Archivo por meses: abril 2012

El Bar Abantos

Durante el verano y Semana Santa yo vivía en un hotel, como antes se llamaban, de la calle Coronel de Diego con mis padres en el piso bajo y mi abuela, mis tíos y primos en los pisos superiores. La casa era la esquina de la calle con Conde de Aranda que formaba la proa de un barco y que gracias a su forma, se salvó cuando estalló o “estallaron” la presa del Romeral.

Teníamos un pequeño jardín que daba al monte Bajo y a los Talleres de los Autobuses Herranz donde, de pequeño, saltaba la tapia para jugar con el encargado, con Juan Carlos y con Santi Heranz que me dejaban pulular por allí arreglando una bici muy antigua y destartalada que tenía o subiendo y bajando a los autobuses y llenándome de grasa.

Cuando fui siendo mayor también saltaba la tapia pero esta vez para ir al Bar Abantos a merendar o a quedar con la “pandilla”, kiosco que se instaló allí en la zona del monte Bajo en el lugar donde corría anteriormente el pequeño arroyo del Cascajal y prácticamente en el mismo lugar donde existió, hace mucho tiempo, un puente de madera por el que se accedía al monte. Escribe Gaby Sabau en la conferencia que pronunció con motivo del 50 aniversario de la Capilla de Abantos hablando del Arroyo del Cascajal: “había dos rústicos puentecillos de madera uno por debajo de casa de los Enrich, que ha durado hasta hace poco, y el otro (…) donde está el kiosco que algunos siguen llamando Tomasín , próspero hasta que el dueño prohibió a las mujeres hacer labor, irritado por tener a las clientas ocupando los veladores, cosa que tomaba con mucha más benévola filosofía Antonio Cobeñas, cuando en algún verano instalaba su rústico bar “La Cabaña” en el buen trozo de pinar donde los Jiménez Sabio construyeron su casa”

Nunca dudo de lo que cuenta el cronista Gaby pero en este caso doy fe de ello pues por las mañanas, bajo la sombra de los grandes castaños, señoras hacían tertulia sentadas en los veladores con un café o refresco y pasaban horas y horas ocupando varias mesas. Peor era por la tarde, a la hora de la merienda, que hacían la misma operación, con otro café pero sin bollos pues Tomasín creo que no servía bollería. El negocio iba de mal en peor y prohibió hacer calceta en la terraza del bar, con lo que se fueron marchando, siendo sustituidas por jóvenes que íbamos antes y después de ir a la Bolera o a pasear por Florida.

Creo que después de Tomasín  lo tuvo alguien y se reunían gente joven hasta altas horas. Las denuncias de las monjas terminaron cerrándolo. Al final desapareció el chiringuito o bar Abantos como ha desaparecido el Batán, el merendero Zarco de la Herrería, el que existía junto al Euroforum o el de la carretera de Guadarrama frente a la Policía. También recuerdo el Hotel Jardín, el Hotel Monasterio, el Hotel Escorial y el Hotel Felipe II que eran parte del veraneo tanto de los jóvenes como de los mayores que disfrutábamos de su sombra, de sus jardines, de sus fiestas y de su piscina. Los cuatro han desaparecido, desapareciendo con ellos, espacios de estancia y reposo de delicioso aspecto, que daban un ambiente cosmopolita al pueblo.

Recordar el bar Abantos es recordar el “tomate atómico” que puso de moda Tomás que aunque ya estaba inventado el le daba un toque especial. Era delicioso tomártelo a media tarde con unas patatas fritas y un reconstituyente casi necesario para seguir en el ardor del verano. Era curioso, pero si no estaba Tomás el tomate no sabía igual. Le daba un sabor especial a base de salsa Perrys, tabasco, sal, aceite, vinagre y creo que pimienta.

El bar Abantos quiso renacer de sus cenizas pero las obras que pedía el Ayuntamiento para su puesta en funcionamiento: construir los servicios, colocar enlosados etc. y pocos años de concesión municipal, hacía inviable el proyecto a la persona que quiso volver a abrirlo.

Hacía tiempo que no recorría esa zona y al ver destartalado y destruido el bar, recordé muchos momentos agradables de mi vida que pasé en el bar Tomasín o Abantos que de cualquier forma le llamábamos. Pero aunque me guste recordar el pasado, me gusta más el futuro que es donde voy a pasar el resto de mi vida.

El partido

Pensaba que iba a ser un día interesante o al menos entretenido. Si la mañana no había sido de las mejores, la tarde se preparaba, al menos a partir de las ocho, como una de las que muchos recordarían toda su vida. El Barcelona se enfrentaba al Real Madrid y se jugaban la Liga en el Nou Camp. La gente había olvidado por unos momentos el paro, la economía, la prima de riesgo, Argentina, la Bolsa por los suelos…Sólo se pensaba en encender la televisión y ver a su equipo favorito como ganaba «el partido del siglo» de este mes. Yo lo tenía planeado. Mi sangre atlética me hacía no decantarme por ninguno ya que unos me caen mal y los otros peor. Sabía que las calles estarían vacías, los bares a tope y las casas de los que tienen Canal + llenas de amigos que irían a merendar y verlo por la «patilla». Y así fue. Tendría que tomármelo con calma y bajar a las siete o siete y media al bar para poder coger sitio y ver el partido entre madridistas, cosa que no me apetecía mucho, pero había que verlo pues necesitamos cosas como estas para seguir viviendo.

Cuando todo esto pasaba por mi cabeza una importante e inesperada diarrea me dejó en casa compuesto y sin Canal + pues hace muchos años que prometí no pagar por ver la televisión. Ante tan anómala situación, decidí quedarme en casa con una manzanilla por toda comida. Como hay que ser positivo pensé en que a lo mejor era la única persona que no veía el partido y me darían una medalla o una televisión de 32 pulgadas como premio. Puse la radio y entre ida y venida me enteré que el Real Madrid había ganado por 1-2 y se afianzaba en la conquista de la preciada Liga de Ronaldo y Mouriño.

Pero como generalmente no estoy de acuerdo ni con mis propios pensamientos, enseguida me di cuenta de que estaba equivocado. No iba a ser el único que no viera el partido. ¿Cuántos enfermos no lo habrán podido ver en su cama del hospital? Me acordé de ellos y aunque yo también lo estaba, mi enfermedad era lo más parecido a ponerme una tirita. Me acordé de los parados que tenían en su casa el sangrante Canal + y se han tenido que dar de baja. Algunos habrán ido a casa de su cuñado y otros  habrán oído los goles por el patio de luces de su casa. Me acordé de los dependientes del Corte Inglés que el sábado cierran a las diez de la noche. ¿Lo verían en las plantas de ropa o electrodomésticos? Y así tanta gente que seguro que no lo pudieron ver y a los que les dedico esta reflexión mía. Siento haberme perdido el premio.

El Hotel Victoria de San Lorenzo

Este edificio hotelero de San Lorenzo, data de 1.901 aunque con menos entidad y categoría que la que ahora tiene. Ocupa los terrenos que fueron propiedad real, la Casa de Cocinas y Caballerizas de la Reina Isabel Madre.

En la posguerra, en 1.944, se hace cargo del hotel D. Eloy Veuthey que inicia una gran reforma interna y externa bajo proyecto del gran arquitecto y veraneante escurialense que fue D. Luis Martínez Feduchi autor de obras tan conocidas como el edificio Carrión y el Cine Capitol en la Plaza del Callao en la Gran Vía madrileña. El edificio del hotel es aumentado en dos plantas más las buhardillas. Varias reformas se suceden hasta 1.982 por los arquitectos D. Enrique Simonet y D. Julio Simonet Barrio. En 1983 tres salones son adaptados a sala de bingo que inició su andadura en junio de ese año y que fue gestionado por la querida familia Lobo.

Edificio catalogado y protegido es hoy de la empresa hotelera NH que se ha hecho cargo del hotel después de más de un año de obras de acondicionamiento y mejora.

Recuerdo que, de jóvenes, íbamos a bañarnos a su piscina situada junto a la carretera de Guadarrama que generalmente estaba vacía, dada la edad de la mayoría de los que allí se hospedaban. La sombra, de la frondosidad de los árboles que la rodeaban, hacían que su agua fuera como la del Batán: heladora.

Su jardín recuerda al de los hoteles románticos del novecientos y allí se han rodado películas pues es un decorado ideal que no necesita ningún retoque.

Sus meriendas, casi siempre acompañadas de orquesta, han sido, no se si ahora, magníficas horas de descanso y conversación para las muchas personas mayores que año tras año veraneaban, hasta tres meses, en el hotel. Familias enteras pasaban meses disfrutando del hotel, del entorno y del pueblo escurialense. En el Hotel, entonces Reina Victoria, estuvo el Rey Alfonso XIII cuando vino a San Lorenzo a colocar la primera piedra del casino-hotel que se quería construir en el Cerro de las Damas en el inicio del Barrio de Abantos el 16 de junio de 1.923.

