, esos grandes y cabezones muñecos, los Gigantes y Cabezudos que hacen las delicias de los niños. El humo del aceite en el aire mientras el aceite fríe los churros en el chiringuito de la Plaza del Ayuntamiento. Colocados con mimo en un verde junco son paseados mientras van cayendo uno a uno. Se baila y se comen peladillas blancas y las de tez morena de azúcar tostada. Los toreros, generalmente de tronío, saldrán del hotel camino de la Plaza donde les esperan los toros, generalmente de poco tronío. Al aire las peinetas mientras el color lo ponen los mantones de manila en la placita de la Villa vecina. Esta liturgia colorista y divertida parece que al menos en este pueblo como en otros muchos de España ha desaparecido o la quieren hacer desaparecer los que defienden a algunos animales pero les da igual otras muchas cosas que producen mucho dolor y no me refiero a los animales. Luego la verbena o a La Lonja a las carreras de burros, cintas y sacos y a los cohetes en Terreros. La Lonja se viste de cine, se buscan las estrellas en la noche clara mientras las estrellas escuchan el sonido roto de la película.

«Estas son la Fiestas de San Lorenzo, cielo azul y noches estrelladas, alegría en el día y nostalgia en la noche; vosotras proclamáis que el día se hizo para reír y la noche para amar. ¡¡Quien no las haya vivido no podrá comprender las huella tan profunda que en el alma dejáis!!

Quisiera escribir lo mismo de las Fiestas actuales pero no lo voy a hacer.

 

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A la Plaza de Toros

(continuará)

 

 

¡¡Imbéciles!!

¡¡Imbéciles!!

No podía más. Debía de dar rienda suelta a mis sentimientos más profundos de cabreo. Había visto las fotografías, no cabía en mi asombro y me preguntaba: ¿Pero qué tiempos estamos viviendo que los jóvenes, algunos jóvenes de hoy, no respetan nada? ¿Dónde está el respeto a los mayores, a los padres, a los profesores, a las cosas, a los demás y hasta a la propia vida? ¿Se ha perdido el respeto entre los dedos de las jóvenes manos que lo destruyen todo? ¿Qué esperamos de estos desalmados que no respetan nada incluso la Navidad? Nos quejamos de lo que está pasando y las razones de ello sólo tienen un padre y una madre: la falta de respeto y la falta de educación. Una cosa lleva a la otra y la segunda a la primera. No existe consideración para tratar a una persona o a una cosa y no causarle ofensa, daño o perjuicio, ni existe consideración de que algo es digno y debe ser tolerado y respetado (RAE). Estas cosas no existen para las mentes infantiles y retrógradas que les llevan a la destrucción de aquello apreciado por los demás aunque no lo sea para ellos. ¡Monstruos trogloditas!

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15780899_1328705030484504_8261802065759430433_nVer las fotografías del Belén de San Lorenzo “decapitadas”, tiradas por los suelos o ahogadas en la fuente de los Jardincillos me ha causado una impresión difícil de asumir. ¡¡Imbéciles!! No sabéis el esfuerzo que ha supuesto que decenas de voluntarios, hombres y mujeres, comprometidos con la Navidad de su pueblo, realicen cada año y creo que ya son veinte, el montaje del Belén en las calles del pueblo, ejemplo para otros muchos y visitado por miles de turistas durante las Navidades. Quizás algunos de estos destructores de lo ajeno sean familia de algún voluntario que ha trabajado duro y sin remuneración para que llevar a cabo esta obra considerada como de interés para toda la comarca. ¿Qué pensarán de este monstruo que disfruta rompiendo lo que han construido?

Para todos estos desalmados sin formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas les tendrían que castigar y publicar sus fotos en el pueblo para que toda la gente de bien les conozca. Cantamañanas, maulas, mamacallos, soplagaitas, sacamuertos, badulaques tenéis mi mayor desprecio.

