Archivo por meses: octubre 2009

El paredón del estanque

Cuando estoy bajo de batería, con falta de glóbulos blancos o con la mente espesa -que es a menudo- me voy al llamado Parque de Carrero Blanco junto a la Universidad Mª Cristina. Allí me siento, no bajo, que todavía es pequeño, sino junto al castaño que plantamos la familia Isasa después de una Jornada de Hermandad en la que nos reunimos más de 200 componentes en San Lorenzo el 10 de octubre de 1.998. Tiene 11 años y aunque todavía es pequeño, está fuerte como un roble, bien cuidado y con un precioso traje verde.

En el pequeño parque donde los colores de la naturaleza se funden como en una gran paleta, la gente que allí te encuentras medita, recuerda, lee o pinta y respeta a los demás pues casi ni los mira, al pasar junto a ellos, para no molestarles en su recogimiento. Es una maravilla ver como durante cada una de las cuatro estaciones, la naturaleza cambia de colores su vegetación en toda la gama de verdes, ocres, sienas, rojos y amarillos y en algunos días del invierno, hasta se viste de blanco. 

Pero realmente el ir al parque es casi una disculpa para asomarme, durante buen rato, al pretil del estanque de la Huerta del Monasterio y desde allí disfrutar del maravilloso espectáculo que desde esa plataforma se divisa. Y lo podemos hacer gracias al Marqués de Borja tal y como lo contamos a continuación.

Quinito Pacheco presentó en agosto de 1.990 el libro “Del entorno escurialense” del que es autor el pintor, poeta, escritor y amigo Adolfo Ruiz Abascal. Es un libro de la colección “Coliseo Real” que en este caso ha cambiado el tipo de letra de imprenta por la elegante letra a mano de la pluma de Adolfo ilustrado con 175 dibujos del entorno. Y en su presentación decía Quinito:

“Pero tenemos que remitirnos a nuestra infancia como punto de partida. Al día que por primera vez pusimos la barbilla en el pretil del muro del   estanque de la Huerta y descubrimos la luminosa lámina del Monasterio, navegando en el espejo del agua, tan sólo ondulado por las estelas  dibujadas por los patos. Entonces nos enamoramos del Monasterio”

Realmente 40 o 50 años antes no hubiera sido posible poner la barbilla en el pretil del muro pues éste medía 2,50 metros de altura por encima del actual.  

La decisión de rebajar el muro a la situación actual, fue de D. Luis Moreno y Gil de Borja, Marqués de Borja e Intendente de la Real Casa y Patrimonio. Lo cuenta Adolfo R. Abascal en el libro “Al Marqués de Borja (con más gratitud)” que le dedicó en 2.003. Es un pequeño libro escrito también a pluma, casi dibujado, y en el que se recogen algunas de las muchas actuaciones de este gran hombre que tanto amó a San Lorenzo y que murió prematuramente en 1.917. Según se cuenta, su muerte se debió a la picadura de una mariposa negra que salió al destapar una caja de zinc con los restos de un personaje de la realeza que debería quedar en el Panteón.

Entre las muchas actuaciones que desde su puesto realizó se cuentan: la restauración de los frescos de la basílica, biblioteca y claustros. Mejora de las Salas Capitulares que convirtió en museo. Creación de la Universidad María Cristina. Repoblación del Romeral. Enlosado de la Lonja y transformación de los Alamillos con rebaje del muro del estanque etc.

Con el paso del tiempo, alguien que tenía no sólo el poder para hacerlo, sino también la sensibilidad y la grandeza de no privarnos del magnífico espectáculo que desde allí se divisa, decidió rebajar el muro que lo tapaba. El Marqués de Borja y su arquitecto Mayor, Ripullés, deciden descorrer el telón, como dice Abascal y dejar a la vista el maravilloso cuadro velazqueño enmarcado en granito. Se rebaja el muro quedando como lo vemos actualmente. Abascal lo justifica, al menos como una posibilidad, la del encierro monacal pero seguro que habrá más de una justificación.

Querido Adolfo: me figuro que no te enfadarás por reproducir lo que cuentas en tu libro, pero sé que mucha gente lo desconoce. Se me ha olvidado contar la anécdota de Azaña. Lo dejo para otra vez.

Los silencios

Joaquín Bardavío escribió un magnífico libro de la Historia de la Transición, cuyo título Los silencios del Rey viene como anillo al dedo para recordar los silencios que se están produciendo por parte de todas las Instituciones del Estado, incluido el del Rey. Los silencios son como cárceles en las que se encuentran prisioneros los que los practican a diferencia de las palabras que son rebatibles y discutibles. Los silencios se pueden denunciar pero no rebatir pues se notan pero no se conocen.

