Siempre es bonito celebrar un aniversario. Lo hacemos para recordar algo o a alguien. Celebramos el santo, el cumpleaños, el aniversario de boda, el de los seres queridos. Celebramos aniversarios del nacimiento de grandes personalidades, de efemérides o de grandes acontecimientos y de tantas cosas que nos hace sentirnos vivos recordando a los nuestros, lo vivido o lo que no hemos vivido pero que interesa a nuestra cultura.
Este año celebramos varios acontecimientos muy distintos que de una u otra forma están ligados a mi vida en El Escorial. Celebramos el bicentenario de la muerte de Juan de Villanueva, arquitecto de Corte, de la Orden Jerónima y de Palacio que fue protagonista principal no sólo del proceso urbanizador sino como arquitecto de muchos edificios del Escorial. Me tocó estudiarlo hace años y no paro de maravillarme ante sus obras. La Casita de Arriba, pequeño edificio proyectado para el Infante D. Gabriel, cuya construcción de forma simultánea con la Casita del Príncipe o Casita de Abajo dos joyas de la arquitectura neoclásica que con las Casas de Oficios representan la obra de Villanueva en El Escorial. Pero existen otras muchos que han conformado el precioso decorado arquitectónico de San Lorenzo. El Mercado Municipal que es ampliado por Juan de Villanueva. El Parador Nuevo, en la Cuesta de la Estación, Los Reales Cuarteles de Infantería de Guardias Españolas y Valonas en la calle Floridablanca. Se le atribuye por algunos autores El Cuartel de Inválidos y Voluntarios a caballo en la calle de las Pozas; participó en el Real Coliseo entre 1.782 y 1.789; construyó la Casa del Cónsul de Francia en la calle del Rey, la Casa del Duque de Medinaceli, la casa del Marqués de Campo de Villar en la calle Juan de Leyva y la casa para alquilar en Calvario, 10.
Pero como arquitecto de la Corte de Carlo III dejó su impronta en magníficos edificios en la capital, tales como el Museo de Ciencias hoy Museo del Prado; la remodelación de la Plaza Mayor, El Oratorio de Caballero de Gracia o El Observatorio Astronómico.
También este año, como ya hemos escrito en estas mismas páginas, se cumplen nada menos que los primeros 150 años del primer trayecto de ferrocarril entre Madrid y El Escorial, distancia que se empezó a recorrer en el mes de agosto de 1.861. La propia reina Isabel II presidió los actos para los que se construyeron expresamente, unos lujosos vagones que no llegó a utilizar la reina porque carecían de las medidas de seguridad necesarias. Celebrar el centenario de la llegada del ferrocarril al Escorial debería ser motivo de celebración especial y digna de este acontecimiento pues supuso una revolución y el acercamiento de nuestros pueblos a Madrid. No sé si se están preparando festejos de conmemoración de estos dos importantes acontecimientos, pero pediría que los dos ayuntamientos así lo hicieran para recordar al arquitecto Villanueva y la llegada del tren al Escorial.
Un tercer aniversario que yo celebraré aunque todavía no sé cómo, es el treinta cumpleaños del Cafetín Croché que nació allá por el mes de julio de 1.981. Y digo que lo celebraré, porque escribí, vamos a llamar un pequeño libro, cuando el Cafetín cumplió sus primeros 20 años de vida. La verdad es que el libro no vio la luz pues a las personas que se lo ofrecí para editarlo no les interesó o estaba tan mal escrito que nadie quiso arriesgar por él.
Así comenzaba a hablar del Croché ya así lo recordaré: “En este año de 1.981 nació el Croché y lo hizo sin prepotencia, sin petulancia, de forma sencilla, sin querer darse importancia y como queriendo llegar a este mundo sin alharacas. Por eso no quiso ser Café, pues, petulante sería, intentar emular a aquellos viejos, destartalados y tertulianos cafés del siglo XVIII, XIX y principios del XX, y se quedó en Cafetín, utilizando un diminutivo para no molestar a la Historia”.
Otro aniversario, para mí muy importante, es el centenario del Convento de las Carmelitas Descalzas en el barrio del Carmelo del que nos ocuparemos largamente en estas páginas.
