El AVE, Marbella y El Escorial

AVE, Marbella y El Escorial

12918468760087San Bernabé en la Plaza de la Iglesia

En la vida de Madrid existen muchos placeres mundanos, limpios y no muy caros que yo he experimentado y se los recomiendo. Lo he escrito y lo recuerdo aquí: “ (…) Tomar un caldo en Lhardy con dos barquitas de riñones al jerez a la hora del aperitivo; comprar turrón de yema para Navidad en Casa Mira; pasear por la Plaza de Oriente y tomar una copa en el Café del Oriente, construido sobre lo que fue el Convento de San Gil, del siglo XVI y del que se conserva la sala capitular en los sótanos del Café;  degustar el coktail de champán de Embasy o una torrija en Semana Santa; tomar una taza de chocolate con churros, como hace años en San Ginés; unos huevos estrellados en Casa Lucio o pasear sin prisas por el Madrid de los Austrias; comprar sellos en la Plaza Mayor o una gorra en Casa Yustas;  ver una corrida en la Ventas, cuando San Isidro nos visita, no sin antes pasar por el burladero del “Bar del nueve” y comentar con los amigos”.

Otro de los placeres no muy caros es sacar un billete en clase preferente del AVE (si es con tarjeta de más de sesenta años te sale tirado) y llegar a Málaga. En sólo 2 horas cuarenta minutos  te han dado de comer mal, has visto una película y has leído la prensa. En mi viaje en AVE hacia tierras andaluzas he ido recordando lo que eran aquellos viajes de 12 a 14 horas comparando con las 2 horas y cuarenta minutos del viaje en la actualidad.

Paisajes cambiantes. Unos hasta Puertollano y otros, distintos, a partir de esas dos mentiras (ni tiene puerto ni es llano).  Largos túneles que recuerdan los incómodos viajes en los que sólo veías noche y más noche. Todo negro y al fondo alguna luz pueblerina.

Campos secos que mezclan sus colores tierras con los ocres y arcillosos  hasta llegar a los verdes andaluces. Veo olivos desalineados en inmensas zonas a ambos lados de la vía distintos a los que parecen batallones de soldados alineados para un desfile. El azul del cielo, a medida que avanzamos, no es el azul de Madrid, es algo más alegre pero no tan bonito.

Asientos como butacas orejeras, música, TV, Aire Acondicionado y teléfonos a tope ¡qué manía! Entran se sientan y a gastar móvil.

Campos que parecen pintados por Gutiérrez Solana. Toda una gama de colores cálidos que se mezclan con otros calientes. Campos ondulantes como olas de tierra, salpicados de casitas blancas. Campos de trigo despeinados, sin su pelo largo de espigas, rotos por las máquinas segadoras. Tras el Arroyo del Tajo y el de la Loba, unos túneles, largos como la noche, se encadenan entre riscos y montañas salvando la Serranía. Llegas a Málaga, tomas el autobús y en una hora estás disfrutando de los placeres de Marbella. Allí he pasado unos días y puedo asegurar, frente a los que la tachan de lujo caro, que están muy equivocados. Tengo facturas que demuestran que es más caro tomar un vino, una paella, un tinto de verano, una ración de boquerones o una de calamares en cualquier bar de tapas o similar de la Villa o de San Lorenzo que en uno similar de Marbella.

Allí, nada más llegar, me encuentro con un magnífico recuerdo escurialense: la calle de Nuestra Señora de Gracia, Patrona de San Lorenzo, calle muy cercana al centro de Marbella. Allí en esta calle ha existido una bodega maravillosa en tapas y jamón con el bonito nombre de “La Sacristía”. El jamón, los quesos, morcillas, lomos y buenos caldos era el secreto del éxito de este típico rincón marbellí.

Salgo de la calle y voy hacia el paseo marítimo donde recalo en “La Venencia” lugar de tapas de los que hay pocos. Como el sol acompañaba al aperitivo nos sentamos en una de los barriles que en la calle están para goce de parroquianos. Y allí me encuentro con dos gurriatos, uno camarero y el otro en paro según me dijo. Hablamos de nuestro pueblo largo y tendido mientras seguimos con nuestras tapas de pescaito frito en la taberna.

Pero los encuentros no acaban ahí. La Iglesia de la Encarnación, Parroquia de Marbella donde se casó Lolita Flores, está presidida por la estatua de San Bernabé que desde su pedestal rige los destinos de Marbella. Y digo bien: San Bernabé  no sólo es el patrono de Marbella como lo es de La Muy Leal Villa de El Escorial, sino que  además es el Alcalde perpetuo de la ciudad de Marbella desde el 2.007. Me gusta esto de hacer alcalde a un santo y más en Marbella. Se acabaron los corruptos, las recalificaciones y los planes generales. No habrá más Rocas ni Giles, ni rubias trinconas.

 

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