Es triste que ante los graves acontecimientos que se están originando, se hayan producido tantos silencios. El silencio del Rey es importante pues debe, como árbitro que es, tocar el silbato y si es necesario llamar a los capitanes de los equipos para recriminarles y si es inevitable, sacar alguna tarjeta. ¿Es o no es el Jefe del Estado? Que sepa el Rey, aunque lo sabrá, que se está cocinando en los fogones nacionalistas, con el apoyo del Gobierno, un cambio de modelo de Estado y de régimen que puede llevar a Su Majestad a que se tome una vacaciones indefinidas en la Roma que acogió a su abuelo en el año 1.931 o que se quede a cazar en Africa con sus amigos los Albertos.

Los sindicatos se han quedado mudos. Deben tener faringitis porque hablan pero se les entiende muy mal. Se parecen al mudo de los hermanos Marx, que para entenderse hablaba con una bocina, pero no le entendía nadie. No hablan de huelga general, ni de una pequeña huelga contra el creador de los cuatro millones de parados, es decir contra el Gobierno. Hablan de manifestaciones contra los que crean empleo, los empresarios, o contra Esperanza Aguirre, que es la Presidenta de la Comunidad que mas empleo crea. Craso error señores sindicalistas. ¿Porqué se han quedado mudos?

¿Se figuran la situación al revés? Creo que en estos momentos llevaríamos ya tres o cuatro huelgas generales y Rajoy estaría comiendo pulpo en Lugo o marisco en El Grove porque lo habrían echado de la Moncloa.

Si por tres trajes le han armado lo que todos conocemos a Camps en Valencia, que pasaría si alguien destapara el regalo de cientos y cientos de millones de euros que el Gobierno regala a los sindicatos y que nada sabemos de a donde van. Y los liberados ¿harían huelga general estos “trabajadores” que su vida laboral es un pura huelga general? Parece que hay 300.000 de estos sindicalistas que cobran de las empresas sin dar palo al agua. ¿Será por ello su silencio? Si se creara la carrera de “liberado sindical» aunque sea mas dura que la de Ingeniero de Telecomunicaciones, me matriculaba ahora mismo.

¿Donde están los del NO A LA GUERRA? Silencio ante la guerra de Afganistán, utilicen los del Gobierno el eufemismo que quieran. ¿Dónde están los que llamaron asesino a Aznar? Silencio. ¿Por qué callan cuando han concedido el premio Nobel de la Paz a un Presidente que tiene abiertas y dirige dos guerras? Dicen que en Afganistán no hay guerra y que lo que hace nuestro Ejército son labores humanitarias. Es decir traduciendo: están para ser llamados por los padres de niños afganos para que les pongan una tirita o ayuden a una madre a dar a luz, mientras los soldados mueren en un ataque talibán con granadas o minas anticarro.

¿Por qué callan los militares, o los que quedan, y su Jefe supremo, cuando dicen que el Ejército debe preferir morir en acto de servicio que matar a sus enemigos? ¿Por qué no, de una vez por todas, desaparece el Ejército, y así seríamos como Estado Vaticano o Mónaco en los que no existe ? Para colmo han callado cuando les han puesto a una señora antimilitarista, republicana e independentista de Ministra de Defensa.

Todos callan pero lo malo es que seguirán callando. El silencio sobre el aborto de los “cristianos socialistas” en el último congreso, sólo se ha roto por José Bono que ha dicho que votará afirmativamente a la próxima Ley del Aborto por disciplina de partido. Una hipocresía detrás de otra. ¿Se dan cuenta de que se han producido un millón de abortos por riesgo para la salud de la mujer? Se puede ser más cínico. Silencio.

18 de julio de 1.936

Artículo que publiqué en la Gaceta Escurialense el 18 de julio de 2.009.

 Este sábado 18 de julio, hará 73 años de aquel fatídico día de 1.936. Escribió mi padre en un cuaderno de memorias y recuerdos sobre su cautiverio durante la Guerra Civil, que el citado domingo día 18 de julio no hubo incidente alguno en San Lorenzo del Escorial e incluso se celebraron las misas en todas las iglesias del pueblo. Ávila se había sublevado y se hablaba de que una columna, procedente de Salamanca, pasaría por Guadarrama en la madrugada del domingo al lunes, camino de Madrid. Las comunicaciones ferroviarias con Ávila fueron cortadas y se organizó un único tren para que pudieran regresar a Madrid todos los turistas que habían llegado a El Escorial para pasar el día.

