Existe un cartel en muchos bares que reza algo así como “Hoy hace un día maravilloso. Verás como viene un h.p. y lo jode”. La mañana estaba llena de luz; el cielo irresistiblemente azul y todo alrededor prometía que tendríamos un día maravilloso. Pero la premonición del cartel acertó, como acertó Murphy en su “todo lo que puede suceder, sucede”. Apareció el h.p. y el día se convirtió en horror. Un horror de fuego provocado en un paraje natural, por un terrorista, canalla y criminal como cualquier otro de su calaña. No puedo añadir a terrorista el adjetivo ecológico, como hace algún medio, porque pudo matar a mucha gente, animales y aves que tienen en estos parajes su hábitat natural como las águilas reales o el buitre negro. Más de mil hectáreas cambiaron el color verde de la naturaleza por el negro y el gris del resultado del fuego.
La imagen que nos ha quedado, es la imagen de un desastre ecológico llevado a cabo por un hijo de su madre que merece estar colgado de uno de los pinos que ha quemado. ¿Hasta donde puede llegar la maldad de los seres humanos para quemar un paraje como el de los pinares de Robledo y Santa Catalina? ¿Se habrá acordado de que puede matar a personas, animales y miles de aves que anidan en estos parajes? ¿Le habrá merecido la pena como venganza, negocio o simplemente disfrute de ver las llamas, llevarse a cientos de árboles entre sus llamas? ¿Llegarán a conocer sus hijos, que su padre fue el h.p que quemó la naturaleza por razones aún desconocidas?
Y en otro verano, el 29 de agosto de 1.999 otro incendio de causas impensables arrasó 500 hectáreas y 35.000 árboles del Monte Abantos, generalmente pinos que se plantaron en 1.892 por los alumnos de la Escuela de Ingenieros de Montes que existió en San Lorenzo.
En aquellos días escribí: “Se dice que los incendios son producidos por cerillas al servicio de la especulación inmobiliaria, pero en éste del Monte Abantos se dijo que existía la posibilidad de que fuera causado por cerillas que no querían que se construyera en la zona mas baja del monte, junto a la carretera, aunque la causa oficial fuera la de un cristal que hizo de efecto lupa. Allí se iban a construir viviendas libres y de protección pública así como equipamientos para el municipio pero se lo cargaron los ecologistas porque era una zona donde “iban a anidar las especies cuyo hábitat natural había desaparecido con el incendio”. Y Gallardón aceptó tamaña imbecilidad ecologista avalada después por informes que conozco y que no le dan la razón y paró el expediente. Ahora me figuro que estos serán los mismos que reclaman viviendas baratas para los jóvenes intentando así conciliar posturas antagónicas”.
“Después de incendios de estas características se inicia un proceso de búsqueda de responsabilidades, de declaraciones de políticos llenas de palabrería hueca y absurda y actuaciones de colectivos naturalistas y organizaciones ecologistas que se reproducen como por esporas en los momentos trágicos posteriores a una catástrofe ecológica. El silencio que te produce el bosque quemado, cuando te acercas a verlo, se transforma en griterío ecologista en la calle o en los medios de comunicación”.
Pero se les olvida que en este, como en muchos casos, ha sido la mano de un desalmado que por razones desconocidas incendió el monte.
El alcalde de Robledo de Chavela, Mario de la Fuente, con valentía desconocida, llamó “cantamañanas” a los ecologistas por la campaña iniciada y orquestada hace unos días, para que no haya cortafuegos en los bosques, cortafuegos que cuando se inicia el incendio es lo primero que los efectivos acometen.
Y como no. Aparece con el fuego aún sin controlar el pobre Gómez, el que se dice oposición a Esperanza Aguirre, y exige «responsabilidades políticas por el incendio cuya gravedad ha achacado al recorte de un 25% en los medios de los bomberos en dos años. Si hubiese retenes en las zonas y si estuviesen las presas arregladas”, ha añadido, «probablemente el daño sería menor». También ha señalado con esa demagogia que le caracteriza y que disimula muy mal, que la Comunidad de Madrid «tiene una presunta responsabilidad por la falta de recursos y tiene que hacerse cargo de la gente que ha enterrado sus ahorros y ha perdido sus propiedades».
Preguntada Esperanza Aguirre sobre las declaraciones del líder de los socialistas madrileños, acusando al Gobierno regional de «terrorismo medioambiental» por no tener, a su juicio, recursos suficientes para apagar los incendios, Aguirre ha respondido: «Saben ustedes que no acostumbro a comentar la declaraciones de ese señor». Hace bien la presidenta en ignorar a tamaño personaje.

