Buenos días septiembre

Buenos días Septiembre

Virgen-de-Gracia-del-Escorial

 

Escribo esta líneas cuando agosto, ya casi en la tercera edad, empieza a decaer. Quería ser el primero en dar los buenos días a septiembre.

Buenos días septiembre, el mes donde se huele a uva recién vendimiada. Es el mes en el que San Miguel no pasará de largo sin dejarnos el veranillo reluciente y caluroso y donde los higos sabrán a miel. Primero la nuez y la castaña después. Es el mes en el que muchos vecinos apalean los castaños  para desnudarlos de su preciado fruto y el mes, si el sol no se esconde, en el que madurará el membrillo. El mes que abrirá las puertas al otoño y es el mes de Arturo, Raquel, Consuelo, Diego, Emiliano, Dulce o Jenaro, Mercedes y Tecla. Todos ellos aparecen con Miguel en el santoral del mes. Pero para mí es el mes de Nuestra Señora de la Herrería y el de Nuestra Señora la Virgen de Gracia. Dos advocaciones para una misma Madre.

Buenos días septiembre. Ya huele a los dorados atardeceres que en nuestros pueblos escurialenses se gozan con mayor intensidad. Ya huele a fresno, castaño, jara, tomillo y romero de nuestros prados, campiñas y bosques. Huele a Rosario de la Aurora, a esa hora en la que las calles silenciosas esperan el despertar del día y en la que los colores de la paleta del cielo comienzan a cubrir el horizonte. Es la hora en la que algún cohete rompe el silencio como queriendo despertar a los dormidos gorriones para ser testigos de lo que va a ocurrir. Es la hora del sonido gris de las campanas que anuncian que hay que acompañar a la Virgen mientras se reza el Ave María, una y mil veces repetida. Se acompaña y se reza a la Virgen hasta su Ermita.

A las diez se forma el cortejo. Antes hay que engalanarse y vestirse de serrano. Ellas lo tienen más difícil. Zapatos negros; medias y enaguas blancas; falda serrana, delantal con adornos; blusa y mantón bordado; flores y lazos en el pelo y abalorios y alfiler para cerrar el mantón. Ellos sin tantos complementos pero con la indispensable boina negra. Un poeta dijo:

Ponte el traje de serrana/ para lucirlo ese día/ que quiero que en mi carreta/ vayas a la Romería.

Carretas serranas que lo fueron de bueyes, inician su “peregrinación”, que eso debería ser la Romería, que se hace acompañando devotamente a la Virgen a su Ermita o Santuario el día de su festividad.

Al llegar a los prados se desborda la alegría. Se huele a comida campera; se escucha la dulzaina y el tambor; se baila el Rondón y las gargantas secas del polvo del camino necesitan lubricarse con un vino peleón.

Dijo una vez una niña:

¡Madre por qué no me dejas que vaya  a la Romería!

Ya sé bailar el Rondón

Pues lo he ensayado a hurtadillas

Y bailarlo ante la Virgen

De verdad me gustaría

¡Madre por qué no me dejas que vaya a la Romería!

Romería 2

 

La vuelta, lenta, cansada pero sin dejar los cánticos y los bailes serranos. Unos vuelven rezando otros bailando y cantando acompañando a la Virgen a su morada de invierno. Les espera la Salve para cerrar la jornada y que nos hará recordar a los romeros que no están y que conseguirá que alguna lágrima salga y recorra la mejilla al oir  “Viva la Virgen de la Herrería” “Viva la Virgen de Gracia”

Buenos días septiembre.

(Notas del Pregón de 1965 por Luis Martínez Fort)

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *