Archivo por meses: mayo 2012

La foto

La foto

Con este título Alfonso Ussía describe y analiza la foto de familia- mal avenida- que con motivo de los fastos de los cincuenta años de reinado de Isabel II se han celebrado en el Palacio de Windsor. Con su maestría describe a cada uno de los que en la foto chirriaban, con el adjetivo idóneo y adecuado a su situación. De todos el que más me ha gustado, es el calificativo de “tonto” que ha dado al badana, bodoque y calzorra de Mónaco que nos dejó sin Olimpiada. Escribe Ussía: “Ahí posó, en primera fila, el simpático golfo de Mswati III, Rey de Swazilandia, decimoquinta fortuna del mundo, dueño y señor de todas las vírgenes swazis. Ahí estaba el supermillonario Sultán de Brunei, nada partidario de reconocer a las mujeres el derecho de  sufragio. Lestie III, Rey de Lesotho, una nación arruinada a costa de su fortuna personal. El tirano Rey de Bahrein, y los sospechosos malayo, kuwaití, tailandés y el heredero de Abu Dhabi.

Sigo leyendo La Razón -normalmente empiezo a leerlo por la última página, la de Ussía- y llego a otra foto, la del G-8 con los mandatarios más importantes del mundo alrededor de una mesa redonda, sonrientes (con la que está cayendo) y todos sin corbata. Obama, Cameron, Medvedev, Merkel, Van Rompuy, Durao Barroso, Yoshihiko Noda, Mario Monti, Harper y Hollande. Sí, son diez en el G-8, pero eso entra dentro de la perplejidad como dice Álvaro Martínez en “ABC”. Parece más que una importante reunión, la mesa de una boda celebrada en agosto y en la que por el calor se han quitado todos la corbata menos la Merkel. Luego vendrá la chaqueta. No puedo entenderlo. Todos con traje o chaqueta pero sin corbata. ¿Estarían haciendo un guiño a los “indignados” del 15-M o a los antisistema? Quizás en la próxima reunión llevarán “rastas”, un perro y entrarán a la reunión del G-8 tocando la flauta como verdaderos “perrroflautas”. Después se quitaron la chaqueta (ver la foto del Mundo) y ya parecen más normales, en mangas de camisa y algunos con jersey.

La reunión ha sido en Camp David la residencia del anfitrión que por idílica y bucólica que sea, se merece otra forma de comer alrededor de una mesa. Se me antoja que si la reunión se celebrara en Marbella aparecerían en bermudas o traje de baño que sería una gozada ver a la Merkel en un dos piezas o traje con faldita como a principios de siglo. O si fuera en Madrid todos vestidos de chulapos con su palpusa (gorra), babosa (camisa), su chopín (chaleco) y sus alares (pantalones) de cuadros.

Por eso me he permitido plagiar el título de este capítulo de mi blog llamándole “La foto”. Realmente ambas fotos son dignas de comentarlas cada una desde una perspectiva distinta, pero ambas, para aptas para desentrañar todo lo que llevan dentro. Cada uno es muy libre de hacer sus propias consideraciones y esta ha sido la mía. La otra la de Ussía.

El Supermercado de Abantos

El Semanario “Veleta” uno de los muchos periódicos escurialenses que vieron la luz, nació de la mano de Carlos Sabau Bergamín el mismo año de mi nacimiento allá por 1.945. Nace con la única intención de reinstaurar la Romería y propagar la devoción a la Virgen de Gracia entre el pueblo y la colonia.

Carlos Sabau marchó a las américas y escribía su sección “Desde el otro lado del Atlántico” en “Veleta”, su querido semanario, para tener un cordón umbilical que le uniera con San Lorenzo y sus gentes a los que quería de manera muy especial. En agosto de 1.950 desde La Habana firmó el artículo “¿Quién quiere construir el “Supermercado de Abantos”  en el que cuenta que en sus viajes por tierras cubanas y mejicanas había observado un tipo de tiendas que no existían en España. Eran los “Supermercados” y los describía como grandes naves llenas de todo tipo de artículos comestible y para el hogar, desde las patatas, las verduras, las frutas, las conservas, el azúcar o el pan, artículos que en España se vendían en distintos tipos de locales exclusivos. Con ello, decía Sabau en su artículo, las que hacían la compra, que entonces eran fundamentalmente mujeres,  ahorraban tiempo y dinero centralizando en un solo local la adquisición de todo lo necesario para el día o la semana.

Le llamaba la atención que en estos “Súper” los clientes se despachaban solos sin necesidad de que nadie les atendiera, forma muy distinta a como se hacía en nuestras tiendas de ultramarinos o de comestibles, para mí más cercanas y entrañables que estas grandes naves impersonales. Poca gente conoce hoy día el nombre de las cajeras o vendedores de pescado de estas inmensas tiendas como se conocían antes en las pequeñas tiendas de barrio. Pero para aquella época de 1.950 todo era chocante: el cliente pesaba lo que quería llevarse, lo envolvía y colocaba en las bandejas de un carrito metálico -similar a las sillas de los niños pequeños- que había tomado a la entrada del local y poco a poco iba llenándolo con multitud de productos que él mismo había tomado de los estantes. Cuando termina su compra se dirige hacia la caja donde una empleada va separando los productos, los cobra y vuelven al carrito que se dejaba a la puerta del local para un siguiente cliente.

