Archivo por meses: febrero 2010

Un paseo por Floridablanca

En el número anterior escribía de la calle Floridablanca desde la perspectiva de un gran decorado histórico donde los edificios que la circundan, nos hacen recordar parte de la propia historia del pueblo de San Lorenzo.

Pero en el baúl de mis recuerdos asoman aquellos de mi adolescencia que, a pesar de la inexperiencia de esa edad que sucede a la niñez, conformaron la mejor parte de mi vida de veraneante en estos parajes escurialenses.

Recordar la calle Floridablanca es recordar aquellos paseos en las tardes veraniegas, para ver y que te vieran las niñas ya conocidas o las que ibas a conocer en el transcurso del verano. El paseo acababa prácticamente en la Farmacia de Cos junto al guardia que fielmente estaba situado junto a una barrera para impedir la subida de vehículos. Sólo era interrumpido, primero por el autobús de la Tabanera y años después por los de Herranz a los que había que hacer un pasillo humano para dejarles pasar en su camino hacia Madrid. De la farmacia vuelta hasta la Barquillera o poco más. En nuestro paseo que se iniciaba a las 7 o las 8 de la tarde, pasábamos varias veces por el Hotel Miranda, verdadero observatorio veraniego para que fuéramos vistos, generalmente por las madres que allí merendaban junto a los grandes ventanales o en la hermosa terraza mientras los hombres hacían tertulia o jugaban al dominó y al mus en los salones del hotel.

Los 6 grandes ventanales del Hotel eran durante el verano, grandes ojos que observaban todo lo que ocurría fuera. Desde ellos se dominaba todo movimiento que se hiciera por la calle y además se dominaba la barra y los salones con lo que el conocimiento era total. Como si fueran palcos abonados de un teatro, casi siempre estaban ocupados desde primera hora de la tarde por las mismas personas. La función iba desarrollándose en la calle y se iniciaban los comentarios entre ellos y con los del palco de al lado. Aunque hoy siguen ahí, las circunstancias han cambiado y no son lo que fueron en otros tiempos pues ya no se pasea por Florida y aunque así fuera ya no se conocen unos y otros.

La terraza del Miranda era un observatorio de la colonia veraniega los meses de verano. Detrás de una horchata, una limonada o un chocolate con picatostes, las miradas se dirigían a los mozos y mocitas que desde las siete de la tarde subían y bajaban por la calle Florida, sabiendo que centenares de ojos y muchos comentarios se producían a su paso. Era un tribunal muy estricto que te condenaba o te absolvía con una facilidad pasmosa y sin abogado defensor que pudiera aportar pruebas sobre tu inocencia. Se sabían todo. Si la hija de Dña. Teresa llevaba el mismo traje del año pasado aunque para disimular se lo habían arreglado acortándola un poco los bajos. Si la de Pitita ha dejado al chico con el que salía o si Antoñito había suspendido ya que sólo paseaba los sábados, domingos y fiestas de guardar.

El hotel-observatorio, al que le dedicaremos un capítulo aparte, fue construido en el primer tercio del siglo XIX y se denominaba Fonda de San Luis y pertenecía al Real Patrimonio de S.M. Actualmente pertenece a la cadena Arturo Cantoblanco. El anterior dueño fue la cadena de La Taberna del Alabardero cuya gestión no fue un modelo para su estudio en un master de economía y acabó cerrando durante varios meses y con importantes problemas laborales.

Después en la noche, ya vacía la calle de paseantes, recabábamos en el bar-terraza de los Pacheco, donde Quinito y Julio ayudaban a sus padres cuando los estudios les dejaban tiempo libre. Allí, bajo la Casa de los Doctores, nos quedábamos horas hablando de lo divino y humano entre botellines y pipas de la Barquillera mientras alguno, más romántico, se dedicaba a mirar las estrellas quizás buscando en ellas alguna musa que le ayudara a pasar el largo veraneo. El toldo y los sillones de mimbre ya amontonados y retirados de la terraza del Miranda, dejaban un espacio desolador hasta la mañana siguiente que serían montados nuevamente para llenarse de madres ávidas de ver a sus hijos pasear por Floridablanca.

