El Cafetín Croché 10.- (continuación)

El Cafetín Croché 10.- (continuación)

El Real Coliseo Carlos III es el teatro cubierto más antiguo que se conserva en España y que inició sus obras en 1.770 a las órdenes de Jaime Marquet. Carlos III fue proclamado Rey el 11 de septiembre de 1.759 y tuvo la obligación de ir a conocer el Real Sitio en cuyo entorno, ya que así lo quiso el Rey Felipe II, no existía nada mas que las dos Casas de Oficios que bordeaban el Monasterio y que dieron cobijo a la servidumbre real, y algunas casas frente a la capilla para los  profesores del colegio, primero, y los facultativos de medicina, después. En 1.793 gran parte de San Lorenzo, el asentamiento primitivo que rodea al Monasterio, estaba ya construido.

El 18 de agosto de 1.770 según una Orden dada por Grimaldi, se inician las obras del Teatro con dinero de las rentas de correos. El 19 de mayo de 1.771 estaba prácticamente acabado. Posteriormente se inician las obras de las viviendas para los cómicos, y al mismo tiempo, los arcos que, atravesando la calle Floridablanca, unían el Coliseo con la Casa de Oficios, y que desaparecieron en 1.870.

El Real Coliseo pasó por muchas vicisitudes. Fue convertido, como la Casa de la Compaña, en acuartelamiento tanto de tropas francesas como aliadas, instalándose allí la zapatería, durante la Guerra de la Independencia y hasta 1.814. Luego fue Teatro Lope de Vega y cine hasta que Pedro Martín Gómez y su hermano José Luis crean la Sociedad para Fomento y Reconstrucción del Real Coliseo, sociedad que adquiere el teatro. Se inician en 1.974 los proyectos de reconstrucción por los arquitectos Mariano Bayón y José Luis Martín Gómez, terminándose las obras en abril de 1.979 y siendo inaugurado el 30 de abril de 1.979 por S.M. la Reina Sofía.

Por encima de la plaza de los Jardincillos, se encuentra la Plaza de San Lorenzo, hermanada con la de Benavente por el cordón umbilical de una escalera de dos tramos, y una fuente que hace años la secó un alcalde, quizás para no gastar reales en limpiarla o para que no se ahogaran los niños. Crispín, personaje popular de la antigua comedia italiana, criado ingeniosos y audaz, socarrón y ladino, que solía vestir de negro y calzaba botas altas, con un espadín colgado de su ancho cinturón, -figura que aparece en varias obras de Benavente-, y el Marqués de Borja se hablan a menudo, con su voz de bronce, estáticos sobre sus pedestales de granito, porque no quieren perderse un solo álito de la vida que discurre a su alrededor. El Crispín de Jacinto Benavente, autor político y fecundo, realista, costumbrista y satírico de la burguesía española, tan unido al San Lorenzo ya que fue mantenedor de los Juegos Florales en 1.915, y el Marqués de Borja, que fue Intendente General de la Casa Real, hablarán, quizás, de la repoblación forestal de los montes del pueblo, que se realizó durante el mandato del Marqués de Borja o de “La noche del sábado” o de los “Intereses creados” que escribió D. Jacinto, de la “Malquerida” o del Premio Nöbel que le concedieron.

El Croché está en la Calle de San Lorenzo, estrecho callejón que sale de la plaza de don Jacinto Benavente. Quién se podría figurar que una calle dedicada a San Lorenzo, Patrono del Real Sitio, se quedara en un callejón estrecho, con sombra permanente que le cubre de un manto de tristeza. Antiguamente cerrado y posteriormente abierto, para dar paso entre las dos plazas, en el año 1.870, año del gran incendio del Monasterio y año en que se derribaron los arcos que unían el Coliseo en la calle Floridablanca. Callejón de San Lorenzo sería, sin duda, corrala o patio de vecindad, pero sin las balconadas o galerías zarzueleras de madera. Las dos fachadas traseras, pertenecen a viviendas que tienen su entrada, una desde la calle de los Soportales, calle de las Tiendas y hoy de Reina Victoria, una de las pocas calles del pueblo con paraguas de granito. Estas casas las mandó construir Carlos III al arquitecto Juan de Villanueva en el año 1.783 para que sirviera de refugio a los vendedores de víveres y la otra vivienda tiene su entrada por la calle Floridablanca desde un balcón corrido con balaustrada de hierro, casa de los Doctores que asistían a la Corte y en la que se ubica el Cafetín Croché. Estas dos fachadas posteriores se hablan de tú por su cercanía, y por estar viéndose todos los días. Los pájaros entonan sus cánticos matutinos y hablan entre sí, saludando a los que lo utilizan de paso para ir de la Plaza de Benavente a la del Ayuntamiento, hoy, como casi todas, plaza de la Constitución. La plaza hoy remodelada guardará en sus entrañas, no sólo recuerdos de lo que fue y lo que pudo ser, según un proyecto de arquitecto Gascuñana, que he conocido en la exposición de Julián Cuena, recientemente fallecido, y que rodeaba la plaza de soportales y la remataba con un magnífico edificio del Ayuntamiento, sino también guardará 200 vehículos para lo que ha sido necesario remodelar la plaza, siendo Alcalde José Luis Fernández-Quejo.

Plaza que estuvo abierta al Monasterio y a la magnífica explanada que tiene a Madrid de fondo velazqueño, antes de que Carlos III mandara construir a Juan de Villanueva en 1.785 la Casa de los Ministerios que  cierra  el perímetro de la Lonja; de tierra primero y después vestida hasta los pies de piedra berroqueña salida de las canteras sanlorentinas; con parterre y un surtidor con agua en el centro de la plaza, construido en 1.876; después con templete de música en hierro forjado así como el de la Churrería de Somolinos que en verano y fiestas de guardar, ponía sus reales en esta plaza y que una vez hubo desaparecido, la familia lo regaló a un médico amigo que lo mantiene de cenador en su jardín. Cerrada todo su perímetro por una barandilla de hierro que fue colocada en 1.881 siendo Alcalde D. Faustino Moreno. En verano se llenará de toldos multicolores y mesas con turistas que darán el colorido a que nos tienen acostumbrados las plazas mayores de los pueblos.

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