Comentaba Sabau que este tipo de grandes tiendas se encontraban en zonas residenciales y elegantes que así se llamaban en estas ciudades y recuerda al precioso Barrio de Abantos escurialense, en el que, dice, no existía ninguna tienda de comestibles y sería de gran utilidad la creación del “Supermercado de Abantos”. Con su visión de futuro, Carlos Sabau augura gran éxito a este tipo de establecimiento al que podría combinarse con un bar y sus mesas en una amplia y fresca terraza y en el interior una gran barra americana. Además lo ubicaba en el Monte Bajo y le daba una vida activa de cuatro o cinco meses por temporada, aunque ya en 1.950 auguraba que serán muchas las personas que habitarán establemente en El Escorial aunque vayan a diario a Madrid a cumplir con sus obligaciones.

Así mismo, en su artículo, daba ideas a los comerciantes del pueblo de como deberían unirse en una sociedad, con un comerciante por especialidad  y se ofrecía para dar todo tipo de información y ayuda a quien lo estimara realizable.

Todo lo que contaba Sabau en 1.950  en su artículo del “Veleta” nos es totalmente familiar hoy día dada la multitud de este tipo de establecimientos que llenan nuestros pueblos y ciudades.

Cuando Carlos Sabau pedía que alguien creara un Supermercado en Abantos no creo que pensara que 70 años después, menos en Abantos que sigue sin que exista, se crearan en el Escorial tantas superficies comerciales como las que existen hoy día. Desde el primer supermercado de San Lorenzo, creo que fue “Gigante” en la zona del Polígono de Matacuervos, hasta hoy día, hemos vistos crecer este tipo de establecimientos de forma exhaustiva en nuestros dos pueblos y llegar a concentraciones en una misma zona de hasta seis grandes superficies. Ante los nuevos ensanches previstos, en unos años veremos crecer este tipo de establecimientos aunque parece que hoy día exista una súper oferta de supermercados para estos tiempos de crisis.

Ya están aquí

Cumpliendo con su calendario, han llegado unos días antes de Semana Santa para endulzarnos los días hasta que se celebre la Romería de la Virgen de Gracia. Después marcharán a su tierra y volverán por Navidad para traernos sus delicias de almendra en forma de turrón.

La profesora le pregunta a Juanito:

-A ver Juanito que son los valencianos.

-Señorita: los valencianos son los helados que venden en El Escorial.

Las risas y carcajadas de los compañeros se pudieron oir hasta en el patio de recreo y la profesora castigó a Juanito por no saberse la lección de geografía. Pero Juanito tenía razón; él sólo conocía a Los Valencianos, esos heladeros a los que compraba helados durante los veranos en San Lorenzo del Escorial.

Hay cosas agradables que recordar y todavía más si esos dulces recuerdos de niño, como los helados, los sigues saboreando hoy día después de más de sesenta años y fabricados por los hijos y familia de los que fueran sus fundadores.

Unos días antes de Semana Santa, llegan puntualmente a San Lorenzo las familias que desde hace muchos años nos endulzan y engordan los días, fabricando esos deliciosos helados, la refrescante horchata de chufas y el sano y granizado zumo de limón. Según mis datos, que creo ciertos, Lázaro y Fernando, dos  hermanos alicantinos, recalaron en San Lorenzo del Escorial allá por 1.942. Lázaro, casado con Teresa, venía de trabajar en la fábrica del whisky DYC en Segovia, la fábrica de Nicomedes García, donde también se hacía el Anís Castellana. Desconozco porqué se instalaron aquí los dos hermanos pero se lo agradezco de corazón por los buenos ratos que nos han hecho pasar y aunque desde la distancia de su tierra, seguimos pasando.

En aquellos primeros años recorrían las calles de San Lorenzo con sus heladeras al hombro llenas de ilusiones y helado de vainilla, chocolate y polos de chufa; primero andando con la heladera al hombro y después en bicicleta y con carrito de madera que empujaban desde La Lonja del Monasterio o desde la Plaza de Cruz, hasta su cuartel general en la calle Medinaceli. Más tarde se motorizan y sustituyen sus largos paseos andando con su heladera al hombre por los mismos paseos pero con carritos de motos. Desaparecían a finales de septiembre para ir a hacer turrón a Alicante y regresar por Semana Santa. Hoy traen el turrón, magnífico por cierto, a la tienda que tienen en la calle Juan de Leyva, que en verano es heladería y en invierno, los días de Navidades, se convierte en turronería.

Yo vivía en verano en el Plantel, en la calle de Coronel de Diego y aunque la guerra diaria de mis padres era que durmiéramos la siesta después de comer, la verdad es que no nos acostábamos hasta que se oía la voz de Lázaro o de Fernando, pregonando los helados de vainilla, la horchata o el limón granizado. Comprábamos un helado y ya podíamos ir tranquilos a dormir la siesta. Los helados de galleta, llamados de corte, se servían con un instrumento sencillo y original. Colocaban una galleta de vainilla y bajaban una palanca hasta que el grosor coincidiera con el precio que habías solicitado. Después lo rellenaban de helado con una paleta y terminaban la operación con otra galleta, quedando un helado de corte o tipo sándwich. Se apretaba la palanca del aparato hacia arriba y salía el helado listo para degustar.

Recuerdo a los chicos que vendían los helados en la Lonja o en la Herrería. Llevaban chaquetilla blanca y un gorrillo, blanco también, tipo marinero que recordaban a las películas americanas de Fred Astaire y la Rogers.

¿Quién no ha visto un carro de Los Valencianos en la plaza de la Cruz o en la Lonja frente a la puerta del Monasterio? En ellos se anunciaban los helados del día: limón, mantecado, polo de chufa, coyotes, horchatas y limón granizado. ¿Se acuerdan de la moto tirando del carro, que desde la Lonja subía por la calle del Rey para ir a encerrar en la calle Medinaceli?

Desde mi peculiar perspectiva, no se concibe, o al menos yo no concibo, la vida del Escorial en primavera, verano y ahora también en Navidades, sin los helados, horchatas, granizados o turrones de Los Valencianos.