Archivo por meses: julio 2010

El abuelo Porretas

El pasado domingo fue 18 de Julio una fecha para recordar, para la memoria y la reconciliación y no he visto en la prensa recuerdos, ni interés por la reconciliación, sino todo lo contrario. Parece como si a la historia se la vaya comiendo la desmemoria que tenemos hacia todo lo importante. Poco a poco están intentando conseguir que olvidemos y poco a poco también van transformando la historia hasta que parezca que determinados acontecimientos nunca existieron. Craso error.

Recordamos la muerte de Manolete, conmemoramos la muerte de Elvis Presley, evocamos la historia del fútbol, recordamos la toma de la Isla Perejil, a la Armada Invencible y la construcción del Monasterio, pero el inicio de una guerra entre hermanos eso no interesa recordarlo.

Me había propuesto este año no escribir de estos recuerdos, tristes recuerdos, pero al leer que Zapatero se había referido otra vez a su abuelo, fusilado en la guerra, no he tenido más remedio que acordarme de mis dos abuelos y de los miles de abuelos fusilados por uno u otro bando durante la guerra Incivil.

Hubo una época de mi vida que iba y venía al trabajo todos los días del verano desde San Lorenzo de El Escorial a Madrid. A pesar de los atascos de la carretera de La Coruña, que entonces ya eran impresionantes, el camino no se hacía nada pesado porque todas las mañanas me acompañaba en la radio La Familia Porretas, una deliciosa serie radiofónica que se repuso en la Cadena Ser algunos años después de ser estrenada. Era una familia típica de los setenta con sus grandes problemas a fin de mes, con un hijo, mas vago que la chaqueta de un guardia y una hija en edad de merecer y con sus iniciales problemas de novios. Pero el que de verdad me hacía reir, era el abuelo Porretas, un abuelo jubilado, cachondo, divertido, que nos entretenía en sus discusiones diarias con su hijo Avelino, con sus amoríos, sus escapadas, sus ocurrencias, y sus veraneos en Madrid como un “rodríguez” más. Mucha gente me vería riéndome sólo en la carretera parado en el atasco escuchando a esta familia. Todos nos reflejábamos en el espejo radiofónico de esa familia normal y nos reíamos con ese abuelo tan famoso o más que el gran Pepe Isbert, el abuelo de aquella trilogía magnífica que eran “La Gran familia” “La familia y uno más” y “La familia bien gracias”

Pero yo creí que nadie le iba a igualar y ahora aparece el abuelo de Z-P, que se está haciendo más famoso que el abuelo Porretas. Continuamente sale su nieto, el Presidente, recordándonos que fue fusilado por los nacionales. Y yo le contesto con palabras similares: “y a los míos los rojos, sí, a los dos abuelos y a mis tres tíos jóvenes y en la flor de la vida; sí los rojos como Vd. mismo se autodefine Sr. Presidente”.

Casi todo el mundo tiene algún abuelo muerto en la guerra por uno u otro bando pero después de más de setenta años unos lo recordamos sin rencor y otros con odio. Esa es la diferencia. Unos no olvidan ni perdonan y otros queremos olvidar y perdonamos. Cuenta en La Razón, Luis Gordon hijo de Manuel Gordon asesinado en la guerra, que en su casa se enseñó la asignatura del perdón: “Pasado el tiempo, mi abuela fue citada por un tribunal militar como testigo. Era un juicio contra el que había acusado a mi padre. La preguntaron si era él: “No tengo certeza absoluta, no le puedo acusar” dijo. Lo absolvieron. Se arrodilló y le dio las gracias por salvarle la vida”.

Dice Z-P que él entiende el dolor de las víctimas y se hace comparar en daño moral a ellas pues también a su abuelo lo asesinaron en la guerra. Así se lo dijo a la madre de Irene Villa, la joven que perdió sus piernas en un atentado terrorista. ¿Cómo se puede comparar una acción terrorista sobre una niña de 12 años que le tuvieron que amputar las piernas con el fusilamiento en una guerra donde todos se mataban?

El abuelo Porretas salía menos en los papeles que el de Z-P, abuelo por cierto que no conoció pero que parece que su resentimiento y odio se le hace aparecer como figura fantasmal y habla con él todos los días.

