La Romería cierra el veraneo

El próximo domingo día 9 de septiembre, San Lorenzo celebra la Romería de la Virgen de Gracia que muchos gurriatos y veraneantes preparan desde muchos meses antes, para dar esplendor a la gran fiesta romera.

Declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional, le sigue muy de cerca a la del Rocío e cuanto al inmenso número de romeros que acuden a honrar a la Patrona de San Lorenzo desde todos los puntos de España para pasar un día festivo en los terrenos de la Herrería junto a la Ermita de la Virgen de Gracia.

El pueblo entero vive y huele a romería, a incienso, a rondón, dulzaina y tamboril y como todas las familias se viste de romero y de romera para acompañar, por la mañana, a la carretas en su camino a la Ermita y  acompañar también a los pétalos de rosa que lanzados desde los arcos de la Universidad, despedirán, ya entrada la noche, a la Virgen de Gracia con la Salve y quizás con las lágrimas de los presentes.

Tras este importante día para los escurialenses comienza el ocaso del veraneo aunque hasta el 21 no cambie la estación. Caminamos hacia el otoño y todo alrededor nos acerca a él. La tristeza a pesar de las muchas fiestas que aparecen en el calendario sanlorentino, parece despertar de su dormido letargo veraniego y empieza a calar en los que soportamos los meses más crudos.

En la Villa del Escorial su romería en honor de la Virgen de la Herrería terminó el pasado domingo día 2 de septiembre y la diáspora comenzó desde el mismo lunes hacia lugares costeros. Benidorm se convierte por unos días en un Escorial de “prestado” y es fácil ver a los vecinos del Escorial volviéndose a saludar todos los días como lo hacen en el pueblo pero esta vez en la playa o en el paseo marítimo. La Villa ha quedado vacía y hasta los trenes aparecen con menos viajeros que nunca.

Cuando yo estudiaba en el Colegio del Pilar el curso se iniciaba en octubre y mi familia se quedaba en San Lorenzo hasta los primeros días del mes de octubre para marchar a Madrid unos días antes de comenzar el curso y tener tiempo a forrar los libros. Recuerdo que pasada la Romería comenzaban los días frescos y había que sacar la ropa de invierno de los baúles. Los castaños comenzaban a “escupir” sus frutos de un precioso color marrón brillante y se iniciaba la guerra de las castañas entre los chavales. El pueblo se tornaba  triste y mucha gente de nuestras pandillas juveniles iba poco a poco desapareciendo. Ya no se escuchaban a los Valencianos cantando sus delicias heladas por las calles del Plantel y la Barquillera encendía su brasero en su quiosco de Florida como esperando la llegada del invierno. Las tiendas aparecen cerradas. Sus dueños también tienen derecho a vacaciones y las inician recién terminada la Romería dejando al pueblo semivacío y con un halo de tristeza.

Y todo esto, no se si de la misma forma, aparecerá en San Lorenzo a partir del domingo pero la Romería volverá el próximo año con más fuerza que nunca.

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