Escritores, poetas, dramaturgos, directores de cine y teatro han pasado y hasta vivido en el Hotel Victoria. Alfonso Paso pasaba temporadas y en sus inviernos escribía sus comedias en las que siempre hacía referencia al Escorial del que dijo que le quería con toda su alma. Amparito Hernández montaba su cuartel general en el hotel para sacar el dinero que podía, que era mucho, para su Virgen de Gracia y desde allí organizaba la subasta de la Romería. Diego Jalón fue el creador, impulsor y mantenedor de la tertulia que todos los fines de semana en invierno y todos los días en verano se desarrollaba en el bar inglés del Hotel alrededor de un martini-cocktail. Allí estaban Luis Apostua, Juan Manuel Sáinz de los Terreros, Manuel Piedrahita, el Doctor Rives, Gonzalo Durruty, López Rubio, José Torrontegui, Bernardo Melero etc.

Grandes profesionales han salido de sus salones, de sus cocinas, del comedor y de su bar. Familias enteras, han trabajado en el Hotel. He conocido a muchos profesionales que allí se han formado y sólo tengo agradecimiento hacia ellos pues mi hermano murió en 1.997 en el bar del Hotel y fue atendido magníficamente por todo el equipo y muchos siguen hoy día trabajando allí. Gracias.

He subido a ver la reforma que ha durado 8 meses y que fundamentalmente ha consistido en ampliar y mejorar las habitaciones, muy anticuadas, dotándolas de aire acondicionado, que no tenían, y de bañeras tipo jacuzzi que se ve ducharse desde la cama. Decoradas muy minimalistas y abusando del blanco. Se ha ampliado su número reformando la planta del personal existente bajo cubierta. Los salones mantienen su sabor del pasado de los que no ha desaparecido el piano de cola. Pero lo que si ha desaparecido ha sido el acogedor bar inglés dejando paso a una cafetería muy parecida a los bares de carretera y no a la de un hotel de 4 estrellas.

En el Hotel se celebraban las mejores cenas de Fin de Año de la sierra, de esmoquin y baile hasta la madrugada. Un hotel donde se ha concentrado durante muchos años el equipo del Atlético de Madrid. Un hotel del que sólo tengo buenos recuerdos, del que me quedan muchos amigos y espero que muchos años para disfrutarlo.

Jacometrezzo y el Hotel Jardín

Jácome da Trezzo, Jacopo da Trezzo o Jacometrezzo como se le llama, nace en Lombardía en 1.515 y muere en Madrid en 1.589. Escultor, orfebre y medallista trabajó para el Emperador Carlos V antes de entrar al servicio de Felipe II.

La casa de Jacometrezzo, situada en la calle Floridablanca con vuelta a la calle Leandro Rubio, es llamada así ya que parece pudo ser la vivienda  del gran escultor del Retablo del Altar Mayor, de la Custodia y de los Grupos Funerarios de la Basílica del Monasterio,  que realizó con Pompeo Leoni y Juan Bautista Comane. Lo que sí parece seguro, es que su origen se remonta a los primeros años de la construcción del Monasterio, construida para alojar algunos de sus oficiales y laborantes, por lo que se la considera la primera casa construida fuera de los límites del Monasterio.

Se discute si fue construida antes o después de 1.576 fecha en que se realizó el grabado de una perspectiva del Monasterio en el que no aparece dibujada esta casa, bien porque no estaba construida o porque fue olvido del grabador. La incertidumbre  en la datación de la casa pone en duda si fue habitada por Jácomo da Trezzo ya que su traslado al Escorial debió producirse hacia 1.580.

La casa ha llegado hasta nosotros gracias a la solidez de su construcción y a una composición distinta a la tipología de las casas del pueblo. Construida a base de sillares de piedra rematados por una cornisa muy simple de donde arranca la cubierta de teja curva. Casi sin elementos decorativos son fachadas lisas con pocos salientes a excepción del dintel y el alfeizar.

En 1.880 su propietaria hereda la casa incluido un  jardín de 420 metros cuadrados que sus padres compraron al nuevo dueño del Plantel.

Desconozco la fecha exacta pero debió ser hacia 1.940 cuando se convirtió en Hostal con el nombre de “Jardín” manteniéndose como tal hasta los años ochenta. La reforma interior fue tan profunda para su conversión en hotel que los muros exteriores puede ser lo único original que nos ha quedado.