Lo siento pero me quedo con el abuelo Porretas.

 

El Locutorio

Una de las formas de diversión que en San Lorenzo existía en los años 50 y 60, especialmente para las mujeres, era pasar por el locutorio de la calle Floridablanca y hablar con sus maridos que pasaba gran parte del verano en Madrid trabajando y así eran informados, por vía telefónica, de las noticias del pueblo y de los veraneantes.

Recuerdo que el locutorio que conocí, estuvo primero en la calle Floridablanca, creo que donde hoy está el bar Felipe II. Luego pasó al final de la misma calle junto al local de “Patatas Tomasín” donde hoy existe un supermercado.

Eran tiempos en los que no existía móviles, ni cabinas públicas en la calle y para llamar fuera, por ejemplo a Madrid o a Zarzalejo, era necesario pasar por la voz de una señorita, generalmente antipática, que aunque tuvieras prisa o la llamada fuera para comunicar algo urgente te repetía:

– ¡Tiene15 minutos de demora! Sí, le he dicho ¡15 minutos!

Eran los tiempos en los que para llamar desde un locutorio tenías que esperar horas sentado en un incómodo asiento de madera viendo como las señoras hablaban de sus cosas o hacían punto para pasar el tiempo, mientras oías a la señorita:

– Hola Torrelodones, soy El Escorial ¿Que tal el fin de semana? Pues aquí hace un bochorno inaguantable. Por cierto ¿hablaste con Segovia para vernos el próximo fin de semana? Bueno ponme la conferencia que lleva un rato esperando.

Y con voz algo desafiante decía al aire:

-El 240 a la cabina 5 ¡Torrelodones a la 5!

Este era más o menos el lenguaje que estas señoras o señoritas utilizaban. No se hablaban por el nombre de pila sino por el lugar de trabajo y todo era a base de números. Galapagar ponme con Segovia. Hola Segovia soy El Escorial y así se pasaban un buen rato, una forma curiosa de entretenerse.

El tiempo que pasabas esperando tu conferencia lo hacías entretenido ya que como las cabinas eran casi de papel, escuchabas todo tipo de conversaciones y te ibas enterando de cosas que ocurrían. Lo mismo que ahora cuando vas en el AVE oyendo conversaciones que no te importan un pimiento, pero que no tienes más remedio que escucharlas por la falta de educación del que no respeta a los demás.

Las esperas a veces se hacían interminables. Cuenta José María Laíta de forma humorística en su libro “Desde el Cimborrio”, algo de lo que ocurría en este locutorio mientras un señor esperaba nervioso su conferencia: “Ahora vuelve a oirse la voz de la telefonista que dice: – “Zarzalejo al 1” Y allá va un buen hombre a encerrarse en la jaula. Ahora ya las miradas de los que esperan van hacia la cabina numero 1 y acapara su atención, pues nuestro hombre lleva preguntadas 16 veces si es el herrero de Zarzalejo. Cada vez el diapasón de su voz sube de tono. Pensamos en la inutilidad del invento. Al fin el hombre se toma un pequeño descanso, sin duda para recuperar fuerzas, y oímos a la señora de la cabina 4 que dice a su marido: “Pero Roberto ¿que estás diciendo del herrero? Si de las que te hablo son de las de Minglánez…” Del número 1 vuelve a salir la atronadora voz: -“¿Está el herrero?

Una de dos, o el herrero de Zarzalejo es sordo o en Zarzalejo no hay herrero. Mientras el señor que con tantos nervios esperaba su conferencia no resiste más. Hace un gesto de resignación y se acerca al mostrador. –“Señorita -dice- anule mi conferencia. Al poco tiempo sale de la cabina nuestro hombre que no ha logrado hablar con el herrero. Pregunta a que hora hay tren a Zarzalejo y una anciana sentencia: -“Quizás vaya a ver al herrero”.

