La actual tendencia laicista, de atacar la religión católica, quitar los crucifijos o hacer desaparecer los belenes, nos debe llevar a pensar que por el poco sentido religioso que se da a estas fechas, deberían desaparecer como tales. Al desaparecer la conmemoración del nacimiento de Jesús, o al menos eso es lo que quieren, podríamos conmemorar otro tipo de Fiestas o efemérides, pero nunca la Navidad. Igual tendríamos que hacer con la Semana Santa. Dice Antonio Burgos, que no quiere que le feliciten las “Fiestas” estos días, como si le felicitaras las Fiestas del Pilar, las de San Fermín o las Fiestas Primaverales. Pide Antonio, simplemente, que le digan “Feliz Navidad”.
La Navidad tiene cosas bonitas pero también está llena de incongruencias. Durante estos días me encanta escuchar los villancicos clásicos: “El tamborilero”, “Navidades Blancas”, “Los Campanilleros”, “Noche de paz” “Adeste Fidele” “Campanas sobre campanas” y tantos otros que me recuerdan a mi niñez cuando las letras no se prostituían. Hoy enseguida se cambian por otras que o no tienen nada que ver con el espíritu navideño o son soeces y groseras. ¿Por qué cambiar las letras de los villancicos?
Las comidas de empresa con esos compañeros a los que detestas y ese jefe al que estás todo el año criticando, es un ejemplo claro de incongruencia. Eso sí, si no les das la comida navideña, estás atacando los derechos de los trabajadores y te denuncian al sindicato.
¿Cuántas botellas de cava se beben en estas fiestas y cuántas se tiran a la basura? El Cava generalmente no gusta a nadie nada más que a los catalanes y el champán francés es muy caro para comprar. Me recuerda a las bodas. Se abren decenas de botellas, se brinda y se dejan en la mesa para ir a buscar un cubata a la barra libre.
Se lo brindo a las feministas: ¿por qué deseamos “Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad y no deseamos paz también a las mujeres?, La ministra Pajín, la destronada Aido y todas las feministas que lo son ¿se han dado cuenta de tamaño ataque sexista? Habrá que cambiarlo por el de “Paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena y mala voluntad”
Campanadas de Fin de Año ¿Cuántas veces hemos oído y seguiremos oyendo el día de Fin de Año, eso de que – ¡cuidado que las primeras campanadas son los cuartos! Es que después de tantos años ¿no hemos aprendido que los primeros sonidos son las campanadas que marcan los cuartos de hora de las doce de la noche? Y luego vienen las uvas de la suerte. Esto es difícil de asumir. Atascos, ahogos y los concursos para ver quien se come las 12 sin atragantarse, una a una al paso alegre de las campanadas.
¿Qué les parece los anuncios de cenas de Nochevieja en los mejores hoteles y restaurantes de la capital? Viandas con nombres adulterados que nadie sabe lo que son. Cena, habitación y desayuno y todo al módico precio de 1.000 euros por persona. Y si lo que queremos es ir a la cena y al cotillón, pues por sólo 600 euros por persona lo tenemos arreglado. Claro que hay sitios algo más baratos pero ante la crisis galopante anuncios como estos o “tome las uvas en Egipto, en Nueva York o en un crucero de lujo” me parece una falta de respeto ante tanto paro y lo peor es que los hoteles caros, los cruceros y los aviones están llenos de gente.
Partidos de fútbol solidarios, exhibiciones de tenis para los niños de no se donde, telemaratones con artistas cogiendo el teléfono para recaudar fondos y programas especiales con Belén Esteban a la cabeza. No sería mejor que los futbolistas, los tenistas y los artistas dieran parte de lo mucho que ganan en lugar de dar tanto el coñazo para recaudar cuatro euros para los niños.
Realmente si lo analizamos, además de grandes incongruencias, existen muchas cosas molestas en las navidades. Y si no juzguen lo pesado que se ponen el día de la Lotería de Navidad todos los periódicos y televisiones enseñándonos a los premiados con sus botellas de sidra que agitan para que sus burbujas salgan con fuerza y pongan perdido a los que lo celebran y a los que no. Se creen Fernando Alonso después de haber ganado una carrera de F-1. Y mientras a los que no les ha tocado nada se alegran de que se haya repartido el premio entre los más necesitados, pero que no les haya tocado a ellos, eso no lo perdonan. Y las televisiones dale que te pego a sacar la alegría de los premiados y a los loteros celebrando, con el Gaitero, su buena suerte. A mi sólo me han tocado 100 euros. A lo mejor si me tocan 300.000 hago las mismas tonterías.
Una incongruencia de los sorteos de Navidad es que todos los medios de comunicación felicitan y entrevistan a los niños de San Ildefonso que han cantado el número del Gordo. Y la verdad es que ellos no han hecho nada más que coger y cantar las bolas que han caído de las tolvas. Los personajes importantes son los niños que detrás del bombo le dan a la manivela para que el número y el premio coincidan. A estos pobres chicos y chicas no les hace caso nadie.
Hay cosas por las que no paso durante estas fechas, como la necesidad de comer y beber por obligación. Comidas de empresa, Nochebuena, al día siguiente Navidad, a los pocos días Nochevieja con las uvas y el champán y unos días después los roscones de Reyes. Además del gasto que esto supone a una familia, los kilos que te metes no hay quien te los quite por mucho régimen que hagas los días posteriores.
Además en cada uno de estos días tenemos que hacer un regalo.
Lo siento pero no puedo ver a muñecos de Papá Noël escalando por los balcones como si fueran ladrones vestidos de rojo. Yo creía que Papa Noël entraba por la chimenea o metía los juguetes por ella pero no escalaba balcones.
Como los crismas han desaparecido prácticamente aparecen los mensajes del móvil y e-mail. Reconozco que era una forma cara de desear felicidad, pero tenía algo más de sentido que los actuales mensajes. Estás tan tranquilo leyendo o durmiendo la siesta y ¡zas!, un nuevo mensaje cada cual a ver quien dice las cosas más originales. Las Navidades son así con sus luces y sus sombras.
Nota: Que nadie se enfade si no coincide conmigo porque yo soy muy raro, pero seguro que a muchos les he despertado de su sueño navideño.