La calle Floridablanca

Todo pueblo o ciudad que se precie, tiene una calle emblemática, representativa, con solera, llámese la Calle Mayor, la Gran Vía o la Calle de las Tiendas, en la que se palpa la historia, en la que se pasea los domingos o en la que se celebran los principales actos lúdicos o religiosos. Es la arteria que nos lleva al corazón del pueblo o de la ciudad. En pleno centro de San Lorenzo, esa calle típica y simbólica es la calle Floridablanca. Pasear por esta preciosa arteria es pasear por la historia del pueblo, pues cada edificación es un pedazo de ella y con nombres que nos hacen recordar su historia en cada momento. La Casa llamada de Jacometrezo, la Casa de los Doctores;  la Fonda de los Milaneses o las Casas de los Reales Cuarteles de Infantería de Guardias Españolas y Valonas; el Real Coliseo; la Iglesia de los Laborantes y las tres Casas de Oficios.

Salvadas las trabas jerónimas que impedían las construcciones fuera del recinto de la Lonja y las Casas de Oficios, se inicia el desarrollo urbano de San Lorenzo por la calle que primero fue cañada ganadera, calle de los Doctores, San Juan de Malagón, calle de la Capilla para llamarse como hoy la conocemos, Floridablanca. La calle comienza en la Plaza de la Virgen de Gracia y termina en la calle Alarcón, aunque “oficialmente” lo sea en la Casa de Jacometrezo con vuelta a Leandro Rubio. El origen de esta casa se remonta al momento de la construcción del Monasterio en el siglo XVI con el fin de alojar a algunos de sus laborantes y oficiales. Fue el Hotel Jardín durante muchos años y era uno de los sitios más agradables para merendar y pasar las tardes veraniegas bajo sus frondosos árboles. Ahí está hoy día, sucio y destartalado como en su momento dijimos del Batán o de la piscina del Felipe II.

Las dos aceras de la calle parecen dos hermanas permanentemente cabreadas ya que una pertenece al Ayuntamiento y la otra al Patrimonio Nacional. Iniciando la subida desde el Laberinto, nos recibe el Regina, que fue hotel junto al Columba, hoy desaparecido. A continuación las edificaciones que fueron los Reales Cuarteles de Infantería de Guardias Españolas y Valonas. Situadas en los números 6, 10 y 12 son tres edificaciones que forman parte de la primera obra borbónica en San Lorenzo y sirvió de residencia para el cuerpo de Infantería de la guardia española y valona. Con muchas modificaciones, hoy dan cobijo a dos hoteles, dos restaurantes, una galería de arte y una tienda de regalos.

Aparece después, la que fue la Fonda de los Milaneses, hoy día de propiedad privada y en la que se ubica la Farmacia de González de Cos. Construida entre los años 1.767 y 1.773 y cuyos autores están sin identificar. Fue hospedaje real, alquilada posteriormente a la Compañía Los Milaneses, dueños en Madrid de las fondas San Sebastián (1.765), La Fontana de Oro y La Cruz de Malta donde se daban cita gran parte de los intelectuales de la época. Es una edificación de planta compacta, de cuatro alturas y cuatro fachadas de tipología propia de las casas de alojamiento en las jornadas reales.

El Real Coliseo de Carlos III, hoy cerrado, cuya reconstrucción en 1.974, corrió a cargo de los hermanos Martín Gómez, Pedro y José Luis y por el arquitecto Mariano Bayón. Edificio construido por el arquitecto francés Jaime Marquet en 1.770, autor también de los teatros del Pardo y de Aranjuez. Formaba parte de un conjunto de edificios, como la Casa de los Cómicos y otras dos que luego constituirán la Fonda y Café de San Luis, hoy el Hotel Miranda Suizo. En 1.870 se autoriza  al Ayuntamiento la demolición del pórtico con arco que atravesaba Floridablanca desde la Casa de Oficios y por donde en otra época, la realeza pasaba al teatro. Los materiales del tejado y la piedra fueron aprovechados para reparar los edificios de la Cárcel, El Hospital de San Carlos y enlosar los alrededores de la Casa de Oficios. A partir de aquí se abre un espacio a la recoleta y preciosa plaza de Jacinto Benavente o de Los Jardincillos que dibuja el eje con la cuesta de Grimaldi y la fachada de poniente del Monasterio. La plaza está limitada por la casa de los Cómicos y la Casa de los Doctores. Fue ésta la primera edificación realizada fuera de los muros del Monasterio para ampliar sus dependencias. Dedicadas a los seglares que como catedráticos del Colegio daban clases de Arte y Teología. Proyecto del maestro mayor del Rey, Juan de Villanueva en 1.583. Sufrió varias transformaciones, elevándose en una planta. El uso actual es hostelero, comercial y residencial en las plantas superiores.