Se valoró la posibilidad de marchar a Madrid aquellos que tenían obligaciones pero por la tarde se cambió de opinión vistas las dificultades de transporte, cortadas las comunicaciones ferroviarias y sin saber si haría su viaje el autobús de línea. Y así terminó el domingo, víspera del comienzo de la guerra civil ya que fue el lunes el día que se rompió el fuego entre ambos bandos.

Las cosas estaban más o menos tranquilas en San Lorenzo del Escorial sin que surgieran incidentes importantes a excepción de las detenciones que se iban produciendo a derechistas del pueblo. Se iba llenando de milicias y en los primeros días del Movimiento se ocupó militarmente el pueblo y sus alrededores. La gente se recogía en sus casas esperando, según decían, un combate con una columna que venía por Robledo.

La vida seguía normal en San Lorenzo, dentro de la anormalidad que las circunstancias imponían, como algunos registros por policías de Madrid. El Alcalde procuraba que no se molestase a la Colonia veraniega, a pesar de haber requisado todos los automóviles y no ocurrió incidente alguno.

El 12 de agosto, tras un bombardeo sobre algunos puntos estratégicos y al que no se le dio gran importancia, los incidentes comenzaron a ser mucho más serios. A las seis de la mañana despiertan a mi padre unos milicianos y soldados para hacer un registro superficial, pero eso si, sin atropello alguno. Tras reunir a todos los de la casa de mis padres y abuelos les dijeron que tenían que llevarlos al Ayuntamiento con el pretexto de comprobar la personalidad de cada uno de los hombres, cosa que incumplieron a llevarlos en dirección contraria con lo que la preocupación y el temor recorrió a todos los que habían reunido para su traslado.

Mi padre, abuelos y cuatro tíos muy jóvenes fueron llevados con mucha mas gente, al Patio llamado de Palacio, en el Monasterio y allí se encontraron con muchos hombres, gentes de derechas del pueblo, del barrio de Abantos y los que se hospedaban en el Hotel Miranda, hotel por el que habían empezado las detenciones a la una de la madrugada y que continuaron durante toda la mañana.

Después de la primera noche el aspecto del patio era repugnante y desagradable. Los hombres allí detenidos, tumbados en el suelo, parecían cadáveres envueltos en mantas. Nadie sabía el porqué de su detención, aunque un jefe de milicias, delegado del Ministerio de la Guerra, dijo que deberían agradecer estar allí pues estaban más seguros que en el pueblo.

Continuaron los interrogatorios mientras algunos eran puestos en libertad. Los milicianos entraban y salían produciéndose episodios desagradables. Algunos buscaban a sus patronos para ajustarles las cuentas según decían. Otros quedaban en libertad mientras mi padre, abuelos y tíos seguían allí. Durante cuatro días encerrados, durmiendo al aire libre, con tormentas nocturnas y mal comidos hizo que muchos cayeran enfermos y puestos en libertad. Entre los liberados figuraban mis abuelos y tíos con la obligación de evacuar el pueblo en 24 horas. A mi padre y a otro tío les dejaron salir dos días después. Ese mismo día se publicó un pregón obligando a los veraneantes que no pertenecieran al Frente Popular a evacuar El Escorial en un tren que se formaría a la mañana siguiente a las diez. Con esa decisión comenzó un calvario para mi padre, tíos y abuelos.

Mi abuelo Luis decidió quedarse en San Lorenzo y sería el 14 de agosto, la última vez que mi padre le vio con vida pues fue detenido y asesinado en Madrid. ¿Se hubiera salvado de no haberse quedado? Nadie lo puede asegurar. Mi otro abuelo y tres de sus hijos fueron obligados a salir del Escorial y fueron detenidos y asesinados en Madrid al poco tiempo.

Allí empezó un largo peregrinar de mi padre por cárceles, checas y legaciones diplomáticas donde consiguió esconderse durante los años de guerra. Mientras mi madre con dos pequeños de la mano, tuvo que salir de Madrid. Tras un largo viaje a Valencia, embarcarse a Marsella y de allí a San Sebastián, se quedó en la capital donostiarra durante los tres años de guerra, muy lejos de su marido, mi padre.