En los años cercanos a los cincuenta, el “Club Jardín” privaba como local de reunión en las tardes veraniegas, situado en la calle Leandro Rubio que había sido abandonado como lugar de reunión unos años antes. Cuentan que la vuelta al coqueto rincón en las tardes veraniegas, fue la aparición de un caballero elegantemente uniformado que cortaba la entrada en la puerta del Hotel Jardín. Dicen que vestía una chaqueta encarnada con solapas azules y unos blancos pantalones que pronto se convirtió en una atracción. Según esta descripción me figuro a un director de pista del Circo Price cortando entradas como lo hacían aquellos porteros con todo tipo de entorchados y sus casacas rojas, en las puertas de los cines de la Gran Vía.

En aquel sombreado jardín del hotel se hacían fiestas veraniegas como aquella, en la que tuve el honor de entrevistar a Maribel Múzquiz,  recién proclamada Regidora del verano de 1.967, siendo mi primera vez que hablaba en público.

Hoy cuenta con un jardín descuidado, árboles secos y con una ampliación en la segunda planta que modifica el edificio original.

Perteneciente a la casa y hoy abandonado y pintado de grafiti, existe un templete de dos plantas que hace esquina  con la Cuesta de Sada, hoy San Conrado. Era un pequeño kiosco que se utilizaba como bar y que yo utilizaba mucho para comprar helados pues vivía casi vecino al Hotel.

Las tardes veraniegas en San Lorenzo se disfrutaban a la sombra de árboles centenarios en sitios hoy desaparecidos, destrozados o dedicados a otros usos en espera quizás de un uso distinto. El Batán, Zarco, el Hotel Escorial, el Hotel Monasterio, la terraza del Parque y su bolera, el Hotel Jardín, la inigualable terraza del Hotel Felipe II…

Le pediría al alcalde que negociara con sus propietarios,  la recuperación de alguno de estos espacios que han marcado toda una época en San Lorenzo para disfrute de sus vecinos y veraneantes. Seguro que no me hará caso.

(Datos históricos: Libro Arquitectura y desarrollo urbano (V). Comunidad de Madrid)


Tertulias al aire libre

Mucho he escrito sobre las tertulias madrileñas en cafés, alojerías o tabernas. Eran reuniones literarias, políticas o poéticas casi siempre con una persona que ejercía de organizador o mantenedor de la tertulia. Aunque eran reuniones de café, en sitios privados, en salones particulares o en asociaciones políticas en los que se estaba mejor que en casa, pero también las hubo al raso, al aire libre, como las que de forma espontánea y en corrillos, se formaban de la Puerta del Sol.

De las tertulias auténticas quedan pocas, algunas en los cafés tradicionales de Madrid como el Gijón, Santa Ana, Colonial etc. Ha desaparecido la tertulia de café. Hoy se hacen de pié, de cuerpo presente, en las barras de los bares pero no tienen ese carácter literario o romántico de las tertulias de antes. Ahora se habla más de fútbol y de la situación económica que de literatura y poesía.

También me he referido a las que existieron en El Escorial, reuniones de gente del pueblo y de la colonia o de artistas y pintores residentes en el pueblo. Desaparecidas la del Miranda o del Victoria, todavía se mantiene la de los miércoles en la Cueva con buen yantar de por medio, partida de mus y un puro a pesar de la prohibición.

Estas tertulias han desaparecido casi todas pero de las que han quedado hay dos que siempre me han llamado la atención. Son tertulias al aire libre sin partidas de cartas o dominó, ni bebidas por medio. La del Alaska en San Lorenzo y la de la esquina de la Avenida de la Constitución frente a Caja Madrid en la Villa.

Alrededor de la plaza de San Lorenzo, también llamada del Alaska por el restaurante que se encuentra en ella, cuando hace buen tiempo, en una bancada de piedra que la rodea, todas las mañanas se sientan vecinos del pueblo, generalmente señoras, que hablan de sus cosas y hacen su tertulia mañanera. Es una tertulia con una ubicación complicada pues están sentados en batería, unos al lado de otros. Suele ser una tertulia entre tres o cuatro personas pues su colocación en la bancada no da para más. Algunos de pié hablan pero participan poco tiempo. Funciona más en verano cuando el sol calienta ya que la plaza es un oasis por la sombra que proyectan sus grandes árboles.