¿Qué ha pasado con las cámaras de vigilancia que otros años fueron instaladas con motivo del Belén? Me figuro los comentarios del Ayuntamiento. Presupuesto bajo,ahorro, derechos, intimidad…

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El Veraneo y La Colonia.- XI

El Veraneo y La Colonia.-XI

El libro que estamos comentando reserva un capítulo a la vida deportiva del pueblo, destacando, como no, al futbol que apasionaba y figuraba como deporte rey en todas las fiestas. No había, ni hoy existen unas fiestas sin dar cabida al deporte y en especial al futbol que en nuestro caso, tenía un especial escenario en el campo de Los Pinos. Allí todos los veranos se celebraba el “derby” entre los dos pueblos de Arriba y de Abajo con alguna superioridad por parte de San Lorenzo.

La natación y los campeonatos típicos del verano, se celebraban en Las Piscinas de la Herrería que los autores las describen en el libro como  “hermosa piscina rodeada de pérgola y provista de trampolines, dotada de servicios anexos de bar, casetas, “solariums”, duchas etc.”

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Foto: Campeonato en la Piscina del Prado Tornero. Antonio Marcos y Juan G.Cos

Al no existir las Piscinas, comidas por el Campo de Golf, en nuestros veraneos, más tardíos, celebrábamos los campeonatos y nuestros baños pandilleros en la magnífica piscina del Hotel Monasterio, en la no mejor que la del Prado Tornero y en la del Batán, piscina más pequeña pero de aguas frías y siempre corrientes provenientes del arroyo del mismo nombre.

El tenis era un deporte que se cuidaba mucho en El Escorial con Campeonatos de la Sierra en los primeros días de septiembre a los que asistían las mejores raquetas de Villalba, Cercedilla, La Granja, San Rafael, Ávila y de nuestros dos pueblos. Se celebraban en las pistas públicas del recinto de las Piscinas. El hockey del que el Colegio Alfonso XIII sería un referente años más tarde, la equitación, a cuyos concursos hípicos dedican un capítulo en el libro, el tiro al plato y el excursionismo eran deportes muy cuidados en nuestros pueblos.

Muchos son los capítulos que quedan por descubrir del libro, donde los recuerdos se agolpan y se mezclan con los que años más tarde serán las vivencias más nostálgicas de los veraneos que viviríamos después.

La dedicatoria

La dedicatoria

Escribir produce muchos sinsabores y quebradores de cabeza por las críticas, malamente expresadas, con lenguaje típico de “verduleras” (no sé por qué ponemos a las pobres verduleras como ejemplo de mal habladas) críticas a las que nunca sabes si contestar o aceptarlas sin más. Al final te callas por educación y profesionalidad y procuras demostrar con la palabra escrita, la razón misma de tus testimonios. Pero el mero hecho de escribir sobre nuestro pueblo me ha reportado algunas satisfacciones que cuando llegan te llenan de orgullo y te endulzan el día haciéndote olvidar las otras.

Y esto es lo que me ha pasado en estos últimos días. He recibido un libro y una dedicatoria que me ha hecho despertar el espíritu que lo tenía algo dormido. Nunca he entendido las colas en las ferias de libros o en los grandes almacenes para que un escritor de renombre o ganador de algún premio literario, te dedique su último libro. ¿Qué consigues con ello? Tener en casa un libro de Vargas Llosa, de Camilo José Cela o de Ildefonso Falcones con la frase “a mi amigo… con todo afecto y cariño de …” Todo mentira. Ni es su amigo ni se lo dedica con afecto o con cariño pues no le conoce de nada.

