Siempre se ha dicho que en San Lorenzo existen espacios a los que parece que se les hace el boicot y la gente no les gusta pasear por ellos. Son sitios apetecibles, muy poblados de arboleda y sin cuestas para pasear por ellos.
Uno de ellos es el llamado Parque de Terreros, Paseo de los Terreros o como siempre le hemos llamado, simplemente Terreros. Hoy Parque de Felipe II. Subí a pasear un día frío pero soleado y me encontré con un lugar triste y apagado. Dos señoras paseaban. Un joven, me figuro que en paro, jugaba con su perro y otra persona daba vueltas muy deprisa como queriendo engañar a su corazón para que no se le pare. Al rato de estar allí un barrendero limpiaba las pocas hojas caídas con pocas ganas por cierto. Y durante el rato que estuve, que no fue mucho por la tristeza que me entró, nadie más paseaba por el Parque. Miré la estatua de Felipe II y también estaba aburrido, quizás por las muchas horas que pasa allí sentado sin ver a nadie nada más cuando hay función en el Auditorio.
El poco rato que estuve y para no aburrirme, empecé a revivir algunos recuerdos que este Parque me traía. Recordé el precioso Kiosco de música y algunos conciertos a los que asistí con mis padres cuando era muy pequeño. Recordé muchas noches con amigos sentados en la piedra y apoyado en la verja que separa el magnífico mirador, inventando lo que hoy llaman el botellón y mientras algunos jugaba a los enamorados con la luna de agosto como testigo.
Hace ya muchos años, Terreros parecía un campo militarizado, donde hacían instrucción, los carabineros, los del Batallón Ciclista y luego los soldados del cuartel situado donde hoy se encuentra la Estación de Autobuses.
Cuando realmente Terreros tenía vida era durante las Fiestas de San Lorenzo para suplicio de los que allí vivían o pasaban el verano. Recuerdo los puestos de cacharros y loza; los de las dos emperifolladas señoras, vestidas de lagarteranas, que vendían mantelerías, servilletas bordadas y pañitos para el sofá. Los puestos de juguetes donde todos los años mis padres nos compraban un carrito de la basura con su escoba, caballito de cartón y campanilla para emular a los verdaderos. Puestos del serrín con sus “joyas” que, como se decía entonces, era “bisutería barata”.
Muchos recordarán las barcas en las que su movimiento, si te pasabas de altura, era frenado por un operario que apretaba una palanca que elevaba una madera que hacía de freno. Además el gracioso que ponía su vida en peligro era echado del juego con cajas destempladas.
Las Fiestas de San Lorenzo, llevaban a Terreros concursos de albañilería, donde los buenos maestros que El Escorial trajo al mundo, hacían maravillas con el ladrillo. Bóvedas, escaleras, muros curvos y lo que les echaran pues para eso eran grandes maestros albañiles. Traían los feriantes la potente música de la tómbola, el ruidoso tiro al blanco, pelotas contra payasos, pelotas contra latas o contra cajetillas de “Bisonte” que tenías que derribar todas y todo tipo de juegos de feria. Además de los feriantes y para alegría de los vecinos de San Lorenzo, las verbenas populares hasta altas horas de la madrugada hacían las delicias de los más o menos jóvenes bailarines pero que imponían la vigilia a los moradores del barrio o los huéspedes del hotel Victoria cuyas habitaciones daban al Parque de Terreros.
Años después, una bolera, de pistas de hormigón que duró poco, un restaurante “Mench´is” y creo que un chiringuito, le dio algo de vida. Hoy le queda algún pálpito los jueves con su mercadillo pero en general es un lugar mas muerto que vivo. Es una pena, pero para mí es un espacio que parece no terminado, una zona no acorde con lo que le rodea y menos ahora como gran vestíbulo de entrada, al “Gallardonazo” o Auditorio de San Lorenzo. Limitado por la Segunda Casa de Infantes-Euroforum, un pabellón de uso cultural y administrativo, por la fachada posterior del Hotel Victoria y lo que era la preciosa vista de la “vega” de San Lorenzo hoy perdida por las construcciones y el Auditorio. Algo habría que hacer con este espacio para darle la vida que en algunos momentos tuvo.

Querido jesus: como bien sabes he veraneado toda mi vida en nuestra casa de Terreros 11. He leido tu articulo sobre Terreros y estoy totalmente de acuerdo contigo. Es mas cada dia voy menos al Escorial porque siempre mi instinto me lleva a Terreros y verlo me produce una tristeza y una gran depresion. No es solo que parezca que no esta terminado es que han conseguido hacer de un sitio bonito y apetecible un parque de barrio bajo o parecido a un suburbio de New York
Estoy leyendo tu block y lo estoy pasando fenomenal. Estoy pensando volver a pasar grandes temporadas en San Lorenzo (Como creo que ya sabes yo naci alli en el Hotel Columba) y aunque ya no conozco a casi nadie, ver que hay personas como tu me anima a volver
Un abrazo
Pepe Alvarez de estrada
Querido Pepe:
Te agradezco que pierdas tu tiempo leyendo mis cosas y recuerdos del Escorial donde tu has veraneado muchos años. Espero que recapacites y vuelvas por aquí para ver si entre todos arreglamos, al menos, el Paseo de Terreros.
Un abrazo