Mirar al Monte Abantos a través de las muchas “ventanas” abiertas que tenemos en El Escorial, siempre me ha impresionado. Lugar mágico que se dice fue culto para los iberos y lugar de numerosas leyendas referidas a fenómenos paranormales. Pinar que tuvo una gran herida con el incendio de aquel verano de 1.999 que se llevó gran parte de su verde piel. Recuerdo con tristeza aquel 20 de agosto. Sobre las cuatro de la tarde se iniciaba un terrible y peligroso incendio que arrasaría 500 hectáreas de pinos del Monte Abantos, pinos que se plantaron en 1.892 por los alumnos de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes que existió en San Lorenzo. Mirando a ese verde pinar desordenado, donde habitan familias enteras de “abantos”, término que comprende varias especies de buitres, he querido recordar su origen.
Originalmente así llamada, la Escuela Especial de Ingenieros de Montes inicia su andadura en 1.848 en el Castillo de Villaviciosa de Odón, castillo medieval perteneciente a la Casa de Chinchón y estaba adscrita al Ministerio de Fomento. Se accedía mediante un examen de ingreso que era una oposición en toda regla.
La creciente necesidad de aumento de espacio, hizo que se solicitara el traslado a otro lugar. Gracias al prestigio del Intendente de la Real Casa y Patrimonio, D. Luis Moreno y Gil de Borja, Marqués de Borja, al que debemos mucho los escurialenses por su deseo de propiciar mejoras en favor del Real Sitio, se consiguió el traslado de la Escuela al Real Sitio de San Lorenzo del Escorial. La primera Casa de Oficios, dependencia del Monasterio y que por aquel entonces era utilizada como alojamiento de la servidumbre real de la Casa de Borbón, fue la sede elegida para dar cabida a la Escuela.
Cuenta Antonio Biosca que “el cambio de situación geográfica, estuvo fundamentado en tres razones esenciales: La primera, el ahorro económico: el Estado pagaba una renta anual sustancialmente elevada en concepto de alquiler tanto por el Castillo como por los campos de experimentación. La Segunda, el espacio disponible: los museos y gabinetes crecían día a día, de forma que los locales que albergaban llegaron a ser insuficientes. Y la tercera, la logística docente: El Escorial contaba con un monte, con un jardín y con terrenos espaciosos, todos ellos idóneos para llevar a cabo las prácticas que exigía la Carrera”.
De esta época, 1.891, datan los exitosos trabajos de repoblación del Monte de Abantos, cuya vertiente sur se encontraba totalmente deforestada. La Escuela asumió los trabajos de repoblación, que fueron ejecutados por los propios alumnos.
La repoblación forestal del Monte Abantos, que estaba muy avanzada en 1.904, llevó al Intendente de la Real Casa a solicitar que se hiciera algo similar en el Monte del Romeral, propiedad de la Corona.
En la posguerra la Escuela de Ingenieros de Montes estuvo ubicada provisionalmente en un piso en Madrid, hasta que en los años 40 se traslada a su actual emplazamiento en la Ciudad Universitaria. En los años 90, se detectaron problemas estructurales en el edificio principal de la escuela de Madrid, que obligaron a realizar obras de reforma y trasladar la docencia a otros edificios anexos. Se planteó entonces la posibilidad de trasladar la Escuela de Ingenieros de Montes nuevamente a San Lorenzo del Escorial. Si esta situación se hubiera mantenido en el tiempo, San Lorenzo sería en la actualidad un Centro Universitario importante no sólo con la Universidad María Cristina que da acceso a varias carreras, sino también con una Escuela de Ingenieros de Montes que por su situación al pie de la Sierra de Guadarrama, habría permitido recuperar las enseñanzas prácticas, que desde su traslado a Madrid están muy arrinconados frente a los contenidos teóricos y abstractos.
Escuela de Ingenieros de Montes en San Lorenzo