Pero mis padres volvieron al Escorial, una vez finalizada la guerra, y no dejaron de ir hasta su muerte hace pocos años. Jamás le oí a mi padre una sola palabra de rencor o de odio por el calvario que pasó. Aquello no le movió a venganza ni resentimiento y ayudó al pueblo sin mirar su color político de quien se lo pedía; fue fundador del Semanario Escurialense; colaboró con todos los alcaldes; fue miembro de la Comisión de festejos del Ayuntamiento; fundador del club Filatélico Escurialense; Pregonero y Romero Mayor de la Hermandad de la Virgen de Gracia; ayudó a colegios y clubs deportivos con material deportivo, desde su cargo en la Delegación de Deportes etc. etc. Jamás le negó nada a nadie del pueblo que se lo pidiera. Esta es mi memoria histórica, la del Juez Garzón es otra

Hoteles de San Lorenzo: El Felipe II

De todos los edificios públicos previstos por la Sociedad Abantos, creada en 1.923 con el objetivo de construir una ciudad jardín y una zona de ensanche de San Lorenzo, ninguno fue llevado a cabo salvo el Hotel Felipe II construido en los años 40. Con anterioridad la sociedad proyectó en el Cerro de las Damas un hotel de 150 habitaciones y un pabellón regio para uso de la familia real que no se llegó a construir.

En 1.943 el Banco Popular de los Previsores del Porvenir que adquirió a la Sociedad Abantos casi todos sus terrenos y obligaciones, mandó proyectar al arquitecto José Osuna Fajardo un hotel de lujo en el Barrio de Abantos que llevaría el nombre de Felipe II. En un paraje maravilloso rodeado de pinares, el hotel consta de una planta semisótano donde se ubican los servicios; una principal del hall, comedor y salón y tres plantas más una bajo cubierta en las que se sitúan las habitaciones.

Desde su inauguración el hotel fue un referente en toda la sierra, no precisamente como un hotel familiar, como lo era el Hotel Victoria, sino con otros encantos de pareja. Mucha gente se casaba en el Monasterio y luego dormían en el Felipe. Fue, sin quererlo, Escuela de Hostelería pues de allí salieron, junto con el Victoria, los mejores maitres, cocineros y camareros que han pasado por el pueblo. Hoy es escuela, sí pero de negocios, el Euroforun, una de las tres sedes de los Cursos de Verano en San Lorenzo. Casi llegó a ser Casino tras la legalización del juego pero le ganó la partida Torrelodones y allí se quedó.

La piscina y el tenis del hotel, era de lo más chic de la sierra. Se podía jugar un partido de tenis y después darse un baño en su preciosa piscina, de agua azulada, rodeada de pinos centenarios. Después si te quedaba algo de dinero te podías tomar un martini cock-tail o un refresco caribeño en el bar, tipo chiringuito, que estaba junto a los vestuarios de la piscina. Era una gozada. Hace unos días subí a verla y tanto la piscina como el tenis, hoy campo de baloncesto, estaban destrozados y llenos de maleza. Me figuro que su descuido es porque a los asistentes a los Cursos de Verano no les gusta cultivar su cuerpo y si su espíritu y conocimientos.

Leía en “Apuntes de la Sierra” un artículo de Amparo Ruiz Palazuelos en el que describía la terraza del Hotel Felipe II desde un punto de vista del conocimiento y de las relaciones de convivencia con los asistentes a los cursos y la describía desde la perspectiva de espectadora y de participante en los Cursos de Verano.

Pero el encanto y sabor que tiene el Hotel y su magnífica terraza que abre sus imaginarios ventanales a los pinares que rodean el Monasterio y al precioso escenario de piedra berroqueña de las montañas que lo rodean, viene de lo que fue este hotel romántico, sentimental y soñador desde los años 50. Allí se podía ver a D. Juan de Borbón, padre del Rey Juan Carlos, asomado a su terraza deleitándose con su paisaje. De allí salió Lola Flores y El Pescadilla para casarse. Allí se hospedaba, Ava Gadner, Sinatra, Sofía Loren o Charlton Heston cuando rodaban películas en la sierra y Heminguay cuando venía a ver las corridas a San Lorenzo. D. Jaime de Mora también era cliente del Hotel y como era natural en él, se iba sin pagar. Decía que volvería y efectivamente volvía pero al cabo de algunos años y aunque pagaba lo hacía con bastante retraso.

En las tardes veraniegas, la preciosa terraza se convertía en  merienda amenizada por una pequeña orquesta que dirigía el maestro Trabuquelli.