Me figuro al escritor al que le llega un señor y le dice:

-Por favor querría que le dedicara el libro a mi suegra Rosalinda que es una fan suyo y ha leído todos sus libros. Qué pensará por dentro el escritor. Reirá mientras escribe o sonríe al caballero con cara de incredulidad. Pues no lo se. Nunca he firmado libros. Creo que por esto y algunas cosas más, que reconozco que a lo mejor es  una manía mía, sólo tengo cuatro libros dedicados: Uno, “Los silencios del Rey”, escrito por mi gran amigo, y esto si es verdad, Joaquín Bardavío. Otro de un señor en toda la extensión de la palabra, amigo, catalán, asegurador y un perfecto “bon vivan” que escribió un ensayo sobre lo que espera de la vida y lo que ha sido la suya, muy bien llevada por cierto. El tercero es un libro muy buscado por los estudiosos de estos temas “Notas Genealógicas de un linaje del Valle de Soba” un estudio pormenorizado  de toda la familia Sáinz de los Terreros y de sus antepasados, escrito por un primo de mi abuelo y que nuestro padre regaló uno a cada hermano. Y el cuarto es el que acabo de recibir escrito por Antonio Guisado con una sentida y bonita dedicatoria, según él, por los buenos ratos que pasa leyendo mis escritos sobre el Escorial. ¿A alguien no le llenaría de orgullo y satisfacción y se sentiría como un rey por algo así? Pues a mí eso me ha pasado.

escanear0001El libro que me ha regalado Antonio es “un texto dramático que nos muestra las maravillas de la ciudad del Escorial de una manera futurista ingeniosa y creativa”. Es una obra corta en clave de comedia, que engancha gracias a la variedad de personajes y a los acontecimientos que se suceden.

En 1.989 la desaparecida Asociación “Amigos del Real Coliseo Carlos III” convocó el Premio Eloy Fernández de la Peña. La obra premiada, según las bases del concurso, sería puesta en escena. Efectivamente. Tal como se recoge en el Prólogo del libro de Antonio, el jurado concedió el premio, compartido con la obra “La basura” de Pedro Catalán, a “El Escorial 2.089” de Antonio Guisado y un año después la obra fue incluida en los llamados Festivales de Verano y representada, nada menos, que en el Patio de coches del Monasterio.Una máquina, el Ordenador Supremo, cedida en 2.089 al Alcalde del Escorial, pueblo que lo conforman la Villa y San Lorenzo ya unidos reencarna a cuatro personajes muy relacionados con el pueblo y que estarán cuarenta y ocho horas otra vez en esta vida. El Rey  Felipe II, una serranilla gurriata del s. XVII, el Padre Antonio Soler, músico y compositor y Doña Ramona  una señora del XIX también nacida en El Escorial. El encuentro con el Alcalde, su secretaria y el Secretario del Ayuntamiento produce situaciones y diálogos entorno al Escorial que realmente es el protagonista de la obra.

Una obra para leer, entretenida y bien escrita; una dedicatoria que toca el corazón y un amigo al que dar las gracias.

El Veraneo y La Colonia.- X

El Veraneo y la Colonia.- X

El siguiente capítulo del libro que venimos comentando sobre el veraneo y la Colonia del Escorial se refiere a un tema recurrente en San Lorenzo como es “Los Semanarios del Escorial” tema del que yo me he ocupado varias veces en este blog.

escanear0001Yo empecé a escribir, malamente por cierto, en esa edad en la que no sabes por qué decantarte, pero si sabes lo que te gusta hacer. Tenía 16 años, lo que ha llovido desde entonces, y escribía en verano en el “Semanario Escurialense” mis “Papelín Oficial de noticias” y allí me codeaba con firmas como Quinito Pacheco, José María Suárez Campos, mi padre Juan Manuel Sáinz de los Terreros, Agustín Cebrián. Eloy, Gaby Sabau y tanta otra gente a la que quería emular, pero mi torpeza de escribiente recién nacido jamás pudo conseguir.

Dicen Carlos y Álvaro en su libro que “un verano en el Escorial no se concibe sin la existencia de un periódico que lo sazone debidamente”. Morían unos “papeles” pero nacían otros que recogían los cotilleos y las fiestas veraniegas, que comentaban los sucesos y cotilleos o que publicaban las caricaturas o fotografías de las damiselas más destacadas de verano.