En la Villa existe otra al aire libre. Me refiero a la de la esquina de la Avenida de la Constitución con la Avenida de la Arboleda. Es una tertulia itinerante, de una acera a la de enfrente, me figuro que en función de los rayos del sol. Los he visto reunidos incluso lloviendo y hablando bajo sus paraguas. Es un sitio preferente pues por esa esquina pasa todo el que vive en el pueblo o viene de fuera. Los autobuses de Herranz pasan lamiendo sus cuerpos, pero están protegidos por una verja que impide que los vehículos se suban a la acera.

Es una tertulia de primeras horas ya que sobre las 12 o 12,30 desaparece. Es barata pues no se toma nada como en las tertulias de los bares ni se hace botellón porque no son horas para ello.

Las tertulias de los siglos XVIII, XIX y de principios del XX, tenían tres reglas de oro que, aunque no escritas, sí eran respetadas por los tertulianos. No se admitían mujeres; solían asistir siempre los mismos tertulianos y eran sentadas, alrededor de una mesa y con un café para calentar el frío mármol de los veladores con las arengas políticas, recitales o lecturas de los poetas bohemios.

La tertulia al aire libre de la Villa, cumple con una de las tres reglas de oro. No he visto nunca mujeres tertulianas, sólo está formada por hombres. Me figuro que las admitirán, pero las mujeres brillan por su ausencia. En la de San Lorenzo es al revés, está formada casi siempre por mujeres aunque algunos hombres intervengan o se unan a ella. En ambas no se cumplen las otras dos reglas: no tienen los mismos contertulios; la tertulia al aire libre de la Villa es de pié y la de San Lorenzo sentada en la bancada y ambas sin cafés, sin mesas alrededor y muchas veces pasando frío.

Me gusta ver a esta gente como se reúne en estos dos sitios a comentar y hacer tertulia como forma de expresión de la opinión de cada uno sobre  temas de actualidad o simplemente sobre sus problemas personales.

Antonio Mingote ha muerto

Son las cuatro de la tarde del día 3 de Abril de 2.012. Acabo de enterarme de la muerte de Antonio Mingote. Dos días antes había leído un artículo de Ussía titulado “El pesimismo de los Daroca” y no se por qué me figuré que era el último que Alfonso, su inmenso amigo, escribía en vida de su “hermano” Antonio Mingote.

Se me ocurre y estoy seguro, que hoy las ramas del Retiro están a media hoja. La primavera se ha parado en su floración espontánea pues su Alcalde Honorario les ha dejado. El ABC, donde colaboraba desde 1.953, se habrá vestido de luto ante la pérdida de su “columnista” que escribía con el pincel de la acuarela y la tinta de sus plumillas. Fotógrafo de la actualidad más recalcitrante utilizaba su verbo para dibujar la realidad política como nadie ha hecho.

Tengo libros, entrevistas, dibujos y todos los chistes que he podido coleccionar y no he abierto ningún archivo, carpeta o libro para ojear en su biografía que mucha conozco de este militar, republicano que aceptó de su Rey el título de marqués de Daroca, aunque había nacido en Sitges. Escribo desde el dolor de la pérdida de mi musa particular al que le he dedicado alguna acuarela mía pero jamás con su maestría.

Esta misma tarde empezaré a ordenar todos mis asuntos con Mingote y podré hacer una necrológica mucha más entretenida. Hablaré de sus comienzos en ABC y Blanco y Negro con 13 años; de la participación en La Codorniz; de sus desconocidos cuadros al óleo, de sus programas de radio y televisión con Tip y Coll, Ussía, Luis del Olmo y su Estado de la Nación….

Querido Antonio: me figuro que tus personajes como Gundisalvo, tus harapientos indigentes, tus gordas, tus neandertales peleones, tus niños casi “terroristas”, te estarán llorando como lo hacemos muchos aunque no nos caigan las lágrimas.

Mi colección de sus magníficos dibujos que  tengo titulados como “a los que se han ido”, recogerán el suyo pues estoy seguro que desde el Cielo mandará al ABC su último dibujo, dedicado a él, que será publicado mañana. Así acompañará a los de sus amigos Lola Flores, Tip, Coll, Loyola del Palcio, Capmany, José Luis Péker, Azcona, Fernán Gómez, Paco Umbral, Luis Aguilé, Lopez Vázquez, Francisco Ayala  y tantos otros que no puedo recordar, pero que en un simple dibujo, Antonio, pintaba el mejor obituario que nunca les pudieron escribir.

Los genios no mueren: te leeré en ABC todos los días.