La navidad de la mula y el buey

Lo siento pero voy a poner la mula y el buey, como lo he hecho durante toda mi vida, en el portal de Belén. A pesar de que Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha escrito, en su último libro sobre la infancia de Jesús, que en el Portal de Belén, no había ni mula ni buey ya que no aparecen en los Evangelios, yo los voy a seguir poniendo en mi Nacimiento.

Me encantaría saber como se ha enterado el Papa después de miles de años que en el Pesebre no existieron estos dos animales que según la tradición dieron calor al Niño Jesús tras no encontrar la Virgen María y San José posada donde dar luz al niño. Ahora se pone en duda hasta que no eran necesarios los dos animales porque esa noche no hacía frío en Belén ya que los pastores “pernoctaban al raso” cosa difícil para una noche fría.

¿Como les explico a mis todavía pequeños nietos que este año no pongo los animales en el Portal  porque lo ha dicho el Papa? Es como si me cargo a los Reyes Magos, a las lavanderas y a los peces en el río, a los pastores al tamborilero y a todas esas entrañables estampas navideñas que nos han acompañado durante nuestra vida. Guardar las tradiciones y los recuerdos es la forma mas fácil de seguir viviendo.

No pienso tirar mis pequeñas figuritas del buey y la mula, figuritas de tierra cocida pintadas a mano, que hace muchos años compró mi madre en la Plaza Mayor, en esa plaza donde de niños buscábamos entre los puestos aquellas figuras que se adaptaran mejor a nuestro Belén y de paso comprar algunas bromas para el día de los Inocentes. ¿Alguien de la nueva hornada de jóvenes sabrán qué se conmemora en este día? ¿Y en el día de Nochebuena y en el de Navidad?

¿Qué harán en San Lorenzo con la mula y el buey del Belén de tamaño natural que montan entre las calles y plazas del pueblo? ¿Como le contarán a los miles de niños que esperan todo el año para ver el Belén con la Virgen, San José y el Niño, que este año no van a estar las figuras de la mula y el buey? No creo que tampoco el Alcalde la Villa haya dado la orden de no ponerlos en el Belén que todos los años se monta en la Plaza del Ayuntamiento. Seguro que los niños los verán en el pesebre dando calor al Niño.

Lo siento Santidad pero no se puede cambiar de Pascuas a Ramos la Navidad. Una Navidad sin mula, que no sabemos si era mula u otro equino, ni buey en el Portal no es Navidad.

Yo quiero la Navidad como la he vivido: con turrones y nueces glaseadas de Casa Mira; la de la paz que se respiraba en mi familia; de las letras absurdas de los villancicos. Quiero mi Navidad del Belén y de la cena de Nochebuena con la sopa de almendras de postre. (Nunca consiguió mi padre que cenáramos lombarda, porque no nos gustaba, ni besugo por lo caro que era). Quiero la Navidad de la Plaza Mayor y del caldito del samovar de Lardhy. La de las iluminaciones navideñas y la de las exposiciones de belenes antiguos.

No quiero la Navidad del “caganer” catalán, ni la del Papá Noël ascendiendo por las fachadas. No quiero la de los petardos y borracheras.

Me gusta el olor de mi Navidad, el olor del puchero de caldo en la cocina o el de la colonia que te dejan en el Árbol. Me gusta ver el anuncio del turrón, el de “vuelve a casa por Navidad” y los anuncios de juguetes con mis nietos. Me gusta la de los christmas escritos a mano y no la de los sms telefónicos o los correos electrónicos.

Quiero la Navidad de los tres Reyes Magos con sus pajes y camellos; la del Niño Jesús en el pesebre junto a su padres María y José. Esta es mi Navidad. Hay otras pero no son las mías. En definitiva quiero y me gusta la Navidad de la mula y el buey.

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