Los más animados, vecinos o veraneantes, los letrados, cronistas, artistas y poetas constituían la Redacción de los Semanarios y eran los encargados de sacar adelante, semana tras semana, aquellas páginas entintadas que con medios muy primarios, llenaban de los “ecos” más destacables los veranos escurialenses. La gente quería aparecer en sus páginas y hasta llegaban a enfadarse, no por los cotilleos, sino por no salir en los papeles pues eso suponía que nadie se ocupaba de ellos/as. Su salida era esperada todos los sábados de los meses veraniegos porque se convertían en las “televisiones” de hoy día donde enterarte de las noticias y ecos de sociedad como si de un “Sálvame” se tratara.

Para completar este artículo, los títulos “Periódicos y Semanarios” y “El Semanario Veleta” son dos entradas de este blog en los que analizo este tema con profusión de datos. Además recomiendo la lectura de la colaboración de José María Suárez Campos que bajo el título “La Prensa local escurialense” analiza este fenómeno y que se recoge en el libro de Justo Sánchez Díaz “San Lorenzo de El Escorial.- Estampas de un Pueblo”.

«La vida deportiva» y «Las Ferias de San Lorenzo» serán los próximos capítulos que comentaremos en este blog.

El Veraneo y la Colonia.- IX

El Veraneo y La Colonia.- IX

Sigo desgranando el libro de Carlo Sabau y Álvaro y sigo también incluyendo lo que en teatro se llaman “morcillas” al ir introduciendo mi propias sensaciones y vivencias en el veraneo escurialense como parte de, en algunos casos, la denostada Colonia.

El siguiente capítulo del libro corresponde a la figura de la Regidora, que desde 1.932 hasta 1.970 fue una institución típica del veraneo en San Lorenzo. La fiebre de la “mises” que invadió el mundo, tuvo su traducción en la elección de una “miss” que rigiera y presidiera los festejos veraniegos. La diferencia con las verdaderas “mises” era que su belleza no era determinante para su elección valorándose la simpatía, animación y capacidad organizativa. Acompañaban a la Dama Regidora una corte de mujeres, las Damas Asesoras, que actuaban a modo de consejeras apoyando siempre a la que por “votación pública” se elegía para regir los destinos del verano en una fiesta. La votación era lo de menos pues varios días antes se conocía el nombre de la que sería elegida. Una nota: jamás un hombre figuraría en las listas porque era patrimonio femenino.

“La Dama Regidora tiene como cetro una camelia blanca, como reino el Parque y El Escorial todo y como súbditos a todos los veraneantes” escriben los autores del libro. Hasta tiene su himno compuesto en su honor.

Yo he escrito varias veces sobre la Regidora en este blog y sobre las magníficas fiestas que organizaban y que seguro que comentaremos en esta serie, dado mi cariño por esta institución que sólo fue interrumpida solamente los años de la Guerra Civil. Una tía mía fue la primera Regidora, Carmen Isasa elegida en 1.932 en una fiesta en nada menos que en la Casita de Arriba, siendo la última Rosa Millán, creo vecina de San Lorenzo en 1.970. Me gustaría reunir a todas las que lo fueron para poder agradecerlas de alguna forma su dedicación y amor a este pueblo.fiesta-valenciana-verano-1-960

Entre los festejos organizados por las damas Regidoras en los años que se recogen en el libro figuran algunas como “Una zambra gitana”; “La Fiesta Madrileña”; “Una boda en la huerta valenciana”; Fiesta de la Regiones españolas”; “Fiesta China” y la “Romería del Rocío”. En mi época, algunos años más tarde, la Fiesta Valenciana con la ofrenda a la Virgen de los Desamparados colocada en los Jardincillos, fue organizada por Mercedes Goncer y sus Asesoras, constituyendo todo un éxito y en la que participamos casi todos los jóvenes de la Colonia y el pueblo.