En los salones del hotel se celebraban las mejores verbenas del verano escurialense. Por muchas razones personales, recuerdo la de aquel ya lejano 8 de Agosto de 1.964 a beneficio del Hospital de la Alcaldesa. D. Antonio Casero, maestro de la pintura taurina, regaló dos cuadros para ser subastados. Uno se adjudicó a Álvaro Suárez Valdés, “Polilla”, por 3.000 pesetas y el otro sería rifado entre las, nada menos, 731 entradas vendidas. La fiesta era de las de antes con dos orquestas que la animaban hasta las 4 de la mañana y eso sí era obligatoria la chaqueta y corbata, ¡igual que ahora! Una cantante, Diana y un rockero con su guitarra llamado George Green actuaron aquella noche. Muchos recuerdos de un magnífico hotel.

Una silla de ruedas en el Monasterio

Hace unos días apareció en el periódico ABC una carta al director en la que una señora se quejaba de las dificultades que tuvo que salvar para poder acceder, con una persona en silla de ruedas, hasta la Basílica del Monasterio para oír la Misa de una. Se quejaba de la falta de aparcamiento para discapacitados en la zona reservada de la Lonja, a pesar de cobrar por aparcar; de la necesidad de levantar las pesadas cadenas para poder entrar en la Lonja con la silla de ruedas; de la falta de una rampa para subir los siete escalones del Patio de Reyes que dan entrada a la Basílica y hasta de la imposibilidad de entrar por la puerta al existir un zócalo que impide salvarlo con la silla si no era con ayuda de varias personas. En su carta, la buena señora, apelaba al Patrimonio, al Ayuntamiento o a la Comunidad religiosa que regenta el Monasterio para poner remedio a semejante pifia.

Tiene toda la razón esta señora y creo que el responsable de este tema es el Patrimonio Nacional ya que cualquier obra por pequeña que sea y que se realice en el recinto del Monasterio es de su competencia y debe ser consultada, aceptada y aprobada por el Patrimonio y en muchos casos previo informe de Bellas Artes y de no se cuántos organismos e instituciones. Debo reconocer y reconozco muchas cosas buenas que hace el Patrimonio pero, aunque a veces he criticado algunas que no hace tan bien, hoy no lo voy hacer. La razón es que recuerdo que hace muchos años hablé mal del Patrimonio por la mala gestión del club de Golf de la Herrería y el Sr. Fuertes de Villavicencio, por entonces Gerente y Consejero Delegado, gran amigo de mi padre, le llamó y le conminó a que dejara de meterme con el Patrimonio en el “Semanario Escurialense”, periódico en el que yo escribía y casi me echa del club de Golf  y hasta de San Lorenzo del Escorial.

El problema al que se refería la carta de la señora en ABC, como otros muchos que podríamos enumerar o comentar, entran de lleno en las servidumbres que tienen que pagar los pueblos que nacieron alrededor de un palacio o maravilla del mundo que integran el Patrimonio Nacional, léase por ejemplo Aranjuez, La Granja de San Ildefonso o San Lorenzo de el Escorial. Por eso la denuncia de la señora debería hacer reaccionar a nuestros organismos, instituciones y ayuntamientos para acordarse de que existen todo tipo de personas y son muchas las que necesitan que desaparezcan las barreras arquitectónicas para recorrer nuestros monumentos, palacios y museos o simplemente para andar por las aceras.

Muchas veces hemos denunciado lo incómodo que se están haciendo nuestros pueblos y ciudades para poder andar y pasear por ellos y el terreno que ha ido ganando el vehículo frente al peatón. No olvidemos que  peatones somos todos. Cualquier obstáculo como los descritos en la carta, en este caso referidos al Monasterio, puede causar muchos problemas a personas discapacitadas o con algún grado de minusvalía. Demos un repaso a los edificios y aceras de nuestros dos pueblos y certificaremos las numerosas barreras que nos vamos encontrando.  

En nuestros dos pueblos, Arriba y Abajo, se circula por la calzada y no por las aceras que son tan estrechas que no caben dos personas y menos si una de ellas circula con un coche de bebé, con un carrito de la compra o  acompañando a una persona en silla de ruedas. Muchos son los ejemplos de edificios públicos, algunos relativamente modernos, sin rampas de acceso; los autobuses no tienen plataforma para subir a personas discapacitadas; los bolardos están muy bien para que los automovilistas no suban sus coches a la acera pero son peligrosísimos para ancianos o personas con alguna minusvalía. ¿Cuántas aceras tienen rebajada su altura para poder circular sin problemas en silla de ruedas? ¿Cuántas viviendas, en las que viven personas mayores no tienen ascensor? Hagamos examen de conciencia, reconozcamos que queda mucho por hacer y continuemos trabajando en la eliminación de las barreras arquitectónicas.