Mucho he escrito sobre las tertulias madrileñas en cafés, alojerías o tabernas. Eran reuniones literarias, políticas o poéticas casi siempre con una persona que ejercía de organizador o mantenedor de la tertulia. Aunque eran reuniones de café, en sitios privados, en salones particulares o en asociaciones políticas en los que se estaba mejor que en casa, pero también las hubo al raso, al aire libre, como las que de forma espontánea y en corrillos, se formaban de la Puerta del Sol.
De las tertulias auténticas quedan pocas, algunas en los cafés tradicionales de Madrid como el Gijón, Santa Ana, Colonial etc. Ha desaparecido la tertulia de café. Hoy se hacen de pié, de cuerpo presente, en las barras de los bares pero no tienen ese carácter literario o romántico de las tertulias de antes. Ahora se habla más de fútbol y de la situación económica que de literatura y poesía.
También me he referido a las que existieron en El Escorial, reuniones de gente del pueblo y de la colonia o de artistas y pintores residentes en el pueblo. Desaparecidas la del Miranda o del Victoria, todavía se mantiene la de los miércoles en la Cueva con buen yantar de por medio, partida de mus y un puro a pesar de la prohibición.
Estas tertulias han desaparecido casi todas pero de las que han quedado hay dos que siempre me han llamado la atención. Son tertulias al aire libre sin partidas de cartas o dominó, ni bebidas por medio. La del Alaska en San Lorenzo y la de la esquina de la Avenida de la Constitución frente a Caja Madrid en la Villa.
Alrededor de la plaza de San Lorenzo, también llamada del Alaska por el restaurante que se encuentra en ella, cuando hace buen tiempo, en una bancada de piedra que la rodea, todas las mañanas se sientan vecinos del pueblo, generalmente señoras, que hablan de sus cosas y hacen su tertulia mañanera. Es una tertulia con una ubicación complicada pues están sentados en batería, unos al lado de otros. Suele ser una tertulia entre tres o cuatro personas pues su colocación en la bancada no da para más. Algunos de pié hablan pero participan poco tiempo. Funciona más en verano cuando el sol calienta ya que la plaza es un oasis por la sombra que proyectan sus grandes árboles.
En la Villa existe otra al aire libre. Me refiero a la de la esquina de la Avenida de la Constitución con la Avenida de la Arboleda. Es una tertulia itinerante, de una acera a la de enfrente, me figuro que en función de los rayos del sol. Los he visto reunidos incluso lloviendo y hablando bajo sus paraguas. Es un sitio preferente pues por esa esquina pasa todo el que vive en el pueblo o viene de fuera. Los autobuses de Herranz pasan lamiendo sus cuerpos, pero están protegidos por una verja que impide que los vehículos se suban a la acera.
Es una tertulia de primeras horas ya que sobre las 12 o 12,30 desaparece. Es barata pues no se toma nada como en las tertulias de los bares ni se hace botellón porque no son horas para ello.
Las tertulias de los siglos XVIII, XIX y de principios del XX, tenían tres reglas de oro que, aunque no escritas, sí eran respetadas por los tertulianos. No se admitían mujeres; solían asistir siempre los mismos tertulianos y eran sentadas, alrededor de una mesa y con un café para calentar el frío mármol de los veladores con las arengas políticas, recitales o lecturas de los poetas bohemios.
La tertulia al aire libre de la Villa, cumple con una de las tres reglas de oro. No he visto nunca mujeres tertulianas, sólo está formada por hombres. Me figuro que las admitirán, pero las mujeres brillan por su ausencia. En la de San Lorenzo es al revés, está formada casi siempre por mujeres aunque algunos hombres intervengan o se unan a ella. En ambas no se cumplen las otras dos reglas: no tienen los mismos contertulios; la tertulia al aire libre de la Villa es de pié y la de San Lorenzo sentada en la bancada y ambas sin cafés, sin mesas alrededor y muchas veces pasando frío.
Me gusta ver a esta gente como se reúne en estos dos sitios a comentar y hacer tertulia como forma de expresión de la opinión de cada uno sobre temas de actualidad o simplemente sobre sus problemas personales.