 

Algunos participantes en la Fiesta Valenciana en 1.960

El Legionario

Hoy dejo aparcado el siguiente capítulo del  «El Veraneo y La Colonia» y escribo unas pinceladas del General que fundó la Legión y paseaba por el pueblo de El Escorial acompañado de tres caballeros legionarios.

El Legionario

Hace ya tiempo escribí, creo que en estas mismas páginas y perdón por la auto cita, sobre mi idea de recoger en una Enciclopedia escurialense los perfiles de tantas personalidades que han desfilado o vivido en nuestros pueblos. Escribí una lista, escasa lista por cierto, hecha a base de los recuerdos que iba extrayendo de mi frágil memoria. Recordaba en ese artículo a las figuras de la literatura, premios Nöbel, críticos y directores de cine, ilustres actores de cine y teatro, periodistas, militares, ex ministros, políticos y jefes de Gobierno, grandes arquitectos y fecundos autores teatrales, poetas, mezzosopranos o cronistas de la Villa de Madrid; pintores, escultores, ceramistas, encuadernadores y artes plásticas. Realmente la lista de nombres sería interminable.

He leído el artículo de Alfonso Ussía “El Legionario” dedicado al general Millán-Astray, fundador de La Legión, hoy vilipendiado y desairado por la Alcaldesa de Madrid al aceptar quitar el nombre de su calle de la capital de España. No llego a entender cómo se quiere hacer desaparecer la calle dedicada al fundador de la Legión a la que todo el mundo quiere y admira. Lo primero que me llamó la atención en el artículo de Ussía ha sido que en los primeros tiempos, antes de unir sus apellidos paternos, firmaba como Millán Terreros. No sabía que tenía como pariente, al menos de apellido, al fundador de la Legión nada menos. Luego, poco a poco me fui empapando de su ilustre figura. Cuando en la lista de personalidades que han pasado por nuestros pueblos, incluía a militares me refería entre ellos al General Millán-Astray que con calle o sin calle, como dice Ussía, es Historia de España y por qué no, historia del Escorial.

Dice Ussía que Don José era amigo de su familia y le cantaba las cuarenta al lucero del alba. Lo aprendió de militar ejerciendo su mando en La Legión y como un legionario siempre lo es hasta que muere, Millán-Astray murió mandando.

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Del paso del General por El Escorial, donde veraneaba, se cuentan miles de anécdotas, me figuro algunas leyendas urbanas, todas con un común denominador: su fuerte carácter y sus innatas dotes de mando. Acompañado siempre por sus tres fieles guardaespaldas, un cabo y dos caballeros legionarios, que según cuentan, tres “piezas” a los que les gustaba el alcohol de forma desmedida. Su diversión al bajar de San Lorenzo por El Paseo, donde residía en un chalet el General, era disparar a las farolas. Unos lo hacían con piedras y ellos con balas.

Su presencia acompañando al General “acojonaba un poco” según me cuentan, ya que sus ademanes militares eran más de un cuartel de la Legión que de un paseo de verano por El Escorial. Cuando llegaban, el General y sus tres legionarios a comprar melones a su “amigo” Tomás el Pollero le hacía catar cinco o seis hasta que le gustaba uno. Luego, eso sí, le pagaba todos los melones “catados”.

Su figura imponía. Era como un Blas de Lezo del ejército español ya que a ambos les faltaba una pierna, un ojo y un brazo que dieron por defender a España.

Hoy desaparecido el General y posiblemente la placa de su calle en Madrid seguro que en muchas personas y especialmente en mí quedará su recuerdo y la parte de la Historia de España que dejó escrita.

 

 

El Veraneo y La Colonia.- VIII

El Veraneo y la Colonia.- VIII

Carlos y Álvaro – Luis de Santurce y Polilla – o lo que es lo mismo Carlos Sabau y Álvaro Suarez Valdés continúan en el libro que estamos desgranando con el capítulo de “EL PARQUE” del que ya he escrito varias veces al haber sido el centro de reunión de la colonia que diariamente confluían a última hora de la tarde aunque desde primeras horas las partidas de canasta, tute o mus eran clásicas de un conjunto de señoras en la terraza del bar.

