Cafetín Croché IV

 

Y del Café Gijón paseando por el paseo del Prado, llego a la plaza de Colón y hago un remanso de paz junto a la cascada de agua que cuelga de la estatua del navegante, erigida en 1.881 y que fue costeada por los títulos de España entre otros. Trasladada en 1.970 con la reforma de Arias Navarro, desde el centro de la plaza, a una esquina de los Jardines del Descubrimiento, reforma que desafortunadamente dejó caer la Casa de la Moneda junto a la Biblioteca Nacional y que nuestras nuevas generaciones no han conocido por lo que les parece un perfecto espacio abierto a tanta polución.

Llegar a Embassy es recordar aquel 1.939, cuando todavía los coches mecánicos casi no existían, y la Castellana era un verdadero Paseo rodeado de palacetes que hacían antesala al majestuoso del Prado, pero que años mas tarde, recogiendo el soplo municipal de la especulación, se ha llenado de oficinas. Pocos quedan ya, y los pocos que son, se nos aparecen como árboles melancólicos que echaron sus raíces centenarias y que ya no florecen ni revientan en primavera. Se acostaron en otoño para levantarse en invierno y esperar que la piqueta los entierre o que un arranque de respeto, los mantenga en su sitio.

Embassy es un local de los llamados “salón de té” del barrio de Salamanca. Local con ambiente de pastas de té, pasteles de repostería fina y ahora, hace algún tiempo, restaurante de varios tenedores o comida rápida para exquisitos. Aquí no pidas alitas de pollo, hamburguesas o costillas de cerdo. Nace donde hoy está la tienda de delicatessen en la esquina de la calle Ayala con la Castellana, como un pequeño salón y una barrita al fondo y que fue ampliado, con camareros incluidos, con los locales de Zoska y el diminuto Zoskilla. Siempre estuvo en sana competencia con el Café del Roma situado un poco mas arriba, en la esquina de la misma calle con Serrano.

Gente guapa en el aperitivo, merienda y cena, pero que se mezcla con señoras y también con señores -¿por qué no?-, con bastantes años en sus carcasas, mejorados por el lifftin o la silicona, pero al fin y al cabo otoñales con bastantes surcos escondidos gracias a las maniobras de un buen restaurador.

Embassy, a determinadas horas, es un geriátrico amoroso de jóvenes de 70, 80 y hasta 90 años que necesitan de un tratamiento diario contra la soledad, enfermedad maligna de estos tiempos y que acompañados de sus familiares y amigos, toman el té o  el café de la tarde con media tostada y algún pastel y pasan momentos agradables en su compañía o en la de los demás, para irse pronto a su uvi particular en la ambulancia de la hija o de las amigas. ¡Que felicidad!.

La hora del aperitivo es famosa por sus cócteles de champán o su copa de cava que es una buena y burbujeante disculpa para acompañar las tertulias de amigos, antes de ir a comer a casa. Por allí aparecen profesores taurinos de lances laborales, joyeros, príncipes rusos, condes, marqueses y artistas de teatro; faranduleros y plumillas de élite; gente de Palencia, personajes en ejercicio y parados famosos de toda la vida, ligones y ligonas, parejas y hasta de la guardia civil camuflados que hacen escolta a parlamentarias europeas, o políticos que lo son o que lo fueron. Diplomáticos y gente del P.P, del P.S.O.E o de I.U. que la buena mesa no está reñida con las ideas políticas, posan sus reales en este salón del barrio de Salamanca.

El café fue desapareciendo de nuestro Madrid tertuliano, para volver ahora en alguna medida a revitalizar, al menos en apariencia, lo que para Madrid fue un café de “la belle époque” del siglo XIX y principios del XX, esos cafés de pereza y holganza donde vivir y dejar languidecer las horas que no tedejan vivir en casa. Quedan, no sólo en la memoria de los que vivieron su atmósfera, hoy perdida, pero queda alguno, con mas de cien años en la mochila, en este decorado matritense, algo cambiados, eso sí, cansados ya de tanto aguante.

 Otros, por moda, nacen a la vida madrileña vestidos con ropa antigua, recién limpia de naftalina, para que Madrid no pierda nunca su identidad cafetera y tertuliana.

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