A partir de aquí las terrazas y bares nos llevan hasta otro espacio abierto, la Plaza de la Constitución, con el  Ayuntamiento como fondo.  De aquí hasta Leandro Rubio se suceden actualmente una serie de bares y restaurantes en la zona que fue: tienda de patatas fritas Tomasín, Central de teléfonos, Carbonería Marinas, tienda de ultramarinos, Perfumería, bar Manjarín…

La acera de la izquierda de la calle Floridablanca es pura historia con la Primera y Segunda Casa de Oficios con sus tres recoletos patios con soportales, pilares cuadrados y árboles centenarios, separadas por la cuesta de Grimaldi. La Segunda Casa termina con la que fue primero Iglesia de los Laborantes, parroquia de San Lorenzo después y hoy Santuario de la Virgen de Gracia junto a la escalera que baja a la Lonja por la calle de la Capilla pasando por el Patio de la Leñera junto a la Tercera Casa de Oficios. Se dice que por esta escalera baja más gente de la que sube.

¡Cuántas historias encierra el Valle!

Durante los muchos años que llevo escribiendo sobre temas escurialenses, nada menos que desde el Semanario Escurialense, nunca he escrito nada sobre el Valle de los Caídos. Razones las desconozco pero es así.

Hace unos días decidí volver a recorrer el Valle y entrar en la Basílica que me volvió a impresionar y a tocarme esa fibra sensible que debemos tener todos en algún lugar escondida.

En otro momento escribiré sobre la construcción de este monumento; sobre los presos políticos que ayudaron a su construcción; sobre los muertos allí enterrados; sobre la hospedería y sobre tantas historias que el Valle encierra. Hoy sólo recogeré tres anécdotas o noticias que he conocido en los últimos días y que me han hecho reflexionar sobre esta impresionante, al menos para mí, obra religiosa y funeraria en memoria de las víctimas de la Guerra Civil.

Una: Pregunten a los comunistas y a los actuales defensores de la Ley de la Memoria Histórica, como al Diputado Llamazares que tanto ha largado sobre el Valle y su construcción por los presos políticos, pregúnteles que quien construían las carreteras en Siberia o los edificios públicos y obras hidráulicas en Moscú, Leningrado o en la Rumanía de Ceaucescu durante el comunismo. Eso no se criticó pero lo que se hizo aquí se airea, se miente y se malinterpreta. Por ejemplo nadie cuenta que muchos presos políticos pedían ir al Valle porque allí tenían más días de redención de penas, mayor salario y más posibilidades de escapar. Eso ocurrió a Manuel Lomana y Nicolás Sánchez Albornoz condenados a cuatro y seis años de cárcel en Carabanchel por hacer pintadas en la Facultad de Filosofía y Letras. Pidieron su traslado a la obra de construcción del monumento del Valle y allí el 8 de agosto de 1.948 se adentran en la sierra ayudados por jóvenes antifranquistas venidos de Francia. Llegan a Barcelona donde deberían encontrar a la persona que les llevara a Francia, pero el guía no apareció. Tras adentrarse solos en Francia su aventura termina en Perpiñán dónde son documentados por el Gobierno francés.

Dos: El día 14 de septiembre día de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, los monjes benedictinos de la Basílica expusieron, como tienen costumbre, el relicario que contenía un pequeño trozo del “lignum crucis”. Se trata de una porción del madero de la Cruz en la que, según la tradición, fue crucificado Jesucristo y que el Papa Juan XXIII regaló a los monjes de la Basílica en 1.960. Se guardó la reliquia en la sacristía y al día siguiente tras la misa de once con la escolanía, la reliquia había desaparecido.

Gracias a las cámaras de seguridad que grabaron el coche del ladrón, la Guardia Civil recupera el “lignum crucis”. Se trataba de un ex seminarista, encarcelado por el robo a un banco, que disfrutaba de un permiso carcelario y tenía problemas económicos aunque no quería la venta de la reliquia, que me figuro que hoy día no le darían ni un euro, sino sólo la protección del “lignum crucis”.

Tres: Lo cierto es que en esa campaña laicista y ateísta iniciada hace algunos años por los socialistas y los pocos comunistas que quedan en Europa, se ha unido la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dando la razón a la señora italiana que denunció y pidió la desaparición de crucifijos en las aulas. ¡Que mejor crucifijo que la Cruz del Valle de Cuelgamuros para hacerlo desaparecer!

Me figuro que si la cosa sigue así y lo que se pretende es, no sólo quitarle toda connotación política a lo que representa el Valle de los Caídos, sino que si fuera posible, derruirlo y borrarlo del mapa, no va a ser necesario. Según las últimas informaciones las piedras de la fachada se caen; la estatua del San Juan ha perdido un dedo; la Piedad de la entrada a la basílica ha sido forrada de una tela metálica al perder parte de sus piedras y las goteras dentro de la Basílica están poniendo en peligro derrumbes de su techumbre. Les aseguro que si no se hace algo urgente, que no se hará, se declarará en ruina y lo mismo deciden destruirlo.