Realmente el Parque que se cuenta en el libro, no tiene nada que ver con lo que es hoy, un espacio desaliñado, sin la frondosidad que tuvo, sin el bar y las terrazas, sin la bolera, sin la pista de baile o sin el escenario del teatro. Su utilización es muy escasa y desgraciadamente tampoco su nombre se parece en lo más mínimo a lo que se ha convertido este espacio, casi cuadrado, situado frente al Monasterio y que linda con la Casa de Oficios, la plaza de la Virgen de Gracia, Floridablanca y el Paseo Juan de Borbón frente a los Canapés.

Los autores definen el Parque de los años 40 como “un gran local descubierto, rodeado de frondosos árboles en tres de sus costados y ocupada su parte central por una amplia pista de baile a cuyo alrededor, en bancos y sillas, se coloca el público para presenciar las evoluciones de los danzantes y más alrededor de la cual tiene lugar el paseo. Está provista de un bar y adosado a él se encuentra el cine del mismo nombre”.

El nombre fue evolucionando desde su creación: “Jardín de las monjas” “La Parada” “El Parque” “La Bolera” y hoy que ya no existe el juego de bolos americanos lo llaman “El Parque de la Bolera”.

La temporada del Parque se inauguraba el 16 de julio día de la Virgen del Carmen, generalmente con una fiesta de bienvenida y luego ya no pararán los festejos, verbenas y bailes benéficos todos los fines de semana durante todo el verano. (De sus fastos y fiestas iremos informando a medida que sigamos comentando el libro.)

Más tarde a este espacio se le dotó de una embocadura de escenario teatral donde se representaban desde obras teatrales a zarzuelas. En mi época se representó por gente de mi pandilla, escenas de “La Verbena de la Paloma” y por un primo mío, alumno de Juan Tamariz, una sesión de magia en la que participé como ayudante.

Cualquier pueblo de la Comunidad de Madrid daría dinero por tener un espacio en el centro del pueblo, frente a una de las maravillas de mundo y con árboles centenarios, enormes castaños, pinos y pinsapos que miran y crecen frente a los Canapés, para darle categoría y porte a este espacio hoy dejado de la mano de Dios y del Patrimonio.

(Continuará)

El Veraneo y la Colonia.-VII

 

El Veraneo y la Colonia.-VII

Venir a veranear al Escorial, suponía en muchos casos, alquilar una vivienda, piso u hotel, además de importantes sacrificios ya que no sólo venían los ricos sino también gente normal con carencias o con muchos hijos a los que les sentaba bien el clima del Guadarrama. Barrios enteros quedaban vacíos después del verano. El fin de semana se utiliza poco y muchos hoteles del barrio de Abantos, El Plantel o del Paseo de Carlos III se utilizaban de año en año, de verano en verano o por una temporada.

Barrios como la Alameda, la carretera de la Estación y las Casas de Oficios, de Infantes o de la Reina eran habituales de veraneantes sin olvidar el centro del pueblo. Yo sin ir más lejos pasé los veranos en un piso debajo de la casa de mis abuelos en el Plantel; en la Plaza de las Ánimas encima de La Violeta frente a la Cueva y en la carretera de Guadarrama junto al restaurante El Cid.

Así lo cuentan “Luis de Santurce” seudónimo de Carlos Sabau y Polilla seudónimo de Álvaro Suarez Valdés en el libro que estamos comentando “El Escorial” manual y guía del perfecto veraneante.

Desde grandes mansiones con todos los elementos del lujo posible en aquellos años cuarenta, hasta pequeñas viviendas sin grandes comodidades componía un amplio abanico de posibilidades donde elegir para habitar por meses o temporadas enteras.