Aunque Laíta lo cuenta en forma humorística, esa era la verdad del locutorio. Si viviera Manolo Summers hubiera realizado una película encantadora contando las historias que se sucedían en estos locutorio. Como estoy convencido que a pesar de los avances tecnológicos de todo tipo, estamos dando pasos hacia atrás, esos locutorios con sus esperas, sus gritos, sus interferencias, los vemos hoy mismo en nuestros dos pueblos.

 

¡Denuncien ese baden!

Vuelvo a la carga con el tema. Hace unos días he leído un artículo muy interesante con este mismo título, en el periódico “El Mundo” sobre la proliferación de badenes o “policías tumbados” como hoy también se les conoce. A la vista de la construcción indiscriminada de estos elementos en carreteras y vías de urbanizaciones que se construyen por Ayuntamientos o comunidades de vecinos, deben de conocer que existen unas normas obligatorias para su construcción y señalizaciones especiales que en muchos casos no se cumplen. Estos obstáculos en las vías son una trampa que daña a los vehículos o incluso puede causar siniestros graves.

La Fiscalía de Seguridad Vial así lo ha detectado y entendido por lo que se ha convertido en preocupación y estudio por su parte y solicita a los conductores que denuncie los casos más peligrosos ante el juez.

La mayoría están mal señalizados con la señal casi encima del badén; utilizan una pintura que no es antideslizante convirtiendo la superficie en una pista de patinaje con peligro para peatones, motos y ciclistas y su altura y construcción está fuera de las normas fijadas.

Los Ayuntamientos no se si conocen la normativa del Ministerio de Fomento que establece como deben construirse- no más de 11 centímetros de altura- los lugares donde se pueden y deben instalar y la señalización y pintura que deben tener. Según parece se encargó a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Sevilla un estudio sobre estos elementos reductores de la velocidad y ni uno sólo cumplía las normas.

Me decía el dueño de un taller de reparación que se ha notado últimamente un aumento en las reparaciones y sustituciones de los amortiguadores de los vehículos y lo achacaba a la proliferación de estos elementos maléficos.

Ante la imposibilidad de que los fiscales demanden a la Administración, llaman a los particulares y asociaciones de automovilistas que denuncien los casos de los badenes peligrosos. Tras la intervención de la Fiscalía y su obligación de retirar los que incumplan las normas sería causa de sanción penal a los funcionarios que no lo cumplan.

He denunciado varias veces el uso indiscriminado de estos badenes y especialmente algunos de los que existen en nuestros dos pueblos que están incumpliendo las normas del Ministerio de Fomento de forma evidente y son un peligro para la circulación especialmente para los conductores que los desconocen. Me estoy refiriendo: el que existe bajo el puente de la vía en la Avda. de Felipe II que es peligrosísimo por su altura y mal construido; los tres que existen en la de la Avda. de la Constitución especialmente el primero entrando por la carretera de Galapagar y uno de los que existen en la calle Manuel Moratiel. La señalización es mala, la pintura brilla por su ausencia y su altura está fuera de toda norma.

Recuerdo ahora los badenes existentes, uno en cada dirección, en la carretera de Galapagar junto al Colegio Veracruz que, con algunos de Majadahonda, son los más peligrosos que me he encontrado últimamente y lo digo porque los he sufrido en mis carnes y en los bajos de mi coche. Si no quieres destrozar el vehículo debes parar delante de él y arrancar en primera. Si estos elementos son peligrosos durante el día no digamos por la noche al estar mal señalizados. Sería más fácil que pintarlos poner luces azules que nos los anuncien con antelación.

Ahora el Fiscal Coordinador de la Seguridad Vial, Bartolomé Vargas, nos anima a denunciar ante la Fiscalía para acelerar la retirada de los más peligrosos y en caso contrario sancionar penalmente a los funcionarios que lo incumplan. Creo que va siendo hora de hacer algo y dejar de quejarse. Nos han dado un instrumento magnífico para eliminarlos y algo habrá que hacer para que se cumplan las normas y evitar el peligro que tienen estos elementos.

Le pediría al concejal de urbanismo, al que tengo gran aprecio porque siempre y muy educadamente contesta a mis denuncias, que se tomara en serio este problema de los badenes mal construidos y peor señalizados pues pueden ser constitutivos de accidentes para los vehículos y de sanción penal para los funcionarios. Gracias.