Periódicos y semanarios en San Lorenzo

San Lorenzo de El Escorial ha sido uno de los pueblos de España con más publicaciones periódicas, muchas de vida efímera pero donde otras llegaron a publicarse durante muchos años. Dada la gran vida cultural que en el verano escurialense se desarrollaba por escritores, poetas, dramaturgos, músicos, pintores y un largísimo etc. siempre se estaba dispuesto a publicar un semanario que sustituyera al anterior que acababa de desaparecer. Los hermanos Alvarez Quintero, Fernández Shaw, Jacinto Benavente, Alfredo Marquerie, Antoniorrobles, Duyos, Fernández Flórez, Arniches, Suárez Valdés, los hermanos Sabáu, Antonio Cobos y tantos que colaboraron o escribieron en los muchos semanarios existentes.

Como ejemplo recordar que antes de la guerra, se editaban tres revistas para una población que no llegaba a 5.000 habitantes: Renovación que valía 10 céntimos, nació sobre 1.925 de la mano de Vicente González Carrizo maestro, periodista y que fue alcalde al principio de la guerra civil; El Gurriato, periódico que nació en 1.921 de José Cogolludo que murió fusilado por los republicanos en 1.936 y Florida del impresor Juan Aroca Benito condenado a muerte que sería conmutada por 30 años de cárcel.

Nombres como Papel de Vasar, El Progreso, Arriba España, El Camastrón, Presente, El Garabato, El Pasquín, La Crónica del Nuevo Siglo y tantos otros. Desde el Independiente editado en 1.913 hasta La Lonja desaparecido hace poco tiempo y Aulencia última conocida, tengo registradas 26 publicaciones.

En el verano de 1.945, año de mi nacimiento, nace también el Semanario Veleta de la mano de Carlos Sabau con la única intención de reinstaurar la Romería de gran solidez y consistencia en épocas anteriores y propagar la devoción a la Virgen de Gracia entre el pueblo y la colonia.

Pero al que tengo todo mi cariño y mis mejores recuerdos de juventud, es al Semanario Escurialense que nace en 1.958 editado por la familia Esteban dueños de la imprenta Gráfica Escorial frente a la Parroquia en la calle de las Pozas. Familia tristemente deshecha al morir parte de ella en el derrumbamiento de un comedor recién inaugurado en los Ángeles de San Rafael, mientras celebraban una convención de la empresa Spar. En este semanario escribía gente maravillosa del pueblo y de la colonia hasta el punto de que al ser obligatorio, en aquella época, que el director de cualquier publicación fuera un periodista en ejercicio, le pidieron a mi hermano Juan Manuel que firmara como director, cosa que hizo durante muchos años, aunque como tal actuara José Mª Suárez Campos. Allí escribieron: Eloy F. de la Peña, Agustín Cebrián, Quinito Pacheco, Alfonso Lindo, José María Suárez Campos, Juan Van-Halen, mi padre, Ángel del Campo y una pléyade de buena gente muchos de ellos hoy desaparecidos.

Secciones como “Desde el Alero”, “Diálogos de D. Procopio”, “Andar y Ver” “Recordamos…” “Deportes” y “Noticias” componían el periódico.

Y allí empecé a hacer mis pinitos como aprendiz de escritor, en el verano de 1.962 con sólo 17 años con una sección que primero se tituló “Haciendo Memoria” para después llamarse “Papelín Oficial de Noticias” y en las que contaba las mil y una historia del veraneo escurialense con sus fiestas, ligues, excusiones, regidoras, etc. La sección tuvo mucho éxito entre las madres y los jóvenes veraneantes ya que, por ella, se enteraban de muchas cosas que había o no sucedido. Llegó hasta el punto de que una semana me inventé una fiesta en casa de una conocida joven de la colonia. La conté con todo detalle y dando cuenta de los personajes importantes que supuestamente asistieron. A los dos días de su publicación y yo fui testigo en el Miranda, dos madres comentaban lo bien que sus hijas lo habían pasado en esa fiesta fantasma que jamás existió.

En la Villa, según me cuenta Javier Donate, sólo existió una publicación, el Boletín Parroquial, en la que colaboraba su padre con la sección “Yo el Rey” .Aunque de carácter religioso también se contaban vivencias del pueblo. Si no me desmiente mi amigo Javier Montero, que se lo sabe todo, no hubo ninguna otra publicación en la Villa. Hoy nos queda la Gaceta Escurialenses