Una vez elegida morada y preparada la ropa ligera para el verano habrá que comprar las “wamba” en La Corona y comenzar a disfrutar los casi tres meses de veraneo.

Mi familia llegaba a San Lorenzo días antes de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, y ya se había celebrado las primeras fiestas del verano. La Fiesta de San Antonio que se celebraba los días 11,12 y 13 de junio y se instalaba junto a la fuente del Seminario en la Herrería. Allí se concentraba ganado vacuno, lanar, de cerdas, yeguas de vientre, caballos de silla y tiro etc. uniéndose a la feria los festejos populares con sus bailes, verbenas, concursos de tiro al plato…. que hacían de estas fiestas una de las más populares del Real Sitio. Con ella parece que se iniciaban los festejos del veraneo que no acabarían en muchos casos hasta mediados de septiembre.

 

(continuará)

El Veraneo y La Colonia

El Veraneo y La Colonia.-VI

Para mí la parálisis de escribir en este blog ha terminado. Mis pocos días de relax, sin mantener contacto con los que me leen, se debe a un relajo necesario para ordenar ideas, manejar otras y decidir cosas que pueda contar.

Hoy 1 de septiembre huele a final del veraneo. Hoy para muchos el veraneo, que no el verano, ha terminado con el último día de agosto. Es cierto que los cambios escolares, las clases empiezan el día 8 de septiembre, impiden mantener a los niños más tiempo en el ocio, en la playa o en la montaña. Libros, ropa, asignaturas pendientes…. Recuerdo que mis veraneos llegaban hasta finales de septiembre donde el inicio del frío y las castañas caídas nos acompañaban en estos últimos días ya que en algún caso llegábamos a Madrid dos días antes de iniciar el curso en los primeros días de octubre.

El final del veraneo era en muchos casos sacar la ropa del otoño que se empezaba a notar, porque aquí en El Escorial, los últimos días de septiembre, después de la Romería, todo cambiaba. Las castañas caían, el frío empezaba a aparecer y el pueblo se quedaba semivacío ya que comenzaban las vacaciones de los vecinos del pueblo que también tienen derecho.

Yo pertenecía, como mi familia, a la llamada Colonia que veníamos verano tras verano a pasar casi tres meses en el pueblo. También en ese “veranillo” santificador que era la Semana Santa asistíamos a las procesiones y pasábamos unos días en nuestro querido pueblo de San Lorenzo. Como nosotros cientos o miles de familias venían a pasar el verano y convivir con los vecinos “gurriatos” o “caciques” en perfecta armonía. Como decía Alfonso Paso que vivía , escribía y pasaba grandes temporadas en San Lorenzo, lo que le gustaba no era el Monasterio sino mezclarse con la gente del pueblo.

Pero resulta que para una persona, cuyo nombre no quiero acordarme, estas familias que eran parte del pueblo durante varios meses, han sido calificadas hace unos días en Facebook, en un grupo de San Lorenzo, como “esos pijos que vienen todos los años”. Desconozco si esta señora es del Escorial o ha venido aquí a vivir de fuera. En cualquier caso sólo decirla que gracias a estos pijos que vienen al Escorial, el pueblo no se ha quedado anclado y ha conseguido muchas cosas de las que disfrutamos hoy día. El turismo no deja un euro en el pueblo, se lo dejan al Patrimonio Nacional. El dinero lo dejan los “pijos” que viniendo todos los años compran, pagan impuestos y crean puestos de trabajo. Yo me considero de estos pijos que han hecho mucho por el pueblo viniendo año tras año y ahora viviendo aquí, y le diría a esta Sra. o Srta que si es de San Lorenzo tiene que estar agradecida a los “pijos que vienen todos los años” y si no lo es, también. ¿Qué le parecería si yo también utilizara el Facebook para insultarla a Vd. o a cualquiera que viene a este pueblo a gastarse el dinero? La recomiendo que estudie un poco de educación y respeto hacia los demás. Me abstengo de calificarla.

(continuará)